«Servir a los enfermos da sentido a la vida y alegría al corazón»

José Cecilio Cabello Velasco, cofrade granadino de 60 años, ofrece un auténtico testimonio de fe y experiencia en el trato con los enfermos tras haber participado por primera vez como voluntario en la VIII Peregrinación Diocesana a Lourdes, organizada por la Hospitalidad Granadina de Nuestra Señora de Lourdes. José Cecilio es celador en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario «Virgen de las Nieves», casado, padre de un hijo y católico practicante. Asimismo, es miembro activo de varias cofradías de penitencia, de gloria y sacramentales de nuestra Archidiócesis.

¿Qué le motivó a ir a Lourdes con la Hospitalidad Granadina de Nuestra Señora de Lourdes?

Con motivo del Año de la Misericordia he leído bastante bibliografía sobre el tema, lo que me ha proporcionado no poca luz. Así fue como caí en la cuenta de que quizás había estado buscando dar una mayor satisfacción y más pleno sentido a mi vida buscando en lugares y en cosas que , sí, me proporcionaban algún placer, pero no esa plenitud al corazón. No cubría esa necesidad fundamental y básica. Si a mi conocimiento y cercanía, por razones laborales, del sufrimiento y dolor de los enfermos, se une el haberlo experimentado, recientemente, en carne propia como paciente coronario, todo me empujaba a aceptar la invitación que la Virgen María me hacía para que la visitara, a través de la publicidad que vi en las entradas de la iglesia parroquial de San Agustín, mi parroquia, y de la capilla del hospital donde trabajo, formando parte de la VIII Peregrinación Diocesana de la Hospitalidad de Ntra. Sra. de Lourdes de Granada, y así se lo comuniqué al Capellán del Hospital, mi buen amigo el P. José Gabriel Martín Rodríguez, que, además, es el Consiliario de la Hospitalidad.

¿Por qué ha participado como voluntario, ayudando a los enfermos, y no simplemente como peregrino?

El hecho de que haya participado como voluntario era algo natural para mí, dado que se trata de desarrollar la misma labor que realizo cotidianamente en mi trabajo. Lo que siento es no haber podido hacerlo al cien por cien, como hubiera sido mi deseo, dado que, estoy convaleciente aún de una enfermedad e intervención coronarias. Pero todos los que hemos viajado con la Hospitalidad granadina, enfermos, voluntarios y peregrinos, hemos sido fraternidad peregrina hasta las plantas de la Madre de Misericordia, en la Gruta de Massabielle.

¿Qué es lo que más le ha gustado de la labor de atender a los enfermos?

Siempre me ha gustado la cercanía y el trato con los enfermos. Ellos forman parte, estoy seguro, del grupo de los favoritos de Jesús, que siempre trató de paliar sus sufrimientos. Ellos nos abajan a la realidad dolorosa y sufriente de la humanidad. Son dignos de respeto, de atención y de cariño, y signo de que Dios salva en el sufrimiento. Por eso, servirles da sentido a la vida y alegría al corazón. Y doy fe de que en la Hospitalidad granadina se les da todo esto, y mucho más, por parte de todos, pero de un modo muy especial, por parte de los jóvenes voluntarios que año tras año les atienden con total dedicación. Por eso quiero aprovechar para animar a sumarse a esta Hospitalidad a cuanta más personas, mejor. Especialmente a los jóvenes, y particularmente a los jóvenes cofrades granadinos. No olvidemos que a través del ejercicio de las obras de misericordia respondemos y concretamos en el hermano que sufre nuestra vocación cofrade, pues ellos son la imagen viviente de ese Cristo al que veneramos en nuestras Hermandades y Cofradías. Busquémoslo y sirvámoslo en los enfermos y necesitados.

¿Qué sintió al llegar a Lourdes? ¿Qué le impresionó más de la experiencia de estar allí, en el lugar donde la Virgen se apareció?

Al llegar a Lourdes se siente una gran alegría porque la primera parte del viaje, que, seamos sinceros, es largo y algo pesado, termina. Luego, cuando se llega al recinto del Santuario, empieza a embargarte una emoción singular, sobre todo cuando se hace la presentación de la Hospitalidad. El momento culminante es cuando se visita la gruta de las apariciones. Impresiona el silencio, el recogimiento y la devoción de la multitud de todas las razas y nacionalidades que allí se congrega. Unos rezando e impetrando la intercesión de la Virgen, mientras otros recorren la cueva tocando la roca. Hasta las rápidas aguas del caudaloso y cercano río Gave parece guardar respetuoso silencio. Este ambiente de fervor es contagioso. Uno siente la necesidad de orar en aquél sitio.

Esta peregrinación, ¿le ha acercado más a la Virgen y al Señor?

En Lourdes se siente que el Señor sigue llamando a cada persona. Y lo hace valiéndose de una de nosotros, de una de nuestro mismo género humano; de su Santísima Madre la Virgen Inmaculada, la más sencilla y perfecta criatura, la escogida por Dios para encarnarse. Y ella nos invita incansablemente a seguir su propio ejemplo de vida en disponibilidad total, a hacer lo que Jesús, el Señor, nos pide. Para mí ha sido una vivencia extraordinaria. He sentido la maternidad espiritual de la Virgen de un modo muy fuerte e intenso. Pero, sobre todo me he sentido como empujado por ella a cruzar el puente, y esto en sentido literal, y, cada vez que tenía oportunidad, me iba a la Capilla de la Adoración, situada al otro lado del río, frente a la Gruta, donde todo el día permanece expuesto el Santísimo, y allí, en total silencio, adorar y orar al Señor. ¡Eso sí que me ha alimentado!

La participación comunitaria en la Eucaristía diaria, en la celebración de la penitencia y en la de Unción de Enfermos, así como en los otros actos de piedad ( Procesión Eucarística, Rosario de Antorchas y Viacrucis) han sido muy enriquecedores y emotivos. Pero fue la Eucaristía Internacional en la grandiosa y simbólica Basílica subterránea de San Pío X la que llegó a emocionarme al ver en torno al altar a los enfermos, cuyo servicio y cuidado son el distintivo y la razón de existir de Lourdes. En esta solemne Misa concelebrada por obispos y sacerdotes de muchísimos países, y en la que se emplean diversos idiomas, se palpa la universalidad de la Iglesia de Cristo.

¿Cómo ha sido la relación con los otros voluntarios y con los enfermos y hospitalarios que han participado también en la Peregrinación? ¿Han compartido experiencias durante el viaje?

La relaciones con los demás, enfermos, hospitalarios, voluntarios y peregrinos, más que fluidas y amistosas, han sido fraternales. Es lo que tiene ir con el corazón abierto. Se comparte todo; fe, experiencias, proyectos… Para mí me ha sido muy gratificante escucharles el trato con ellos. También lo ha sido mi relación con el numeroso grupo de peregrinos de Guinea Ecuatorial, asociados a la Hospitalidad de Granada. ¡Qué hermosos sus cánticos y sus testimonios!

¿Cómo le explicaría a las personas que no han visitado Lourdes que es un lugar especial y por qué?

Que Lourdes es un lugar especial es algo que se percibe inmediatamente, nada más entrar en el amplio recinto del Santuario. El ir y venir constante de peregrinos, de voluntarios y hospitalarios tirando de carritos y empujando camillas con enfermos, hace que se sienta la cercanía y la ternura de Dios, Padre acogedor y bondadoso, el amor incondicional de Jesucristo, lo que desencadena una alegría interior que se exterioriza en el servicio a los más débiles y necesitados. Esa es la manifestación más evidente de que Lourdes es como el gran banquete de unas nuevas bodas de Caná en el que María toma la iniciativa de presentar a su Hijo nuestras muchas carencias, de pedirle que intervenga en favor nuestro, y a nosotros nos pide actuar, prestar nuestra colaboración, haciendo lo que Él nos diga, para, desde la fe, poner alegría y esperanza en medio del sufrimiento y de un mundo tan deshumanizado. Peregrinar al Santuario de Lourdes es una experiencia tan plenificante e inolvidable que toda persona cristiana debe vivir al menos una vez en la vida.

¿Repetiría la peregrinación? ¿Mejoraría algún aspecto de la organización?

Ha sido una experiencia tan abrumadora, tan maravillosa, tan enriquecedora, que, por supuesto, me gustaría repetir cuantas veces pueda. En cuanto a la organización, es muy de alabar y agradecer la gran labor de organización que desarrolla el equipo directivo, con Adela García Rodríguez y el P. José Gabriel Martín Rodríguez a la cabeza, pues ardua tarea ha de ser planificar una peregrinación como la que acabamos de realizar. A ellos les sugeriría, quizás, que descargaran un poco de actos el día de la llegada, en el que el cansancio de viaje suele acusarse más, y se pasara alguno al último.

¿Participa en las actividades de la Hospitalidad Granadina de Lourdes?

Como recién llegado que soy a la Hospitalidad, no he tenido la oportunidad de participar en ninguna actividad de las que desarrollan a lo largo del año, salvo en la Eucaristía de Acción de Gracias. Espero que en el futuro, y en la medida en que mi trabajo me lo permita, pueda hacerlo.

Rosa Die

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