“La peregrinación a Medjugorje ha sido espectacular”

“La peregrinación a Medjugorje ha sido espectacular”

Alrededor de 50 granadinos regresaron de su peregrinación a Medjugorje la semana pasada. Un viaje organizado por la agencia de viajes San Cecilio y que estuvo acompañado por dos sacerdotes de la diócesis de Granada. Algunos de los participantes nos cuentan su experiencia de esta peregrinación que tuvo lugar entre el 3 y y 8 de octubre.

“Yo me fui a Medjugorje con mi marido y la gente me dijo que se me había ido la pinza”. Así de sorprendida habla Lucía, una de las peregrinas granadinas que participaron en esta peregrinación de principios de este mes de octubre. “Yo no sabía que la Virgen de Medjugorje es la Virgen de la Paz. Yo al Señor le pedí paz y me llevaron ante la Virgen de la Paz”.

Desde Armilla, Monjícar, Dúrcal, La Zubia o Granada ciudad, todos los peregrinos inscritos en este viaje vuelven sorprendidos y renovados de su viaje. Un itinerario organizado por la agencia de viajes San Cecilio y que se ajustó al propio programa de la parroquia de Medjugorje. De este modo, todos han podido visitar lugares como el monte Podbrdo, donde tuvieron lugar las primeras apariciones, la comunidad del Cenáculo, la ciudad de Mostar o el monte Krisevac.

Algunos como Toñi y Paco acudieron a este pueblecito de Bosnia-Herzegovina para darle gracias a Nuestra Señora. “Cuando estábamos en lo alto del Podbrdo, me puse ante la imagen de la Virgen, para darle gracias por haberme llevado”, nos cuenta Paco. “Después de ponerme frente al Cristo de madera que hay al lado, volví a mirar a la Virgen a la cara. Durante dos segundos me vino un olor a rosas fuerte fuerte, ¡y eso que yo estoy sin olfato completo después del Covid!”.

“Hemos tenido una buena experiencia espiritual, porque queríamos tener un encontronazo con la Virgen”, asegura su mujer. “Todos los días que hemos estado allí, para mí ha sido especial. Yo he sentido algo raro. Ahora cuando me pongo a rezar, lo primero que se me presenta es la Virgen vestida de blanco”, dice Paco.

PAZ TRAS EL CONFINAMIENTO
El estado de ánimo de Lucía había decaído considerablemente con motivo de los duros meses del confinamiento. Afectada por las restricciones, que limitaron los desplazamientos de todos, se encontraba particularmente afectada. “Llegó un momento de inquietud en donde yo no sabía cómo solucionar ese estado de ánimo. Yo soy una persona muy práctica, así que intenté mejorar mi vida haciendo deporte y alimentándome mejor”, explica.

Fue entonces cuando decidió ponerlo en manos de Dios. “Le dije a la Virgen que le entregaba mi corazón, que no sabía cómo llevar esto. En el momento en que el corazón se abre un poquito, entra a saco. Fue entonces que empezó a entrarme Medjugorje, el Padre Pío y Santa Faustina. ¡Yo estas cosas no les he visto yo en mi vida!”.

Al cabo de poco tiempo, ella y su marido acaban en este pueblecito rezando rosarios, asistiendo a testimonios y participando de una comunión entre un grupo de granadinos que hasta entonces no se conocían de nada. “Hubo gente del grupo que le impresionó mucho”, asegura. “Mi marido y yo somos también de Hakuna y desde allí pedimos por una madre que estaba a punto de perder a un niño. Nos dijeron al día siguiente que este se había recuperado”.

“LO QUE ME LLEVO ES EL AMOR”
“Yo cuando el sacerdote anunció el viaje en Misa, enseguida levanté la mano”, dice Virtudes, durqueña de 78 años, que ha hecho el viaje junto a su hermana Carmen, de 84. “Ha sido un viaje maravilloso, no se puede explicar. Desde que pisas Medjugorje, ya llevas sensación de paz. La gente vive allí con una gran fe. Ves una gran devoción, un gran respeto y un cariño inmensos por parte de todos”.

Asegura que recuerda cada momento vivido, desde la Misa que celebraban a las ocho de la mañana, hasta los gestos de cada peregrino que se cruzaba. “Yo creo que veía hasta musulmanes. Había gente yo creo que de todas las religiones. Conmueve tanto que no hay una palabra para expresarlo”, nos dice emocionada. A pesar de su edad, afirma que no se ha cansado prácticamente durante su estancia allí. “El estar todo el día pensando en Jesús y la Virgen, hace que todo el resto de preocupaciones pasen de lado. Hay que vivirlo para poder entenderlo”.

Todo el grupo de peregrinos se mantienen ahora, tras esta experiencia, en comunión desde un grupo de WhatsApp en el que se dan los buenos días y siguen mandándose meditaciones e intenciones de oración.

“Yo lo que me llevo del viaje es el amor”, concluye Virtudes. “Un amor desinteresado, un cariño de tratar a las personas de forma distinta. Aunque yo siempre he sido una persona que trato con respeto, ahora veo que me sale un cariño que no tenía así antes”.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

 

 

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