«Hay una belleza en ese rostro abofeteado, en esas heridas, en esos moratones, es la belleza del amor que ama hasta el límite»

Meditación de D. Francisco Espigares, Vicario General y Moderador de Curia, ante la Imagen del Cristo de San Agustín, Titular de la Hermandad del Santísimo Cristo de San Agustín , Jesús Nazareno de las Penas, Nuestra Madre y Señora de la Consolación y Santo Ángel Custodio, en la Plaza de las Pasiegas, el Lunes Santo, 10 de abril de 2017.

Santísimo Cristo de San Agustín, protector de Granada: en tu rostro vemos el infinito amor que el Padre ha demostrado a toda la humanidad.

Esto se cumplen los dos pasajes contradictorios de las Escrituras. Por un lado, no había belleza ni forma ante cuyo rostro se esconde la mirada y por otro lado, eres el más bello de los hombres, en tus labios se derrama la gracia.

Hay una belleza en ese rostro abofeteado, en esas heridas, en esos moratones, es la belleza del amor que ama hasta el límite, que no ama a medias, cuyo amor es católico. Tú, has dejado al Padre, para entregarte por entero a la humanidad, para desposarte con tu Iglesia, en Ti se cumple más que nada la Escritura que dice: “Por eso abandonará el hombre a su padre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne”. Dejaste al Padre, para hacerte una sola carne con la humanidad y consumas tu amor en la entrega de la cruz.

En esa aparente fealdad está la belleza más grande, como la belleza de unas manos encallecidas por el trabajo, o la belleza de unas estrías en una mujer que ha parido, o la belleza en unas arrugas de una piel morena de tanto trabajar al sol.

Sí, hay una belleza en Uno que lo da todo, y que vive en el amor. Enséñanos a descubrir la verdadera belleza del amor y a no despistarnos nunca con otras aparentes bellezas que no conducen a nada y que destrozan la vida. Gracias Esposo de la Iglesia, gracias, Esposo de la humanidad.

Padrenuestro que estás en el Cielo,
santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu Reino.
Hágase tu Voluntad,
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden
No nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.
Amén

D. Francisco Espigares
Vicario General y Moderador de Curia

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