D. Ángel Noguera Gallegos, mártir de Albolodúy

Nacido en Granada y bautizado en Santa Escolástica en 1908. Alumno de seminario de San Cecilio hasta alcanzar el doctorado, en 1933 fue ordenado sacerdote.

Fue párroco de Fuente Vaqueros y de Albolodúy (Almería), donde era párroco cuando fue martirizado el 31 de agosto de 1936 en el Pozo de la Lagarta del municipio de Tabernas (Almería). Tenía 27 años.

El lugar del nacimiento del futuro mártir es muy bello, y la fecha del mismo muy gozosa: nació en el barrio del Realejo, y en el día solemne y alegre de la fiesta de la Inmaculada.

Ángel fue alumno interno en el Seminario de san Cecilio, iniciando sus estudios sacerdotales en el curso académico 1920-1921. Doce años no había cumplido todavía el joven granadino, cuando comenzaba su formación humanística, en cuyo aprendizaje debería invertir cuatro largos años. Concluidos los cuales, y con excelentes calificaciones académicas, estudiará tres cursos en la Facultad de Filosofía Escolástica.

El futuro mártir concluiría su formación eclesiástica, con otros cinco cursos de Sagrada Teología, estudiados en la misma Universidad Pontificia del Seminario de san Cecilio.

Formación y Ordenación Sacerdotal

En su tercer año de Teología, recibió la Primera Clerical Tonsura y las Órdenes Menores: de Ostiariado y Lectorado, el 4 de abril de 1930 en la iglesia del Seminario, y el 14 de junio del mismo año y en la S.I. Catedral, recibirá la ordenación de Exhorcista y Acólito.

Las Órdenes Mayores le serían conferidas por D. Lino Rodrigo Huesca, en la capilla del palacio episcopal, porque la persecución que había de acabar con la vida de siervo de Dios y las de varios millares de sacerdotes y religiosos ya había comenzado en España. El 12 de marzo de 1932 se le confirió la Sagrada Orden del Diaconado, y el Sacramento del Orden Sacerdotal se le otorgaría el 9 de octubre de 1932.

Fuente Vaqueros, cuna de Federico García Lorca, fue el lugar de su primer destino ministerial. El siervo de Dios, el 10 de marzo de 1935, recibió el nombramiento de cura ecónomo de otro pueblo, situado a muchos kilómetros de la ciudad de Granada, en las lejanas tierras de la Alpujarra de Almería. Albolodúy era el nombre de su nueva parroquia.

Persecución y martirio

La dura y sangrienta subida al calvario del joven párroco de Albolodúy comenzó el 24 de julio de 1936. Varios milicianos llamaron a la puerta del siervo de Dios, le dijeron con venían con órdenes expresas de clausurar el templo y decirle que tenía que marcharse de aquel pueblo.

Él lleno de confusión, se dirigió en busca de sus amigos, los hermanos Gómez Matarín, le indicaron que se encontraban en el Cortijo, llamado “La Simona”, y allí fue en su busca. Amaneció el 6 de agosto; día en que celebra la Iglesia la fiesta litúrgica de la Transfiguración del Señor. Un grupo de milicianos, procedentes de Rágol, se presentaron en el cortijo, don José Antonio Gómez Matarín y don Ángel fueron detenidos; el siervo de Dios, al ser interrogado por su identidad, respondió que él también era sacerdote.

Y maniatados los dos, se los llevaron a Rágol, los subieron a un vehículo en dirección a la ciudad de Almería, en donde los internaron en el Convento de las Adoratrices, convertido en centro de reclusión de personas honestas y buenas. Eran los primeros días de agosto de 1936. Allí se encontraban detenidos muchos sacerdotes, y entre ellos, dos obispos: el de Guadix y el de Almería, y el padre Luque de la Compañía de Jesús.

Pasadas algunas fechas, los llevaron al Astoy-Mendy, uno de los buques convertidos en prisión. Del 15 al 20 del referido mes, sacaron a don Ángel, a los dos obispos, y a otros ventidós sacerdotes y los trasladaron al Jaime Primero, otro de los buques destinados a prisión.

En los primeros días del mes de Septiembre, a las dos de la madrugada, se abrió la escotilla de la bodega; se oyó la voz bronca de uno de los carceleros: “Que suba Diego Ventaja, Manuel Medina… Ángel Noguera…”, dijo el miliciano. La lectura fue larga; alrededor de unos treinta fueron los nombrados. Se les llamaba para que subiesen a cubierta; rezaban los presos, y en sus plegarias se dirigían al Señor con la oración del Padrenuestro. Se puso en marcha el camión; los milicianos con sus pistolas y escopetas cargadas, custodiaban a los presos… Las referencias decían que algunos de los presos fueron llevados en dirección a Tabernas; que al concluir el fusilamiento, Ángel fue mortalmente herido, pero no murió enseguida; era muy joven don Ángel y muy lleno de vida, no había cumplido todavía el 28 aniversario, y que incluso al ser arrojado al pozo, en el que se acumulaban los cadáveres de muchas personas, que habían sido fusiladas en noches anteriores, el cuerpo del siervo de Dios siguió con un hálito de vida por algún tiempo.

Y le llegó la muerte en aquel extraño sepulcro, lleno de muertos; y al concluir su vida mortal en el valle de lágrimas de este destierro, se encontró con el gozo eterno en la patria celeste.

(Información extraída del libro «Los Mártires Granadinos de 1936», de D. Santiago Hoces)

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