“Servimos con las manos de Marta y el corazón orante de María”

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Cada 29 de julio, la Iglesia conmemora la fiesta de Marta y María, este año, además, se celebra a san Lázaro, los tres hermanos santos de Betania, después de que el pasado 26 de enero quedara firmado un decreto de variación en el calendario General Romano por el que en este 2021 celebramos los Santos Marta, María y Lázaro

Con el nombre de Marta y María existe una Congregación Apostólica fundada por Monseñor Miguel Ángel García Aráuz y la Madre Ángela Eugenia Silva Sánchez, hace poco más de cuarenta años en Jalapa (Guatemala). Esta congregación lleva el nombre de “Marta y María”, las hermanas santas de San Lázaro, para señalar los dos principios que rigen sus vidas: la contemplación de los Misterios Divinos (María) y la acción apostólica en el servicio generoso y desinteresado a los hermanos (Marta). Ambas facetas se funden en el amor al Señor, al modo de las Santas hermanas de San Lázaro.

En la actualidad, la Congregación cuenta con más de 700 religiosas presentes en Guatemala, España, Venezuela, Honduras, Argentina, EEUU, Italia, Etiopía, Cuba o Lituania. En Córdoba hay una comunidad con un cometido precioso, el de atender las necesidades de los sacerdotes ancianos que tras una vida de donación al otro residen en la casa Sacerdotal “san Juan de Ávila”. Conocemos a Madre María Lubia Morales Cordero, Madre Marilu, superiora de la Comunidad en Córdoba.

¿Cuál es el carisma de su congregación?

Nuestro carisma es contribuir a la edificación del reino de Dios, sirviendo con las manos de Marta, el corazón orante de María, bebiendo de la palabra de Dios y de la eucaristía, fuentes inagotables del amor misericordioso.

¿Qué labor realizan en la casa Sacerdotal “San Juan de Ávila”?

Realmente empezamos en el Seminario Menor en 2017 y en 2018 nos trasladamos a la Casa Sacerdotal en donde llevamos a cabo nuestra misión. Es una misión muy maravillosa, en la que siempre nos quedamos cortas para la misión que la Iglesia nos encomienda. Cada día te das cuenta de la necesidad de atender a los sacerdotes porque te vas dando cuenta de las limitaciones que cada uno tiene: sus enfermedades, sus quejas, como todo el mundo, pero lo más importante en la casa Sacerdotal es el acompañamiento a cada uno de ellos.

¿Cómo ha sido este tiempo de pandemia para los residentes?

Un poco complicado, estaban acostumbrados a recibir sus visitas, a salir, los más dependientes se quedaban más en casa pero los más autónomos se iban a la calle, a hacer sus compras, lo típico de la vida. Llegó un momento en que todos tuvimos que hacer un stop y ha sido muy duro para ellos, les han llegado incluso enfermedades a causa de estar allí inmovilizados. Se ha intentado mantener el equilibrio con un fisioterapeuta y con las medidas necesarias para que ellos se mantengas activos porque si no hubiera sido peor.

En su opinión, ¿qué tipo de atención necesita un sacerdote anciano después de unan vida de entrega a los demás?

Una persona que ha entregado su vida a los demás necesita un trato con muchísima delicadeza, finura y dar lo mejor de sí por ellos porque realmente son personas que lo han dado todo, que en su momento estuvieron rodeados de mucha gente, pero que hoy en día lamentablemente su familia y poco más. Un sacerdote necesita lo mejor de sí, es verdad que en cuanto a la vida espiritual más bien ellos han dado pero llega un momento en que hay que estar pendientes de ellos cuando están enfermos, que se les lleve la comunión, de que vayan a misa, y esa es nuestra labor allí. Llega el momento en que no pueden bajar a misa porque se encuentran mal, nosotras los motivamos y les acompañamos para que no sientan solos.

Háblenos de su comunidad ¿cuántas hermanas componen su comunidad? ¿Cómo es un día común para ustedes?

Somos tres hermanas y vivimos normal, como cualquier cristiano, nos levantamos temprano para hacer nuestra oración, normalmente dos horas y media por la mañana; después nos incorporamos al trabajo. Por la tarde, hacemos otro rato de oración y visitamos en las habitaciones a los sacerdotes que están más enfermos; por ejemplo los jueves son muy especiales para nosotras porque pedimos por los sacerdotes, tenemos nuestra Hora Santa y exposición del Santísimo; los viernes los dedicamos al día penitencial, hacemos el Vía Crucis; el sábado está dedicado a la Santísima Virgen y el resto de los días son más ordinarios.

Hablemos de usted, ¿cuándo nació su vocación?

La conocí por una tía, prima hermana de mi padre. Desde que era niña me llamaba mucho la atención la alegría de las hermanas, el respeto a Jesús, la entrega que tenían en las parroquias, cuando iban a misión me encantaba verlas. A los 12 años sentía inquietud, -yo siempre digo que la vocación es un misterio-, algo me llamaba a vivir una vida diferente. El problema era que en casa éramos mi hermana y yo nada más y cuando se lo planteé a mis padres que quería entregarme a Dios a los 15 años de edad, mi madre me apoyó en aquel momento pero a mi padre le costó un poco más porque yo era la mayor. En aquel momento, empecé a pedirle a Dios que me diera más hermanos, nacieron dos pero fallecieron al nacer. Y yo seguí insistiendo y Dios me regaló dos hermanos más. A los 18 años pude irme a la congregación, en donde soy feliz.

La mayor parte de la misión la he pasado en España, con dificultades como todo el mundo, al dar una respuesta de este tipo al Señor ya que es desprenderte de la familia y más nosotros que la misión la tenemos fuera del país. Es duro para la familia pero me ven felices y mi padre me dice: “hija sigue luchando, tienes que ser fiel a lo que el Señor te pide”. Gracias a Dios, ellos han tenido una conversión, se han acercado a Dios y ven la vida de otra manera.

¿Cómo celebran ustedes la Fiesta de Marta y María?

Es un día estupendo, con mucha solemnidad. Este año es la primera vez que el Papa Francisco ha unido las tres fiestas, como somos Marta, María y Lázaro, la familia de Betania, va a ser diferente. También va a ser diferente porque será la presentación de la nueva Madre General, si Dios quiere en Valladolid.

¿Qué representan para ustedes las Santas Marta y María?

El modelo que representan es saber conjugar el servicio y la oración puesto que ninguna obra florece sin la gracia. Intentamos, en la medida de lo posible, que nuestra oración la llevemos al trabajo en el sentido de vivir siempre en la presencia de Dios, que nuestras manos sean de verdad las manos de Marta y el corazón orante de María, intentar vivir nuestro carisma, que es lo que siempre nos ha infundido la Madre General, que nos dice que cuando vayamos a la capilla no nos olvidemos de que Jesús va con nosotros y es Jesús el que va a estar presente en nuestras  manos, en nuestros pies y en todos los miembros de nuestro cuerpo para el servicio a los demás. No debemos perder de vista a Jesús porque es un peligro en el que todos podemos caer.

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