Gratitud y sorpresa de un año como obispo

Diócesis de Córdoba
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La diócesis de Córdoba comprende la provincia de Córdoba, en la comunidad autónoma de Andalucía y es sufragánea de la archidiócesis de Sevilla.

Entrevista a monseñor Jesús Fernández en el primer aniversario de su toma de posesión como obispo de Córdoba

El primer año de ministerio episcopal de Jesús Fernández González al frente de la diócesis de Córdoba representa un tiempo marcado por la cercanía, la escucha y una clara orientación pastoral que mira toda pobreza, no solo la material. Desde su llegada a la sede cordobesa, el  obispo ha sido un pastor dispuesto a caminar junto a su pueblo, acompañándolo e impulsando el proceso sinodal que alumbrará un nuevo plan pastoral hasta 2030.

Durante este primer año, su labor pastoral ha destacado especialmente por la cercanía con sacerdotes, parroquias, movimientos y hermandades, mostrando interés por conocer de primera mano la realidad de la Diócesis. Ha puesto el acento en la escucha activa del clero y de los laicos, promoviendo un estilo pastoral participativo desde la estructura para comprender los desafíos sociales que afectan a muchas familias cordobesas, como la precariedad, la vivienda o la soledad.

Su propuesta de nuevas estructuras parroquiales, que ahonden en la participación y la corresponsabilidad de laicos y presbiterio, forma parte de un plan de formación personal y espiritual para que cada sacerdote cordobés sume a su ministerio un estilo renovado en lo pastoral, personal e intelectual.

Monseñor Jesús Fernández tomó posesión como obispo de Córdoba el 24 de mayo de 2025. Dos meses antes, el 27 de abril, la Santa Sede hacía público su nombramiento y se producía el relevo episcopal en la Diócesis.

Han transcurrido los primeros doce meses que comenzaron en la Santa Iglesia Catedral de Córdoba en una celebración emocionada y emocionante y una primera Eucaristía ante la imagen de María Auxiliadora, la bella imagen salesiana que esperaba a don Jesús en un encuentro multitudinario. Desde aquel día, una presencia pastoral multiplicada por toda la Diócesis le ha permitido conocer la iglesia cordobesa a través de una visita pastoral en el Arciprestazgo de Baena –Castro del Río y se han prodigado encuentros en parroquias donde ha conocido a la Hermandades y Cofradías de Córdoba, a grupos jóvenes, colegios, familias o  enfermos.  En esta entrevista repasa un tiempo dedicado a la escucha activa lleno de esperanza donde los retos se afronta en una iglesia diocesana dispuesta a caminar unida para anunciar el Evangelio, verdadera misión del cristiano.

Hace un año tomaba posesión como obispo de Córdoba. ¿Con qué emociones se traduce aquel día 24 de mayo?

La palabra es gratitud por la acogida que he sentido desde el primer momento de mi llegada aquí hasta hoy. En segundo lugar también podría decir sorpresa al descubrir muchas realidades que me parecen hermosas en nuestra Diócesis, por el número de personas, integración en la Iglesia de niños jóvenes y mayores, el amor a la familia, son algunas de las cosas positivas que he descubierto. Me  han emocionado muchos testimonios de muchos colectivos que a veces no esperas, de personas jóvenes, personas que a lo mejor teóricamente están alejadas de la Iglesia y no creen incluso, pero, sin embargo, se muestran abiertas a la fe y disponibles para el bien común. Esto mueve, conmueve a uno y le lleva a dar gracias a Dios.

¿Qué ha extraído de su visita pastoral en el arciprestazgo de Baena-Castro del Río?

Como suelo decirle a la gente, cuando  se comienza la visita pastoral es como volver a ser párroco, porque,  vista  la Diócesis como lo había visto hasta ahora, viajando de un punto a otro no llegas a conectar tanto, cuando has pisado su lugar de trabajo, su lugar de rezo, su lugar de convivencia, tienes una visión más cercana.  Me ha  sorprendido gratamente la labor de los sacerdotes. He visto cómo son muy queridos por la gente, por el pueblo, y su capacidad de unir en torno a la fe a muchas personas. La colaboración de los laicos también me ha alegrado mucho, y en general, la capacidad de insertarnos en la vida social, incluso política, porque  al Obispo le han recibido en los ayuntamientos, de forma muy afable, muy abierta, muy generosa,  gobiernos de distintos signos. Y eso me ha llevado a comprender  que la cercanía de la Iglesia y la sociedad es importante.

El Plan Pastoral que propone usted tiene el fin de ahondar en el espíritu sinodal, ¿qué percibe de la fase de consulta que está a punto de terminar? 

Yo creo que ha despertado un gran interés desde el principio. De hecho,  el número de grupos inscritos y el trabajo que van realizando es muy satisfactorio. Y las mismas personas que participan en esos grupos afirman que están muy contentos y agradecidos. La valoración es muy positiva  tanto por nuestra parte del equipo sinodal como por la parte de los que participan en esos encuentros.

Le preocupa a usted especialmente según su última carta pastoral la pérdida de derechos laborales que lleva consigo otros problemas como el difícil acceso a la vivienda, sobre todo para los más jóvenes. ¿Cree usted que “El invierno demográfico” es irreversible según la evolución económica y laboral?

Esas reticencias para fundar familia, para tener hijos, tiene más raíces. Tienen raíces en la precariedad laboral, tienen raíces en la inflación, que hace que los sueldos no den para más, pero tienen también raíces culturales, de una cultura que no valora demasiado la vida y que por lo tanto hay que  remover también.  Y para ello también la fe puede colaborar, intentando hacer ver que la vida no solo tiene sentido cuando buscas  un disfrute personal, sino que también se disfruta compartiendo. Y sobre todo también intentando  redescubrir la vida como vocación. Estamos aquí porque Dios nos ha llamado con una vocación determinada. Y una de esas vocaciones, de esa llamada de Dios, va dirigida a los jóvenes para que puedan fundar una familia y tener descendencia. Redescubrir la vocación matrimonial creo que también es importante, lo mismo que las demás vocaciones.  Y por eso digo que también desde el punto de vista de la fe, desde el punto de vista de la pastoral, se puede hacer una labor para  revertir esa cultura que en este momento, junto a esos factores materiales, está  moviendo a muchos jóvenes a resistirse a fundar familia.

Sin embargo, hay jóvenes que optan por el matrimonio sin tener resueltas todas sus necesidades materiales

Sí, es cierto, es un brote verde evidente.  Y tengo que decir que la mayoría de esos  jóvenes que optan por eso y que incluso tienen una familia numerosa, están muy motivados por la fe. Por eso decía que desde el punto de vista de la fe, entendiendo la vida como vocación, esto  es posible. Y es un beneficio, no solo para la Iglesia, sino también un beneficio social en este momento  de invierno demográfico.

Se acerca la principal  campaña de Cáritas diocesana con motivo del Corpus Cristhi, ¿cómo de necesario es ejercer la caridad a través de esta entidad de la Iglesia?

La caridad es la prueba de la fe, como han dicho los últimos papas, como dice el Evangelio.  Cuando se vive la caridad, estás demostrando que realmente tu fe es auténtica.  Y en este momento en que  socialmente  existe una profunda fragmentación social y desvinculación social, es muy importante recuperar también la llamada del Evangelio, la llamada del Señor. Es importante hacer comunidad, elegir el amor y elegir la comunidad, porque uno solo no puede  llegar a buen puerto.  Lo que somos se lo debemos a otros que nos han ayudado a ser.

La cultura del individualismo que hace creer que lo que soy me lo merezco y lo he conseguido yo solo, es una falacia, es una mentira. Realmente lo que somos es gracias a la aportación de mucha gente, nuestra familia, otras muchas personas. Realmente necesitamos de la comunidad. Y la comunidad cristiana tiene que ser el principal sujeto de esa caridad. A veces,  dependemos o buscamos ayudas externas, está bien, porque nosotros servimos también al pueblo, al pueblo fiel y al pueblo en general, pero  debemos  hacernos responsables como cristianos sobre todo de aquellas instituciones que son nuestras, como Cáritas, Manos Unidas, etc.

Ahora vamos a celebrar el Día de Caridad, especialmente indicado para ayudar a la Caritas diocesana, a un fondo común diocesano, para que ella pueda también ayudar a su vez a las Caritas parroquiales. Y esto es muy importante, que respondamos a esta llamada, debemos ser  generosos en la respuesta, porque hay muchas necesidades y nosotros tenemos que ser los primeros que nos preocupemos en ayudar en estos casos.

Es importante tener en cuenta esto porque a veces pensamos que solo  existen ayudas o necesidades materiales y por lo tanto que solo tenemos que dar limosnas. Pero hay otras muchas necesidades.

¿Cuáles son las nuevas formas de pobreza que no tienen que ver con lo material?

Hoy se habla mucho de la soledad. Y la soledad no solo en gente mayor, sino también en gente joven, que en muchos casos, no encuentra la paciencia de generaciones anteriores que sufrieron más dificultades y a la mínima dificultad  toman decisiones terribles.

Hoy existen muchas adiciones que cambian de forma. La droga sigue estando ahí tristemente, acaba de incautarse un barco con  unas 30 toneladas de droga. Hay  otras adiciones que son menos visibles que tampoco  se enfrentan con decisión y están pasando y están afectando a mucha gente porque no se visibilizan como problema. Son las adiciones al ordenador, a las tabletas,  al móvil, hay mucha gente que se pasa horas y horas expuesta. Hay adiciones de ese tipo, hay adiciones a la pornografía, hay adiciones al videojuego. En fin, creo que también  son  realmente un mal que no es  meramente material, pero que está afectando a la gente.

Sobre la dimensión emocional que atrae a tantos jóvenes al hecho religiosos, a la Iglesia, han hablado los obispos a través de Nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe: ‘Cor ad cor loquitur’, el corazón habla al corazón.  ¿Cómo vive usted esta primavera de la Iglesia con jóvenes y adultos que reciben el bautismo como una declaración de fe?

Incluso desde el punto de vista de la fe hay  alguna problemática que los obispos recientemente hemos señalado, como puede ser una  fe demasiado sensible, demasiado centrado en la sensibilidad y la emoción,  y le faltan raíces e incluso compromiso.  Podríamos decir que también eso es una necesidad, en este caso espiritual y religioso, que tenemos que intentar ayudar  a revertir siempre con ayuda.

La verdad es que lo vivo, lo vivimos con una enorme alegría y gratitud al Señor. La emoción está siendo puerta de entrada para muchos jóvenes en la Iglesia. Una emoción que era palpable, por ejemplo, en esta Semana Santa, en la Piedad Popular, como también lo es en el Adoremus que celebran muchos  jóvenes. Notas cómo  viven con emoción, el encuentro con Cristo, con la Eucaristía, que son palabras mayores.

Sabemos de las dificultades o las deficiencias que esto puede tener si no va acompañado de una formación que ayude a echar raíces a esa emoción y que la haga más consistente y perdurable, y también el propio compromiso, que no lo debemos olvidar. Sin ese compromiso, esa fe  queda  enclaustrada en el propio interior y realmente no transforma ni la vida personal ni la vida social y religiosa del pueblo.

¿Cómo se prepara para la visita del Papa a España?

Nos preparamos con oración personal, también queremos que la Diócesis se prepare con la oración y precisamente con ese motivo la Vigilia de Pentecostés vamos a dedicarla especialmente a la oración por los frutos espirituales de la visita. Centrándonos sobre todo en un mensaje catequético que gira en torno a la comunión y se va a desarrollar especialmente en Madrid. La comunión es nota esencial de la Iglesia y se va a  visibilizar, especialmente por la presencia del Papa, comunión con la Iglesia Universal. La comunión va a ser un núcleo temático que se va a desarrollar especialmente en Madrid. En Barcelona nos va a dirigir la mirada  hacia la Cruz, “Alzad la mirada”, es el lema del viaje, y nos vamos a centrar sobre todo en el mensaje de la Cruz como momento fundamental en que Dios nos  da su amor entregando la vida para nosotros en Cristo  y nosotros elevamos la mirada hacia Él para que Él sea el centro también de nuestra vida y nuestra respuesta sea también de entrega.  Y finalmente, la caridad, la  solicitud  por los inmigrantes en este caso, que va a ser el tema, como todos suponen, de la visita a las Islas Canarias, que ya el Papa Francisco tenía ideado y que el Papa León XIV va a realizar.

¿Cómo recuerda el encuentro con el Santo Padre en enero pasado?

En primer lugar, con gratitud, porque realmente nuestra solicitud de entrevista, de audiencia particular con él, fue respondida con mucha rapidez. Eso merece nuestro agradecimiento y el hecho mismo de que nos haya abierto las puertas de su casa para encontrarse con nosotros. Junto al agradecimiento, siento la emoción de la primera vez que me encontraba a personalmente con él, cara a cara. Y también por la  capacidad de escucha que mostró  hacia mí, hacia nosotros, hacia los que  estábamos con él, don Demetrio,  obispo emérito, don Jesús Daniel, el vicario general.  Por lo tanto, emoción,  gratitud y familiaridad por su sencillez y su cercanía a la hora de recibirnos.

¿Qué papel desearía que jugase el Papa León XIV como defensor de la paz mundial en los momentos que vivimos?

En este momento es especialmente importante la figura del Santo Padre. Y yo creo que ya lo está siendo. Porque a nivel mundial los líderes políticos están causándonos muchas preocupaciones por su modo de dirigir, en el que se nota que prima el interés particular sobre el interés de todas las naciones, el bien común. Se opta por métodos violentos en vez de soluciones dialogadas y acordadas. En ese sentido, el Papa que es una persona y un personaje que todo el mundo sabe que no está defendiendo intereses propios, tiene una sabiduría, la sabiduría del Evangelio, pero una sabiduría secular de una tradición cristiana que siempre ha defendido la paz. Su palabra en este momento tiene una  significación especial y lo vemos cuando ya se le cita en momentos puntuales. Por otra parte, no hay que olvidar que la Iglesia ha sido en muchos casos nexo de unión, ha presidido mesas de diálogo en conflictos importantes. Por eso yo creo que es un momento en que su palabra y también las herramientas eclesiales que tenemos para el diálogo y el encuentro pueden resultar  beneficiosas para la humanidad en estas circunstancias.

Tras la presentación a Hermandades y Cofradías del Reglamento de la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías y el inicio de la formación para hermanos mayores, ¿Cuál es la hoja de ruta irrenunciable para que las hermandades refuercen su labor evangelizadora?

La hoja de ruta ha comenzado ya con la presentación por parte del delegado del reglamento y con la puesta en valor de lo que desde el principio hemos defendido: la delegación diocesana no está compitiendo para ganar en poder ni compitiendo para quitar autonomía legítima a las hermandades y cofradías. Por tanto, no hay ningún motivo de ese tipo para  tener ninguna suspicacia.  Y, también, hay que dejar claro  desde el principio que la delegación lo que trata es de dar servicio, de dar ayuda, y está comenzando ya a hacerlo  desde el punto de vista de la formación, que es un punto básico porque en una encuesta realizada precisamente a las cofradías y hermandades, aparecía como una de las deficiencias. Si notamos esas deficiencias,  nosotros abordamos con generosidad y valentía ese reto.  Y por eso se va acercar la formación a los cofrades y hermanos  en distintos puntos de la Diócesis. Y hay equipos trabajando en serio para eso, para diseñar el proyecto y para implementarlo. Pero no solo desde el punto de vista de la formación doctrinal, sino también como ayuda  en el  asesoramiento  técnico en cuanto a las imágenes sagradas, a su conservación,  a la generación de patrimonio;  asesoramiento en cuanto a temas jurídicos,  de gestión  de recursos, etc.  Es una ayuda integral a las cofradías, espiritual,  religiosa, estética y jurídica. Para eso hay distintos departamentos dentro de la delegación, que el delegado ha ido confeccionando y, por supuesto, también el consiliario. En síntesis, no estamos para quitar autonomía a las cofradías, sino para servir en las necesidades que ellos vayan presentando.

Con motivo del 500 aniversario de la ordenación sacerdotal de San Juan de Ávila ha escrito una carta pastoral, ¿cuáles son las claves de la vigencia de su magisterio?

Cuando el Papa Benedicto XVI, en el año 2012, le nombró doctor de la Iglesia, ya decía que San Juan de Ávila es un eslabón imprescindible en la sedimentación de la doctrina sobre el sacerdocio. Y, efectivamente, San Juan de Ávila es especialmente fructífero en este terreno de la teología espiritual del sacerdocio,  al que ha presentado como sacramento vivo de Cristo, ha puesto en valor su dignidad, sin olvidar que esa dignidad le viene de Dios, no es propia y, por lo tanto, está al servicio del pueblo, que realmente el sacerdote es un signo de que Dios ama a su pueblo, es puente que une a Dios y al pueblo. En fin, ha puesto en valor una serie de elementos que siguen plenamente en vigencia  en  la teología espiritual del sacerdote.  Pero no solo en ese terreno  de la doctrina sobre el sacerdocio  es un maestro, sino que es también maestro de sacerdote. Es un modelo para nosotros  a día de hoy. Y como decía, no solo  debemos ceñirnos al sacerdocio, sino que en general creo que es un modelo de misionero, porque él fue un auténtico misionero que predicó  en todos los puntos a que pudo llegar  con un espíritu evangélico enorme, con una radicalidad en la entrega y en el entusiasmo que movía a la gente. Por lo tanto, es un modelo, no solo de sacerdotes, sino de cristiano en general, y su doctrina sigue  plenamente vigente.

Usted propone una renovación pastoral que implique la creación de nuevas estructuras parroquiales. Para ese plan de futuro se está desarrollando un itinerario de formación ha ofrecido, ¿cómo es este proceso?  

Hemos realizado una encuesta durante el pasado año y previsto varios encuentros sacerdotales para hacer un plan de futuro. Hemos tratado ya el tema de la dimensión humana e intelectual del sacerdote y ya tenemos algunas propuestas para mejorar la vida del sacerdote en ese sentido humano e intelectual. Pero tenemos todavía pendiente de abordar el tema de la espiritualidad, que será en el mes de junio, 18 de junio, en el que participa don José Villaplana, el obispo emérito de Huelva.

Una renovación pastoral encuadra esos dos elementos que ya he dicho, renovación espiritual, renovación de la vida humana e intelectual. En concreto, desde el punto de vista pastoral, voy a abordar una  animación del estilo con acentos propios. Una pastoral misionera,  de primer anuncio y de acompañamiento,  una pastoral que enfoque la vida social y cultural de la gente, es decir, que este muy próxima a los problemas de la gente para dar solución desde la doctrina social de la iglesia, una pastoral más sinodal: ese es el estilo.

Pero luego también vamos a abordar la renovación de estructuras, centrándonos sobre todo en las parroquias que son la célula principal de acción pastoral. Gracias a Dios en nuestra Diócesis,  al ser parroquias grandes, tienen todavía  muchas posibilidades pastorales. Pero ahí hay que poner también algunos acentos  de esa renovación de estilo aplicado propiamente a las parroquias. Y sobre todo, como mayor novedad,  planteo la posibilidad de iniciar algunas unidades pastorales, conjuntos de parroquias que quieren formar una comunidad y que quieren compartir  agentes pastorales,  compartir proyectos pastorales, lo cual quiere decir que los sacerdotes  van a trabajar más en equipo, más en sinodalidad y van a incorporar a equipos de trabajo también más laicos y religiosos, sin dejar de ser párrocos de las parroquias que se les asignen. Este cambio de estructura supone que van a colaborar con esos sacerdotes que forman parte de la unidad pastoral en sectores concretos. Por ejemplo, uno puede ser el encargado de jóvenes de toda la unidad pastoral, no solo de su parroquia, siempre con el acuerdo de los demás. De tal modo que procuramos de esta manera dar un ejemplo también de trabajo en equipo, de trabajo sinodal, pero también de economizar energías, porque hay muchos sacerdotes que se encuentran  sobrecargados de trabajo y esto podría aliviar un poco ese trabajo, aparte de ser, como digo,  modelo  de comunión y de trabajo sinodal. Creo en ella y espero que pueda ser convincente y que comencemos ya. Espero que comencemos con algún lugar que pueda servir también de referencia y de ánimo para otros,  porque desde la práctica vamos aprendiendo. Esta no es una realidad cerrada, sino que vamos aprendiendo de lo que vamos haciendo. Merece la pena  proponer e iniciar.

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