
Monseñor Jesús Fernández ha viajado desde enero a diez municipios en su primera visita pastoral para conocer de manera cercana y directa las parroquias de la comarca de Guadajoz Campiña Este

La parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Castro del Río ha reunido a fieles de los diez municipios que conforman el arciprestazgo Baena-castro del Río para celebrar la misa de acción de gracias por meses de desarrollo de la primera visita pastoral de monseñor Jesús Fernández como obispo de Córdoba.
Un tiempo de “experiencia” para el Obispo y las comunidades cristianas que han celebrado la fe, las catequesis y el diálogo pastoral a través de colegios e institutos; con visitas a enfermos y residencias de ancianos o centros de personas discapacitadas donde monseñor Jesús Fernández ha recibido “un impacto muy importante por la forma de afrontar la dificultad”. Momentos que quedarán para siempre “en mi memoria y en mi corazón” por los que los que dio gracias a Dios.
Monseñor Jesús Fernández compartió en Castro del Río una homilía basada en el Evangelio de San Juan que desvela el miedo y la desconfianza que la muerte de Jesús había provocado entre sus discípulos. Unas “puertas cerradas” que se abren a la presencia de Cristo vivo tras superar los límites del tiempo y del espacio cuando muere en la cruz. Una presencia espiritual capaz de “sobrepasar las puertas de los corazones” porque Cristo resucitado ya no tiene límites ni físicos ni temporales aunque tuvo que mostrar las llagas y hacer memoria ante ellos de “su entrega dolorosa por amor” para que pudieran creer, llenos de alegría.
La misericordia de Dios se quedó entre ellos, continuó el Obispo, para perdonarlos y pudieran perdonar, aunque en el día de la aparición, Santo Tomás no estaba entre ellos y no creyó a sus compañeros. Aquella reacción escéptica quedó anulada en la siguiente aparición de Jesús en el cenáculo, inaugurando así la costumbre de celebrar su resurrección cada domingo. Entonces el Señor se dirigió a Tomás para que pudiera comprobar sus llagas y pronunció “la mayor confesión de fe que se puede hacer: Señor mío y Dios mío”. Esta lectura del Evangelio sostiene, explicó el Obispo, una decisión “arriesgada, un gesto de confianza y abandonar ciertas seguridades” porque la fe en la resurrección de Jesús no fue fácil ni siquiera para los primeros discípulos.
El reconocimiento de Jesús resucitado tiene lugar cuando los discípulos están juntos, porque la fe se vive y comparte en comunidad, “de ahí la necesidad de volver al cenáculo y reunirnos cada domingo: esa vuelta fue la que salvó la fe de Tomás antes incrédulo y ahora creyente”. El Obispo enumeró los regalos de la fe que ofrece el Evangelio y citó la paz como vocación de comunión que tanto el mundo necesita; el perdón, fruto maduro de una nueva presencia regalado a todos a través del sacramento de la penitencia, y la Iglesia, abierta a la escucha de la enseñanza de los apóstoles que permite compartir los bienes materiales de cada comunidad.
En la conclusión de su homilía, el obispo animó a todos a seguir dando “testimonio orante”, para que como el Señor en momentos importantes de la vida, reflexionemos sobre nuestra fe y conozcamos si la valoramos como una carga pesada o como un regalo, “si la vivimos en paz o estamos peleados con alguna persona o incluso con nosotros mismos”, dijo.
El obispo convocó a pensar si “aceptamos el regalo del perdón” y por nuestra pertenencia a la Iglesia reforzamos la comunión en la fracción del pan, porque “mi visita quería seguir animándoos a vivir la de fe como Iglesia” y otros al contemplarnos puedan decir “mirad como se aman y crean”.
La entrada Eucaristía de clausura de la visita pastoral del Obispo al arciprestazgo de Baena-Castro del Río apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis













