Solemnidad del Corpus Christi

Escrito semanal de Mons. José Manuel Lorca Planes, Obispo de Cartagena.

Solemnidad del Corpus Christi

Corpus Christi. 2016. C

La Solemnidad del Corpus Christi es un día muy especial para los cristianos, porque celebramos la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo en la Eucaristía y porque actualizamos nuestra identidad, la vida en caridad. La misma procesión del Corpus es una catequesis sin palabras, porque es al mismo Jesús sacramentado al que vemos, bajo las especies de pan y vino. Contemplamos al mismo que implicó a sus discípulos en la vida del prójimo diciéndoles, “dadles vosotros de comer”, y que ahora nos exige también a nosotros la necesidad de cumplir las obras de misericordia. Es cierto que nos alegra saber que existen entidades del perfil de Cáritas y que se atiende a los necesitados, pero eso no basta, Dios nos pide más, nos pide que cada uno tenga grabado en su corazón el estilo del amor de Jesús, la fuerza que tiene la caridad, la capacidad de donarse a sí mismos en tareas de servicio. Benedicto XVI nos decía en su Encíclica que el programa del cristiano es el del buen samaritano, “un corazón que ve”, este corazón ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia.

En esta solemnidad nos acercamos a la ofrenda de Cristo en la cruz, hecha presente en el sacrificio eucarístico y que comunica al creyente su dinamismo de amor generoso. En la Misa se nutre a los fieles con el alimento de la Palabra y del Cuerpo y la Sangre del Cordero divino, inmolado por nosotros y les da la fuerza para “seguir sus huellas” (Cfr. 1 Pe 2, 21). La Iglesia nos llama este día a salir a la calle y a participar en la procesión, con sencillez, pero con la alegría de saber que estamos siguiendo a Cristo vivo, al que derramó su sangre por nosotros, la sangre del Cordero divino inmolado, que es la fuente de la vida cristiana, pues quien participa de ella recibe el impulso, la fuerza y el alimento necesario para la vida. La Eucaristía nos mete de lleno en la caridad de Cristo que vino a buscar lo que estaba perdido, a reunir a los hijos de Dios dispersos y a dar un puesto de honor a los más vulnerables e indefensos. La fe, lejos de dividir, aúna a todos en Cristo, pues en Él ha de ser todo reconciliado según el designio divino. Cristo sigue lavándonos los pies y alimentándonos con su cuerpo, para que encontremos alegría en el servicio al hermano; es el lugar de la más plena integración fraterna, ya que favorece la convivencia, el buen entendimiento y la alegría entre los comensales. A esta esperanza estamos convocados: saber que es posible la civilización del amor…

Invito a elevar oraciones al Altísimo por todos los que van a contemplar a Nuestro Señor por las calles de su pueblo o ciudad; a los niños y mayores, al paso de la custodia. Pensad que Jesús, sin tener casi nada, les dio de comer a muchos, entonces, ¿acaso no le será posible a Dios mismo darnos de comer hoy, su Cuerpo y su Sangre, bajo las especies del pan y el vino? Sí, la Eucaristía es un banquete sagrado ofrecido por Dios, es el Misterio de la fe y un manantial de gracia. Recemos los unos por los otros.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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