El administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Ramón Valdivia, ha visitado esta mañana el Hospital Universitario Puerta del Mar de Cádiz con motivo de la festividad de Nuestra Señora de Lourdes y la celebración de la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo.
Acompañado por el delegado diocesano de Pastoral de la Salud, Fernando Carmona, Mons. Valdivia ha recorrido varias plantas del centro hospitalario, donde ha podido encontrarse con algunos de los enfermos ingresados y sus familiares. Durante la visita, el prelado ha compartido unos momentos de conversación y cercanía con ellos, se ha interesado por el estado de su enfermedad y les ha transmitido palabras de ánimo, así como su deseo de una pronta recuperación.
La Jornada Mundial del Enfermo, instituida por San Juan Pablo II en 1992, se celebra cada 11 de febrero y constituye un momento privilegiado de oración, reflexión y cercanía hacia quienes sufren la enfermedad. Este año 2026, el Papa León XIV ha propuesto como tema de reflexión “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”, una invitación a volver la mirada a la parábola evangélica del Buen Samaritano.
El tema elegido pone el acento en la necesidad de gestos concretos de amor al prójimo, especialmente hacia quienes viven la enfermedad en contextos de fragilidad marcados por la pobreza, el aislamiento o la soledad. Como el samaritano que se detiene en el camino para atender al hombre herido, la comunidad cristiana está llamada a inclinarse ante el sufrimiento y a ofrecer cercanía y servicio a los más vulnerables.
En este contexto, se recuerda que el cuidado de los enfermos y de sus cuidadores no es una carga, sino una oportunidad evangelizadora. En palabras de Benedicto XVI, los enfermos son “un signo eficaz e instrumento de evangelización” para quienes les atienden y para sus familias.
Con su presencia en el Hospital Puerta del Mar, Mons. Valdivia ha querido hacer visible el compromiso de la diócesis con quienes atraviesan la experiencia de la enfermedad, llevando un mensaje de esperanza y recordando que, en el rostro de cada persona que sufre, la comunidad cristiana reconoce el rostro mismo de Cristo.

