Más de 2.000 migrantes perdieron la vida o desaparecieron en su trayecto hacia España en lo que va de año

Diócesis de Cádiz-Ceutahttps://www.obispadocadizyceuta.es/
La diócesis de Cádiz y Ceuta es el resultado de la unión de la Gadicensis y Septensis bajo un único obispo titular, proceso que se inició en 1857 y culminó en 1933. Es sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla y no tiene enclaves territoriales en otras diócesis ni de otras en su demarcación.

Así lo denunció la Mesa Diocesana de Atención y Acogida de Migrantes y Refugiados de Cádiz durante su convocatoria del Círculo de Silencio del mes de julio.

Reunidos, como es costumbre, en la Plaza de la Catedral de Cádiz, se ofrecieron datos de la ONG Caminando Fronteras, que reflejan que, durante este 2021, unas 2.087 personas migrantes han muerto o desaparecido en la ruta hacia España, de las cuales 341 eran mujeres y 96 niños. De esta manera, la cifra de fallecidos y desaparecidos en el cruce marítimo entre África y España se dispara un 526% con respecto al mismo periodo de 2020. Además, la ONG advierte que, de las víctimas desaparecidas, a penas se encuentra el cuerpo del 4%, y el porcentaje de identificaciones de los mismos es aún más bajo.

En este sentido, se aseguró que uno de los factores por los que han aumentado las muertes de migrantes en el mar ha sido la crisis diplomática entre España y Marruecos. A juicio de Caminando Fronteras, la defensa de la vida, que es obligación de los estados, “deja mucho que desear” en el caso de nuestro país vecino.

Dicha ONG ha denunciado que ha habido, por parte de Marruecos, una dejación de responsabilidades en el rescate. Según declaraciones de Helena Maleno, miembro de Caminando Fronteras, “la marina del país africano no ha asistido alertas que han enviado pateras o la propia ONG sobre la situación de riesgo o deriva de embarcaciones; y en el caso de acudir, los rescates han sido bastante negligentes”.

En España, ha indicado la activista, se necesitan “más medios aéreos” y la entidad se une a las peticiones de Salvamento Marítimo para las mejoras de condiciones del personal y de los medios disponibles para abordar la realidad de la ruta canaria.

De esta manera, durante el Círculo de Silencio, se tuvo un recuerdo especial y sentido para Yamila, la niña marfileña de 5 años que perdió la vida el pasado 29 de junio. Yamila viajaba en una patera que salió del Sahara Occidental junto con otras 34 personas migrantes. Cuando un mercante que pasaba por allí procedió al complicado rescate (la embarcación llevaba unos 17 días en el mar), la pequeña Yamila y una mujer, que se encontraba en muy mal estado, fueron evacuadas en helicóptero. Durante el vuelo entraron en parada cardiorrespiratoria. Los enfermeros del servicio de búsqueda y rescate del ejército intentaron reanimarlas, pero sólo lo consiguieron con la mujer.

Los padres de Yamila viven en Francia y no están regularizados, por lo que no pudieron realizar una reagrupación familiar “de forma legal”, así que se subió a la barquilla a cargo de una prima de la madre. El objetivo familiar era encontrarse con la niña en Francia. Los padres han hecho un llamamiento a las autoridades españolas para lograr un salvoconducto que les permita asistir al entierro de la niña.

Además de Yamila y de otra mujer que quedó a la deriva, la información recabada por la policía revela que puede haber alrededor de una veintena de víctimas más, pues cuando la embarcación salió de Dajla transportaba entre 52 y 60 personas.

Por otro lado, el Círculo de Silencio mostró su repulsa a los incendios que están ocurriendo en los asentamientos de Almería y Huelva en los que viven, de manera infrahumana, cientos de migrantes y trabajadores temporeros. Muchos de ellos son marroquíes que, tras acabar la temporada de trabajo, no han podido regresar a su país a causa del cierre de fronteras por la pandemia.

Durante este tiempo de reflexión y denuncia, se hicieron eco de la huelga de hambre que están llevando a cabo en Bruselas un grupo de 400 migrantes indocumentados, reunidos en la iglesia de San Juan Bautista, desde finales de mayo. Golpeados por la dureza de la pandemia, piden al Gobierno la regularización de su situación tras años viviendo en la clandestinidad.

Por todo ello, por los migrantes en huelga de hambre, por la situación de los migrantes temporeros y por las más de 2.000 vidas perdidas en el mar en lo que va de año, se dedicó el silencio de la Mesa Diocesana de Atención y Acogida de Migrantes y Refugiados de Cádiz y Ceuta del mes de julio.

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