
Laura Ainoa Márquez llegó a Almería hace veinte años por motivos profesionales. Médico forense de vocación y entrega, desarrolló gran parte de su carrera en la provincia hasta que, hace tres años, una lesión medular cambió radicalmente su vida. Sin embargo, lejos de rendirse, encontró en la fe, en su familia y en el compromiso con otras personas una nueva misión. Hoy preside ASPAYM Andalucía, la Federación de Asociaciones de Personas con Lesión Medular y otras Discapacidades Físicas Graves, y el próximo 7 de junio vivirá uno de los momentos más emocionantes de su vida: encontrarse personalmente con el Papa León XIV en Madrid.
Laura, para quienes no te conocen, ¿quién eres?
Soy Laura. Laura Ainoa, como me conocen en mi entorno laboral. Creo que siempre he sido una persona bastante comprometida con la causa que he tenido delante, ya fuera laboral, familiar o de cualquier otro tipo. He disfrutado muchísimo de mi profesión como médico forense. Trabajaba en la parte clínica y durante años estuve vinculada a la Unidad de Evaluación Integral de Violencia de Género del Instituto de Medicina Legal. Es una profesión que me encanta y que me ha llenado profundamente.
Hace tres años llegó la lesión medular. ¿Cómo recuerdas aquellos primeros momentos?
Los primeros meses fueron extraños. Casi diría que viví en una especie de inconsciencia. No era plenamente consciente de lo que suponía la lesión medular. Estaba como en una nube.
Tuve muy cerca a mi familia, a personas creyentes que me acompañaron y a mucha gente que me sostuvo. Apenas lloré en aquellos primeros momentos. Pero después llegó el verdadero choque con la realidad. Fui consciente de todo lo que había perdido y de cómo iba a cambiar mi vida.
Al principio estaba como en una nube.Después llegó el verdadero choque con la realidad. Fui consciente de todo lo que había perdido y de cómo iba a cambiar mi vida.
Entré en una nube negra. Llegué a pensar que no sería capaz de vivir así. Hoy lo cuento porque sé que hay personas que pasan por ese mismo lugar. Y quiero decirles que esa nube se va. Que vuelve la esperanza.
¿Qué papel desempeñaron la fe y la esperanza en ese camino?
Un papel decisivo. La esperanza vuelve, siempre vuelve. Y cuando tienes fe, esa esperanza es todavía más fuerte. La fe te ayuda a comprender que esto no es el final. Es otra vida. Una vida más difícil, sí. Mucho más difícil. Pero sigue siendo vida y merece ser abrazada.
Por eso siempre digo que quien se encuentre perdido busque ayuda. Ayuda profesional, ayuda humana y también ayuda espiritual. Si alguien se acerca a una iglesia y encuentra un sacerdote dispuesto a escucharle, seguro que recibirá acompañamiento y consuelo.
¿Cómo aparece ASPAYM en esta nueva etapa de tu vida?
La Laura que era antes ha ido reapareciendo poco a poco. Y una parte muy importante de ese proceso ha sido ASPAYM.
Es Aspaym descubrí algo muy importante: que la vida es posible después de una lesión medular. Que podemos seguir adelante.
Más tarde me propusieron presidir la Federación de Asociaciones de Personas con Lesión Medular de Andalucía y ahí sigo, trabajando para dar voz a muchas personas que a menudo no son escuchadas.
¿Cómo surge la posibilidad de encontrarte con el Papa León XIV?
Todo comenzó cuando ASPAYM Andalucía y la Federación iniciamos una ronda de contactos institucionales. Dentro de ese camino llamamos a la puerta del Obispado de Almería y el Obispado nos abrió las puertas grandes.
Siempre digo que D. Antonio comenta en broma que entramos por la puerta de atrás porque la principal no era accesible. Pero para mí aquella puerta era enorme porque en realidad era la puerta del corazón. Me encontré con una persona que me desarmó desde el primer momento. Llegué pensando cuál sería el gesto reverencial adecuado, cómo debía comportarme ante un obispo. Pero todo aquello desapareció enseguida.
Cuando conocí a nuestro obispo me encontré con una persona que me desarmó desde el primer momento. Llegué pensando cuál sería el gesto reverencial adecuado, cómo debía comportarme ante un obispo. Pero todo aquello desapareció enseguida.
De repente ya no había protocolos ni distancias. Estábamos sentados en círculo, conversando como personas que se encuentran y se escuchan. Aquella barrera que uno imagina se rompió completamente. Fue uno de esos encuentros que nunca se olvidan.
Y allí lancé una idea que parecía casi imposible. Le propuse si sería remotamente posible hacer llegar al Papa las inquietudes de las personas con lesión medular y gran discapacidad física aprovechando su visita a España. Lo planteé casi como quien lanza un sueño al aire. Y salió adelante. Yo lo llamo providencia con mayúsculas.
Tiempo después recibí la llamada desde protocolo de la Santa Sede comunicándome que ASPAYM Andalucía estaba invitada al encuentro con la sociedad civil que presidirá el Papa León XIV el próximo 7 de junio en el Movistar Arena de Madrid.
Desde entonces vivimos todo esto con muchísima alegría, con nervios y con un enorme agradecimiento.
¿Qué significa para ti poder encontrarte personalmente con el Santo Padre?
Me lleva directamente a la Laura niña. Cuando era colegial tuve la oportunidad de encontrarme con san Juan Pablo II en Zaragoza. No recuerdo demasiadas cosas de mi infancia, pero ese momento permanece intacto en mi memoria. Marcó mi biografía. Ahora tengo la oportunidad de vivir algo parecido. Y además hacerlo representando a muchas personas.
Conocí a San Juan Pablo II. Ahora tengo la oportunidad de vivir algo parecido. Y además hacerlo representando a muchas personas.
ASPAYM Andalucía estará allí como un pequeño punto dentro del inmenso Movistar Arena, muy atenta a todo lo que León XIV quiera transmitirnos. Lo vivo con emoción, con alegría y con mucha responsabilidad.
¿A quién dedicarías este momento tan especial?
A muchísimas personas. A mi madre. A mi padre, que ya está en el cielo. A mi hermana. A mis sobrinos. A mis amigos, que son tantos que no podría enumerarlos. Ellos saben quiénes son.
Y también quiero dar las gracias a la Iglesia. A la Iglesia concreta que he encontrado aquí en Almería y que para mí tiene rostro en tantas personas. Y especialmente en nuestro obispo D. Antonio que es una persona maravillosa.
¿Qué mensaje te gustaría transmitir a quienes están atravesando una situación difícil?
Que no renuncien. Que den una oportunidad a esta nueva vida, aunque al principio parezca imposible. Hoy abrazo la vida con mayúsculas. No quiero despegarme de ella. Y he aprendido que incluso en medio de las heridas más profundas, la esperanza y la fe siempre encuentran caminos para abrirse paso.
Aunque sea sobre ruedas.

