EN LA CRISPACIÓN, CUSTODIAR EL CORAZÓN, por Jesús Martín Gómez

Diócesis de Almería
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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

Nueve y media de la noche, comienza en el telediario la sección de deportes, apago el televisor y me retiro… ¿qué he visto?

Muchos días al terminar de ver las noticias o de escucharlas en la radio tenemos la sensación de que el mundo se ha convertido en una perenne discusión. Las palabras son cada vez más duras e hirientes, las posiciones parecen irreconciliables, parece que cada polémica nos insta a que tomemos partido, nos indignemos y respondamos. Sin darnos cuenta acabamos mirando la realidad con absoluta desconfianza, hablando con acritud o escuchando con menos paciencia.

Deberíamos preguntarnos si lo importante es posicionarnos en las controversias o, más bien, detenernos para poder reflexionar sin dejarnos llevar por la vorágine de la crispación política y social. La auténtica cuestión no es dónde me posiciono, la verdadera pregunta es ¿qué está haciendo todo esto con nuestro corazón? Porque podemos estar muy atentos a lo que sucede fuera y, sin embargo, descuidar lo que sucede dentro de nosotros.

No podemos desentendernos de la actualidad, no estamos llamados a refugiarnos en una paz artificial. Se trata de aprender a estar en el mundo sin dejarnos dominar por su ruido, evitar que la confrontación nos haga perder la paz, la lucidez y la capacidad de amar. Un cristiano puede tener convicciones firmes y participar activamente en la vida pública. Pero la firmeza no necesita insultar, la verdad no necesita humillar y la defensa del bien común no exige negar la dignidad de quien discrepa.

Pero ¿cómo resistir? Pienso principalmente en tres claves: la paz del corazón, la caridad en la verdad y la responsabilidad ante nuestras palabras. La primera no es fruto de la huida, sino del corazón arraigado en Dios. La segunda consiste en entender que el amor al prójimo a veces requiere de corrección y siempre necesita el reconocimiento de su dignidad, incluso cuando se discrepa. La tercera es recordar siempre que nuestras conversaciones o publicaciones tienen una dimensión moral y pueden contribuir a la comunión o destruirla.

Quizá podríamos añadir una cuarta clave que nos ayude con todo lo demás: evitar la reacción inmediata recuperando el silencio. Seguro que no podemos cambiar de golpe el clima social o político, pero podemos evitar reproducirlo en nuestro entorno cercano.

Jesús Martín Gómez

Párroco de Vera

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