
Unas cincuenta personas de distintas parroquias y movimientos apostólicos participaron el pasado sábado, 24 de octubre, en la Jornada de Mayores y Abuelos, convocada por la Delegación Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida. El encuentro, inicialmente previsto para el 26 de julio, festividad de san Joaquín y santa Ana, se desarrolló por distintos espacios del centro histórico de Almería.
La jornada comenzó a las once de la mañana en el salón de actos San Juan Pablo II, junto a la Catedral, con una oración y las palabras de bienvenida del matrimonio delegado, Alberto Consuegra y Pilar Acero. A continuación, los asistentes escucharon dos testimonios vocacionales. El sacerdote Emiliano Abad, residente en la Casa Sacerdotal San Juan de Ávila, compartió cómo el Señor lo llamó cuando otros habían planificado su futuro laboral y aseguró que ha sido y sigue siendo feliz porque su esperanza, a pesar de las dificultades y de la cruz, está en Jesucristo resucitado.
También intervino Joaquín Espino, diácono permanente y casado, quien habló de su vocación, presente desde siempre en su vida, y de las dificultades que ha encontrado en el camino. Una canción y la entrega de recuerdos pusieron fin a esta primera parte del encuentro.
La segunda parada fue el Real Monasterio de la Encarnación, conocido como «Las Claras», donde los participantes llegaron coincidiendo con las doce del mediodía, momento en el que rezaron espontáneamente el Ángelus. María Julia Martínez presentó la historia y la riqueza artística del monasterio antes de dar paso a tres nuevos testimonios: los de una viuda, una religiosa joven de la comunidad y una abuela. Sus experiencias, compartidas con sencillez y emoción, fueron acogidas con numerosos aplausos.
El recorrido continuó por la calle de las Tiendas hasta la iglesia parroquial de Santiago Apóstol, donde se celebró la Eucaristía. Los asistentes participaron activamente en la celebración y pudieron compartir durante la homilía algunas de las reflexiones que les habían suscitado los testimonios escuchados a lo largo de la mañana.
La jornada concluyó con una comida de convivencia en la casa de hermandad de la Cofradía del Prendimiento. Tras compartir la mesa, los participantes se despidieron cantando la conocida canción «Adiós, con el corazón», poniendo así el broche final a una mañana de encuentro, fe y experiencias compartidas que dejó entre los asistentes el deseo de volver a repetirla.

