El Obispo de Jaén: «La Iglesia también está en el campo»

Diócesis de Jaén
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La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

La Cooperativa San Amador de Martos ha acogido este domingo, XXIX del Tiempo Ordinario, la celebración de la Eucaristía por el inicio de la campaña de recogida de la aceituna, presidida por el obispo de Jaén, Monseñor Sebastián Chico Martínez. Más de 300 personas, entre agricultores, trabajadores del campo, vecinos y representantes de las autoridades civiles, políticas y militares, se han dado cita en este encuentro de oración y acción de gracias, celebrado en uno de los municipios más vinculados a la cultura del olivar y a la producción de aceite de oliva.

La celebración, acompañada por la imagen de san Amador, patrón de Martos, ha reunido a la comunidad en torno al comienzo de una nueva campaña agrícola que marca profundamente la vida social y económica de la provincia. Una cita que, además de poner bajo la protección de Dios los frutos de la tierra y el trabajo de quienes los hacen posibles, busca expresar la cercanía de la Iglesia diocesana al mundo rural. Junto al Prelado, han sido una decena los sacerdotes que han concelebrado la Eucaristía. La Coral Amicitia, bajo la batuta de Fernando Camacho, ha solemnizado la celebración con sus voces.

En este sentido, el obispo ha recordado el compromiso adquirido el pasado año, durante el Jubileo de los Agricultores, de celebrar anualmente esta Eucaristía en distintos lugares de la provincia. «Queremos expresar así que la Iglesia está cerca del mundo rural, de sus gentes y de sus desafíos», ha señalado.

El olivar, raíces e identidad de Jaén

Durante su homilía, Mons. Sebastián Chico Martínez ha subrayado que el olivar es mucho más que una actividad económica para la provincia. Es parte de su historia, de sus raíces y de una forma de entender la vida transmitida de generación en generación.

«Hablar del olivar en nuestra provincia no es solamente hablar de una actividad económica, sino que es, sobre todo, hablar de nuestra historia, de nuestras raíces y de nuestra propia identidad», ha afirmado el prelado, quien ha destacado el esfuerzo y el sacrificio de tantas familias que han encontrado en el campo su medio de vida y una esperanza de futuro.

El obispo ha querido expresar, además, un reconocimiento especial a los agricultores y a las mujeres que, durante generaciones, han trabajado en el olivar, compaginando muchas veces las faenas agrícolas con el cuidado de sus familias. Un agradecimiento que, en sus palabras, debe traducirse también en un compromiso real: «A todos ellos les debemos gratitud y reconocimiento, y también nuestro compromiso para que su trabajo sea siempre justamente valorado y dignamente recompensado».

La nueva campaña comienza con perspectivas de una cosecha importante, gracias a las lluvias recibidas, pero también con incertidumbres que preocupan al sector: los precios del aceite, los costes de producción, la falta de mano de obra, la inestabilidad de los mercados y los efectos del cambio climático.

Ante esta realidad, el Prelado jiennenense ha defendido la necesidad de garantizar la rentabilidad de las explotaciones, unos precios justos y unas condiciones laborales dignas, especialmente para el pequeño agricultor y el olivar tradicional. También ha apelado a la responsabilidad en el cuidado de la tierra, nuestra «casa común», para que pueda seguir dando fruto a las generaciones futuras.

«La verdadera riqueza de nuestra tierra no está solamente en sus aceitunas, sino también en las personas que las cultivan y recogen», ha afirmado.

Una fe que se demuestra en el trato a los demás

La homilía ha tenido un marcado carácter social, a partir del mandamiento del amor a Dios y al prójimo y de la llamada bíblica a no maltratar ni oprimir al emigrante. El obispo ha recordado que la autenticidad de la fe cristiana no se manifiesta únicamente en las celebraciones religiosas, sino también en la manera de relacionarnos con quienes nos rodean.

«No podemos separar el amor a Dios del amor al prójimo, ni nuestra fe de nuestras responsabilidades cotidianas. La fe se demuestra también en el campo, en la cooperativa, en las relaciones laborales y en nuestro compromiso con los más necesitados», ha expresado.

Una llamada especialmente oportuna al comienzo de la campaña de la aceituna, cuando numerosos trabajadores temporeros, muchos de ellos procedentes de otros países, llegan a los municipios jiennenses en busca de una oportunidad laboral con la que sostener a sus familias.

El Obispo ha invitado a mirar más allá de las necesidades de mano de obra y a reconocer la historia y la dignidad que hay detrás de cada persona. «Detrás de cada temporero hay una persona, una historia, una familia y una dignidad que debemos respetar», ha recordado.

En este sentido, ha advertido de que algunos trabajadores llegan después de largos desplazamientos y se encuentran con dificultades para acceder a un empleo o a un alojamiento adecuado. Una realidad que, ha insistido, interpela a toda la sociedad.

«No podemos rezar juntos el padrenuestro y después desentendernos de quienes necesitan nuestra ayuda. No podemos celebrar los frutos de la tierra olvidándonos de las manos que contribuyen a recogerlos», ha afirmado.

Don Sebastián ha subrayado que la acogida de los temporeros requiere la implicación de las administraciones públicas, los empresarios, las cooperativas y la sociedad en general, para garantizar salarios justos, condiciones laborales dignas, alojamiento adecuado y una convivencia basada en el respeto mutuo.

Asimismo, ha recordado las palabras del papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti, en la que propone cuatro verbos para concretar la respuesta cristiana ante las personas migrantes: «acoger, proteger, promover e integrar».

Una perspectiva que conecta con los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, desde la que se recuerda que la actividad económica debe estar al servicio de las personas. «La economía, la producción y el trabajo deben estar siempre al servicio de la persona, y nunca al contrario», ha señalado.

Cáritas, expresión concreta de la fraternidad

En su intervención, Monseñor Chico Martínez ha agradecido la labor de Cáritas Interparroquial de Martos y de todas las personas que colaboran en su comedor social, especialmente durante la campaña de recogida de la aceituna, cuando este recurso abre sus puertas para atender a los inmigrantes que llegan a la localidad.

Como signo concreto de este compromiso, la colecta de la Eucaristía se destinará íntegramente al comedor social de Cáritas Interparroquial de Martos, que desarrolla una importante labor de atención y acompañamiento a las personas que más lo necesitan.

«La caridad cristiana no puede quedarse en las palabras: tiene que hacerse concreta en la vida de las personas. Una tierra verdaderamente bendecida no es solamente aquella que produce mucho, sino aquella que sabe compartir sus frutos», ha destacado el obispo.

De este modo, la celebración ha querido unir la acción de gracias por los frutos de la tierra con el compromiso de cuidar a quienes hacen posible que lleguen a nuestras mesas. Una llamada a que la prosperidad de la campaña se traduzca también en bienestar para las familias, oportunidades para los jóvenes y mejores condiciones de vida para quienes trabajan en el campo.

Gratitud, responsabilidad y fraternidad

La Eucaristía se enmarca, además, en el último curso del Plan Pastoral Diocesano, dedicado a la Misión y presencia pública, bajo el lema evangélico «Vosotros sois la luz del mundo» (Mt 5,14). Una llamada a que la Iglesia haga presente el Evangelio en todos los ámbitos de la vida, también en el trabajo, la economía y las relaciones sociales.

En este contexto, el obispo ha invitado a afrontar la nueva campaña desde tres actitudes fundamentales: la gratitud a Dios por los frutos de la tierra, la responsabilidad y la justicia en el trabajo, y la fraternidad con todos, especialmente con quienes atraviesan mayores dificultades.

«La fe no puede quedar encerrada en nuestros templos; ha de iluminar también nuestra vida laboral, económica y social», ha recordado.

La celebración ha concluido con la oración por una campaña fructífera, que garantice trabajo, precios justos, respeto a la dignidad de los trabajadores y esperanza para las familias de la provincia.

Don Sebastián ha encomendado esta nueva etapa a la protección de la Virgen de la Cabeza, patrona de la Diócesis de Jaén, también bajo la advocación de Nuestra Señora de la Villa, y de san Amador, patrón de Martos, con el deseo de que, junto al aceite que nace de esta tierra, crezcan también la justicia, la solidaridad y la fraternidad.

Fotos: A. López

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