“La oportunidad preciosa de entusiasmar y hacer descubrir la grandeza de ser cristiano”

Entrevista al director nacional de Obras Misionales Pontificias (OMP), D. José María Calderón, que ofreció la jornada formativa del Encuentro de catequistas, celebrada el pasado sábado día 19, organizada por la Delegación diocesana de Catequesis. Entrevista publicada en el Semanario Fiesta de Granada y Guadix (Nº 1623), con fecha 20 de septiembre de 2026.

— ¿Qué mensaje comparte con los granadinos en el marco de ese encuentro de inicio de curso con la delegación de Catequesis?
Por un lado, que las catequesis sean verdaderamente misioneras, que no sean simplemente transmisión de unas verdades fundamentales de la Doctrina de la Iglesia y hacer de esos catecúmenos discípulos, sino hacer discípulos misioneros. Es decir, que la catequesis sea también un instrumento para que descubran la vocación misionera como cristianos, que todos los bautizados tenemos. Y, por otro lado, también dar a conocer la importancia que tiene que todos los cristianos nos sintamos responsables de la misión de la Iglesia en todo el mundo.

Y, por lo tanto, la tarea evangelizadora que la Iglesia está realizando en tantos lugares donde todavía la Iglesia no está implantada, donde la labor de la Iglesia es muy pobre y muy pequeña, porque no hay catequistas, porque no hay sacerdotes, porque no hay religiosas o religiosos, y necesitamos entusiasmar a los cristianos de España, para que vivan la misión que la Iglesia está realizando en los cinco continentes.

— La catequesis con los niños y adultos, además de alimentar la fe, prepara para el Sacramento. ¿Qué debe tener en cuenta uno y otro -catequista y catecúmeno- para que sea una catequesis verdaderamente apostólica y misionera
Evidentemente, las catequesis normalmente son como preparación para un Sacramento. Pero, fíjese, por ejemplo, el Sacramento de la Confirmación es un Sacramento de envío, es un Sacramento en el que recibimos la plenitud de la vida cristiana para ser testigos de Jesucristo.

Es verdad que si dijéramos antes con el Sacramento de la Confirmación estaríamos quedándonos cortos, porque, de hecho, el Sacramento del matrimonio también nos anima y nos ayuda a ser testigos en medio del mundo del amor matrimonial, del amor con el que Cristo ama a la Iglesia.

Por lo tanto, yo creo que es una oportunidad preciosa que tienen los catequistas de entusiasmar y de hacerles descubrir la grandeza de ser cristiano y de que no se acaba con la recepción de un Sacramento, sino que justamente la recepción de un Sacramento, sea el Sacramento del Bautismo, sea el Sacramento de la Confirmación o de la Primera Comunión, el Sacramento del Matrimonio, es como una puerta que te abre a un panorama espectacular, que es la Iglesia universal en donde Cristo quiere ser conocido y amado, y donde Cristo quiere estar presente en todas las situaciones de la vida de los hombres.

— Y ya centrándonos un poquito más en el aspecto misionero, ¿qué hace al misionero ser un verdadero misionero? Es decir, un misionero que no quede reducido a un mero altruista.
El Papa Francisco en “Evangelii Gaudium” dice una frase que a mí me parece que es muy importante. El misionero es el que tiene dos pasiones: pasión por Cristo y pasión por su gente. Entonces, ¿qué te hace a un misionero ser misionero?

Primero, estar enamorado del Señor. El misionero no es simplemente alguien que quiere transformar la sociedad y que tiene un corazón enorme y que ve la bondad del mundo, y entonces se entrega a los demás para hacer un mundo más justo, mejor para toda la sociedad, sino que es un hombre, una mujer de Dios; es un hombre o una mujer que ha conocido el amor de Cristo y quieren llevarlo a toda la tierra y quieren transmitirlo a todos los hombres. Quieren ser capaces de entregarlo a los demás. Y eso va unido también al amor a las personas, a las personas a las que va a ser enviada. Es decir, el misionero no va como un extraterrestre a un sitio determinado, sino que se hace parte de esa cultura, parte de ese pueblo, parte de esa sociedad, y sufre con ellos, como decía San Pablo: “Llora con los que lloran, se alegra con los que se alegran”. Es parte del pueblo. Y entonces, le cuesta mucho salir de allí.

¿Por qué? Porque es su gente. Es la gente a la que el Señor le ha encomendado para que ellos descubran la grandeza de la vocación que han recibido. Y, además, evidentemente, sin duda alguna, los misioneros, al ver las situaciones tantas veces de injusticia o de pobreza que tienen los pueblos, evidentemente se preocupan por mejorar la situación, por ayudarles a crecer, por ayudarles a aliviar sus dolores y sus sufrimientos. Pero motivados siempre por ese amor a Dios, por ese deseo de dar a conocer a Cristo y por ese deseo de compartir con la gente sus dolores, sus sufrimientos, sus alegrías, sus ambiciones, sus proyectos.

— Y de forma paralela, siempre pensamos en el misionero que se va a muchísimos kilómetros en esa gran tarea, de poner toda su vida al servicio también para que otros encuentren el Evangelio. Pero, de algún modo, también tenemos una misión en nuestro propio entorno, que no es algo exótico solamente cuando uno sale de su entorno. ¿Con qué ojos podemos ver en nuestro entorno, en nuestra vida diaria, esa misión?
El cristiano es un discípulo misionero, es un hombre, una mujer que se ha encontrado con Cristo y ese encuentro con Cristo le hace tener una predisposición para transmitir aquello que tiene en su corazón. Por lo tanto, no hay posibilidad de ser discípulo del Señor si no eres misionero, porque el conocer a Cristo te hace inmediatamente salir de ti mismo y querer entregar aquello que tienes en el corazón. Por lo tanto, es muy cómoda la postura de los cristianos cuando dicen “no, no, yo, los misioneros, ya eso es cosa de curas y de monjas”. No, hijo mío, eso es cosa de cristianos. Somos bautizados. Somos hijos de Dios. “No puedo callarme, no puedo callar -como decía San Pablo- aquello que tengo en el corazón”.

Todos, en cada sitio donde estamos, allí donde vivimos, somos instrumento de Dios para hacer presente su Palabra, su mensaje de amor, su misericordia y compañía. Pero esto, y quiero resaltarlo también, no puede impedir que descubramos que hace falta la vocación misionera ad gentes, es decir, que la necesidad que tenemos de re-evangelizar España, o en concreto Granada, no puede implicar que no tengamos ese sentido universal de la Iglesia, la preocupación por todas las iglesias, el entusiasmo por que en tantos lugares del mundo donde Cristo todavía no es conocido pueda un día llegar la luz del Evangelio. Y eso a través de la vocación a la misión ad gentes.

Paqui Pallarés
Entrevista publicada en el Semanario Fiesta Nº 1623 (20 de septiembre de 2026)

FOTO PORTADA: Nuestro arzobispo, el director nacional de OMP y el delegado diocesano de Catequesis, en el Encuentro de catequistas en Granada.

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