Cuando se cumple el septuagésimo sexto aniversario de la declaración del dogma de la Asunción de la Virgen María a los cielos, la Catedral de Jaén se prepara para celebrar esta solemnidad mariana a la que está dedicado el primer Templo diocesano.
Las celebraciones darán comienzo en la víspera, el 14 de agosto, a las 12 del mediodía, habrá un repique general del campanas de la Catedral de Jaén, que
El día 15 de agosto, solemnidad de la Asunción, como es tradicional, y durante la Eucaristía de las 11:30 horas, se presentarán ante la Virgen de la Antigua a los recién nacidos y niños que acudan ese día a la Santa Iglesia Catedral.
La celebración eucarística comenzará con una procesión claustral con la imagen de la Virgen de la Antigua por las naves del Templo mayor. Al término, se cumplirá con la tradición de la bendición secular con el Santo Rostro desde los cuatro puntos cardinales de la Catedral, a través de los balcones del Templo catedralicio. Una bendición a los jiennenses y a los campos con el paño que, según la tradición, enjugó el rostro de Cristo camino del calvario.
Esta celebración, a pesar de tener lugar en plena canícula, cada año reúne a más fieles jiennenses que quieren ser testigos privilegiados de la bendición secular y de la bendición de los bebés, además de participar en la mesa del Señor. La talla de la Virgen de la Antigua es la patrona del Cabildo Catedral y se trata de una obra anónima de estilo gótico, datada a principios del siglo XVI. La imagen representa a la Virgen amamantando a su Niño y se caracteriza por su rica policromía. Según la tradición oral, esta talla de la Virgen llegó a Jaén tras la reconquista de la ciudad por Fernando III el Santo. Ubicada en la Capilla Mayor del templo de Vandelvira, justo encima del lugar que custodia al Santo Rostro.
El dogma asuncionista, proclamado por el Papa Pío XII en 1950, establece que la Virgen María, al finalizar su vida terrenal, fue asunta (llevada) en cuerpo y alma a la gloria celestial. Este dogma, considerado revelación divina, afirma que María no experimentó la corrupción del sepulcro como el resto de la humanidad.

