«¡Bendita tú, Iglesia Santa de Jesucristo, Pueblo de Dios, que te pones en marcha como recién parido en estas tierras andaluzas, que te ofrecen calor y color!»: las palabras con las que D. Rafael Bellido inició el camino de la Diócesis de Asidonia-Jerez aquel 29 de junio de 1980

Diócesis de Asidonia-Jerez
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La diócesis de Asidonia-Jerez, conocida también simplemente por diócesis de Jerez, ​ es una jurisdicción de la Iglesia católica de España que comprende el norte de la provincia de Cádiz, tomando como límite y frontera natural el curso del río Guadalete.

«¡Bendita tú, Iglesia Santa de Jesucristo, Pueblo de Dios, que te pones en marcha como recién parido en estas tierras andaluzas, que te ofrecen calor y color!»: las palabras con las que D. Rafael Bellido inició el camino de la Diócesis de Asidonia-Jerez aquel 29 de junio de 1980

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En el 46º aniversario de la creación de la Diócesis de Asidonia-Jerez, recuperamos algunas de las frases más significativas de la homilía pronunciada por D. Rafael Bellido Caro el 29 de junio de 1980, día en el que tomó posesión como primer Obispo de la nueva Diócesis creada, nuestra Diócesis de Asidonia-Jerez.

La solemnidad de San Pedro y San Pablo de 1980 quedó grabada para siempre en la historia de la Iglesia de Asidonia-Jerez. Aquella mañana del 29 de junio, la Santa Iglesia Catedral acogía la solemne Eucaristía en la que Mons. Rafael Bellido Caro tomaba posesión como primer Obispo de la nueva Diócesis, erigida por el Papa san Juan Pablo II.

En el inicio de su homilía, el nuevo pastor quiso convertir aquel momento en una acción de gracias. Tras saludar al Cardenal José María Bueno Monreal, a los obispos presentes, sacerdotes, religiosos, autoridades y fieles, elevó su mirada a Dios con unas palabras que reflejaban el gozo de aquella jornada: «¡Bendito seas, Señor, Dios de cielo y tierra, que has querido congregarnos hoy, aquí, para compartir, juntos, el mismo gozo!».

La creación de la nueva Iglesia particular también fue encomendada a la Santísima Virgen. «¡Bendita Tú, Madre de Dios, porque al calor de tu devoción, nos has reunido a orar contigo en este Pentecostés, nacimiento de una nueva Iglesia local, diocesana!», afirmó antes de pronunciar una de las frases que han quedado unidas para siempre al nacimiento de la Diócesis de Asidonia-Jerez: «¡Bendita tú, Iglesia Santa de Jesucristo, Pueblo de Dios, que te pones en marcha como recién parido en estas tierras andaluzas, que te ofrecen calor y color!».

A lo largo de su predicación quiso agradecer la labor realizada durante años por quienes habían preparado el camino hasta la creación de la nueva diócesis. Dirigió palabras de gratitud al Cardenal Bueno Monreal, a los obispos que habían servido pastoralmente este territorio, a los sacerdotes, religiosos, religiosas y a todos los fieles que habían sembrado la fe en estas tierras. «No es menos cierto que unos recogemos lo que sudores y fatigas de otros sembraron», afirmó.

Con sencillez también manifestó la ilusión con la que comenzaba su ministerio episcopal y el deseo de conocer a quienes, desde aquel día, serían su pueblo. «Me alegraré si es que las ovejas conocen a su Pastor, como yo deseo seguir conociéndoos a todos», expresó ante la asamblea reunida en la Catedral.

Durante la homilía explicó el significado de la creación de una Diócesis, recordando que no suponía únicamente una nueva realidad jurídica o territorial, sino la constitución de una Iglesia particular llamada a vivir en plena comunión con la Iglesia universal. Citando los documentos del Concilio Vaticano II, recordó que una Diócesis es una porción del Pueblo de Dios reunida en torno a su Obispo, por medio del Evangelio y la Eucaristía.

En ese contexto presentó algunos de los rasgos que deseaba para la nueva Iglesia de Asidonia-Jerez. Habló de una comunidad llamada al servicio, afirmando que el pastor debe reflejar la imagen de Cristo «y así, como Él, sólo servir, sin coaccionar, ni imponer, ni tiranizar».

Con un lenguaje profundamente unido a la tierra que comenzaba a pastorear, recurrió también a una imagen inspirada en el mundo del vino para describir el nacimiento de la nueva Diócesis: «Viñas viejas con retoños nuevos, vinos viejos con mosto recién nacido. ¡Verdadera fiesta de la vendimia en nuestra comunidad diocesana!».

En la parte final de la homilía señaló diversos compromisos que, a su juicio, debían marcar la vida de la nueva Iglesia particular: una catequesis permanente, la participación activa de los laicos, el diálogo con los jóvenes, el fomento de las vocaciones sacerdotales y una especial atención a los pobres y a quienes más sufren.

Sus últimas palabras fueron una oración confiando el nacimiento de la Diócesis a la Virgen María: «Madre mía, Madre de la Iglesia, de esta Iglesia, Madre del Buen Pastor y Tú, Pastora de nuestras almas, acoge en la ternura de tu corazón los buenos deseos de este «zagalillo» que quiere imitar al único Pastor, Cristo, el Señor. Así sea».

Cuarenta y seis años después de aquella histórica celebración, la homilía de Mons. Rafael Bellido Caro permanece como uno de los documentos fundacionales de la Diócesis de Asidonia-Jerez y constituye un valioso testimonio del nacimiento de esta Iglesia particular.

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