Gabriel, el joven sacerdote de no saber “dónde se metía” a coordinar la oficina de la visita del Papa a la diócesis

Diócesis de Tenerife
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El Obispado de Tenerife está situado en San Cristobal de La Laguna. La jurisdicción de la diócesis comprende Tenerife, La Palma, La Gomera y El Hierro.

Gabriel Hernández lleva meses trabajando entre borradores, mensajes, llamadas telefónicas, reuniones de coordinación, escaletas y cambios de última hora para que todo esté listo cuando el Papa pise Tenerife. La Oficina de la Visita, con sus canales de comunicación y respuesta, se puso en marcha en el arranque de los preparativos de este acontecimiento excepcional. Situada en el edificio del obispado, cerca de sus responsables, vive desde dentro la implementación de este viaje apostólico.
Gabriel Hernández no sabía muy bien en lo que se metía cuando el coordinador local le preguntó si podía echar una mano a la comisión de la visita del Papa. «Acepté la ayuda, más bien, para todo este tema, sin saber dónde me metía», dice, «pero feliz también de poder ayudar en esta visita del Santo Padre a nuestras islas. Su carácter más que afable y paciente facilita todo.
«Tiene 29 años, es cura de la diócesis desde hace poco y se define a sí mismo, con una sencillez que descoloca un poco, como hijo de Dios mirado con misericordia y feliz de haber sido elegido en este ministerio. Ahora mismo forma parte de la oficina de coordinación de la visita y lleva meses metido en un trabajo que no para de cambiar de forma.
Porque eso es quizás lo más duro de estos meses, no el volumen de trabajo en sí sino la naturaleza de ese trabajo, que es la de tener que construir y desmontar y volver a construir casi a diario. «Haber trabajado durante meses en borrador para luego tener que volver a modificar, y día a día, tener que echar para atrás y para adelante ciertas cosas de última hora», lo describe él mismo, y añade algo que cualquiera que haya seguido la organización de este tipo de eventos entiende enseguida, que hay cosas que no se pueden comunicar hasta el último momento para no dar información errónea, lo que obliga a pedir paciencia constantemente a la gente. «Como son así las cosas de los viajes del Papa, al final se tiene que trabajar así.»
Pero luego está el otro lado, el que hace que todo eso valga la pena, y Gabriel lo tiene muy claro. Lo mejor de este tiempo, dice, es ver que todos aúnan esfuerzos para que esto sea posible, tanto a nivel eclesial como de las administraciones públicas, grupos, empresas, etc, personas, tantas personas. Trabajar con ese viento a favor es, en sus propias palabras, «una gozada». Las cifras dan idea de la escala de lo que se está moviendo, 163 guaguas entre grupos, movimientos, asociaciones, parroquias y colegios, y detrás de cada una de ellas alguien que ha tenido que inscribir personas, facilitar información, cuadrar horarios y convencer a gente de que madrugar un viernes merece la pena.
Para la preparación espiritual queda poco tiempo, reconoce sin drama, «aunque sea debajo de las piedras hay que sacarlo». Lo que espera escuchar del obispo de Roma cuando llegue el momento tiene mucho que ver con su propia historia. Gabriel estuvo en El Hierro acompañando a sus compañeros y a muchas mujeres y hombres en la acogida de los cayucos, escuchando historias de personas llegadas de Senegal, de Mali, de Burkina Faso, de Mauritania, de tantos otros que rodean el Sahel, por eso, lo que aguarda del discurso de León XIV es exactamente eso, un mensaje de aliento sobre la migración que llegue de verdad a los corazones. «Es por eso también por lo que quería venir el papa Francisco», recuerda, refiriéndose al origen de esta visita que cambió de protagonista pero no de intención.
Si tuviera que resumir estos días en una palabra, Gabriel lo tiene claro aunque necesita matizarla un poco. Más allá de la alegría y la emoción, dice, la palabra sería intensidad. Y lo que se va a llevar de todo esto, del trabajo, del caos controlado, del esfuerzo colectivo de una diócesis entera moviéndose en la misma dirección, es algo que no esperaba encontrar con tanta claridad. «Al final se está convirtiendo en un modo de unirnos como diócesis, y eso es algo a valorar mucho.»

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