«En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor»

«En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor»

Queridos diocesanos:

Quiero que sean estas palabras de Santa Teresa del Niño Jesús las que abran esta carta que escribo con motivo de la próxima celebración de la Jornada Pro Orantibus, el 31 de mayo, solemnidad de la Santísima Trinidad, en la que tenemos especialmente presentes a los monasterios contemplativos. Unidos todos en la comunión de la Iglesia, sus miembros oramos unos por otros, y es justo, en esta Jornada, hacerlo en comunidad por todos los contemplativos, singularmente por nuestras monjas contemplativas que, en seis monasterios, oran por nosotros: Agustinas de Huelva; Carmelitas de Aracena y Villalba del Alcor; Oblatas de Huelva; Carmelitas Descalzas de Cumbres Mayores; y Hermanas de Belén de Marigenta.

El lema de la Jornada 2026 dice: «Vida contemplativa: ¿por quién eres?». Y la respuesta es clara: en el corazón de la madre Iglesia son el amor; el amor que se derrama por la comunión de las Tres Divinas Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo; el amor que se traduce en la oblación por la Iglesia; el amor que lleva a estas religiosas a vivir los tres votos de pobreza, castidad y obediencia, sublimados en su entrega silente y constante por todos nosotros. En sus monasterios late el corazón de la Iglesia: todas sus preocupaciones, todas sus actividades, la evangelización, el culto divino y la caridad. La vida contemplativa opera desde el silencio, pero fructifica en la vitalidad de toda la Iglesia. Como decía San Juan Pablo II: «Los Institutos orientados completamente a la contemplación, formados por mujeres o por hombres, son para la Iglesia un motivo de gloria y una fuente de gracias celestiales. Con su vida y su misión, sus miembros imitan a Cristo orando en el monte, testimonian el señorío de Dios sobre la historia y anticipan la gloria futura»
(Vita Consecrata, 8).

Hoy, que tanto se considera lo práctico, lo que cuenta, lo que da frutos inmediatos, los monasterios contemplativos son para nosotros un referente de eternidad, de la primacía de Dios. Os invito a orar por estos monasterios: para que encuentren vocaciones que aseguren su existencia; para que sigan siendo, en medio de nuestra diócesis, oasis donde beber y reponer nuestras fuerzas para anunciar al Señor; para que sigan siendo un ejemplo de dónde radica la fuerza de los débiles miembros de la Iglesia. Y os pido que ayudéis a los monasterios, que os acerquéis a ellos, que sus monjas sientan el cariño y el aprecio que les debemos. No en vano, han decidido ser el amor en el corazón de la Iglesia.

Con afecto os bendigo.

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