por Eloy A. Santiago Santiago,
obispo de San Cristóbal de La Laguna
Las palabras del apóstol Pablo en su carta a los Romanos (Rom 5,5) que fueron el lema del Jubileo ordinario celebrado durante el año pasado, con motivo del 2025 aniversario de la Encarnación de Jesucristo, el Hijo de Dios, recogen el sentimiento de la porción del Pueblo de Dios que peregrinamos en estas islas occidentales del Archipiélago canario: La Gomera, El Hierro, La Palma y Tenerife, en nuestra Diócesis nivariense.
La esperanza de generaciones de cristianos que durante siglos han vivido, celebrado y compartido la fe en estas islas se va a ver cumplida en el próximo Viaje Apostólico del Papa León XIV a España en la que visitará estas islas, región ultraperiférica de Europa y frontera sur del continente. Estas Islas Afortunadas –a las que ya se refería en estos términos la mitología griega– destino no solo de millones de turistas que se sienten atraídos por su buen clima y por sus playas, sino también destino de numerosos migrantes provenientes en su mayoría de Latinoamérica, especialmente de Venezuela y de Cuba, con quienes nos unen unos lazos especiales, así como de africanos que, huyendo de la guerra, la pobreza o el hambre, tienen el deseo de llegar a Europa con la esperanza de poder trabajar y tener un futuro para ellos y sus familiares. Una esperanza ésta, que, en la mayoría de las veces, se ve frustrada por cuestiones burocráticas, administrativas o políticas.
Es el drama humanitario de la mortífera «ruta atlántica» en la que cada año pierden sus vidas en torno a 6.000 personas, mientras que otros, con más suerte, arriban a nuestras costas en condiciones exhaustas. Una dura realidad que tocó el corazón del Papa Francisco, quien en su pontificado siempre mostró una particular sensibilidad al mundo de las migraciones, y, por eso, en reiteradas ocasiones expresó su deseo de visitar estas islas para manifestar su cercanía al pueblo canario que se siente desbordado.
Su Santidad León XIV no es ajeno a esta dramática situación de las migraciones, como expresó en su primer documento magisterial, la Exhortación Apostólica Dilexi Te sobre el amor a los pobres: «La Iglesia, como madre, camina con los que caminan. Donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan muros, ella construye puentes. Sabe que el anuncio del Evangelio sólo es creíble cuando se traduce en gestos de cercanía y de acogida; y que en cada migrante rechazado, es Cristo mismo quien llama a las puertas de la comunidad» (DT, n. 76).
Por esta razón, ha querido, en su Viaje Apostólico a España, visitar nuestra Iglesia nivariense y la diócesis hermana de Canarias. Lo hace ante todo como Sucesor de Pedro que viene a confirmarnos en la fe, alentarnos en la esperanza e impulsarnos a la caridad. Por eso, esta Diócesis de Tenerife se siente privilegiada al acoger por primera vez en la historia a un Papa. Una visita que, aunque vaya a una isla determinada, es, en verdad, a todas ellas, porque somos una única Iglesia cuatro veces insular que intenta vivir la comunión que nace de la fe, promoviendo la participación desde una corresponsabilidad diferenciada de todos los bautizados para así llevar a cabo la misión que Cristo nos dejó de anunciar el Evangelio, conscientes de que la Iglesia existe para evangelizar, y promover un mundo más justo y fraterno sabiendo que «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo» (GS, n.1), como nos recordaba el Concilio Vaticano II.
En este contexto se sitúa la importante labor en la acogida, acompañamiento y trabajo de integración de las personas migradas que nuestra Iglesia nivariense, con sus pobres recursos, realiza a través de Cáritas diocesana, de la Delegación de Migraciones, de la Fundación Buen Samaritano y de instituciones como Don Bosco o Maín, además de muchos voluntarios y colaboradores, de congregaciones religiosas y laicos que colaboran con su tiempo y con su aportación económica en tantos proyectos que estamos llevando a cabo, y en otros que queremos empezar.
En efecto, nuestra Diócesis de Tenerife, como fruto de la visita del Papa, dará vida a un nuevo proyecto de Cáritas diocesana en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. Un centro de día para personas sin hogar, entre los que se encuentran también numerosos inmigrantes. Es el compromiso de esta Iglesia que quiere vivir el mandamiento del amor al prójimo y la opción preferencial por los pobres, a la que nos invitaba León XIV en Dilexi Te con estas palabras: «Hay que alimentar el amor y las convicciones más profundas, y eso se hace con gestos» (DT, n. 119). Pues este pequeño gesto, este proyecto social, nos recordará la visita del «Siervo de los siervos de Dios» y será expresión de nuestra fe en Aquel que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza (cf. 2Cor 8,9) y que nos dijo que «cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40).
Proyectos, ilusiones, alegría, esperanza… de esta manera nos preparamos para esta visita con el deseo de que sea una experiencia de fe y de vivencia de la comunión eclesial que deje muchos frutos en nuestras islas y en el pueblo gomero, herreño, palmero y tinerfeño, cuatro islas con sus peculiaridades propias, pero una única Diócesis, una única familia eclesial.
Han sido años, siglos de espera para ver un Papa en estas pequeñas islas del Atlántico, cruce de culturas y de pueblos entre África, América y Europa. Cuna de donde salió un San José de Anchieta, jesuita, infatigable evangelizador y fundador de Sao Paolo en Brasil, promotor de la inculturación del Evangelio en la cultura y el lenguaje aquellos pueblos; o un Santo Hermano Pedro de Betancurt, santo de la caridad, primer santo canario, que destacó por su labor con los pobres y enfermos en Guatemala, de quien hemos celebrado el 400 aniversario de su nacimiento.
Un anhelo, este de la visita de un Papa a nuestra isla de Tenerife, que, en breve, si Dios quiere, se verá hecho realidad y nos confirmará una vez más que la esperanza no defrauda, sobre todo cuando sabemos que, la verdadera esperanza, la Esperanza con mayúsculas, es Cristo, el Señor que guía y acompaña la barca de la Iglesia a través del Espíritu Santo. En él ponemos la esperanza de los frutos espirituales y pastorales de este Viaje papal para nuestra Diócesis de San Cristóbal de La Laguna.

