Nueva encíclica del Papa León XIV «Magnifica Humanitas»

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El Vaticano ha dado a conocer la primera encíclica del Papa León XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial

La nueva encíclica del papa León XIV se titula Magnifica humanitas (“Magnífica humanidad”) ha sido publicada hoy, 25 de mayo de 2026. Es la primera gran encíclica de su pontificado y está centrada en la inteligencia artificial, la dignidad humana y los riesgos del poder tecnológico concentrado. El documento aborda la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial en vísperas de su viaje a España.

El Papa firmó el documento el pasado 15 de mayo, el mismo día que en 1891 León XIII publicó su encíclica ‘Rerum Novarum’ para dar respuesta a la Revolución Industrial.

Presentación con promulgación de la Carta Encíclica Magnifica humanitas

 

Pablo Lora Blasco, sacerdote, estudiante en Comunicación universidad Loyola.

¿Torre de Babel o la Ciudad de Dios? Cómo cuidar nuestra humanidad en los tiempos de la Inteligencia Artificial

Vivimos en un cambio de época acelerado. No hace falta ser un científico para darse cuenta de que la tecnología ha transformado la manera en que compramos, trabajamos y nos comunicamos. Nuestros jóvenes estudian pegados a pantallas, los mayores ven cómo cambian sus entornos laborales de toda la vida, las familias intentan conversar en salones donde los teléfonos móviles a menudo roban el protagonismo, y las noticias nos hablan de algoritmos y luchas geopolíticas por el control de los datos.

En medio de esta encrucijada, el Santo Padre León XIV nos ha regalado una brújula espiritual y pastoral de primer orden: la Encíclica Magnifica Humanitas. No estamos ante un documento magisterial más; estamos ante una llamada urgente y amorosa a custodiar lo más sagrado que tenemos: nuestra condición de hijos de Dios en un mundo cada vez más automatizado.

El plan original: creados para la comunión

Para entender el mensaje del Papa, debemos volver la mirada al Génesis. Dios no nos creó como islas aisladas o piezas de un engranaje frío. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda con belleza que “por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien” (CEC 357). Dios mismo es comunidad, es amor y es el autor de la comunicación. Nos creó seres comunicados y comunitarios para reflejar su propia vida.

Sin embargo, el Papa León XIV nos advierte sobre un riesgo histórico. En la introducción de la encíclica nos sitúa ante una decisión idéntica a la del relato bíblico: “La magnífica humanidad se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos” (MH 1).

La Torre de Babel representa la tentación de la autosuficiencia tecnológica, un mundo donde pretendemos salvarnos solos a través del poder, pero que termina desintegrándonos y confundiéndonos. Por el contrario, la Ciudad de Dios se construye desde la escucha, la sinodalidad y la apertura al prójimo.

La tecnología en las distintas etapas de la vida

La encíclica no habla de teorías abstractas; baja directamente a los ámbitos de nuestra vida cotidiana:

• Los jóvenes en la educación: El progreso técnico es una expresión de la creatividad humana que Dios nos ha dado. Pero la educación no puede reducirse a que nuestros jóvenes sean simples receptores de datos o rendimientos algorítmicos. Necesitan espacios donde se cultive la sabiduría del corazón, el pensamiento crítico y la empatía. Como nos dice San Pablo: “Examinadlo todo y quedaos con lo bueno”(1 Tesalonicenses 5, 21).

• Los mayores en el trabajo: Frente a la transición digital que a menudo margina a quienes no han nacido en la era de internet, la Doctrina Social de la Iglesia defiende que el trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo. El valor de una persona no se mide por su productividad digital o su rendimiento. La fragilidad y la experiencia de nuestros mayores son lugares auténticos de encuentro y de profunda humanidad.

• Las familias en el hogar: La tecnología debe estar al servicio de las relaciones familiares, no al revés. Un buen uso de las pantallas nos ayuda a comunicarnos con los que están lejos, pero un mal uso puede aislarnos de los que tenemos al lado. El Papa nos invita a redescubrir el diálogo en el hogar, haciendo de nuestras casas verdaderas iglesias domésticas abiertas a la escucha.

Cuidar de uno mismo para cuidar del prójimo

Una de las grandes aportaciones de Magnifica Humanitas es que nos recuerda que la máquina nunca podrá sustituir el misterio del alma humana. El ser humano es un ser limitado y frágil, y es precisamente en el reconocimiento de esa limitación donde nace la necesidad de Dios y del prójimo. Si nos convertimos en esclavos de la eficiencia digital, corremos el riesgo de adormecer nuestra capacidad de compasión.

El apóstol san Juan nos dejó escrito algo que brilla con fuerza en esta era digital: “Si Dios nos ha amado así, nosotros también debemos amarnos unos a otros” (1 Juan 4, 11). El buen uso de la tecnología pasa por un discernimiento constante: ¿Este dispositivo o esta aplicación me acerca más a mi hermano o me distancia de él? ¿Me ayuda a ser más solidario o me encierra en mi propio egoísmo? Orientar el inmenso poder tecnológico hacia el bien común no es una opción, es una responsabilidad inédita y compartida.

Una invitación a ponernos en camino

El Santo Padre concluye la encíclica con una hermosa imagen mariana, invitándonos a refugiarnos en la lógica del Magnificat, un canto que invierte las dinámicas del poder del mundo y ensalza la humildad y el cuidado de los más frágiles. Nos pide que seamos “constructores de comunión, no arquitectos de Babel” (MH 16). Queridos hermanos, este documento es una invitación estimulante a no tener miedo al futuro, sino a habitarlo con la valentía del Evangelio. Los animo encarecidamente a leer la encíclica Magnifica Humanitas, a meditarla en sus grupos parroquiales, a comentarla en familia y a dejar que sus enseñanzas guíen nuestro día a día digital. Que en esta gran conversación sinodal que es la Iglesia, sepamos usar la tecnología para construir puentes de verdad, de justicia y, sobre todo, de un amor profundamente humano.

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