
La Iglesia celebra el próximo 17 de mayo la 60ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, coincidiendo, como es tradición, con la solemnidad de la Ascensión del Señor. Bajo el lema “Custodiar voces y rostros humanos”, el papa León XIV centra su mensaje de este año en la necesidad de proteger la dignidad y la esencia humana ante el avance de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías digitales.
En su reflexión para esta edición, el Pontífice advierte del riesgo de deshumanización que puede surgir cuando la voz y el rostro de las personas, “sellos sagrados de identidad”, son sustituidos por algoritmos o simulaciones digitales. Asimismo, alerta sobre las consecuencias de una dependencia excesiva de la tecnología, que podría debilitar la capacidad de escucha, el pensamiento crítico y el discernimiento, favoreciendo fenómenos como la desinformación y la polarización social.
Ante este escenario, León XIV propone construir una alianza sustentada en la responsabilidad compartida, la cooperación y una educación profunda que garantice siempre el control humano sobre las máquinas. En este sentido, subraya que la innovación tecnológica debe integrarse como una herramienta al servicio del bien común y nunca como un mecanismo que silencie la dignidad y la singularidad de cada persona.
Por su parte, el Administrador Apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Ramón Valdivia, destaca la dimensión evangelizadora de la comunicación y recuerda que “la gran misión de Jesús es la de ser un comunicador, el comunicador más grande y verdadero de la historia, que hizo que su vida fuera la mejor noticia, porque es el Evangelio”.
Mons. Valdivia señala además que “la importancia de la comunicación es fundamental para la Iglesia porque su fin es, precisamente, dar a conocer el amor infinito de Dios y hacer presente de manera eficaz al que es la palabra de la vida en medio de los hombres de nuestro tiempo. Una palabra que se define como camino, verdad y vida”.
El Administrador Apostólico también reflexiona sobre los desafíos actuales del panorama mediático, afirmando que “a veces nos fatiga la saturación de la manipulación de quienes controlan los medios de comunicación”. No obstante, defiende el valor de los profesionales y de los propios medios de comunicación como instrumentos de evangelización y servicio.
En este contexto, añade que “el aprecio por los medios de comunicación y por quienes colaboran con ellos es un signo de la apertura evangélica a la misión a la que nos invita el Señor: ‘id y haced discípulos’. Así, esos discípulos se convierten en comunicadores de la gracia de Dios, sin la cual no hay posibilidad de conversión y, por tanto, de seguimiento a Dios”.
La Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales fue instituida por la Iglesia tras el Concilio Vaticano II con el objetivo de promover una reflexión sobre el papel de los medios y de la comunicación en la sociedad y en la misión evangelizadora de la Iglesia.

