La Playa de los Lances acoge una vigilia interreligiosa en memoria de las víctimas de la migración

Diócesis de Cádiz-Ceuta
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La diócesis de Cádiz y Ceuta es el resultado de la unión de la Gadicensis y Septensis bajo un único obispo titular, proceso que se inició en 1857 y culminó en 1933. Es sufragánea de la Archidiócesis de Sevilla y no tiene enclaves territoriales en otras diócesis ni de otras en su demarcación.

La Playa de los Lances, en Tarifa, volvió a acoger un año más, en la tarde del viernes 10 de abril, la tradicional vigilia de oración, que organiza el Secretariado Diocesano de Migraciones, por todas las personas migrantes que han perdido su vida o han desaparecido, víctimas de viajes terrestres y marítimos.

Un centenar de personas se han unido en oración alrededor de una patera, rodeada de antorchas y velas, que ha simbolizado este drama cruel y sin sentido al que estamos asistiendo.

El rezo comunitario estuvo presidido por el administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Ramón Valdivia, que estuvo acompañado por el director del Secretariado Diocesano de Migraciones, el padre Sante Zanetti. Asimismo, hubo una representación de la comunidad musulmana, encabezada por Driss El Ouahabi, presidente de la Asociación Islámica Zaouia Chadilia de Ceuta.

El acto comenzó con la monición de entrada, pronunciada por el director del Secretariado de Migraciones. El padre Sante Zanetti afirmó que “en el silencio de esta noche queremos hacer presentes las esperanzas y los sueños de tantos migrantes que llegan hasta la frontera sur de Europa, hasta nuestras costas y ciudades. Anhelan ser acogidos en una tierra donde comenzar una nueva vida para ellos y sus familias. Vienen desde distintos lugares de África y de Asia. Muchos huyen de zonas en conflicto donde se violan los derechos humanos y abandonan regiones donde vivir es un infierno. Han tenido que recorrer una larga peregrinación por distintos países. En las cercanías de las fronteras sobreviven en condiciones infrahumanas. Algunos de estos migrantes ya viven entre nosotros, intentando rehacer sus vidas junto a sus familias. Muchos otros perdieron su vida en viajes fatales que acabaron en dramas y tragedias.”

Por otro lado, el padre Zanetti invitó a dejar de ser indiferentes con la realidad migratoria y a acoger e integrar a estas personas. “La migración es un desafío muy importante. Los migrantes con su presencia nos dicen la urgente necesidad de anteponer la fraternidad al rechazo, la solidaridad a la indiferencia. Hoy cada persona está llamada a reflejar la mirada de Dios hacia sus hermanos y hermanas migrantes y refugiados -son muchos-, para dejar que su mirada amplíe nuestra mirada, gracias al encuentro con esta humanidad en camino, a través de la proximidad concreta. Estamos llamados hoy a vivir y difundir la cultura del encuentro, un encuentro igualitario entre migrantes y la población del país de acogida”.

Tras la invocación del Espíritu Santo varias personas migrantes leyeron testimonios sobre distintas experiencias vividas en su tránsito desde sus países de origen hasta llegar a nuestro país y de personas que no tuvieron tanta suerte y no consiguieron llegar.

Por su parte, Mons. Valdivia pidió por todos los hombres, mujeres y niños que han muerto después de haber dejado su tierra, buscando una vida mejor. “Aunque muchas de sus tumbas no tienen nombre, para ti cada uno es conocido, amado y predilecto. Que jamás los olvidemos, y que honremos su sacrificio con obras más que con palabras. Promovamos un mundo en el que nadie se vea forzado a dejar su propia casa y todos puedan vivir en libertad, dignidad y paz”.

Con el Salmo Sufí Acrecienta mi luz, del profeta Mahoma, y la lectura de la Palabra de Dios, llegó el momento del acto simbólico en el que hubo un desfile de banderas de países de África, Asia, América y Europa, formando un círculo alrededor de la Biblia, el Corán y la Patera.

A través de cantos y momentos de silencio y oración se quiso reflejar el sentimiento de dolor, de solidaridad y afecto, al tiempo que el deseo de que este paso fronterizo en las aguas que separan las dos orillas dejen de ser espacios de dolor, sufrimiento, dramas y muertes, y se conviertan en lugares de encuentro, amistad e intercambio entre los pueblos de los dos continentes.

Con una oración por los migrantes fallecidos, pronunciada por Mons. Ramón Valdivia, el rezo del Padrenuestro y el Al-Fatiha musulmán, se puso punto final a la ceremonia, que terminó con una ofrenda floral al mar, en señal de duelo por los fallecidos y todos aquellos que no consiguieron llegar.

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