
El Obispo ha visitado a las personas discapacitadas que son atendidas en Alcolea por más de un centenar de profesionales y voluntarios
El Centro de atención de personas con discapacidad de Alcolea demuestra día tras día su compromiso con el cuidado y protección de los usuarios del centro, así como con sus familias, lo que hace de este centro una institución de referencia.
El buen hacer del equipo de profesionales de la Residencia y de su director, Jesús de Miguel, así como de los voluntarios, mantienen a las personas usuarias, que oscilan entre los 18 y los 80 años con discapacidades de todo tipo, protegidas y atendidas con gran profesionalidad y cariño. Así lo ha podido constatar el obispo de Córdoba, monseñor Jesús Fernández, quien ha visitado el centro este domingo, 15 de marzo, acompañado por la diputada delegada de derechos sociales de la Diputación de Córdoba, Irene Araceli Aguilera, y los dos directores del centro.
El prelado no sólo visitó las instalaciones, sino que celebró la santa misa y elogió el testimonio que ofrecen las personas que trabajan y tienen la responsabilidad del centro. Por todas ellas pidió al Señor, para que tengan “esa grandeza y mirada profunda que nos permita descubrir siempre a la otra persona como hija de Dios”. Una grandeza que cada día demuestran el grupo de cuidadores y trabajadores formado por unas 130 personas de distintas especialidades y profesiones, cuyo objetivo principal es el cuidado integral de 57 personas con discapacidad intelectual. “Hay distintas tipologías dentro de esta discapacidad intelectual y se divide en personas gravemente afectadas y personas que tienen trastorno de conducta”, explica el director, Jesús de Miguel.
La Iglesia lleva presente desde los comienzos del centro a través también de un grupo de voluntarios, que llevan más de 40 años yendo de forma constante todos los domingos principalmente y también los días de misas especiales como puede ser el Miércoles de Ceniza, la Misa del Gallo o la misa del enfermo. “Ellos se organizan, preparan todo y son parte activa. Entre todos formamos una gran familia”, afirma el director.
53 años al servicio de los usuarios del centro
Los usuarios tienen la suerte de poder ser atendidos por personas voluntarias como Antonio León, quien acude a este centro para prestar todo su cariño y ayuda a estas personas a las que él mismo califica como “encantadoras”.
Antonio elogia la labor de los empleados, de los cuidadores y del director con los discapacitados, y recuerda a las Hijas de la Caridad que hace veinte años dejaron de estar en el centro. “Llevamos ya muchísimos años, yo concretamente, entre el hospital psiquiátrico y el centro de discapacitados, llevo ya 53 años de voluntariado. Cuando se fueron las religiosas, les pedimos que dejaran allí todo y nosotros continuamos con los Padres Trinitarios, que son los que nos asisten todos los domingos en la misa dominical de las once”, explica haciendo referencia a la presencia de la Iglesia con las personas más vulnerables. Este voluntario destaca también que los niños discapacitados son felices en las misas, “cantan, bailan y disfrutan”. “El hecho de que vayamos allí todos los domingos a decir la Eucaristía es muy importante para ellos y para nosotros, pues todos los discapacitados se han convertido en parte fuerte de nuestra familia”, asegura Antonio. “Ellos nos abrazan, nos besan, nos quieren… somos algo grande para ellos, pero ellos lo son más para nosotros”, comenta este voluntario asegurando que “la labor que nosotros hacemos es simplemente tratar de hacer felices a unas personas que no tienen un sitio muy vistoso en la sociedad”, una labor compartida entre profesionales, familias y voluntarios.












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