
La Cuaresma tiene sus “acentos”, sus pequeños “detalles”, que no debemos pasar por alto, sino captar bien su verdadero significado
El “acento” externo del “morado litúrgico”: Es un color de espera y de penitencia. Esperamos, a través del desierto y de las pruebas, los gozos de la Pascua, al mismo tiempo que nos preparamos para renovar el Bautismo en la Vigilia Pascual. El morado es propio también del sacramento de la reconciliación o de la penitencia, que nos abrirá un nuevo futuro, convirtiéndose en el blanco pascual.
El “acento” del trípode cuaresmal: “Oración, ayuno y limosna”. Orar la vida, orar la Palabra, orar con los salmos y con la Iglesia. Nuestro obispo, don Jesús, nos invita a entrar en el “desierto cuaresmal”, buscando la conversión de nuestros pecados y la preparación para participar en el misterio pascual.
El “acento” de los “Viacrucis”, práctica típica de este tiempo litúrgico, compuesto de catorce “pasos”, desde el juicio de Jesús ante Pilato, hasta su sepultura.
El “acento” de las lecturas evangélicas dominicales, con las dos experiencias del Cristo histórico: primero tentado por el diablo, saliendo vencedor, y, este domingo, transfigurado en su aspecto, para sostener a los discípulos en la hora de la pasión.
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