HOMILÍA DE NUESTRO OBISPO EN EL LECTORADO DE RAUL TORREGROSA Y JOSE ANTONIO GARCÍA

Diócesis de Almería
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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería.

Querida Comunidad. Hemos terminado las grandes solemnidades litúrgicas y volvemos al tiempo ordinario, retomando la lectura continuada del evangelio de san Mateo. Después de estos días intensos y de gracia, de la visita del Papa León XIV, que nos ha alentado a la conversión y a renovar nuestra fe.

Llegó sonriendo, como siempre, y es de agradecer ese primer acercamiento humilde, que contagia complicidad y empatía. Y, sin dar tiempo a nada, nos dijo a los obispos como primera y única certeza: vengo para reavivar la comunión. Ahí pivota todo este intenso viaje del papa León XIV por las tierras de España

Todos teníamos los ojos fijos en él. Sus palabras y sus citas bien cuidadas entretejían un tapiz claro del camino de la Iglesia. Y nos habló del camino como parábola e icono de esta Iglesia peregrina, que tantas veces se nos olvida. El peregrino no es un vagabundo, tiene una meta fijada, un horizonte claro, y lleva consigo en su corazón y en su mochila solo lo esencial.

En el fondo, es una invitación a desprendernos de tanto lastre, invitándonos a no obsesionarnos con lo que dejamos atrás, con el pasado. Dejemos las estructuras que nos lastran, nos dijo. Los hilos de la red estaban claros. No caben interpretaciones.

Bien, el pueblo de Dios, cuyo origen eran los doce hijos de Jacob, convertidos en doce tribus, se fían de Dios y de Moisés, que trasmitía la voluntad de Dios para lograr salir de la esclavitud y poseer su propia tierra de salvación. Todos somos llamados a formar parte del Pueblo de Dios. Dios les dijo: seréis mi propiedad entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.

¿Un reino de sacerdotes? Sí, sacerdote es aquel que lleva a otro a Dios. Y todos somos sacerdotes por el Bautismo. Cuando somos bautizados derraman sobre nosotros el crisma de la consagración, el mismo que se utiliza para la confirmación, y para la ordenación de sacerdotes y obispos. El crisma nos consagra. Somos un pueblo sagrado, el pueblo de Dios. Cada uno con su misión.

Pues bien, Cristo -como un nuevo Moisés- congrega de nuevo al pueblo de Dios. Y la novedad es que Dios llama a todos a ser su pueblo: por medio de Jesucristo que se entrega por nosotros y por nuestra salvación, que decimos en el Credo. Y nos hace un nuevo pacto, una hermosa alianza, un gran mandamiento que tenemos que escuchar y guardar en el corazón para cumplir: amaos unos a otros como yo os amo. Este nuevo mandamiento entreteje la vida comunitaria.

Como a vosotros, el Señor, escogió y envió a los apóstoles, es decir testigos de su presencia en medio del mundo, para anunciar el Evangelio: el reinado del amor de Dios.

Hoy, queridos José Antonio y Raúl, con la institución del lectorado adquirís la responsabilidad de llevar a todos la Palabra de Dios y lo haréis de diversas maneras, no sólo leyendo las lecturas en las celebraciones litúrgicas, sino procurando conocer y dar a conocer más la Sagrada Escritura acompañándola de signos liberadores y salvadores.

Es impresionante la escena descrita en la primera lectura. Frente al Sinaí (la montaña es signo de la presencia de Dios) todo el pueblo de Israel esperando la Palabra de Dios. Y les manda escuchar su voz y guardar su alianza (el pacto que había hecho con ellos). Es curioso, pero cuando el evangelio hace una descripción de María, la madre de Jesús, dice estas mismas palabras: Escucha la palabra de Dios y la guardaba en su corazón.

A veces esto, cuando somos sacerdotes, lo olvidamos y predicamos de cualquier cosa menos de la Palabra de Dios. Hablamos de devociones, de moralismos, de tradiciones, de nosotros mismos, pero olvidamos la esencial: la Palabra, Cristo mismo, que desde siempre estaba junto a Dios

Acercaos con devoción, todos los días, a la Palabra, buscad el sentido que nos da ante cada acontecimiento, discernid y ofreced su respuesta a la comunidad. Además de preparar a grupos de Lectores para la Eucaristía, cread también grupos de Lectio Divina o de Estudio de Evangelio, donde con otros, en pequeña comunidad, podáis sacar la sustancia de la Palabra para que nos sirva a todos de alimento.

Como Jesús hecho pobre, sed humildes, para que todos descubran en vosotros la misericordia de Dios. No se malgasta el tiempo cuando se da a los demás. A no ser que como los fariseos vivamos encerrados en nuestras visiones de las cosas y encima nos creamos los justos, nos mantengamos en la representación de un personaje y no de la misión que se nos ha encomendado. El Papa nos dijo el otro día a los obispos: sois el principio visible de comunión. Hoy es un buen día para hacernos en serio trabajadores de la viña del Señor, para que todos seamos uno. El Señor nos precede.

¡Ánimo y adelante

+ Antonio Gómez Cantero, obispo de Almeria

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