Veinticinco familias y sus hijos son acompañadas por la Mesa del Mundo Rural, una iniciativa en la que la Delegación de Migraciones colabora con otras entidades y personas para ofrecer una nueva vida a personas migradas en la Málaga rural
María Victoria, voluntaria de Sedeq SFB, en compañía de unos niños en un pueblo
Laura es una madre soltera que lleva tiempo acompañada por Cáritas para salir de una situación de violencia familiar. La Mesa del Mundo Rural le ha permitido cambiar su vida, empezando por su domicilio. Ahora, ella y sus hijos están recién instalados en un pueblo de la provincia de Málaga: «Nos han dado la oportunidad de poder hacer un cambio en nuestra vida, tanto a mí como a mis hijos. Hemos pasado de vivir en un estudio de 20 metros cuadrados a un apartamento con dos habitaciones, un salón, etc. Ahora tenemos tranquilidad, vivimos con paz y, sobre todo, lejos del miedo».
Como la suya, ya son cuatro las familias migradas instaladas en un pueblo de la diócesis, y veinticinco las que vienen siendo acompañadas por esta iniciativa, muchas de ellas con niños pequeños. «Primero procuramos que conozcan la realidad del pueblo, las oportunidades laborales, las condiciones de las viviendas y luego qué red de apoyo se van a encontrar. Las parroquias y las Cáritas están preparadas para acoger y lo más bonito son las comunidades acogedoras que se están generando», explica Pilar Gallardo, delegada diocesana de Migraciones. Paqui Gil, coordinadora de Cáritas de Ronda y Serranía y concejala, conoce bien procesos como el de Laura, y aúna esfuerzos con la Mesa del Mundo Rural para que la experiencia fructifique: «Para que haya una integración real, es muy necesario estar en continua coordinación la parroquia, ayuntamientos, servicios sociales y otros colectivos del pueblo. Para nosotros ha sido toda una oportunidad contar con la Delegación de Migraciones y coordinar todo para que estas familias se encuentren totalmente integradas».
Cáritas, parroquias, ayuntamientos y ciudadanía tejiendo a través de personas concretas una red de ayuda basada en el empleo, la vivienda, la escolarización de los hijos, pilares que sostienen cualquier proyecto vital. Junto a la delegación, en esta Mesa participan entidades como Uyamaa, Sedeq SFB, Comundo y Cáritas. Cuenta con financiación, entre otros, de la Diputación Provincial de Málaga. Ellos suman sus esfuerzos para que Fátima pueda mirar al futuro con ilusión y agradecimiento: «Doy gracias a Dios y a muchas personas que han estado allí. Ahora tengo tranquilidad, la seguridad de que los niños crecen de una manera sana. Se ha despejado esa nube oscura que había antes sobre nosotros».
MENSAJE DE SU SANTIDAD LEÓN XIV PARA LA 112ª JORNADA MUNDIAL DEL MIGRANTE Y DEL REFUGIADO
(27 de septiembre de 2026)
Incluso uno solo de estos pequeños (cf. Mt 18,10)
Queridos hermanos y queridas hermanas:
Año tras año, la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado nos invita a centrar nuestra atención en diferentes aspectos del complejo fenómeno migratorio. En esta 112ª Jornada, el lema «Incluso uno solo de estos pequeños» nos llama a prestar atención a los menores que se ven directamente afectados por la experiencia de la migración y la huida, a la preocupación por ellos y a la promesa del Señor de que quien «acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí» (Mc 9,37).
Menores desplazados: una realidad compleja de vulnerabilidad
Los menores son los más vulnerables dentro de los flujos migratorios mundiales. Son rostros concretos, historias únicas, que apelan a nuestra conciencia. Cada año, millones de niños y adolescentes se ven obligados a abandonar su tierra a causa de guerras, pobreza, violencia, desastres medioambientales y otras tragedias; y, lamentablemente, su número sigue aumentando. Las responsabilidades económicas, políticas y militares de este desastre son inmensas. El sufrimiento no se limita al desplazamiento, hay niños muy pequeños que han perdido a sus padres, hermanos, hermanas y amigos, y que son testigos de una violencia indescriptible. Otros, separados durante largos períodos de sus familiares, intentan reunirse con ellos, viviendo entre tanto, la angustia de la distancia. Hay también menores que afrontan el viaje junto a sus padres, pero expuestos a condiciones extremas y traumáticas. Por último, no podemos olvidar la trágica situación de quienes son separados de sus padres a causa de la repatriación.
A este panorama, ya de por sí dramático, se suman otras tragedias: las muertes a lo largo de las rutas migratorias, la trata y la explotación, el reclutamiento de menores para su participación en conflictos armados, la violencia sexual, los matrimonios forzados y las atrocidades sufridas o presenciadas durante el trayecto. Su dignidad se ve pisoteada en demasiadas formas.
El papa Francisco, en el mensaje con motivo de la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado de 2017, dedicada al tema «Emigrantes menores de edad, vulnerables y sin voz», recordaba que estos «se encuentran desprotegidos por tres motivos: porque son menores, extranjeros e indefensos; por diversas razones, son forzados a vivir lejos de su tierra natal y separados del afecto de su familia».
No obstante, en medio de tanta oscuridad, no falta la luz de la solidaridad: personas, familias, instituciones civiles y comunidades eclesiales deciden no desviar la mirada hacia otro lado (cf. Lc 10,29-37). Pensemos en las familias que abren las puertas de sus hogares para devolver a estos menores el calor de un hogar, en los educadores de las comunidades de acogida, en los voluntarios y en los trabajadores que, cada día, en las rutas y en nuestras ciudades, se dedican a curar las heridas invisibles de estos pequeños. Con su compromiso, dan testimonio de que el amor puede vencer a la indiferencia.
Incluso uno solo de estos pequeños
Esta dramática realidad, me hace pensar en las palabras de Jesús que interpelan profundamente la conciencia de cada uno: «El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí» (Mt 18,5). No es una cuestión de cifras ni de estadísticas. El Evangelio nos invita a no hacer cálculos: incluso uno solo. Cada niño, cada ser humano, posee una dignidad infinita. Es imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,26), es presencia del Señor. Ante cada menor emigrante, estamos llamados a realizar un acto de humanidad y de fe: en el niño, de hecho, podemos acoger y encontrar al Señor. Esta llamada se hace aún más apremiante a la luz de esta otra afirmación del Señor en el Evangelio de Mateo: «fui forastero y me hospedaron» (Mt 25,35).
Lamentablemente, los menores emigrantes se ven más fácilmente relegados a la invisibilidad, al carecer de adultos que los protejan y los apoyen. Es necesario intervenir en los países de origen para eliminar las posibles causas que les obligan a huir, además de ofrecer protección y acogida en los países de tránsito y de llegada. El clamor de los menores desplazados se eleva hoy hacia Dios, tal y como el que se escucha en el libro del Éxodo: «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto y he oído sus quejas contra los opresores; conozco sus sufrimientos. He bajado a librarlo» (Ex 3,7-8). Dios escucha y, para liberar, interpela con fuerza la conciencia y la acción de cada uno de nosotros, tal y como hizo con Moisés. No podemos permanecer indiferentes, ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento.
Un llamamiento a la responsabilidad de todos
Incluso uno solo de estos pequeños nos llama, en nuestra vida personal, a abrir los ojos y el corazón para escuchar en profundidad su historia, sus miedos y sus sueños, superando esa indiferencia que reduce al ser humano a un dato estadístico que no nos afecta directamente. Es una invitación a reconocer al niño en su dignidad, aún antes que en su condición de “migrante”, y a proteger sus derechos fundamentales: a la vida, a la educación y a un nivel de vida que le permita crecer y desarrollarse plenamente desde el punto de vista físico, mental, espiritual, moral y social.
Incluso uno solo de estos pequeños nos llama, en la vida eclesial, a convertir la hospitalidad de un concepto abstracto en una práctica pastoral constante. No podemos limitarnos a delegar esta tarea a instituciones o asociaciones dotadas de un carisma específico: ante los rostros concretos que nos interpelan en el día a día, toda la comunidad cristiana está llamada a sentirlos como a sus propios hijos y a acercarse a la historia concreta de cada uno. Es necesario animar a las comunidades cristianas a integrar y valorar a los refugiados e inmigrantes como miembros de pleno derecho de la familia eclesial, promoviendo nuevos itinerarios educativos y espirituales, incluso personalizados, que superen la lógica del puro asistencialismo. En particular, es fundamental prevenir la soledad, el aislamiento y el rechazo, que no pocas veces afectan también a los hijos de los emigrantes, y promover dinámicas de encuentro e integración en las que los jóvenes del territorio y los jóvenes inmigrantes puedan fortalecerse juntos, en un camino de respeto mutuo, solidaridad y amistad.
Incluso uno solo de estos pequeños, en el marco de las distintas religiones, nos recuerda que la vulnerabilidad de los más pequeños no conoce fronteras confesionales y nos une en una responsabilidad humanitaria y espiritual compartida. Se convierte en un terreno fértil para un diálogo interreligioso concreto, en el que los creyentes, inspirándose en el propio sentido de la trascendencia, cooperen en la creación de redes de protección. Las comunidades de fe están llamadas a crear espacios en los que cada niña y cada niño sean respetados y valorados en sus respectivas identidades culturales, previniendo así el riesgo de radicalización por parte de grupos extremistas. Proteger a un menor significa, en última instancia, custodiar la huella divina impresa en él.
Incluso uno solo de estos pequeños, en el contexto de las instituciones civiles, nos insta a reafirmar el principio del interés superior del menor. Las instituciones públicas y privadas están obligadas a situar en el centro la protección y la dignidad de cada niño y adolescente. Esto implica la adopción de instrumentos jurídicos eficaces de protección, promoviendo la reunificación familiar y evitando los traumas de la separación. Es urgente un cambio de perspectiva: hay que desplazar el eje del debate de la mera gestión de los flujos migratorios a la protección plena e inmediata de los derechos humanos, adoptando «una respuesta coordinada, solidaria y eficaz, capaz de garantizar protección, acogida y oportunidades reales de integración a quienes emigran» (Discurso al Parlamento español, Madrid, 8 junio 2026).
Encomendemos a los menores migrantes y refugiados a la protección maternal de María Santísima, quien, junto a san José y a Jesús, aún niño, conoció la crueldad de la violencia de Herodes y el drama del exilio en Egipto (cf. Mt 2,13-15); que sea Ella quien acompañe sus pasos y ayude a nuestras comunidades a convertirse en signos vivos y creíbles del Evangelio.
Vaticano, 11 de agosto de 2026, memoria de Santa Clara de Asís.
Cuando Guillermo de Baskerville descubre que el causante de las muertes de la abadía es un libro que causa la risa de los monjes, comienza un diálogo con el anciano monje, Jorge de Burgos. Estoy hablando de la célebre novela “El nombre de la Rosa” (Umberto Eco, 1980) y espero no estar haciendo spoiler a nadie. Si es así, dejen de leer estas líneas y salten al siguiente párrafo. El auténtico problema del venerable Jorge era la risa, porque según él: «La risa acaba con el miedo. Sin miedo no hay fe. Porque sin miedo al diablo, no se necesita a Dios».
Al contrario de lo que pensaba el Venerable Jorge, la risa no entorpece a la espiritualidad. Depende de dónde brote, pero cuando sus fuentes son la alegría, la humildad y el amor, la risa es, sin duda alguna, la expresión más sencilla de la vida abundante que propone el evangelio. Ya lo dice el Eclesiastés: «hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír» (3,4) En la vida de fe hay momentos de silencio, reflexión y seriedad; pero también los hay para reírse, disfrutar o hacer bromas. Porque la vida no es solo para soportarla, también está para disfrutarla.
Seriedad y madurez espiritual no son sinónimos. No es compatible llevar a Dios en el corazón y ser incapaces de mantener una conversación sencilla. La idea es vivir nuestra humanidad delante de Dios. Para ello es necesario también diferenciar entre aquel humor que une y aquel que destruye, entre las bromas que crean complicidad y las que humillan. Porque nuestro humor también revela cómo nos vemos a nosotros mismos y cómo vemos a los demás.
Una virtud cristiana es saber reírse de uno mismo. Todos hemos metido la pata o hemos hecho algo de lo que después nos hemos reído. Aprender a reconocer nuestras propias limitaciones nos ayuda a vivir con humildad. No necesitamos presentar frente a los demás una imagen perfecta de nosotros mismos, esto sería excesivamente arduo, es preferible no tomarnos demasiado en serio.
Así la alegría y el buen humor también se convierten en una forma de testimonio. Porque quien vive con esperanza ha aprendido a vivir de una forma diferente, sin fingimiento. Una comunidad donde las personas pueden compartir una comida, contar una anécdota, reírse juntas y disfrutar de la compañía, es una auténtica familia, expresión gozosa del Evangelio que se hace vida.
El encuentro comenzó a las 17.00 horas con la acogida de los participantes y un momento de oración. Posteriormente, el Obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra, presentó las líneas fundamentales del nuevo Curso Pastoral 2026-2027, a partir de su reciente Carta Pastoral, cuyo lema es «Como discípulos del Señor, caminamos juntos para renovar la misión».
La propuesta pastoral para este curso se sitúa en continuidad con el camino recorrido por la Diócesis durante los últimos años. De este modo, la implementación del Sínodo y la renovación de las Orientaciones Pastorales Diocesanas 2022-2027 constituyen los dos ejes que marcarán el itinerario hacia la Asamblea Diocesana.
En este sentido, Mons. Gómez Sierra ha planteado el nuevo curso como una oportunidad para profundizar en un estilo de Iglesia marcado por la escucha, el discernimiento, la corresponsabilidad y la participación, siempre al servicio de la misión evangelizadora. La preparación de la Asamblea se entiende así no como una tarea añadida a la vida diocesana, sino como parte del camino de renovación pastoral emprendido en los últimos años.
A continuación, diferentes miembros del Equipo Sinodal Diocesano presentaron el itinerario previsto para los próximos meses de cara a la celebración de la Asamblea Diocesana, que tendrá lugar los días 5 y 6 de junio de 2027. La preparación comenzará desde las distintas realidades de la Iglesia diocesana, implicando a parroquias, comunidades, movimientos, asociaciones, hermandades y organismos pastorales.
Este proceso se desarrolla, además, en el marco de la etapa de implementación del Sínodo sobre la Sinodalidad. La Secretaría General del Sínodo ha establecido para 2027 la celebración de las Asambleas de evaluación de las Iglesias locales, invitando a cada diócesis a releer con agradecimiento y sinceridad el camino recorrido, reconocer los frutos que han madurado y discernir los pasos que deben darse hacia el futuro.
Precisamente, el documento «Hacer memoria», publicado por la Secretaría General del Sínodo el pasado mes de julio, ofrece criterios e indicaciones para acompañar la preparación de estas Asambleas, concebidas como una experiencia profundamente espiritual de evaluación, discernimiento y apertura a nuevos caminos.
Por su parte, el Vicario General de la Diócesis de Huelva, Joaquín Sergio Sierra Cervera, explicó la relevancia de la cita del próximo mes de junio, que permitirá abordar conjuntamente dos dimensiones estrechamente vinculadas: la celebración de la Asamblea Diocesana, en el marco del proceso de implementación del Sínodo, y la evaluación y discernimiento de las Orientaciones Pastorales Diocesanas 2022-2027, cuyo periodo de vigencia culminará el próximo año.
Las actuales Orientaciones Pastorales, bajo el lema «Él va por delante de vosotros» (Mc 16,7), fueron planteadas como líneas de trabajo para las Delegaciones y Secretariados Diocesanos, las parroquias y las distintas realidades eclesiales, con el propósito de favorecer un trabajo pastoral más coordinado, pasando de una dinámica sectorial a otra basada en proyectos y en la colaboración entre los distintos agentes pastorales.
De esta manera, el curso pastoral que ahora comienza se presenta como un tiempo para hacer memoria agradecida del camino recorrido, evaluar la realidad diocesana, discernir los desafíos presentes y proponer juntos los pasos que la Iglesia de Huelva está llamada a dar. Un itinerario que tendrá en la Asamblea Diocesana de junio de 2027 uno de sus momentos centrales.
La jornada concluyó con la invitación a las Delegaciones y Secretariados Diocesanos a asumir este proceso desde la comunión, la participación y la responsabilidad compartida, haciendo de este nuevo curso una oportunidad para seguir caminando juntos y renovar la misión evangelizadora de la Iglesia en Huelva.
La Delegación de Infancia y Juventud prepara ya la XIII edición de la Semana de Cine Espiritual que tendrá por lema «Tened valor: yo he vencido al mundo», basándose en el pasaje de Juan 16, 33, y se celebrará en la Caja Blanca del 1 al 5 de febrero. Los centros educativos que deseen participar, ya pueden inscribirse.
Esta propuesta, impulsada desde la Conferencia Episcopal Española, pretende «ayudar a los centros educativos a profundizar en las competencias digitales, comunicativas y espirituales de sus alumnos mediante la proyección de una serie de películas que promueven valores como la amistad, la responsabilidad, la fe, la escucha, la acogida, la resiliencia… todo ello acompañado por un material que les sirva de base para trabajar en ellos», explica el delegado de Juventud, José Miguel Porras.
Las películas se proyectarán en el auditorio de la Caja Blanca, en Málaga, del 1 al 5 de enero de 2027, en horario lectivo escolar. Este espacio del Área de Juventud del Ayuntamiento de Málaga tiene capacidad para 192 personas. Los centros educativos que deseen participar, han de contactar con la Delegación escribiendo un correo electrónico a juventud@diocesismalaga.es, para reservar las plazas. Se pedirá una aportación de 2€ por participante.
Las películas elegidas para esta edición son: “David, una aventura gigante”, “Olivia y el terremoto invisible”, “Las ovejas detectives” e “Incontrolable”. En el siguiente dossier, la Delegación de Juventud explica todos los detalles sobre esta Semana y sus películas.
David, una aventura gigante (para alumnos de 1º Primaria y 1º ESO).
Película inspiradora que nos muestra cómo la vida del joven pastor David cambia radicalmente cuando es ungido en secreto por el profeta Samuel como rey de Israel. David se tendrá que enfrentar con valentía a numerosos desafíos que pondrán a prueba su fe en Yahveh, el Dios de sus antepasados, que le guiará en los momentos más difíciles, dándole fuerza y valor. Un musical inspirador para toda la familia con canciones tan emocionantes y épicas como Sigue la luz, Shalom o Mi Dios, destacando el papel de la madre de David, así como la dura e injusta persecución por parte de Saúl, además de un guiño cristológico al final. Un relato vocacional y de crecimiento personal y espiritual imprescindible para Primaria y también 1º ESO.
Olivia y el terremoto invisible (para alumnos de 1º a 6º Primaria)
Película de animación en stop motion para toda la familia basada en la novela La película de la vida, de Maite Carranza, con más de 24.000 ejemplares vendidos en España. Una película que ha pasado por numerosos festivales internacionales y que ha sido muy valorada en el Festival de Cine de Gijón por las familias, ya que toca precisamente uno de los temas que más preocupa a los españoles, que es la vivienda, así como la pobreza infantil y los desahucios. Y es que la protagonista, Olivia, una niña de 12 años, ve como su vida colapsa cuando desahucian a su familia. Junto con su madre y su hermano ocupan un apartamento vacío de un barrio periférico y, mientras trata de cuidar a su hermano y a su madre, que cae en depresión, encuentra nuevos amigos que la ayudan a sobrevivir a los terremotos de la vida. Además, con su imaginación, logra crear una fantasía protectora para su hermano imaginando que están rodando una película. Una conmovedora película de superación, resiliencia y amistad con un mensaje de esperanza en tiempos difíciles.
Las ovejas detectives (para alumnos de ESO, Bachillerato y Ciclos)
Comedia basada en la novela de Leonie Swann, que sigue a un rebaño de ovejas que investiga el asesinato de su querido pastor, en una aventura llena de pistas, misterios, sospechosos y giros inesperados. Un pastor, George, que quiere a cada una como si fueran sus hijas, les ha puesto un nombre, y todas las noches les cuenta una novela de misterio. Cuando es asesinado, las ovejas se ponen en marcha para resolver el crimen, aprendiendo a colaborar y a usar sus fortalezas para resolver el caso, ya que cada una tiene una personalidad y una voz única. Una hilarante comedia muy valorada por el público y la crítica (96% de críticas positivas en Rotten Tomatoes) que a través de sus metáforas y diálogos aborda tanto las grandes preguntas del ser humano, con temas muy interesantes como la importancia de honrar y recordar a los seres queridos que ya no están, la gestión del duelo, la resiliencia, los prejuicios, el rechazo de los que son diferentes o vulnerables o la imagen del “buen pastor”.
Incontrolable (4º ESO, Bachillerato y Ciclos)
Premiada película basada en una extraordinaria historia real, nos cuenta el viaje de superación de John Davidson, aprendiendo a aceptarse y a convivir con el síndrome de Tourette. John se enfrentará con valor y humor a los prejuicios de sus compañeros de colegio, sus vecinos y compañeros de trabajo, al rechazo y a sus propios miedos, descubriendo que la valentía y la humanidad pueden ser más fuertes que cualquier obstáculo. Será acogido por una vecina, madre de un amigo, que, superando los prejuicios, será capaz de ayudarle a recuperar la autoestima y a gestionar sus emociones, tratándole como a su hijo.
D. Gabriel Pérez Sánchez, sacerdote diocesano, ha fallecido este miércoles 23 de septiembre. El velatorio está teniendo lugar en la sala 2 del cementerio de San Gabriel (Parcemasa) y el funeral tendrá lugar el jueves 24 de septiembre, a las 18.30 horas, en la capilla 2 de dicho camposanto.
D. Gabriel Pérez durante su toma de posesión como vicario parroquial de la Victoria y San Lázaro
//A. SELL
Nacido en Algatocín, el 19 de octubre de 1932, dedicó su vida al servicio de la Iglesia desde su ordenación, en 1960.
Entre otros destinos pastorales en la diócesis, asumió la labor de ecónomo de Jubrique y encargado de Genalguacil, prestando también servicio en su pueblo natal, Algatocín. Tras pasar tres años como vicario parroquial de San Felipe Neri, fue destinado a Casares como ecónomo.
Gran parte de su ministerio posterior se caracterizó por su dedicación pastoral a los enfermos, ejerciendo como capellán de Carlos Haya durante más de quince años.
Paralelamente a su labor en el hospital, forjó un vínculo pastoral inquebrantable con la parroquia de San Felipe Neri de Málaga, a la que sirvió durante décadas. Volvió a esta comunidad para desempeñar los encargos de vicario parroquial, administrador parroquial y, finalmente, párroco.
En 2016 fue destinado como vicario parroquial a Santa María de la Victoria y la Merced, y San Lázaro
En una carta publicada en el boletín de la archicofradía de la Sangre de la que fue director espiritual, D. Gabriel Pérez confesaba haber abrazado el sacerdocio «por “haber sido amado primero”, y por “responder al Amor con amor”».
Alrededor de 150 profesores de Religión Católica se dieron cita en la tarde del martes 22 de septiembre, convocados por la Delegación de Enseñanza de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, para participar en la celebración de la Eucaristía en la que recibieron la missio canónica de manos del administrador apostólico, Mons. Ramón Valdivia.
Este acto supone el envío oficial de los docentes por parte de la Iglesia de Cádiz y Ceuta a los colegios e institutos en los que desarrollan su labor educativa. Su misión es ofrecer a niños, adolescentes y jóvenes la aportación de la fe cristiana a la cultura, el arte, la historia, las tradiciones y las fiestas, así como al conjunto de la realidad social en la que se desarrolla su formación.
La Santa Misa tuvo lugar en la Capilla del Colegio de Salesianas de Cádiz, que acogió la celebración con «mucha generosidad y sencillez», permaneciendo atentas a las necesidades de los participantes durante el encuentro.
Durante la homilía, Mons. Ramón Valdivia quiso poner de relieve la importancia de la labor que desempeñan los profesores de Religión, una tarea que en ocasiones resulta poco conocida y que se desarrolla en circunstancias no siempre sencillas. El administrador apostólico hizo referencia a algunas de las dificultades que afronta este profesorado, entre ellas los desplazamientos entre distintos centros educativos, en algunos casos separados por importantes distancias, así como la situación laboral que puede prolongar durante años la incertidumbre profesional.
También aludió al contexto de secularización en el que los docentes desarrollan su actividad y a los desafíos que este plantea para la transmisión de la fe en el ámbito educativo. En este contexto, sus palabras buscaron animar a los profesores a continuar desempeñando su misión con confianza y compromiso.
La celebración tuvo uno de sus momentos centrales en la renovación del compromiso de los docentes con la Iglesia. Tras recibir nuevamente la confianza de la diócesis para ser enviados a enseñar en nombre del Señor, los profesores realizaron conjuntamente la profesión de fe mediante el Credo de la Iglesia y el juramento de fidelidad.
El encuentro concluyó con un espacio de conversación informal entre los profesores participantes y Mons. Ramón Valdivia, que permitió compartir impresiones y experiencias sobre la realidad cotidiana de la enseñanza de la Religión Católica en los centros educativos de la diócesis.