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Grupo ACB consagra su actividad empresarial al Sagrado Corazón de Jesús

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Con esta consagración ACB expresa que la actividad empresarial también puede «vivirse desde la fe» y el servicio a las personas y a la sociedad

 

 

 

Este verano, las instalaciones de Grupo ACB Components acogieron en Lucena un acto especialmente significativo para toda la familia que forma parte de la empresa: la bendición de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y la consagración de la empresa, de sus trabajadores y de su actividad al Sagrado Corazón de Jesús.

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Homilía en la Solemnidad de la Asunción de la Virgen 2026

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Homilía de Monseñor José Ángel Saiz Meneses. Fiesta de la Virgen de los Reyes. Solemnidad de la Asunción de la Virgen María.

Catedral de Sevilla, 15-08-2026.

Lecturas: Ap 11, 19a; 12,1-6a. 10ab; Sal 44,11. 12ab. 16; I Cor 15,20-26; Lc 1,39-56.

 

Saludos.

Sevilla se ha despertado muy temprano para encontrarse con su Madre, como cada 15 de agosto. Una multitud de fieles de la ciudad y de devotos peregrinos hemos acompañado a Nuestra Señora de los Reyes en su tradicional procesión. Miles de personas de todas las edades y condiciones: familias, niños llevados de la mano por sus padres, jóvenes, mayores, enfermos, hombres y mujeres que regresan cada año, fieles que la aclaman de viva voz y otros que rezan en silencio. Cada uno expresa a su manera los sentimientos de amor filial que anidan en su corazón. Todos hemos dirigido la mirada hacia la Virgen, y ella, como verdadera Madre, contempla a cada uno de sus hijos.

La procesión que hemos celebrado es una confesión pública de fe. Sevilla reconoce que tiene una Madre y que esa Madre nos conduce siempre a su Hijo Jesucristo. Al verla recorrer nuestras calles, no contemplamos solamente una imagen venerada, sino el signo visible de una presencia maternal que acompaña la historia cristiana de Sevilla. Ella ha escuchado las oraciones de generaciones enteras, ha recibido lágrimas, promesas y acciones de gracias; ha permanecido en el corazón de esta ciudad en los días de prosperidad y en las horas de sufrimiento. Hoy venimos a decirle de nuevo: Santa María de los Reyes, sigue caminando con nosotros; no permitas que Sevilla se aleje de tu Hijo.

La mujer vestida de sol, coronada de estrellas, que aparece en el libro del Apocalipsis, lleva en sí la victoria de Dios sobre el pecado y el poder del mal. En ella contemplamos anticipadamente aquello que Dios quiere realizar en nosotros. Ella es signo de esperanza para toda la humanidad. Nos recuerda que la vida humana posee una dignidad sagrada. En María glorificada Dios confirma el valor de la persona entera, cuerpo y alma. Todo ser humano está llamado a la resurrección; todo ser humano merece respeto, cuidado y amor desde su concepción hasta su muerte natural; ningún pobre, enfermo, anciano, migrante o persona herida que hallamos en el camino puede ser tratado como una carga, un número o un material descartable.

Pero la Virgen que hoy contemplamos elevada al cielo es la misma que, después de la Anunciación, se levanta y se pone en camino. María no convierte el don recibido en cómodo privilegio. Apenas ha acogido al Verbo de Dios, sale de Nazaret y va aprisa a la montaña para servir a Isabel. La llena de gracia se hace servidora. Esta escena resulta especialmente luminosa para nosotros. Quien contempla a María, quien reza ante Nuestra Señora de los Reyes, ha de aprender a levantarse, a salir, a visitar, a acompañar y a servir. La procesión debe continuar cuando la imagen entra de nuevo en la Catedral: debe continuar en nuestros pasos hacia el enfermo, hacia la familia que atraviesa dificultades, hacia el anciano que vive solo, hacia el joven que ha perdido el sentido de la vida, hacia el pobre que pide no sólo ayuda material, sino también escucha, respeto y fraternidad.

La escucha de la Palabra de Dios y el servicio al hermano son inseparables. Quien no escucha a Dios termina escuchándose únicamente a sí mismo; y quien vive encerrado en sí mismo deja de percibir el clamor del prójimo. Cuando María entra en casa de Zacarías, lleva consigo a Cristo. Su presencia es eficaz porque lleva dentro al Señor. Esta es también la misión de la Iglesia: llevar a Cristo a los hogares, a los barrios, a las instituciones, a la cultura, al trabajo, a las alegrías y a las heridas de nuestro tiempo. Sevilla necesita cristianos que lleven realmente a Cristo dentro; creyentes cuya palabra pacifique, cuya conducta inspire confianza, cuya honradez sea reconocible, cuya caridad no excluya a nadie. Nuestra ciudad conserva un extraordinario patrimonio religioso, histórico y artístico. Hemos de custodiarlo con responsabilidad, pero sabiendo que el patrimonio más precioso es la fe viva del pueblo.

Después de escuchar la alabanza de Isabel, María entona el Magníficat. Es el canto de una mujer humilde, agradecida y comprometida. Proclama la grandeza del Señor porque ha mirado la humildad de su esclava. Reconoce que el Poderoso ha hecho obras grandes en ella, pero inmediatamente proyecta la mirada hacia la historia: Dios dispersa a los soberbios, derriba a los poderosos de sus tronos, enaltece a los humildes, colma de bienes a los hambrientos y auxilia a su pueblo. El Magníficat no es un canto de revancha, es el anuncio de la justicia de Dios, y la denuncia del pecado que desfigura las relaciones humanas: la soberbia, la opresión, el hambre, la indiferencia y el abuso de poder. María canta el mundo nuevo que su Hijo ha venido a instaurar, que debe regirse por valores de justicia y de paz, de amor a Dios y al prójimo.

Como cristianos, todos tenemos el deber de trabajar en la construcción del Reino de Dios en la tierra, cada uno según su vocación y posibilidades de influencia en la vida social. Del mismo modo todas las instituciones están llamadas a trabajar por el bien común. La presencia institucional en esta celebración refleja el arraigo de la devoción a Nuestra Señora de los Reyes en la historia de Sevilla. Gracias por vuestra presencia. Sabemos bien que la autoridad, en todos los ámbitos de la vida, no es un privilegio de poder o dominio, sino un servicio a los demás, orientado a dar vida, a proteger y ayudar a crecer al prójimo, siguiendo el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo. El Santo Padre León XIV pronunció el pasado 8 de junio un memorable discurso ante los miembros del Parlamento español en el que hizo un llamamiento a proteger toda vida humana y a fortalecer el bien común en las relaciones sociales, tanto a nivel nacional como a nivel internacional.

El bien común es el conjunto de condiciones de la vida social con las cuales las personas, las familias y las instituciones pueden lograr con mayor plenitud su propia perfección y finalidad (cf. Gaudium et spes, 26). Pidamos hoy al Señor que nos conceda la gracia de buscar decididamente el bien de las personas en nuestras relaciones con los demás, ya sea en la familia, en el trabajo, con los amigos, en todos los ámbitos y grupos humanos de los que formamos parte; que nos conceda superar los intereses y ambiciones personales, y las tentaciones de manipulación. Pidamos a Dios especialmente que los gobernantes de las naciones pongan al ser humano en el centro de la actividad política y social, defendiendo su dignidad, su libertad y los derechos inalienables de cada individuo. Las personas no pueden ser objeto de intercambio o de comercio, ni pueden ser utilizadas como arma de presión geopolítica.

Nuestra Señora de los Reyes, Madre y Patrona nuestra: protege a Sevilla y a todos sus habitantes. Custodia a nuestras familias; conforta a los enfermos y a quienes se sienten solos; acompaña a los niños y a los jóvenes; sostén a quienes han perdido el trabajo o atraviesan dificultades económicas; ilumina a quienes ejercen responsabilidades públicas; fortalece a los sacerdotes, consagrados y agentes de pastoral; aviva la fe de nuestras parroquias, comunidades, movimientos y hermandades.

Reina de la paz, acoge el clamor de las víctimas de las guerras. Llena de consuelo y fortaleza a los afectados por catástrofes naturales, terremotos e incendios. Inspira en los gobernantes decisiones valientes de diálogo y reconciliación. Desarma las manos que empuñan las armas y los corazones que alimentan el odio. Haz de nuestras casas hogares de paz y de nuestra ciudad una casa abierta, justa, fraterna y acogedora. Y cuando termine nuestra peregrinación terrena, llévanos hasta tu Hijo. Que podamos participar contigo en la victoria de Cristo, cantar eternamente el Magníficat de la salvación y contemplar cara a cara al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

Los gemidos de la tierra quemada

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Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla,

Este verano, el fuego está devorando miles de hectáreas en numerosos puntos de la geografía española. Detrás de cada incendio hay paisajes destruidos, animales muertos, personas y familias que, tienen que abandonar sus casas con miedo; también hay muchos hombres y mujeres que trabajan —y a veces mueren— para apagar el fuego y proteger a los demás. A todos ellos quiero expresar mi cercanía, mi gratitud y mi oración.

Al contemplar las imágenes de tantas hectáreas calcinadas, al experimentar el intenso olor a quemado y recibir del cielo la “lluvia gris” de la ceniza, acudían con frecuencia a mi corazón las palabras de san Pablo a los Romanos: «la creación está gimiendo y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Estamos llamados a escuchar los gritos de la naturaleza, de la que también nosotros, los seres humanos, formamos parte.

El dolor de nuestros hermanos y hermanas que han sufrido más directamente la plaga de los incendios, junto con los gemidos de la tierra quemada, nos invitan a adoptar un nuevo modelo de relación con la naturaleza. Durante siglos, «hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla» (LS 2). Ya es tiempo de asumir la misión de «labrar y cuidar» el jardín del mundo (cf. Gn 2,15): «Mientras “labrar” significa cultivar, arar o trabajar, “cuidar” —enseñó el papa Francisco— significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar» (LS 67).

No es de extrañar que nos resulte difícil –a las personas, a las instituciones y a la sociedad en su conjunto– abandonar un modelo tan arraigado, basado en el supuesto derecho a expoliar la creación, para adoptar otro radicalmente distinto: el de sentir la urgencia de cuidarla.

No podemos afrontar esta dolorosa realidad desde una discusión ideológica que nos enfrenta mucho y resuelve casi nada. Tampoco deberíamos acostumbrarnos al deterioro progresivo del planeta ni asumir como algo inevitable que cada verano grandes extensiones queden arrasadas por las llamas. Es necesario preguntarnos qué podemos hacer cada uno para cuidar mejor la tierra. No todo depende de nosotros, pero una buena parte está en nuestras manos.

Cuidar la creación implica consumir de manera responsable, proteger el agua de la contaminación, preparar los bosques para prevenir y combatir los incendios, favorecer las condiciones de vida de quienes viven en los pueblos más pequeños y enseñar a las nuevas generaciones la importancia y la urgencia de cuidar la naturaleza. Cuidar la creación supone custodiar también nuestra propia vida y la vida de los demás, especialmente la de quienes más sufren.

El papa León XIV nos ha recordado que «la justicia ambiental […] representa una necesidad urgente que va más allá de la simple protección del medio ambiente. En realidad, se trata de una cuestión de justicia social, económica y antropológica. Para los creyentes, además, es una exigencia teológica que, para los cristianos, tiene el rostro de Jesucristo, en quien todo ha sido creado y redimido. En un mundo en el que los más frágiles son los primeros en sufrir los efectos devastadores del cambio climático, la deforestación y la contaminación, el cuidado de la creación se convierte en una cuestión de fe y de humanidad» (Mensaje para la X Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación).

Que Dios nos ayude a escuchar los gemidos de la tierra quemada y de quienes más han sufrido la catástrofe de los incendios. Y que este sufrimiento no sea inútil, sino que se convierta realmente en dolores de parto de un nuevo modo —más humano, más solidario y más cristiano— de relacionarnos con la hermana madre Tierra.

Un saludo muy cordial en el Señor.

+ José Antonio Satué
Obispo de Málaga

Homilía en la Solemnidad de la Virgen de Candelaria

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sábado, 15 de agosto de 2026

Ap 11,19a; 12,1-6a.10ab

Sal 44, 10.12.12.16

1Cor 15, 20-27

Lc 1, 39-56

Queridos hermanos y hermanas:

 

El Evangelio de esta solemnidad de la Asunción de María a los cielos, en la que celebramos a nuestra querida Virgen de Candelaria, patrona general de Canarias, nos invita una vez más a escuchar de los labios de María el cántico del Magnificat, «Proclama mi alma la grandeza del Señor…». Es la expresión del corazón agradecido de María que, sintiéndose pobre y humilde, consciente de sus límites como humana, se siente dichosa por haber sido escogida para ser la Madre del Salvador.

Su pequeñez, la de María, la lleva a reconocer y proclamar la grandeza del que verdaderamente es grande, el Señor, el que ha mirado su humildad y, por eso, con el cántico del Magnificat, María lo quiere magnificar, quiere hacer grande a Dios alabándolo y ensalzándolo, consciente de que es Él, y sólo Él, quien puede realmente transformar la historia haciendo proezas con su brazo: dispersando a los poderosos y dejando vacíos a los ricos, mientras enaltece a los humildes y colma a los hambrientos.

«En un mundo atravesado por tantas maniobras que apuntan a conquistar mercados y espacios de influencia […] nuestro corazón siente la necesidad de descubrir un proyecto diferente, sabio y benévolo, semejante al que María contempla en el Magníficat, cuando proclama que la misericordia de Dios se extiende de generación en generación sobre aquellos que le temen» (MH, 230), ha afirmado León XIV en su primera encíclica Magnifica humanitas.

Es el drama de todos los tiempos al que se enfrenta esta magnífica humanidad creada por Dios. El drama que encuentra su raíz en quienes desde el poder y la riqueza viven lo que el Papa denomina el «síndrome de Babel», que se caracteriza por «la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que aplana las diferencias, la pretensión de un lenguaje único –incluso digital– capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos» (MH, 10). En definitiva, la tentación del ser humano de todos los tiempos de construir una sociedad sin Dios movidos por la falsa idea de pensar que Dios resta espacio al ser humano; cuando es, más bien, al revés, Dios da plenitud a la persona, a su vida personal y en sociedad.

En efecto, Dios, más aún el Dios de Jesucristo, es el garante de una sociedad realmente humana en la que se protege la dignidad de cada persona, se promueve la justicia y se hace posible la fraternidad (cf. MH, 1). Por el contrario, cuando eliminamos a Dios, surgen personas e ideologías totalitaristas que se creen dioses, dueños y señores de la humanidad, que se mueven solo por el poder y la riqueza, sin importarle los demás, que se creen por encima del bien y del mal, que promueven guerras, muerte y división, que pierden el horizonte ético en sus vidas y viven en la corrupción, que solo buscan su beneficio propio, sin pensar ni preocuparse por los demás.

Las consecuencias de este modo de actuar las vemos en las noticias de cada día que nos hablan de una cultura del poder que engendra una sociedad del descarte, de la muerte y del odio, y no la anhelada civilización del amor ni una cultura del encuentro.

Los riesgos de una sociedad sin Dios podemos observarlos a lo largo de la historia de la humanidad, pero también hoy, en este siglo XXI, en esta era de la inteligencia artificial, donde se corre el riesgo de no valorar al ser humano por lo que es, sino convertirlo en un número, en un dato de un algoritmo que toma decisiones económicas, políticas o militares buscando lo más beneficioso y eficiente, sin tener en cuenta ni reconocer lo más precioso, que es la persona, un misterio ante el que solo cabe la admiración y contemplación.

Sin embargo, en vez de acoger y proteger al ser humano en las distintas dimensiones de su realización (la familia, el trabajo, la salud, la vivienda, el bienestar…) vemos cómo se va imponiendo en algunos ámbitos de la vida social y política esta nefasta «mentalidad tecnocrática y posthumanista que tiende a considerar a la persona como un objeto manipulable o un recurso para optimizar» donde «lo que importa es la eficiencia, no el respeto a la libertad y a la dignidad humana» (MH, 172).

Pero queridos hermanos míos, «ningún sistema de cálculo por sofisticado que sea –recuerda León XIV en su encíclica, que les invito a leer atentamente–, genera un corazón que se entrega, ni una conciencia capaz de discernir el bien» (DH, 233). Eso solo lo encontramos en el ser humano, en ti y en mí. En María, que, en su libertad, dijo sí al proyecto de Dios y por eso la felicita Isabel: porque ha creído, sencillamente. En Jesucristo, que entregó libremente su vida por nosotros, por nuestra salvación, sin hacer cálculos, sino desde la generosidad de cumplir la voluntad del Padre con el fin de darnos vida, como nos ha recordado san Pablo en la segunda lectura. Pero no una vida artificial. No una vida virtual. Sino una vida real y plenamente humana –como la que Él vivió–, que tiene como meta la vida eterna, participando de su resurrección, con la que nos abrió un nuevo horizonte de futuro, del que María, asunta a los cielos, participa ya plenamente.

Por eso, alzamos la mirada, con esperanza, hacia ese futuro de salvación. Así lo decía León XIV hace escasamente dos meses en su visita a nuestra Diócesis nivariense: «Desde este puerto, que lleva el nombre de la Santa Cruz, mi pensamiento se extiende al mundo entero y a sus heridas, que hacen sufrir a pueblos enteros. A todos quisiera repetirles el lema de este viaje: “¡Alzad la mirada!” […] ¡Levantemos la mirada como lo hizo María, la Madre de todos los que sufren, y guiados por ella retomemos el camino con esperanza!».

Invitación que hacemos hoy no solo a cuantos sufren en nuestra sociedad canaria a causa de la exclusión social de la que nos hablaba el último informe FOESSA presentado el pasado mes de febrero, sino también a los pueblos hermanos de Venezuela y de Colombia, –afectados seriamente por las desastrosas consecuencias de unos terremotos que han dejado tras de sí tantos muertos, desaparecidos, heridos y damnificados–, a los migrantes, a los que viven continuamente en lugares de guerra, a quienes son víctimas de las injusticias sociales y desigualdades económicas, a los que son víctima de los abusos y de la violencia. Con María de Candelaria alcemos la mirada, también nosotros para no quedar indiferentes ante estas situaciones de dolor, sino que, movidos por una compasión sincera, ofrezcamos nuestra ayuda fraterna a quienes peor lo están pasando.

Queridos hermanos y hermanas tenemos «el deber urgente –nos dice el Papa– de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor» (MH, 15).

Esplendor que nada ni nadie puede eclipsar pues Él es la luz del mundo. Esta hermosa imagen de la Virgen morenita, nuestra patrona, así nos lo recuerda una vez más cuando la contemplamos llevando en un brazo a su Hijo y en la otra mano una candela. Ella, «la mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza», sigue siendo el orgullo de nuestra raza porque en sus purísimas entrañas se encarnó y se hizo hombre el Hijo de Dios asumiendo nuestra magnífica humanidad, haciéndose uno de nosotros, verdadero hombre, sin dejar de ser verdadero Dios.

Que con María, nuestra Madre asunta al cielo, sepamos también nosotros proclamar las grandezas que Dios sigue realizando en la historia y en esta humanidad, y en nuestras vidas. Que sepamos magnificar a este Dios grande en amor que no deja de seguir siendo misericordioso generación tras generación, ¡también con nuestra generación actual! Pero, sobre todo, que con María y como María sepamos vivir en plenitud nuestra condición humana, que Dios ha creado y nos ha dado, sirviendo a los demás, especialmente a los pobres y vulnerables, a quienes con frecuencia no se les reconoce su dignidad.

¡Qué así sea!

 

Eloy A. Santiago Santiago

Obispo de San Cristóbal de La Laguna

Fonelas culmina sus fiestas en honor a la Virgen del Rosario de Fátima

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Así vivió Fonelas, este domingo 16 de agosto, la jornada central de sus fiestas en honor a su copatrona, la Virgen del Rosario de Fátima.

La comunidad parroquial se reunió para participar en una Misa multitudinaria, celebrada con gran devoción y participación de los fieles. Posteriormente, la imagen de la Virgen recorrió las calles del pueblo en una solemne procesión, acompañada por numerosos vecinos y devotos.

Una jornada de fe, devoción y tradición que puso el broche de oro a las fiestas de Fonelas y que volvió a poner de manifiesto el profundo cariño de todo el pueblo hacia su copatrona, la Virgen del Rosario de Fátima.

Francisco Martínez Heredia
Fonelas

Como cada 15 de agosto, la Virgen de la Cabeza de Huéscar volvió a su ermita en romería

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Un año más, Huéscar volvió a vivir con gozo, como cada 15 de agosto, una de las celebraciones religiosas de más arraigo en el municipio: la romería d ela Virgen de la Cabeza, que lleva a la imagen hasta su ermita. Ese 15 de agosto, en todas las parroquias se celebra la Asunción de la Virgen María. En Huéscar, además, se vive con intensidad la devoción a la Virgen de la Cabeza.

La imagen de la Virgen de la Cabeza ya descansa de nuevo en su ermita, al pie de la Sierra de Marmolanze. En su interior, como signo de la devoción que se le profesa se pueden apreciar gran cantidad de exvotos, en agradecimiento de las personas que han recibido un favor de la Virgen. Llegó a la ermita después de haber recibido el cariño de los oscenses y de todos los que vistan estos días el municipio, pasando días de descanso o en compañía de sus familias.

El 15 de agosto es el día más grande para la Hermandad de la Santísima Virgen de la Cabeza de Huéscar. A las 7 de la mañana, en la parroquia, tenía lugar la Misa de despedida, cantada por la cuadrilla de la Cuesta de las Chinas, con cantos referentes todos ellos a la Virgen de la Cabeza. Un poco antes, a la 5 de la mañana, los despertadores se reunieron en la ermita de la Soledad Coronada para comenzar su recorrido por las calles de Huéscar, cantando en las puertas de las ermitas, en la casa parroquial y en la puerta de la parroquia. Recuerdan, así, que las tradiciones siguen construyendo el presente.
La jornada de este 15 de agosto volvió a demostrar que la devoción a la Virgen de la Cabeza sigue profundamente arraigada en el corazón de los oscenses. Entre rezos, cantos y emociones compartidas, la Virgen de la Cabeza ha pasado en torno a veinte días en la parroquia, donde ha recibido el calor y el fervor de siempre, manteniendo viva una tradición que se transmite de generación en generación.

Este año se realizó la procesión de entrada el domingo 27 de julio, desde la ermita de la Soledad Coronada. El jueves 6 de agosto, comenzó una novena en su honor, que terminó el viernes 14, víspera de la fiesta de la Asunción de María a los Cielos. Ese día, la Virgen de la Cabeza y el Cristo de los Milagros procesionaron por las calles de Huéscar.

Uno de rituales típicos en esta hermandad son los bailes de la bandera, delante de las sagradas imágenes, a los sones del tambor y de las flautas, junto al canto del coro rociero Aires de Jubrena y las salves. Las distintas hermandades de Huéscar y la corporación municipal, un año más, acompañaron a la hermandad. Además, este año la Agrupación Musical Virgen de la Soledad, coincidiendo con su jornada de puetas abiertas, invitó a otras bandas para tocar junto al Cristo de los Milagros, dándole más vistosidad a la procesión y gustando mucho a la gente.

La Hermandad de la Santísima Virgen de la Cabeza de Huéscar agradece la colaboración ciudadana y el esfuerzo de todos para que la romería fuese segura, ordenada y respetuosa. Y, por supuesto,d a las gracias a las distintas hermandades que han acompañado en las celebraciones y a todos los que de una forma u otra han colaborado.

Hermandad de la Santísima Virgen de la Cabeza de Huéscar.

Ya se conocen las fechas de incorporación de los nuevos párrocos en el arciprestazgo del Fardes- Los Montes

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Con la llegada de la segunda quincena de agosto se comienza a pensar ya en el final del verano y el comienzo del nuevo curso pastoral. Y una de las primeras actividades del nuevo curso siempre suele ser la toma de posesión de los párrocos en las nuevas parroquias que les han sido asignadas. Y así será en los primeros días o semanas de septiembre.

Por supuesto, previo a las tomas de posesión, los sacerdotes también se despedirán de las parroquias que venían sirviendo y que llenarán de emoción las últimas celebraciones de agosto o las primeras de septiembre.

Uno de los arciprestazgos donde más cambios ha habido este año es el del Fardes- Los Montes, al que se incorporan dos nuevos sacerdotes, otros dos salen y dos cambian de parroquia. El arcipreste, Sebastián Robles, ya ha dado a conocer las fechas de estas tomas de posesión, que ya se están preparando en los lugares correspondientes.

Estos son los nombramientos que afectan al arciprestazgo del Fardes-Los Montes y las fechas previstas para las tomas de posesión:

D. Antonio Muriel Mira
Cargo: Párroco de Moreda, Huélago, Gobernador y Laborcillas.
Toma de posesión: Domingo, 6 de septiembre a las 20:00 h en Moreda.
D. Ramiro Avidad Fernández
Cargo: Párroco de Purullena y El Bejarín.
Toma de posesión: Lunes, 7 de septiembre a las 20:00 h en Purullena.
D. José Alejandro Moreno Sánchez
Cargo: Administrador parroquial de Darro, Diezma, Sillar y Los Villares.
Toma de posesión: Sábado, 12 de septiembre a las 20:00 h en Darro.
D. Guillermo Parra Sánchez
Cargo: Párroco de Villanueva de las Torres, Dehesas de Guadix y Alicún de Ortega.
Toma de posesión: Sábado, 19 de septiembre a las 12:00 h en Villanueva de las Torres.
Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

XX Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 16 de agosto de 2026

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Una mujer cananea, por lo tanto, pagana, sale al encuentro de Jesús pidiendo ayuda para su hija que está poseída por un demonio.

Los discípulos hacen de mediadores, ante la resistencia que pone Jesús para atenderla porque no es judía y ante la insistencia de la mujer.

Finalmente, Jesús cambia de actitud al comprobar la humildad de esta madre, que no se siente superior a los demás ni exige algo que no puede recibir, conformándose incluso con lo poco.

La fe que esta mujer muestra conmueve a Jesús y él la pone como referente de creyente, subrayándose así que los beneficios del reino de Dios son para todos y que la única condición indispensable para ello es tener fe.

DESARROLLO

De entrada, con nuestra mentalidad occidental y moderna, en este relato resultan chocantes las palabras de Jesús con las que se dirige a una mujer cananea, pues ya en el Antiguo Testamento a los cananeos, los habitantes de esa región que se encontraba al norte de la Galilea en los tiempos de Jesús, se les consideraban paganos.

Resulta llamativo cómo en una región pagana a la que Jesús se ha desplazado para anunciar el reino de Dios, una mujer y madre de allí, de forma claramente desesperada, acude en ayuda de Jesús para que libere a su hija que estaba poseída por un demonio. La respuesta de Jesús no es la esperada por la manera de proceder a la que nos tiene acostumbrados, pues en un primer momento Jesús se niega a atender la necesidad que la mujer le plantea y se dirige a ella con un cierto rechazo “racista” al argumental que él solo ha venido para las ovejas descarriadas de Israel.

¿Dónde queda, entonces, la universalidad del reino de Dios? ¿Y la misericordia de Dios? De eso precisamente trata este relato, de salir al frente de un colectivo de nuevos cristianos procedentes del judaísmo que, aunque minoritario, no aceptan la presencia de paganos en sus comunidades cristianas, actitud que provoca una tensión en la primitiva Iglesia y que abre un debate, el cual Mateo quiere resolver con esta escena en la que se nos enseña que para beneficiarse de los tesoros del reino de Dios, para ser discípulo de Jesús y formar parte de la comunidad eclesial lo importante no es tu procedencia, tu sexo, tu puesto social…, sino que lo necesario e imprescindible es tener fe, la única condición que Jesús pone a la hora de actuar haciendo el bien.

Tenemos una mujer que ante las palabras de Jesús no se siente merecedora de nada y se conforma con poco. Es por tanto un gesto de humildad de quien no exige nada y acepta su inferioridad. Esta humildad, acompañada de su fe grade, es la que hace cambiar de actitud a Jesús, para terminar siendo elogiándola y señalada por él como referente de fe, además de conseguir que se cumpla su deseo solicitado: que su hija quede liberada de la posesión.

La Iglesia de Jesús ha de ser acogedora con quienes se acercan pidiendo ayuda o queriendo formar parte de ella, no importando su procedencia, edad, oficio… En nuestro tiempo el problema no es tanto el no tener abierta la puerta de la Iglesia a quienes vienen buscando a Jesús, sino que el problema añadido actual es cuando cada vez son menos los que vienen o cada vez son más a los que no les interesamos para nada. Y eso nos ha de preocupar. Si los de dentro nos sentimos superiores y mejores que los de fuera, difícilmente seremos acogedores. Hay que procurar que los “extraños” sienta deseo de entrar, y, en parte, eso va a depender de tu testimonio y del mío.

Emilio J. Fernández, sacerdote

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Guadix participará en la IV Copa Nacional de Seminarios

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Se trata de un torneo de futbol sala entre seminarios y seminaristas de toda España, en el que además hay actividades culturales y momentos de oración

La archidiócesis de Granada acogerá, del 31 de agosto al 4 de septiembre, la celebración de la IV Copa Nacional de Seminarios, que congregará a casi un centenar de seminaristas de diferentes diócesis de España. Entre los asistentes estarán seminaristas del Seminario Diocesano de Guadix. Se trata de un torneo de futbol sala entre seminarios y seminaristas, pero también serán jornadas para la convivencia, la oración y la cultura, en los días previos al inicio del curso académico.
La Copa Nacional de Seminarios, que este año hace su cuarta edición, es una iniciativa respaldada por la Subcomisión Episcopal para los Seminarios de la Conferencia Episcopal Española y organizada en esta ocasión por el Seminario Mayor San Cecilio de Granada.
El encuentro, que se ha consolidado como un espacio de comunión entre los Seminarios Mayores del país, combina la práctica deportiva con la oración compartida, la formación y el intercambio cultural entre los futuros sacerdotes.

Consolidación y participación interdiocesana
A falta de varias semanas para el cierre del plazo de inscripción, ya habían confirmado su asistencia las delegaciones de Granada, Guadix, Burgos, Zaragoza, Ciudad Real, Osma-Soria y Vitoria. La organización prevé reunir a cerca de un centenar de participantes procedentes de diversas diócesis españolas.
Para facilitar la integración y asegurar que ningún seminarista quede excluido por el número de representantes de su centro, la organización articulará la creación de equipos interdiocesanos, promoviendo así la convivencia fraterna entre las distintas comunidades formativas.
Dimensión formativa y programa de actividades
Durante los cinco días de duración del evento, el programa articulará la celebración diaria de la liturgia y momentos de oración con visitas culturales por Granada y la disputa de un torneo de fútbol sala. Los organizadores subrayan que el deporte constituye únicamente una parte de la experiencia, concebida como una ocasión para crecer en la amistad, la comunión y la alegría de la vocación sacerdotal.
En la carta de convocatoria enviada a los seminarios, el rector del Seminario Mayor San Cecilio, Moisés Fernández Martín, ha subrayado la dimensión pedagógica del deporte en el itinerario vocacional, ya que «el deporte posee un profundo valor educativo y cristiano, al favorecer virtudes como la disciplina, el trabajo en equipo, la humildad, el respeto y el espíritu de superación».
En esta misma línea, el rector ha evocado las palabras del papa León XIV, recordando que la verdadera victoria no estriba en imponerse al adversario, sino en «reconocer el valor del camino recorrido, del esfuerzo compartido y de la capacidad para vivir tanto la victoria como la derrota con madurez y humildad».

Sobre la Copa Nacional de Seminarios
Nacida hace cuatro años por iniciativa de los propios seminaristas, la Copa Nacional de Seminarios es una propuesta respaldada por la Subcomisión Episcopal para los Seminarios de la Conferencia Episcopal Española. Su objetivo es visibilizar la unidad vocacional, fortalecer los vínculos fraternos entre los futuros sacerdotes y ofrecer un marco de convivencia previo al comienzo del curso formativo.

Tomado de www.conferenciaepiscopal.es )

Concluyen dos obras de restauración financiadas por el Cabildo Insular de Tenerife

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El retablo de Santiago Apóstol, situado en la parroquia matriz de Nuestra Señora de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife, ha sido entregado tras la finalización de los trabajos de conservación y restauración. Se trata de uno de los conjuntos retablísticos más importantes del patrimonio histórico-artístico de la ciudad, estrechamente vinculado a la historia de Santa Cruz de Tenerife y a la Capilla de Santiago, espacio de especial relevancia desde la Gesta del 25 de Julio de 1797.

Se trata de un retablo de arquitectura lignaria policromada y dorada, obra anónima del siglo XVIII, realizado principalmente en madera de pino canario y cedro. El conjunto está presidido por la imagen ecuestre de Santiago Apóstol y se completa con las imágenes de Santa Catalina de Siena y Santa Rosa de Lima en las calles laterales, constituyendo uno de los ejemplos más destacados de la retablística barroca conservada en Canarias.

La intervención ha sido realizada por los conservadores-restauradores Leticia Perera González, Pablo Cristóbal Torres Luis y Luis González Hernández, quienes llevaron a cabo un exhaustivo estudio histórico, constructivo y material del conjunto, permitiendo documentar su evolución a lo largo de más de dos siglos y establecer los criterios de intervención más adecuados para garantizar su conservación.

La restauración ha permitido recuperar la estabilidad estructural del retablo, eliminar los procesos activos de deterioro provocados por la humedad y los ataques xilófagos, consolidar la madera, las capas de preparación, las policromías y los dorados, así como recuperar la correcta lectura estética del conjunto. Del mismo modo, la intervención ha permitido poner en valor la policromía histórica de la primera mitad del siglo XIX, considerada de extraordinario interés patrimonial por su estrecha relación con la evolución histórica de la capilla y de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, devolviendo al retablo parte de su aspecto histórico y garantizando su adecuada conservación para las generaciones futuras.

Por otro lado, también ha sido entregada, recientemente, la pintura de Santa Catalina de Siena, conservada en la parroquia matriz de Santa Ana de Garachico, tras la finalización de la segunda fase de los trabajos de conservación y restauración. La obra forma pareja con un lienzo dedicado a Santo Domingo de Guzmán y constituye uno de los conjuntos pictóricos más destacados del patrimonio histórico-artístico de este templo.

Se trata de un óleo sobre lienzo atribuido a Cristóbal Hernández de Quintana (1651-1725), pintor fundamental del barroco canario. La composición representa a Santa Catalina de Siena en actitud contemplativa y penitente, con los atributos propios de su iconografía: la corona de espinas, el crucifijo, la calavera y el lirio, símbolos de la Pasión de Cristo, la fugacidad de la vida y la pureza de la santa.

La intervención ha sido realizada por el conservador-restaurador Silvano Acosta Jordán, contando con la colaboración de especialistas en historia del arte, carpintería y análisis científicos, que permitieron conocer en profundidad la técnica de ejecución y el estado material de la obra antes de su restauración.

La restauración ha permitido consolidar el soporte textil y la capa pictórica, eliminar la suciedad acumulada, los barnices envejecidos y gran parte de los repintes que ocultaban la pintura original, así como reintegrar las lagunas cromáticas y aplicar un nuevo sistema de protección final. La intervención ha devuelto estabilidad material a la obra y ha recuperado su correcta lectura estética, respetando en todo momento los criterios internacionales de conservación y restauración.

Financiación

Ambas actuaciones han sido posibles gracias a la financiación del Cabildo Insular de Tenerife, dentro de su compromiso con la conservación, restauración y puesta en valor del patrimonio histórico-artístico de la isla.

El presupuesto total de la intervención en el retablo de Santiago Apóstol ascendió a 63.970,00 €, sufragados íntegramente por el Cabildo Insular de Tenerife.

Por su parte, la referida corporación insular también sufragó en su totalidad la intervención en la pintura de Santa Catalina de Siena que ascendió a 3.745,00 €.

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