- De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) al menos un 40% de los conflictos internos en el mundodurante los últimos 60 años han estado vinculados con la explotación de recursos naturales.
- Con motivo del Día de la Tierra, Manos Unidas recuerda que “el medio ambiente sigue siendo “la víctima olvidada” de las guerras y que defender y cuidar la tierra también es construir la paz”.
- La Corte Internacional de Justicia de Naciones Unidas reconoce el derecho humano a un medio ambiente sano.
Madrid, (14/04/2026) – Ante la alerta de Naciones Unidas que sostiene que cuatro de cada diez guerras en seis décadas nacen por el control de recursos naturales, en el Día de la Tierra, Manos Unidas, recuerda que la paz también se construye defendiendo la casa común.
Desde disputas por los recursos que ofrece la Amazonía hasta talas ilegales en Camboya, la lucha por la tierra, el agua y los bosques alimentan algunos de los conflictos más intensos del planeta.
En 2024, el Informe “Global Resources Outlook” realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) advirtió de que la extracción mundial de recursos naturales (minerales, combustibles fósiles, biomasa y materiales de construcción) crecerá un 60% para 2060 (respecto a 2020), agotando ecosistemas y disparando guerras por tierra fértil, agua y minerales.
“Estas tensiones territoriales no solo destruyen vidas a través de las guerras y la violencia, sino que devastan ecosistemas y dejan a las comunidades sin recursos, sin esperanza o sin la capacidad de enfrentarse a emergencias climáticas”, afirma Marco Gordillo, coordinador del departamento de Alianzas e Incidencia de Manos Unidas.
La paz no es solo la ausencia de guerra, sino la posibilidad de vivir en tierras seguras, sanas y habitables, algo que la Corte Internacional de Justicia de Naciones Unidas reconoce como el derecho humano a un medio ambiente sano.
MANOS UNIDAS EN EL DÍA DE LA TIERRA
Manos Unidas subraya que el Día de la Tierra es una oportunidad para recordar que la crisis climática, la desigualdad y los conflictos por los recursos no son realidades separadas, sino parte de un mismo problema global que exige respuestas centradas en las personas y en los territorios. “El medio ambiente sigue siendo “la víctima olvidada” de las guerras. Defender la tierra, los bosques y los medios de vida es también una forma de construir la paz”.
“En América Latina y el Caribe la minería tiene un rostro oscuro y prácticas devastadoras. Las extracciones se han realizado sin escuchar a las comunidades locales, sin respetar los derechos de los pueblos indígenas, para los que la tierra lo es todo, y sin considerar los límites de los ecosistemas. Sin respeto”, afirma Yolanda Flores, lideresa aymara y miembro de DHUMA-Puno Derechos Humanos y Medio Ambiente, organización que pertenece a la red Muqui, plataforma peruana que defiende los derechos de comunidades y el desarrollo sostenible frente a la actividad minera, a nivel local e internacional.
Actualmente están en proceso legislativo dos proyectos de ley que ponen en riesgo a los pueblos indígenas y a las comunidades campesinas (el primero abriría todas las Áreas Protegidas de Perú a la minería y a la extracción de gas y petróleo, y el segundo que abriría a proyectos de extracción de gas una enorme zona de la Amazonía peruana, hogar de un gran número de pueblos indígenas), el trabajo de Manos Unidas refuerza, a través de la Red Muqui, la capacidad organizativa y la incidencia de las comunidades que permitan crear un entorno en el que las propias poblaciones afectadas puedan liderar la defensa de sus derechos humanos y ambientales de manera autónoma.
En Sierra Leona, país que ocupa el puesto 185 de 193 en el último Índice de Desarrollo Humano, se estima que 8 de cada 10 habitantes de las comunidades mineras de Kono viven en la más absoluta pobreza.
Allí, Manos Unidas junto con el Centro Chesterton, apoya la rehabilitación de tierras improductivas debido a las actividades mineras artesanales indiscriminadas para convertirlas en espacios de cultivo y producción; impulsa cooperativas y promueve su restauración ambiental y medios de vida alternativos, más inclusivos y sostenibles, que permitan a las comunidades reducir su dependencia del sector minero.
“Ahora somos conscientes de que la minería ha sido perjudicial para nuestras comunidades y hoy en día es la principal razón de nuestra pobreza y falta de alimentos”, afirma Konningbeya, presidente de la cooperativa de Bandafaye.
Mientras, en Camboya aproximadamente el 75% de la población vive en zonas rurales y depende en gran parte de los bosques para su subsistencia. Sin embargo, muchos de estos bosques sufren talas ilegales constantes, expolios por parte de furtivos y de industrias, quemas… en un contexto agravado por la sequía y la crisis climática.
Ante esta realidad, Manos Unidas trabaja junto la Misión Jesuita en Camboya en comunidades forestales y escuelas rurales para proteger estos bosques. El proyecto combina patrullaje comunitario, reforestación y educación ecológica práctica para niños y jóvenes (huertos, viveros, plantación de árboles…), con el objetivo de fortalecer la conciencia ambiental y la participación activa en la defensa del entorno como parte de su vida cotidiana. “El foco más importante está en los estudiantes, porque son las generaciones que llevarán a cabo los cambios en sus familias y en la vida de sus comunidades”, sostiene Ramón Álvarez, coordinador del departamento de Asia de Manos Unidas.
En 2025, Manos Unidas destinó más de un millón de euros a proyectos en Asia, América y África en los que promueve la sostenibilidad ambiental y la lucha ante la crisis climática junto a sus socios locales.
SOBRE MANOS UNIDAS
Nacida en 1959, Manos Unidas es la Asociación de la Iglesia católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo de los países del Sur global. Es, a su vez, una Organización No Gubernamental para el Desarrollo (ONGD), de voluntarios, católica y seglar.






















