El Sector Sur de Córdoba presenta este Domingo de Ramos la fuerza de sus devociones y comparte con monseñor Jesús Fernández su vida cristiana
El Obispo ha sido recibido este Domingo de Ramos por la Junta de gobierno y el consiliario de la Hermandad de la Vera Cruz, Juan Luis Carnerero. Hermandad de la Vera Cruz con dos pasos, el de Ntro. Señor de los Reyes y de María Stma. del Dulce Nombre, es una de las dos corporaciones de hoy que hacen estación de penitencia y procesionan desde esta zona de Córdoba cruzando el Puente Romano hasta alcanzar la carrear oficial. Esta Hermandad vuelve a su sede canónica poco antes de la medianoche, tras uno delos recorridos más extensos de esta tarde.
En este encuentro, que el prelado mantiene con cada una de as 39 hermandades que tienen previsto realizar estación de penitencia en esta Semana Santa, el hermano mayor, José Luis del Pino le ha mostrado las sagradas imágenes horas antes de realizar su salida procesional, prevista para las 18:00h.
La hermandad que sale a las 17:30h de su sede canónica, la parroquia de Jesús Divino Obrero, ha acogido a monseñor Jesús Fernández ante sus tres pasos dispuestos para hacer estación de penitencia este Domingo de Ramos
El Obispo ha podido conocer la Hermandad del Amor de Córdoba, centro de la actividad cofrade del barrio del Sector Sur de Córdoba, junto a la hermanad de La Vera Cruz, con sede en la parroquia de San José y Espíritu Santo.
A las 17:30h se abrirán las puertas de la Parroquia de San Jesús Divino Obrero para dar lugar aun recorrido procesional de más de ocho horas. Junto a la Junta de Gobierno y el Consiliario de esta hermandad, Manuel Murillo, la hermana mayor, Rocío Arranz, ha mostrado la riqueza patrimonial de los tres pasos , además, el Obispo ha podido dejar su mensaje en el libro de honor de la hermandad y departir con varias generaciones de cristianos cofrades para desearles una buena estación de penitencia.
Los representantes de las administraciones que velan por la seguridad esta Semana Santa en Córdoba reciben atienden al Obispo, al que han explicado el dispositivo
El CECOP (Centro de Coordinación Operativa) de Córdoba, situado en el Centro de Recepción de Visitantes de la Puerta del Puente, ha recibido al obispo de Córdoba. En sus primeras horas de funcionamiento, este órgano superior de mando encargado de gestionar la seguridad y emergencias, cuenta con el trabajo de representantes de diversas administraciones (local, autonómica, estatal, policía, bomberos) para velar por la seguridad de los cordobeses y coordinar recursos.
El despliegue de agentes, parecido al de años anteriores, pone a disposición de la seguridad la plantilla al completo que se repartirá en distintos turnos.
Cientos de sevillanos han participado en la celebración del Domingo de Ramos en la Catedral hispalense en una rica liturgia que daba comienzo a las nueve y media de la mañana con el rezo de Laudes por parte del Cabildo.
A continuación, el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha bendecido los ramos y se ha iniciado la procesión de palmas en torno a la Catedral. El cortejo iba formado por los niños carráncanos, miembros de la Asociación de fieles Virgen de los Reyes y y San Fernando, hermanos de la Sacramental del Sagrario, el Cabildo de la Catedral junto al arzobispo, y las corales polifónica y gregoriana, seguidos por el Pueblo de Dios.
Una vez de vuelta en el templo metropolitano, monseñor Saiz Meneses ha presidido la Eucaristía, concelebrada por el deán, Francisco J. Ortiz.
Durante la misma, se ha leído el relato de la Pasión del Señor según san Mateo. En su homilía, el arzobispo se ha referido precisamente a este pasaje, señalando que «no estamos ante un simple recuerdo, sino ante el misterio central de nuestra redención, que la Iglesia actualiza sacramentalmente para que lo contemplemos, lo agradezcamos y lo vivamos». Por eso, ha insistido en que «el Domingo de Ramos es una llamada a la verdad, a la coherencia. No basta aclamar a Cristo un momento, hay que seguirlo hasta el Calvario; no basta llevar un ramo en la mano, hay que dejar que la cruz del Señor entre en la propia vida; no basta conmoverse ante la belleza de la liturgia, hay que convertirse de verdad».
Más adelante, ha reflexionado sobre el sufrimiento: «Cuántas veces querríamos un cristianismo sin cruz, una fe sin combate, una caridad sin sacrificio, una Iglesia sin heridas -se ha cuestionado monseñor Saiz-. Pero el Señor no nos engaña. Entra en Jerusalén para dar la vida. No viene a conquistar por la fuerza, sino a vencer amando. No se impone, se entrega».
Además, don José Ángel ha exhortado a escuchar la Pasión «no como espectadores, sino como pecadores amados, porque la Pasión no es solo la historia de lo que otros hicieron a Jesús, es también la revelación de lo que el pecado puede hacer en el corazón del hombre, y de lo que el amor de Dios es capaz de hacer para salvarlo. En la cruz se desenmascara el pecado, pero sobre todo se manifiesta la misericordia».
También el arzobispo ha hecho una llamada a los fieles sevillanos, pidiéndoles «vivir con atención, con intensidad, con hondura, esta Semana Santa. Vividla con fe, con recogimiento, con espíritu de oración. Participad en las celebraciones litúrgicas del Triduo Pascual; acompañad al Señor, no os quedéis en lo exterior. Que las palmas bendecidas que lleváis a casa no acaben siendo un simple adorno, uh mero recuerdo; que sean un signo de vuestra fe en Cristo Rey y de vuestra voluntad de seguirlo en su victoria pascual». «Vivid estos días también con caridad concreta. Junto a Cristo que padece, contemplad a tantos hermanos que sufren: enfermos, ancianos solos, familias heridas, pobres, parados, inmigrantes, personas sin esperanza. El Señor entra en Jerusalén para entregar su vida por todos; nosotros no podemos celebrar su Pasión sin abrir el corazón a los crucificados de nuestro tiempo», ha añadido el prelado.
Finalmente, uniéndose a las intenciones del Santo Padre ha orado por la paz en el mundo, especialmente en Medio Oriente y Ucrania.
La celebración ha continuado con la litúrgica eucarística y la bendición final, en la que monseñor Saiz Meneses ha deseado a los presentes «una semana santa de verdad, en la que estemos atentos a lo esencial» y ha reiterado su invitación a los Oficios en la Catedral, especialmente a la Misa Crismal que tendrá lugar el próximo martes, a las once y media de la mañana.
Un viento gélido, poco propio de este tiempo, no ha impedido a cientos de jiennenses participar, primero en el Sagrario y después en la Catedral, en la bendición de las palmas y la Eucaristía del domingo de Ramos, que cada año da inicio de manera oficial a la Semana Santa.
Una iglesia del Sagrario, preciosamente adornada con ramas de olivo y palmas, era el punto de salida de la procesión, que recordando esa entra triunfal del Señor en Jerusalén han recorrido el Obispo, canónigos, seminaristas y pueblo fiel.
Antes, Monseñor Chico Martínez, en su quinta Semana Santa como Obispo de Jaén ha bendecido con agua las palmas y ramos, mientras decía: “Que estos pequeñas ramas y hojas aclamen a Cristo como a nuestro Señor, que nos trae plenitud de vida, aun cuando tengamos que caminar con él por el difícil camino del sufrimiento y de la muerte hacia la victoria final”.
El diácono, Jesús Marchal, ha proclamado el Evangelio. Después, en procesión y entonando cantos, han marchado hasta la Seo jiennense.
Ya en el interior del Templo ha dado comienzo la celebración de la Eucaristía. En la que junto al Obispo han concelebrado algunos miembros del Cabildo, así como los formadores del Seminario. Algunos fieles han participado en las lecturas. El relato de la Pasión, según San Mateo lo han leído los seminaristas Antonio J. Partal; Daniel Cano y el diácono Jesús Marchal. El acompañamiento musical ha estado dirigido por el canónigo D. Alfonso Medina y las voces femeninas de su coro.
Homilía
Don Sebastián ha comenzado su homilía enmarcando este día en el contexto de la Semana Santa: “Con la bendición de los ramos y la procesión, hemos acompañado a Jesús en su entrada en Jerusalén. Lo hemos aclamado con gozo: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!” Pero enseguida la liturgia nos conduce al silencio sobrecogedor de la Pasión. La Iglesia no quiere que nos quedemos en una emoción pasajera, sino que entremos en el misterio de estos días santos. Nos sitúa ante la hora de Jesús”.
Después, ha querido subrayar el significado de la palabra “entrega” en la vida de Jesucristo y de manera particular en su pasión y muerte de cruz: “Si hay una palabra que atraviesa todo el relato de la Pasión, esa palabra es “entregar”. Judas lo entrega. Los jefes del pueblo lo entregan a Pilato. Pilato lo entrega para que lo crucifiquen. Y así, de unas manos a otras, el Señor es llevado hasta la cruz”. Para añadir, “pero, en medio de esa cadena dolorosa de entregas, hay una verdad más honda: nadie le quita la vida a Jesús; “Él la entrega”. Ya lo había anticipado en la Cena: este es mi cuerpo entregado, esta es mi sangre derramada. Lo que sucede en el Calvario no es un simple desenlace trágico, sino la expresión suprema del amor de Cristo”.
Durante su predicación, el Obispo del Santo Reino ha animado a los fieles congregados en la Catedral a ser más que testigos mudos de lo que estos días se celebra. Los ha alentado a que la Semana Santa y su sentido definitivo en el ser humano los transforme estos días: “La Semana Santa comienza bien cuando dejamos de mirar solo a los personajes del Evangelio y permitimos que el Evangelio nos mire a nosotros”. Por lo que ha añadido, “Este día nos pide una respuesta concreta. No basta con haber portado un ramo, ni con emocionarnos un poco, ni con contemplar exteriormente lo que celebramos. El Señor quiere nuestra participación interior en su Misterio Pascual. Es decir, recuperar el sentido auténticamente cristiano de la Semana Santa: no vivirla solo desde fuera, sino desde la fe, la oración, la conversión y la gratitud”.
Tras la homilía y la profesión de fe, una familia ha hecho la oración de fieles y dos niños junto a su madre han llevado hasta el altar las ofrendas. Los seminaristas han acolitado la misa.
Con el deseo de una santa semana, y con la petición del Prelado jiennense de que estos días se vivan en las calles, pero también desde el sentido profundo de los misterios que se celebran y que dan sentido a nuestra fe, ha enviado, con su bendición, a los fieles que han participado en la Santa Misa.
La Diócesis de Huelva ha comenzado solemnemente la Semana Santa con la celebración del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, una jornada que conmemora la entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén y que, al mismo tiempo, introduce a los fieles en el misterio de su Pasión.
La celebración principal ha tenido lugar en la Santa Iglesia Catedral, donde el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra, ha presidido la bendición de los ramos y palmas en un ambiente de recogimiento y participación. Desde allí, se ha desarrollado la procesión de entrada al templo, signo visible de la acogida de Cristo como Rey y Señor.
Durante la Eucaristía, proclamada la Pasión del Señor, la comunidad diocesana ha sido invitada a contemplar el misterio del amor de Dios que se entrega hasta el extremo por la salvación de la humanidad. En este día, marcado por el contraste entre la aclamación jubilosa y el relato de la Pasión, la liturgia propone a los fieles adentrarse con espíritu orante en los días santos que ahora comienzan.
En su homilía, Mons. Santiago Gómez Sierra ha invitado a los fieles a contemplar el contraste entre el “Hosanna” y el “Crucifícalo” como reflejo de la fragilidad del corazón humano y como una llamada a la conversión personal y comunitaria. El obispo ha subrayado que la secularización no es solo un fenómeno social, sino una realidad que nace en el interior de cada persona cuando se deja de reconocer a Cristo como Señor de toda la vida. Asimismo, ha recordado que el relato de la Pasión no pretende acusar, sino suscitar en los creyentes humildad y esperanza, al contemplar el amor fiel de Cristo que no abandona nunca al ser humano. En este sentido, ha animado a vivir una fe perseverante, que no dependa solo de momentos puntuales, sino que se traduzca en el seguimiento cotidiano del Señor y en el compromiso misionero en medio del mundo.
A lo largo de toda la diócesis, parroquias, comunidades religiosas y hermandades han celebrado también este día con la bendición de palmas y olivos, congregando a numerosos fieles que, con sencillez y fe, han querido expresar su pertenencia a Cristo y su disposición a acompañarle en su camino hacia la Cruz.
Con esta celebración, la Iglesia en Huelva se dispone a vivir intensamente los misterios centrales de la fe cristiana durante el Triduo Pascual, culmen de todo el año litúrgico.
La Diócesis invita a todos los fieles a participar activamente en las celebraciones de estos días santos, acompañando al Señor en su Pasión, Muerte y Resurrección, y renovando así la esperanza que brota del misterio pascual.
Homilía íntegra de Mons. Santiago Gómez Sierra
Hermanos y hermanas, amados del Señor:
En la celebración de la liturgia de este Domingo de Ramos, todos nosotros acabamos de oír las voces que nos llegan a través de los siglos y las generaciones: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! (Mt 21, 21,9). Hemos oído estas voces y las hemos repetido cantando en la procesión de Ramos, confesando nuestra fe en Jesucristo, el Mesías, el Ungido, el Hijo eterno de Dios.
Pero he aquí que, como hemos escuchado en el relato de la Pasión del Señor, de la misma parte del mundo, de la misma ciudad, nos llegan otras voces y otros gritos que contienen en sí la condena a muerte: ¡Sea Crucificado! ¡Sea crucificado! (Mt 27, 22-23).
Así, hoy comenzamos la Semana Santa con una escena profundamente humana y, al mismo tiempo, inquietante: un pueblo que aclama con entusiasmo ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! y que, pocos días después, grita con la misma fuerza: ¡Crucifícalo! No son dos pueblos distintos. Es el mismo. Pero este darse la vuelta no es simplemente algo que han protagonizado otros, sino que nos muestra una posibilidad del corazón humano, capaz de pasar de la fe a la indiferencia, de la adhesión al rechazo.
Además, este cambio de aquella muchedumbre en Jerusalén no es solo un hecho histórico; es una clave para comprender nuestro tiempo. La secularización de nuestra cultura dominante, que antes podíamos calificar de cristiana, no ha ocurrido porque Cristo haya desaparecido, sino porque, poco a poco, hemos cambiado de actitud ante Él. Seguimos celebrando, admirando ciertos valores, incluso utilizando su nombre… pero cuando su presencia cuestiona nuestras decisiones, cuando su verdad incomoda nuestra manera de pensar, entonces preferimos apartarlo.
El Hosanna es la fe que acoge a Dios cuando coincide con nuestras expectativas. El Crucifícalo aparece cuando Dios no responde como queremos. Así, la secularización, la crisis moral que padecemos, no es primero un fenómeno social, sino un proceso interior: comienza cuando dejamos de reconocer a Cristo como Señor de toda nuestra vida.
Sin embargo, el relato de la Pasión del Señor que hemos escuchado en el Evangelio no busca acusarnos, sino tocarnos el corazón. Hay en él un realismo sereno que cuenta lo que ocurrió, pero sobre todo transmite una inmensa compasión. Cristo Jesús no deja de amar a ese mismo pueblo que lo rechaza. No retira su entrega. No responde con violencia. Permanece fiel. Y así compadecido, tendiste tu mano a todos, para que te encuentre el que te busca (Plegaria Eucarística IV).
Y aquí puede nacer en nosotros un sentimiento profundo de humildad. Porque reconocemos que muchas veces hemos sido ese pueblo. Hemos aclamado en momentos de fervor… y hemos olvidado, negado o silenciado a Cristo en lo cotidiano de la vida. Pero junto a la humildad debe brotar en nuestro corazón la esperanza: porque su amor no cambia, porque él mismo se entregó a la muerte, y, resucitando, destruyó la muerte y nos dio nueva vida (Plegaria Eucarística IV).
En este Domingo de Ramos podemos recoger una llamada del Señor a pasar de una fe sostenida solo por emociones en algunos momentos puntuales del año, a una fe continuada en el seguimiento de Jesús en nuestra vida cotidiana.
Primero, a nivel personal, podemos preguntarnos con sinceridad ¿en qué aspectos de mi vida digo Hosanna, pero luego vivo como si Cristo no fuera el Señor? ¿dónde necesito una verdadera conversión?
Segundo, a nivel de misión, porque todos los bautizados estamos llamados a ser discípulos misioneros. En una cultura que se aleja de Dios, normalmente, no con rechazo violento, sino con indiferencia, no basta con celebrar a Cristo en la Iglesia; es necesario seguirlo en la familia, en el trabajo, en la sociedad como ciudadanos.
La misión comienza en lo pequeño: una decisión fiel, una palabra valiente, un gesto de caridad, una vida que no oculta a Cristo.
Cuando el entusiasmo desaparece y solo queda la cruz, miremos a la Virgen María. Ella no gritó Hosanna para después marcharse. Ella permaneció fiel, en silencio, al pie de la cruz. No entendía todo, pero confiaba; no cambiaba según las circunstancias, sino que amaba hasta el final.
Pidámosle que nos enseñe esa fidelidad que no depende del momento, sino del amor fiel y verdadero. Que nos acompañe en esta Semana Santa para que también nosotros sepamos permanecer con su Hijo.
La Cofradía se encuentra en una profunda remodelación, apostando por un aumento del patrimonio, tanto físico como humano
La Cofradía de la Borriquita, aunque como entidad ligada a la Iglesia Católica, surge a finales del siglo XX, nuestros orígenes se remontan a la década de los años 50, más concretamente al 6 de abril de 1952 (Domingo de Ramos), cuando la Borriquita procesiona por primera vez bajo la el amparo de la entonces conocida como APA (Asociación de Padres de Alumnos) del Colegio Salesiano San José de Pozoblanco.
La primera imagen que representa el misterio de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén, tal y como se muestra los Evangelios, fue procedente de los talleres de arte cristiano de Olot.
Tras varios años procesionando sobre el paso de la ya extinta Cofradía del Sagrado Corazón –paso que forma parte del patrimonio de la Hermandad Sacramental de la Resurrección– y sobre el de Nuestra Señora de la Amargura y María Auxiliadora, el 14 de septiembre de 1998, festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, el Obispado de Córdoba aprueba los estatutos de la cofradía, pasándose entonces a denominar Cofradía de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén.
El primer presidente oficial de la cofradía fue don Jesús Cristín Mora (1998-2002), seguido de don Desiderio Dorado Valero (2002-2010). Durante la primera década del actual siglo, la cofradía estrena, entre otros enseres, el paso caoba y dorado del Señor de la Borriquita, que poseía una capilla frontal presidida por María Auxiliadora y otra en la trasera del paso presidida por San José; el llamador del paso o la bandera de terciopelo rojo bordada en oro.
La segunda década del actual milenio trae consigo el mandato de doña Ángela Linares Álvarez (2010-2018), don Francisco Iglesias García (2018-2021) y don Francisco Linares Álvarez (2021-2022). El 26 de enero de 2013 es bendecida en la capilla de María Auxiliadora la sagrada imagen del Señor de la Borriquita, obra de don José María Leal. Años anteriores se presentó el boceto del nuevo paso de misterio y del futuro misterio que represente nuestro pasaje bíblico.
En 2014, los hermanos aprueban que la cofradía lleve el su nombre la palabra ¨Salesiana¨, pasando a denominarse Cofradía Salesiana de la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén.
En 2022 vuelve don Desiderio Dorado Valero encabezando una legislatura que finalizará, D.m., este 2026. Nuestros hermanos aprobaron el pasado 2025 que los cultos de la cofradía se realizasen de forma anual entorno a la festividad de Jesucristo, Rey del Universo.
Actualmente, la cofradía cuenta aproximadamente con unos 190 hermanos, aumentando esta nómina cada vez más.
La Cofradía se encuentra en una profunda remodelación, apostando por un aumento del patrimonio, tanto físico como humano. A la recuperación de las imágenes de tamaño académico de María Auxiliadora y San José hay que sumarle la recuperación del antiguo arco del paso, la restauración de la bandera, la culminación de la talla de los respiraderos del paso, el nuevo llamador, el estreno de una pareja de incensarios o un nuevo aparato de cultos (estrenado el pasado mes de noviembre) entre otras cosas.
La gran salud de la que goza la cofradía es, en parte, gracias a los dos numerosos grupos que la forman: las cuadrillas de costaleros y el grupo joven, cada vez más involucrado en la cofradía.
Entre las actividades anuales merecen especial mención las cruces de mayo; la Fiesta de los Quintos, que se celebra el último fin de semana de junio; la carroza de reyes o la recogida de juguetes junto con el grupo joven de la Amargura y la Asociación Juvenil Bosco.
Hay escenas que no envejecen. Con familiaridad, vuelven cada año, como si ya las hubiéramos comprendido. Y, sin embargo, basta mirarlas con un poco de hondura para advertir que siempre nos interpelan. La entrada de Jesús en Jerusalén —el domingo de Ramos que abre la Semana Santa— pertenece a ese tipo de escenas: conocidas, pero nunca agotadas. A primera vista, todo sugiere celebración; ramas, mantos, cantos y aclamaciones. Un pueblo que reconoce y proclama. Y el centro de ese jubilo no es algo majestuoso ni poderoso, es un hombre en un pollino, un hombre que elige la humildad como lenguaje. Un rey que desarma porque no responde a las categorías del triunfo habitual.
El verdadero alcance del Domingo de Ramos está, sin duda, en lo que se celebra: La entrada del Señor en Jerusalén, anticipo de su entrada gloriosa en la Jerusalén celeste. Pero también está en lo que descoloca. Porque hay respuestas que no llegan con estruendo, ni con la inmediatez que desearíamos. También hoy pedimos ser salvados de nuestras incertidumbres, de nuestras heridas, de la fragilidad que experimentamos. Pero la salvación que se nos ofrece no siempre coincide con la que imaginamos. Llega de otra manera, con otro ritmo, con otra profundidad.
Quizá por eso esta escena sigue teniendo tanta fuerza hoy. Porque en un mundo que mide el valor por la eficacia y el éxito, Jesús muestra que lo decisivo se juega en lo escondido, en lo sencillo, en lo que no hace ruido. Nos invita a revisar qué tipo de salvación buscamos y si estamos dispuestos a acoger un amor que no responde a la lógica del poder, sino a la del don. Es la lógica de la cruz.
Entre el “hosanna” y el “aleluya” se despliega un camino interior. Un camino que va de la duda a la confianza, de la exigencia a la acogida, del rechazo a la capacidad de amar. La respuesta que ofrece el Señor pasa, inevitablemente, por la cruz. Y, tal vez en ella, podamos descubrir que Dios no entra en nuestra vida como un rey que impone, sino como amor que se inclina ante el hombre, de forma humilde, silenciosa… y que simplemente espera ser acogido.
Con el Domingo de Ramos comienza la Semana Santa. En todas las parroquias habrá celebraciones, desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, para celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Son días grandes, los más grandes, que se viven con intensidad en las parroquias. También en la Catedral, el templo más importante y de referencia en la diócesis.
Las celebraciones de la Catedral estarán presididas por el obispo de Guadix, monseñor Francisco Jesús Orozco, y están abiertas a todos los que quieran asistir, de toda la diócesis. Entre las celebraciones, destaca una muy particular, que solo tiene lugar un día al año y en la Catedral: la Misa Crismal, que será el Martes Santo, a las 11 de la mañana. En esa Misa, a la que asistirán todos los sacerdotes, se bendecirán los oleos y crisma, que se van a utilizar a lo largo del año en la administración de los sacramentos. Es una celebración muy especial, a la que también estamos invitados todos.
Estos son los horarios de las celebraciones de Semana Santa en la Catedral de Guadix:
CATEDRAL DE GUADIX. SEMANA SANTA 2026
▪ DOMINGO DE RAMOS, 29 de marzo a las 11:30 h., bendición de los ramos en El Sagrario, procesión hacia la Catedral y celebración de la Eucaristía.
▪ MARTES SANTO, 31 de marzo a las 11:00 h., MISA CRISMAL
▪ JUEVES SANTO, 2 de abril a las 18:00 h., CELEBRACIÓN DE LA CENA DEL SEÑOR (El Monumento permanecerá abierto toda la noche)
▪ VIERNES SANTO, 3 de abril a las 17:30 h., CELEBRACIÓN LITÚRGICA DE LA PASIÓN Y MUERTE DEL SEÑOR.
▪ SÁBADO SANTO, 4 de abril a las 22:00 h. SOLEMNE VIGILIA PASCUAL.
▪ DOMINGO DE RESURRECCIÓN, 5 de abril a las 12:00 h. PONTIFICAL DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR Y PROCESIÓN CON EL SANTÍSIMO.
Antonio Gómez Delegado diocesano de Medios de Comunicación Social. Guadix
Organizado por la delegación diocesana de Pastoral Juvenil, ha convocado a muchos jóvenes de la ciudad
La Semana Santa también ha llegado a los jóvenes. Y lo ha hecho con el Vía Crucis juvenil, que organiza la delegación diocesana de Pastoral Juvenil y que ha convocado a muchos jóvenes de la ciudad. Ha tenido lugar en la tarde del sábado 28 de marzo, víspera del Domingo de Ramos.
El Vía Crucis ha contado con la presencia del obispo, monseñor Francisco Jesús Orozco, el delegado de Pastoral Juvenil, Alfonso José García, y el párroco de Santa Ana, Juan Sáez. También ha asistido el presidente de la Federación Accitana de Hermandades y Cofradías, José Ramón Alonso, y miembros de las diferentes hermandades de la ciudad .
Ha presidido el Vía Crucis la imagen del Cristo de las Penas, cuyo recorrido terminó en la iglesia de Santa Ana, llena de jóvenes, después de pasar por las calles del barrio antiguo de Guadix.
Además de jóvenes de las hermandades accitanas, ha habido representación de los colegios concertados de Guadix y sus alumnos. Religiosas y profesores de la Presentación y la Divina Infantita también han estado en este Vía Crucis, que ha marcado, sin duda, el inicio de la Semana Santa en la ciudad de Guadix.
Antonio Gómez Delegado diocesano de Medios de Comunicación Social. Guadix