
Jóvenes universitarios de Madrid están visitando de la mano de Misión País a los fieles de Alcolea para anunciarles la alegría de ser cristianos

Jóvenes universitarios dispuestos a llevar la la alegría del Evangelio a todos los rincones del mundo para compartirla con los fieles de la mano de la Mater, la Virgen María, han llegado a la barriada de Alcolea esta semana para acercarse puerta a puerta, cara a cara, con sus habitantes y compartir con ellos la felicidad que nace de seguir a Dios.
Cuando el ritmo cotidiano y de la universidad se desacelera, este grupo compuesto por una treintena de universitarios de Madrid ha tomado sus mochilas para llegar a la parroquia de Ntra. Sra. de los Ángeles, montar su “campamento”, salir de su zona de confort y entregarse plenamente a los demás. “Misión País es realmente yo creo que un cambio para el barrio y un cambio para nosotros mismos también. Al final nosotros llevamos un poco lo que es nuestra fe cristiana al pueblo, pero a la vez también nos ayuda a reivindicarnos en esa fe que tenemos”, ha explicado Pedro Gefaell, uno de los coordinadores de esta misión junto a la joven Carmen Sancho de la Jornada, quien ha añadido que todo se hace movidos por el amor a la Mater, la Virgen de Schoenstatt, que es la congregación mariana a la que pertenece la organización de Misión País. “Queremos que España sea tierra de María otra vez y, por eso, tantos jóvenes universitarios nos organizamos y nos repartimos por todos los rincones en grupos, aunque a veces ni nos conocemos entre nosotros, para ofrecer lo mejor que tenemos: nuestra fe”, ha expresado Carmen.
Victoria Vázquez es otra de las jóvenes misioneras. Para ella, ésta es la primera vez que comparte su tiempo con Misión País, movida por la luz y la alegría del Señor, como ella misma ha descrito. “La alegría de Dios es algo que toca el corazón muy a fondo y no es una alegría superficial que pasa, sino que da un sentido a todo lo que se vive en el día a día y hay que compartirla”, ha expresado esta joven a la que esta primera experiencia le ha marcado su vida, especialmente, cuando recuerda el sufrimiento que viven tantas personas y la necesidad que tienen de contarlo.
La misión nace con el deseo de ayudar a las personas a encontrarse con Dios y con su Madre. Guiados por un ícono de la Mater, la Virgen María, a quien reconocen como la primera misionera, los jóvenes han llegado a esta barriada de Córdoba con una actitud sencilla: escuchar, acompañar y anunciar. María se convierte en el modelo que inspira cada visita, cada conversación y cada gesto. Misión País se organiza por grupos, hay unos jefes generales que llevan todas las misiones -en este caso serían Pedro y Carmen-, y junto a ellos están los encargados de logística, actividades, liturgia y Vírgenes peregrinas. Estas últimas son las más importantes de la misión, porque son los iconos que acompañan a los jóvenes en todo momento para visitar al pueblo, poner en marcha las actividades y los ratos de oración y liturgia que comparten. “Venimos a hablar de Dios, pero sobre todo a escuchar”, aseguran los jóvenes que a lo largo de esta semana están recorriendo casas, conversando con los mayores, jugando con los niños en la calle y en las catequesis, así como participando en la vida cotidiana de la localidad. “Es un regalo tener a estos jóvenes en nuestra parroquia y una verdadera bendición”, ha resaltado la catequista Carmen Díaz.
Familias, niños, jóvenes y mayores se están acercando de su mano a la parroquia estos días ante la alegría que reparten estos chicos cuando expresan su experiencia y su testimonio. También expectantes por ver qué hacen estos jóvenes en el barrio y por qué.
El párroco, Pablo Lora, ha destacado que esta misión tiene un motivo muy sencillo: “La Iglesia es misionera y si no misiona no será nunca Iglesia y este barrio, cumpliendo 50 años de la construcción de este templo parroquial, queríamos revitalizarlo y rejuvenecerlo y qué mejor manera que con estas misiones juveniles que ofrece Misión País”.
Lora ha explicado que esta pequeña misión de una semana “queremos que sea como un impulso y un grito para que a todos nos llame a la misión”. “Simple y llanamente con que la gente se dé cuenta que la Iglesia en el siglo XXI tiene todavía una palabra de esperanza para el hombre y la mujer de hoy, es más que suficiente”, ha subrayado.
Por su parte, Antonia Ogallas, colaboradora de la parroquia, ha descrito esta misión como “un soplo de aire fresco para la parroquia”, destacando la alegría que produce ver a tantos jóvenes entregados. “Ha sido para nosotros un subidón y un impulso”, ha afirmado.
Misión País no busca protagonismo ni lujos, sino grandes corazones que se abran para ofrecerles su ayuda, la oración compartida o una palabra de aliento a quienes lo necesiten. “Estos jóvenes no vienen buscando riquezas, alabanzas ni gloria, sino que el corazón les lleva a valorar algo importante como es Cristo, con el que se han encontrado a través de la mediación de su Madre, y quieren compartir esa alegría, esa luz y ese amor que les mueve con todos”, ha afirmado monseñor Jesús Fernández en la homilía pronunciada durante la misa celebrada en la parroquia, el martes 20 de enero, instando a los presentes a “mirar y ver el corazón”.
Esta experiencia transformadora dejará una huella duradera en la parroquia de Alcolea, como aseguró el Obispo, fortaleciendo la fe, la alegría y el Evangelio en el seno de la comunidad. “El hombre ve con los ojos de la cara, pero Dios ve con los ojos del corazón. Por eso, no basta con hacer bien las cosas, hay que saber las motivaciones que hay dentro”, ha afirmado monseñor Jesús Fernández.
























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