“La palabra de Cristo habite en vosotros” (Col 3,16)
Celebramos este 25 de enero, la VII edición del Domingo de la Palabra de Dios. El versículo que inspira la Jornada de este año está tomado de la carta de san Pablo a los Colosenses: “La palabra de Cristo habite en vosotros” (Col 3, 16). Que la Palabra de Dios “habite” es una llamada a nuestra existencia personal de creyente. También el apóstol se refiere a toda la comunidad para que se haga casa, hogar donde la Palabra habite y se sienta viva. La comunidad cristiana crece cuando la Palabra ilumina e inspira las relaciones fraternas, la caridad y las acciones de evangelización y catequesis. El año jubilar que hemos concluido ha sido una invitación a la conversión para que Cristo, la Palabra hecha carne, ocupe siempre el centro de nuestro seguimiento y sea la fuente de nuestra esperanza.
Cuando la Palabra habita en nosotros crecemos, nos alejamos de los peligros que señalaba el papa Francisco en la exhortación Evangelii Gaudium: “Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien”. En la misma exhortación se recuerda que es indispensable que la Palabra de Dios “sea cada vez más el corazón de toda actividad eclesial”. Necesitamos recuperar el primado de la Palabra de Dios en cada cristiano y en cada comunidad.
Ahora bien, ¿cómo podríamos hacer crecer nuestra relación con la Palabra de Dios? El papa Francisco responde en Evangelii Gaudium: “La Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la Eucaristía, alimenta y refuerza interiormente a los cristianos y los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico en la vida cotidiana (…)”. Más adelante, añade que el estudio de las Sagradas Escrituras debe ser una puerta abierta a todos los creyentes. Es fundamental que la Palabra revelada fecunde radicalmente la catequesis y todos los esfuerzos por transmitir la fe. La evangelización requiere la familiaridad con la Palabra de Dios y esto exige un estudio serio y perseverante de la Biblia, así como promover su lectura orante personal y comunitaria. Nosotros no buscamos a tientas ni necesitamos esperar que Dios nos dirija la Palabra, porque realmente “Dios ha hablado, ya no es el gran desconocido sino que se ha mostrado». Acojamos el sublime tesoro de la Palabra revelada” (nn. 174-175).
Por su parte, el papa Benedicto XVI en la exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini recuerda, en el número 51, la contemporaneidad de Cristo en la vida de la Iglesia: “La relación entre Cristo, Palabra del Padre, y la Iglesia no puede ser comprendida como si fuera solamente un acontecimiento pasado, sino que es una relación vital, en la cual cada fiel está llamado a entrar personalmente”. Siguiendo en el espíritu del Concilio Vaticano II, en la constitución dogmática Dei Verbum que “la Iglesia no vive de sí misma, sino del Evangelio, y en el Evangelio encuentra siempre de nuevo orientación para su camino. Es una consideración que todo cristiano debe hacer y aplicarse a sí mismo: sólo quien se pone primero a la escucha de la Palabra, puede convertirse después en su heraldo». Animo a recoger todas las iniciativas que propone el subsidio litúrgico-pastoral de este día acompañados por la Vicaría Episcopal para la Nueva Evangelización.
Monseñor Rino Fisichella, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, nos recuerda además en la presentación de esta jornada eclesial que “es particularmente significativo que la celebración del Domingo de la Palabra de Dios este año coincida con la celebración de la conversión de san Pablo, jornada que concluye la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. La Palabra que Cristo dirigió a Pablo por el camino a Damasco ha marcado profundamente su corazón, a tal grado de hacerlo el gran evangelizador que conocemos. Hoy nos toca hacer que la misma Palabra llegue hasta los confines de la tierra, para transformar la vida de todos los pueblos, habitando en nosotros.” A la escuela de María Santísima que es Mater Verbi et Mater laetitiae, nos confiamos en la permanente escucha y acogida de la Palabra de Dios.
+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla



















































