En un barrio humilde de Las Cabañuelas Bajas, en el municipio de Vícar, tres mujeres viven una consagración silenciosa y profundamente evangélica. Mila Elola, Carmen Rodríguez y María Luisa Utrera son religiosas Carmelitas de la Caridad, conocidas como Vedrunas, y desde hace años forman parte del corazón pastoral y social de esta comunidad.
Con motivo del bicentenario de la Congregación de las Carmelitas de la Caridad (1826–2026), han pasado por la Delegación episcopal de Medios para compartir quién fue su fundadora, Joaquina de Vedruna, cómo viven hoy su carisma y de qué manera celebrarán este aniversario tan especial junto a la Iglesia de Almería.
QUIEN FUE JOAQUINA VEDRUNA
—Para quienes no conocen bien a Joaquina de Vedruna, ¿quién fue y cómo nació la congregación?
Joaquina fue una religiosa catalana. La congregación nació en Vic y al principio se dedicaba sobre todo a atender enfermos. Después montó una pequeña escuela para niñas pobres que no podían acceder a la enseñanza. Iba también a los hospitales y a acompañar a los enfermos. Ese fue el origen de todo.
UN CARISMA QUE SIGUE VIVO DOS SIGLOS DESPÚES
—¿Qué rasgos del carisma de Joaquina siguen marcando hoy la vida de las Vedrunas?
Uno de los rasgos fundamentales es la vida sencilla y el servicio a quienes tienen menos posibilidades. Seguimos estando en barrios humildes para que las personas puedan vivir desde su dignidad. Nuestra madre tenía una frase muy significativa: “Y más amor que nunca dice basta”. En eso se resume toda su vida.
Siempre destacamos tres rasgos: ser mujeres pobres, orantes y fraternas. Vivir como familia Vedruna, una familia grande.
LA LLEGADA A VÍCAR Y EL SERVICIO A LOS MIGRANTES
—¿Cómo se produjo vuestra llegada a Vícar y qué motivó esta presencia en la diócesis de Almería?
Llegamos por una demanda de atención a la población migrante. Empezamos con campos de trabajo en verano y vimos que era necesario dar una respuesta estable a esta realidad del Poniente almeriense.
FRUTOS DE UNA PRESENCIA DISCRETA
—¿Qué frutos destacaríais de estos años compartidos con la Iglesia de Almería?
El fruto principal es que nos sentimos mujeres del barrio. Hemos hecho comunidad cristiana y vecindario con la gente. Después de la pandemia somos todavía más familia. En algunos sitios nos llaman “hermanas”, pero en muchos nos llaman “la seño”, porque somos maestras. Eso crea un ambiente precioso de familia.
PRESENCIA PASTORAL HOY
—¿En qué tareas concretas estáis implicadas actualmente y cómo es vuestro día a día?
Estamos en catequesis de niños, tanto en La Puebla como en Las Cabañuelas. Mila está con confirmación, Carmen en Cáritas —acogida y reparto de alimentos—, también en Acción Católica, y estamos al servicio de todo lo que nos pidan.
CELEBRAR 200 AÑOS DE HISTORIA
—¿Cómo vais a celebrar el bicentenario en Vícar y en Almería?
«Tendremos una eucaristía el día 28 de febrero, a la que están invitadas todas las comunidades cristianas. Después compartiremos un aperitivo. Nos acompañará nuestro obispo, D. Antonio, que nos quiere mucho y tiene mucho interés en esta celebración. A nivel congregacional, el aniversario culminará en Vic, la casa madre:
Además, habrá una gran eucaristía, se inaugurará la casa de Santa Madre y se recrearán los espacios donde ella vivió.
—¿Qué mensaje queréis dirigir a los almerienses y diocesanos
«Queremos seguir siendo mujeres creyentes al servicio de los últimos».
«Vedruna es familia y es amor».
«Seguir comprometidas con la Iglesia y con la sociedad para que cada persona viva con dignidad».
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Doscientos años después de que Joaquina de Vedruna comenzara su obra en Vic, su espíritu sigue vivo en barrios como Las Cabañuelas Bajas. Tres mujeres sencillas, llamadas cariñosamente “las seños”, continúan haciendo del Evangelio una presencia cercana, fraterna y comprometida con los últimos.
Una historia silenciosa, pero imprescindible, en el corazón de la Iglesia de Almería.
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