«La Eucaristía, pan para los caminantes». Alocución del Corpus de La Orotava

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«Más que pan de los ángeles, la eucaristía es pan para los que somos caminantes». Así se expresaba el Cardenal Sistach en la tradicional alocución que se desarrolla en el balcón del ayuntamiento de la Orotava en el transcurso de la procesión con el Santísimo. Una fiesta que “reafirma la identidad personal y colectiva centrada en las raíces cristianas” – señaló al referirse a la Infraotava del Corpus.
El arzobispo emérito de Barcelona recordó las palabras de Jesucristo: «Lo que hicieron a los más pequeños a mí me lo hicieron». De este modo pretendía reafirmar la unidad inseparable del amor a Dios y a los hermanos, preferentemente a los más pobres. «Dios es nuestro padre que nos ama y perdona para hacernos sus hijos». Pero ésto «nos ha querido dar más, nos ha querido dejar su Cuerpo y Sangre», la manifestación más clara más grande de su amor compasivo y misericordioso. No es un premio para los perfectos, sino un alimento habitual para los caminantes. «La Eucaristía más que pan de los ángeles, es pan para los caminantes»- aseveró.

En otro instante de su intervención, recordó Martínez Sistach que «solo podemos ser felices si amamos y somos amados. La eucaristía es sacramento de amor que nos hace capaces de amar a Dios y a los hermanos». «Solo amando como Él nos ama, somos auténticamente felices»- explicó.

El arzobispo emérito de Barcelona preguntó a los que lo escuchaban en la emblemática plaza del ayuntamiento: ¿Quién no piensa alguna vez lo que hay después de la muerte? Ella es nuestra hermana y también un gran enigma al que responde Jesús: Quien come mi carne no morirá, vivirá para siempre. «Vivir una eternidad de amor»- así definió la vida tras la muerte el cardenal.

No es suficiente con amar a Dios. Él nos ha creado sociables. “No podemos separar nunca el amor de Dios del amor a los demás”. Puesto que el amor a los hermanos no siempre es fácil «ver a Jesús en la otra persona, sea quien sea, nos ayuda a amarlo de verdad. En este punto recordó las afirmaciones de Jesús referidas al «juicio final» en el que se nos preguntará si hemos atendido a los enfermos, los hambrientos, encarcelados, etc. «Cada vez que lo hicieron a uno de estos pequeños, a mí me lo hicieron- dijo Jesús».

Por último, la disertación la acabó el prelado haciendo referencia al Año Santo de la Misericordia, al que también hace alusión el tapiz de la plaza. «Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar su grito de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad. Que su grito se vuelva el nuestro y juntos podamos romper la barrera de la indiferencia». Señor – dijo- necesitamos tu amor, consuelo y misericordia.
El cardenal Sistach felicitó a los orotavenses y a esta villa eucarística por esta celebración. Estoy «muy impresionado con las alfombras, la devoción y la participación -dijo- Gracias por invitarme. Esta manifestación de devoción me la llevo en el corazón.

Por su parte, el obispo Bernardo Álvarez realizó la bendición con el Santísimo Sacramento desde el balcón central para, a continuación, proseguir la procesión hasta la parroquia de La Concepción.

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