
Este año 2026 el Papa León XIV nos prone volver nuestra mirada y reflexionar sobre el Buen Samaritano. Y ha elegido el tema para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, que se celebrará el 11 de febrero de 2026: “La compasión del samaritano: amar llevando el dolor del otro”.
El tema, centrado en la figura evangélica del samaritano que manifiesta su amor al cuidar al hombre herido que ha caído en manos de los ladrones, quiere subrayar este aspecto del amor al prójimo: el amor necesita gestos concretos de cercanía, con los que se asume el sufrimiento ajeno, sobre todo el de aquellas personas que viven en situación de enfermedad, a menudo en un contexto de fragilidad debido a la pobreza, al aislamiento y a la soledad.
La Jornada Mundial del Enfermo, instituida por San Juan Pablo II en 1992, busca ser un momento privilegiado de oración, de cercanía y de reflexión para toda la comunidad eclesial y para la sociedad civil, llamada a reconocer el rostro de Cristo en los hermanos y hermanas marcados por la enfermedad y la fragilidad.
Al igual que el buen samaritano que se detiene y se inclina ante el herido en el camino, la comunidad cristiana está llamada a detenerse ante quien sufre, y a dar testimonio evangélico de cercanía y servicio hacia los enfermos y los más vulnerables.
En esta Campaña ponemos en el centro el cuidado a los enfermos. La Iglesia es la posada a donde el Buen Samaritano lleva al hombre herido y necesitamos aprender a acoger y cuidar. De ahí el lema elegido: “Lo llevó a una posada y lo cuidó” (Lc 10, 34). Jesús se presenta públicamente como uno que lucha contra la enfermedad y que ha venido para curar al hombre de todo mal: el mal del espíritu y el mal del cuerpo. “Le llevaron a todos los enfermos y endemoniados” (Mc 1,32). Si pienso en las grandes ciudades contemporáneas, me pregunto dónde están las puertas ante las cuales llevar a los enfermos esperando que sean sanados. Jesús nunca huyó de sus cuidados. Nunca pasó de largo, nunca volvió la cara hacia otro lado y hoy nos envía a cumplir su propia obra y nos dona el poder de sanar, es decir, de acercarse a los enfermos y cuidarlos hasta el fondo ¡Esa es la gloria de Dios! ¡Esa es la tarea de la Iglesia! Ayudar a los enfermos, no perderse en habladurías, ayudar siempre, consolar, aliviar, estar cerca de los enfermos; ésta es la tarea (cf. Papa Francisco, Audiencia 10-VI- 2015).
Cuidar a los enfermos y sus cuidadores lejos de suponer un problema son una oportunidad evangelizadora de primer orden. Los enfermos son, con palabras de Benedicto XVI, “un signo eficaz e instrumento de evangelización para las personas que os atienden y para vuestras familias (…) sois los hermanos de Cristo paciente, y con El, si queréis, salváis al mundo”.

