Una sevillana toma el hábito de la Orden de Predicadores: “Finalmente, me lancé a la piscina”

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Con apenas 20 años, sor Eva María asumió su vocación religiosa después de participar en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid. Sólo le pidió al Señor una cosa: “todo menos clausura”. Cuatro años más tarde vive como postulante en el monasterio de Santa María La Real, en Bormujos, de la Orden de Predicadores, con casi una veintena de dominicas, porque como ella dice, “los planes de Dios no son nuestros planes”. Hoy, 27 de agosto, a las siete de la tarde, tomará el hábito y posteriormente marchará a Córdoba para completar el noviciado junto con otras jóvenes en su misma situación.

¿Cuándo sintió que Dios le llamaba? ¿Cómo fue?

Fue en julio de 2010. Acababa de terminar el Bachillerato, tenía 18 años. Hice selectividad, quería entrar en Comunicación Audiovisual y, de hecho, tenía la nota suficiente para acceder. Tenía el futuro marcado: quería trabajar en la radio, probar la televisión y el cine. Pero ese verano hice el Camino de Santiago y me cambiaron los planes. Sentí mucha necesidad de oración y desprendimiento. No necesitaba mucho más, no me valía lo que me dictaba la sociedad, ni siquiera me emocionada la entrada en la universidad. Sin embargo, no reconocí lo que me estaba pasando como una llamada de Dios, así que seguí con mi vida tal y como la tenía planeada. Pero el verano siguiente participé en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid y esa gran fiesta de la fe marcó un punto de inflexión en mi vida. Después de esa experiencia asumí mi vocación religiosa. No obstante, continué mi carrera mientras buscaba en distintos voluntariados calmar la sed de Dios: Cáritas, catequesis, pastoral de la salud… me sentía bien pero no era suficiente.

Y empezó a conocer a las dominicas….

Conocí a una monja de la Orden a través de internet e  inicié con ella mi discernimiento. Me acompañó y fue marcando el camino. Como ella estaba en Toro (Zamora) me puso en contacto con un fraile postulante de Sevilla, al que conocí el mismo día de su toma de hábito. El contacto se volvió más directo, quedábamos y él me hablaba de la Orden. Escucharlo hablar era una maravilla. A través de él conocí esta comunidad de Bormujos.

Eso fue a finales de 2013, pero todo se quedó en stand by ¿no es así?

Sí. Yo seguí con mi vida, con el voluntariado y acabé la carrera. No fue hasta el año pasado cuando, tras ir cerrando puertas y conocer las congregaciones de vida activa, volví a la comunidad de las dominicas. Vine a rezar con ellas hasta que me decidí a hacer la experiencia y lo vi claro. Estuve 18 días con ellas en el monasterio y me costó la misma vida salir. Fueron días difíciles de volver a la realidad, de decidir qué quería hacer con mi vida. Pero finalmente me lancé a la piscina.

¿Cómo ha sido el proceso desde entonces hasta ahora?

El pasado 6 de enero entré en el postulantado. Ahora mismo voy experimentando la vida aquí, vivo como una moja pero sin serlo. Con la toma de hábito me voy a Córdoba a iniciar el noviciado con otras chicas en mi misma situación.

¿Qué implica tomar el hábito?

Se trata de un pequeño paso dentro de la Orden pero importante para mí, para avanzar hacia la cruz por el camino del amor. Es también más responsabilidad, de tomarse esto cada vez más en serio.

Se trata de un momento importante para usted, pero también para su familia y amigos. ¿Qué opinan ellos de esta decisión?

Están todos muy contentos conmigo y con mi decisión. Me han apoyado desde el principio. De hecho todos se lo esperaban. Según mi hermano fui la última en enterarme (ríe).  Es verdad que ha habido algunos amigos que no lo entienden, que lo ven en clave de renuncia, cuando no conocen la libertad que hay aquí dentro. Es complicado hacérselo entender a quien no cree. Pero en general sí se lo esperaban, todos notaban que el mundo no me llenaba.

¿Cómo ha sido la acogida por parte de la comunidad dominica del convento de Bormujos?

La comunidad está volcada conmigo. Siento mucho amor y hay mucha ilusión por que la Orden siga adelante. Hoy en día las vocaciones religiosas están en riesgo, así que cada novicia es un regalo. Todas las hermanas me apoyan de una u otra manera y me van integrando poco a poco. Hacemos piña sin importar la edad de cada una. Y aunque a veces me pregunto qué estoy haciendo aquí, la respuesta se la dejo al Señor. Ante estas dudas lo contrapongo con qué tengo que encontrar y recibir ahí fuera. Esto es una vida de sacrificio pero fuera no me espera nada.

Ha comentado que antes de entrar aquí pudo terminar su carrera en Comunicación Audiovisual. ¿Cómo puede aplicar todos esos conocimientos en un monasterio de clausura?

La Orden de Predicadores es la Orden de la verdad, se dedica a la oración, el estudio, la contemplación. En definitiva a la búsqueda constante de la verdad. Pero como decía Santo Tomás de Aquino, hay que “contemplar y dar a los demás lo contemplado”. Creo que debemos anunciar que sigue viva la esperanza y la comunicación audiovisual es un medio para predicar. Durante la carrera he aprendido a manejar medios y herramientas que hacen posible la predicación en internet y redes sociales. Puedo usar la imagen y el sonido para dar a conocer a Dios.

¿Qué expectativas tiene?

La verdad es que no pienso demasiado en el futuro. La vida se construye cada día. Hubo un tiempo en el que me veía de entrevistas, de rodaje en rodaje, pero los planes de Dios no son nuestros planes. Por ahora sólo le pido fuerza al Señor para mantenerme fiel a Él y en mi opción. Es doloroso a veces, pero sólo Dios basta.

Por último, Sor Eva María, ¿qué consejo da otras jóvenes que se sienten llamadas a la vocación religiosa?

Ante todo que sean sinceras consigo mismas y que procuren hablarlo con alguien porque solas no pueden afrontarlo. Es importante decirlo en voz alta para atajar el camino, para dar nombre a lo que sienten. Y, por supuesto, confiar en Dios, abandonarse en Él y rezar con Él. Parece fácil pero no lo es.

Toma de hábito

A las siete de la tarde de hoy, sor Eva María de la Soledad Álvarez Villegas, tomará el hábito de la Orden de Predicadores en el monasterio de Santa María La Real, de Bormujos. La comunidad ha pedido orar por ella y por este momento.

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