Semana de la Pastoral Penitenciaria en la Archidiócesis hispalense

Archidiócesis de Sevillahttps://www.archisevilla.org/
Sede metropolitana de la Iglesia Católica en España, y preside la provincia eclesiástica de Sevilla, con seis diócesis sufragáneas.

La Pastoral Penitenciaria celebra, como cada año, su semana en torno a la Fiesta de la Merced. Concretamente, del 17 al 24 de septiembre están previstas distintas actividades y cultos que sirvan para poner en el centro de la Iglesia diocesana a los privados de libertad.

Concretamente, el día 24 tendrá lugar la celebración Fiesta de la Virgen de la Merced en la Basílica de Ntra. Sra. de la Esperanza Macarena, a las diez y media de la mañana, con la Eucaristía presidida por el Arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo. Anteriormente, los días 22 y 23 de septiembre, se celebrarán sendas Eucaristías en las capellanía de los centros penitenciarios de Sevilla. Será a distintas horas y estarán presididas por los capellanes y el Obispo auxiliar, monseñor Santiago Gómez.

Los jóvenes en prisión

Bajo el lema ‘María con los jóvenes en prisión’, la Pastoral Penitenciaria busca recordar al 30 % de la población reclusa, que no supera los treinta años, lo que supone un reto porque “implica tener que movernos en unos parámetros pastorales que tengan más en cuenta a esta realidad juvenil”, explica el delegado diocesano de esta pastoral Pedro Fernández Alejo. Así, apunta, “la atención humana y pastoral la hemos de plantear desde perspectivas de una pastoral orientada a jóvenes con escasa o nula formación ética y con una iniciación religiosa rayando en la carencia casi total del mundo religioso; no más allá de lo recibido en la preparación para su primera, y para muchos, su última comunión”.

En cuanto al perfil de estos jóvenes en prisión, Fernández Alejo señala que existen grupos de “alto riesgo, cuyos problemas de marginalidad y su consecuente incidencia en la delincuencia es más alto”, debido en gran medida a que viven “sometidos a la esclavitud de la miseria, de las carencias afectivas y psicológicas, a la desestructuración familiar, al fracaso escolar, etc. Normalmente prolongan la situación de sus padres: pobreza cultural y de valores, paro de larga duración, contacto con la droga (venta o consumo), delincuencia y cárcel”. Por otro lado, está lo que el delegado denomina “juventud disimulada”, esto es, un joven “normal” que, sin embargo, se sienten desilusionado, fracasado, desesperanzado y con falta de horizontes, lo que puede provocar que caiga en “comportamientos predelincuenciales, arropados por el consumo de todo tipo de drogas y de alcohol”.

Así, durante esta semana la Pastoral Penitenciaria pondrá el foco en la necesidad de “acompañar a esos jóvenes en el difícil proceso de reconstruir sus vidas desde los valores éticos y desde el descubriendo de Cristo como motor y guía de su crecimiento personal y cristiano”.

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