Mons. Asenjo presidió la Eucaristía por el I aniversario de la consagración del templo parroquial de San Juan Pablo II

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Mons. Asenjo presidió la Eucaristía por el I aniversario de la consagración del templo parroquial de San Juan Pablo II

La Parroquia San Juan Pablo II acogió la tarde de este lunes 13 de septiembre, la Eucaristía por el I aniversario de la dedicación del templo y consagración del altar, presidida por el arzobispo emérito de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo Pelegrina.

Durante su homilía, mons. Asenjo expresó su gratitud al Señor “autor de todo bien, por este logro magnífico”, que supuso  la construcción de templo parroquial.

Por tanto, “es justo que demos gracias a Dios y lo hagamos del mejor modo que sabemos hacerlo los cristianos: Alzando la copa de la Salvación, celebrando la Eucaristía y uniendo nuestra alabanza que Jesucristo tributa al Padre en el sacrificio de la cruz”.

El arzobispo emérito expresó su gratitud a los profesionales que intervinieron en la edificación del templo y a todos los feligreses que con su generosidad, aportaciones económicas y suscripciones parroquiales contribuyen con el sostenimiento de la Parroquia San Juan Pablo II.

“Es casi un milagro en estos momentos contar con un edificio tan hermoso, tan funcional. Hay que dar gracias a Dios y a todos los que lo habéis hecho posible”, manifestó.

En esta línea, agradeció a Dios por la labor pastoral del párroco, Adrián Ríos y del vicario parroquial, Leonardo Giacosa, “que el Señor premie su compromiso y amor con la Iglesia y su caridad pastoral, con muchos dones sobrenaturales”.

Pidió también por los sacerdotes de la congregación Legionarios de Cristo y de la Prelatura del Opus Dei, que colaboran con la parroquia a través de la administración de los sacramentos, “que el Señor los configure con Jesucristo, buen pastor, que no vino para ser servido, sino a servir”.

I aniversario de la dedicación del templo y la consagración del altar

La tarde del 13 de septiembre del año pasado, mons. Asenjo bendijo el ambón, desde donde se proclama la Palabra de Dios y consagró la mesa del sacrificio, sobre estos dos acontecimientos vertebró su homilía de aniversario de la dedicación del templo.

Lectura orante de la Palabra

“La Palabra de Dios debe ser la fuente primera de nuestra oración y meditación, la inspiradora de toda nuestra existencia cristiana, tenemos que crecer en amor, en veneración y en conocimiento de la Palabra de Dios”, dijo.

En este sentido, exhortó a leer la Palabra de Dios y meditar con ella antes de dormir, cada noche. “San Jerónimo nos dice que desconocer la Escritura es desconocer a Cristo y San Pablo expresó que en la Escritura se encuentra la ciencia suprema de Cristo”.

En cuanto a las actitudes que debe tener todo creyente ante la lectura de la Palabra de Dios, recomendó “acercarse a ella con pobreza y humildad, sencillez y actitudes de conversión, dispuestos a confrontar la luz que destella la Palabra de Dios con nuestra propia existencia, dispuestos a convertirnos”.

“La Biblia es el libro más hermoso de toda la literatura universal – prosiguió – los libros sapienciales, los salmos, los libros proféticos, los cuatro evangelios, el libro de los Hechos, las epístolas de San Pablo, son libros hermosísimos, incluso desde una perspectiva puramente cultural y literaria, pero no nos podemos contentar con ir a la Palabra de Dios para gozar de la belleza de sus textos, sino para orar, hemos de buscar en la Biblia, nuestro encuentro con Jesús, para que Él toque nuestro corazón y lo convierta”.

La mesa del sacrificio

Don Juan José reflexionó sobre la importancia suprema de la Eucaristía en la vida del cristiano. “El sacramento por excelencia, Cristo mismo, nuestra Pascua, compendio de nuestra fe, centro de la vida cristiana”.

Agradeció que en el templo parroquial haya un “gran sagrario en el presbiterio”. De allí que “no debamos perder la Misa dominical por nada del mundo”.

Indicó también que no se puede perder de vista el aspecto comunitario de la celebración eucarística. “Dios quiera que la Misa dominical sea el corazón de la semana, el corazón de la vida del cristiano, desde luego, la Misa de cada día, es el acontecimiento más importante que sucede en este paraje, en este barrio”.

“Jesús está – por tanto– en el sagrario con el mismo realismo y verdad con el que estaba en brazos de su madre en Belén, Jesús está allí y nos espera, su presencia es verdadera, real. Para que le adoremos y expiemos nuestros propios pecados y por el pecado del mundo”.

El arzobispo emérito de Sevilla resaltó que es importante recuperar el culto eucarístico fuera de la Misa, “las actitudes externas, la genuflexión que en tantos sitios se ha perdido, así como la postración de rodillas durante la consagración, recuperamos también la adoración silenciosa”.

Finalizó un homilía instando a la feligresía a que “el culto eucarístico sea el corazón y el centro de la vida parroquial”.

 

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