II aniversario del fallecimiento de Chiara Lubich

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En Sevilla, ese día a las 11 horas habrá un acto en el que se presentará su figura y obra, seguido de una Eucaristía de acción de gracias a las 12 horas.

El domingo 14 de marzo se celebra el segundo aniversario de la llegada a la Casa del Padre de Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares. Con tal motivo se van a realizar en distintas ciudades españolas, así como en todo el mundo, diversos actos conmemorativos. En Sevilla, ese día a las once de la mañana habrá un acto en el que se presentará su figura y obra, seguido de una Eucaristía de acción de gracias a las doce. Todo ello en la cripta de la Parroquia de Ntra. Sra. de los Remedios (c/ Arcos s/n). Los niños y adolescentes tendrán un programa contemporáneo adaptado a sus edades.

Es en el marco de odio y de violencia del segundo conflicto mundial cuando se enciende la chispa inspiradora: el "descubrimiento fulgurante" del Único que "ninguna bomba puede destruir": Dios. Dios, experimentado como Amor, cambia radicalmente la vida de Chiara Lubich, quien tenía en 1943 poco más de veinte años. Una experiencia que enseguida es comunicada y compartida por sus primeras compañeras.

…un Movimiento
Muy pronto, aquel primer grupo se convierte en un movimiento que suscita una renovación espiritual y social. En más de 60 años de vida ha alcanzado una difusión mundial (182 países), con una irradiación de algunos millones, difícilmente cuantificable.Con los años, el movimiento asume las dimensiones de un pequeño pueblo, como lo definió Juan Pablo II: "abraza no sólo a católicos, sino también a cristianos de varias Iglesias y comunidades eclesiales, y hebreos". Poco a poco forman parte de él seguidores de las grandes religiones, y personas sin una referencia religiosa. La adhesión al movimiento tiene lugar sin sincretismos, en la plena fidelidad a la propia identidad. Es común el compromiso de vivir, aun en distintos modos, el amor y la unidad, que están inscritos en el ADN de cada hombre.

Finalidad
El Movimiento se ha comprometido, junto a muchas otras fuerzas que se mueven en esa dirección, a componer en unidad la familia humana, enriquecida por la diversidad. El diálogo a nivel de individuos, personalidades y Movimientos, comunidades y grupos, se delinea como la vía privilegiada para promover la unidad: dentro de la propia Iglesia para profundizar la comunión entre los movimientos eclesiales, las nuevas comunidades y las asociaciones laicales, con los carismas antiguos y nuevos de las congregaciones religiosas; entre las Iglesias cristianas, para entretejer relaciones de comunión fraterna y de testimonio común, que hacen caer prejuicios y abren un diálogo de vida, del pueblo, cual levadura para acelerar el camino hacia la unidad visible de los cristianos; entre las religiones, para construir un mundo fraterno basado en los valores del espíritu; y con personas de convicciones no religiosas, para colaborar, sobre la base de los valores comunes y del respeto de los derechos humanos, en los campos de la solidaridad y de la paz.

En lo social
La reciprocidad del amor hasta construir la unidad se revela como el "código" para transformar la sociedad, imprimiendo la dimensión de la comunión, de la solidaridad en los varios ámbitos de la sociedad, como: la política, la economía, la moral pública y la ética social, la salud, el orden social, el arte, la educación, la cultura, la comunicación social, las relaciones entre los pueblos. La obra de unidad, de paz y diálogo entre los pueblos, religiones y culturas prometida por Chiara Lubich es reconocida públicamente por parte de organismos internacionales, culturales y religiosos: por el Premio Templeton por el progreso de la religión (1977), el Premio Unesco 1996 por la Educación a la Paz, el de los Derechos Humanos del Consejo de Europa (1998), por doctorados honoris causa otorgados por Universidades de distintos países, y por ciudadanías honorarias además de reconocimientos por parte de las grandes religiones y de los jefes de diversas Iglesias.

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