Culto y honores a San Fernando. Noticias de los siglos XIII al XVIII

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Con motivo de la celebración el 9 de junio del Día Internacional de los Archivos, en los archivos diocesanos y catedralicio se va a exponer una selección de documentos en homenaje al rey Fernando III de Castilla y León. Ante la cercanía de la festividad del 30 de mayo, se ha optado por dar a conocer, o recordar, algunas noticias sobre el culto y honores que Sevilla le ha rendido a lo largo de los siglos (se ha dejado aparte la guardia de honor que a lo largo de los siglos ha recibido de la Hermandad de los Sastres y del Ejército español).

Su proceso de beatificación y canonización tuvo lugar en el siglo XVII, pero desde el s. XIII el pueblo sevillano profesó una devoción especial al rey con fama de santo que había ganado Sevilla para la Cristiandad. Fernando III murió el 30 de mayo de 1252, pasaron los siglos y en el XVII la causa de beatificación y canonización adquirió su definitivo impulso. Iniciada en torno a 1627 por el arzobispo Diego de Guzmán, siguió un complejo e intermitente proceso del que destacan algunos hitos: en 1655 Alejandro VII reconocía el culto inmemorial al rey y en 1668 el arzobispo Antonio Paíno enviaba a Clemente IX todas las noticias, testimonios y pruebas relacionados con la causa de Fernando III. La fecha cumbre fue 1671, cuando Clemente X, por el breve Gloriossisimos coelestis de 7 de febrero, concedía fiesta y rezo con rito doble de Confesor no Pontífice el 30 de mayo para los Reinos de España y señoríos súbditos a su Monarquía.

La alegría que provocó esta noticia en Sevilla quedó reflejada en una gran procesión y otros actos solemnes en la catedral, inmortalizados en el relato de Fernando de la Torre Farfán y en los Anales de otro testigo directo, Diego Ortiz de Zúñiga. Fue en 1671 cuando se acordó hacer una nueva urna para el rey, un proceso largo y costoso que concluyó en 1729.

La aprobación el 3 de diciembre de 1672 de la inclusión de la festividad del 30 de mayo en el martirologio romano y su establecimiento como fiesta de precepto el 26 de agosto de 1673 consolidaron el culto y reconocimiento del santo rey.

Traslados del cuerpo del rey santo

Se pueden mencionar hasta cinco traslados del cuerpo de San Fernando entre los siglos XIII y XVIII, desde su enterramiento en el altar mayor de la Catedral en 1252, en los que siempre estuvo acompañado por la Virgen de los Reyes:

En torno a 1279 es depositado en la primigenia Capilla de los Reyes, en un sarcófago de mármol con las inscripciones que redactó Alfonso X en cuatro lenguas (castellano, latín, hebreo y árabe) y que hoy se puede contemplar en el basamento de la urna de plata.

En 1433 Juan II autorizó el derribo de la Capilla Real para continuar la obra de la nueva catedral y los cuerpos reales se trasladaron a la parte alta de la Nave del Lagarto, al lugar que un siglo después ocuparía la Biblioteca Capitular Colombina.

En 1543, y a petición de los capellanes reales, Carlos V ordenó que fueran trasladados a mejor sitio, eligiéndose el de la librería vieja, posterior Contaduría y ahora iglesia del Sagrario.

Concluida la actual Capilla Real, el 15 de junio de 1579 fue depositada su urna a los pies del presbiterio tras una solemne procesión por las calles de Sevilla.

El 14 de mayo de 1729 tuvo lugar el quinto y último traslado, esta vez a la urna de plata proyectada en 1671 y donde aún hoy se custodia. Se celebró también con una gran procesión del santo en torno a la Catedral presidida por Felipe V.

Como los cristales de la urna permitían contemplar su interior, los capellanes reales solicitaron al rey que se descubriera «el cuerpo del Santo, y que la devoción de ese Pueblo sevillano y la de todo su reinado tengan el consuelo de verle y venerarle».

Para ello propusieron los tres días más propios del santo: el 30 de mayo (glorioso tránsito) 23 de noviembre (cuando ganó a Sevilla y entró procesionalmente en ella con la milagrosa imagen de Nuestra Señora de los Reyes) y el último día del octavario de la festividad de la Asunción (22 de agosto). En junio de 1730 el rey concedió lo solicitado añadiendo el día 14 de mayo por ser el que se trasladó el santo cuerpo a las nuevas urnas de cristales en que hoy existe.

Lo expuesto hasta aquí son hechos históricos, pero hay algo más que les da sentido: el legado espiritual del que desde su muerte llevó por sobrenombre el Santo. Su hijo, Alfonso X, en su Setenario ve en cada letra del nombre de su padre las virtudes que le caracterizaron: Fe; Entendimiento para connoçer a Dios et todas las cosas buenas; RRecio en la voluntad e en fecho para quebrantar los enemigos de la Fe e otrosí los malhechores; Amigo de Dios e amador de derecho; Nobleza de coraçón en todos sus fechos; Derechurero e leal tan bien en dichos como en fechos; Omne complido de buenas maneras e de buenas costumbres, porque fue onrrado de Dios e de los omnes.

Nuria Casquete

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