Palabras del Arzobispo

Viernes después de la Ascensión.

Celebramos hoy la víspera de la fiesta de san Fernando, hijo de Alfonso IX de León y de Dña. Berenguela de Castilla. Nacido en Valparaíso (Zamora) en 1198, muere en Sevilla el 30 de mayo de 1252. Educado cristianísimamente por su madre, fue un excelente padre y un ejemplar esposo. Bondadoso de corazón, amante de la justicia y el derecho, fue justo y benigno con sus súbditos, magnánimo con los vencidos, y amante de los pobres, en cuyo socorro invirtió grandes sumas de dinero.

Se distinguió por su amor tierno a Jesucristo, a quien trataba asiduamente en la oración, por su amor a la Santísima Virgen en su título de los Reyes, imagen que le acompañaba en las batallas, regalada por su primo san Luis rey de Francia. Destaca también su amor a la Iglesia. Restauró varias diócesis y eligió excelentes Obispos. Se preocupó de la instrucción religiosa del pueblo e inició la construcción de las catedrales de Burgos y Toledo.

Su muerte es una de las más conmovedoras de nuestra historia. Cuando supo que el arzobispo de Sevilla se acercaba para darle el viático, se arrojó del lecho, dejó las vestiduras regias, se arrodilló, se anudó un cordel en el cuello, pidió perdón a todos, dio santos y prudentes consejos a sus hijos y con una candela en la mano recibió al Señor con gran piedad. Su fama de santidad, que ya en vida fue extraordinaria, después de su muerte se extendió por toda la Europa, mereciendo de los Papas Gregorio IX e Inocencio IV el título de atleta de Cristo. Canonizado por Clemente VII en 1671, su cuerpo incorrupto se guarda en una urna de plata en la capilla real de nuestra catedral.


+ Juan José Asenjo Pelegrina

Arzobispo de Sevilla

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