Alberto García Reyes, pregonero de la Semana Santa de Sevilla 2017: “Mi manera de abrirme en canal es desnudarme en las costuras de mi fe”

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Cuando sean las doce del mediodía del domingo, del Domingo del Pregón, un periodista subirá al escenario del Teatro Maestranza para contarle a Sevilla la pasión, muerte y resurrección del Hijo de Dios, y el dolor de su Madre. Alberto García Reyes (Dos Hermanas, 1979) asume el reto no sin miedo, pero cargado de unas convicciones que le llevan a presentarse como católico, “practicante, convencido y sin complejos”, y con la vista puesta en quienes posiblemente pasarán de largo, ajenos a esta proclamación de fe.

¿Cómo lleva el pregonero la cuenta atrás del Maestranza?

Llevo la cuenta atrás no solo con respeto, yo diría que con miedo.

¿Tanto?

Sí, porque creo que esto es una responsabilidad muy grande. Es también un regalo, lo vives con mcha felicidad, lo disfrutas mucho, pero cuando se aproximan los días y em puiezas a tomar cionciencia de que tienes que ponerte ante Sevilla, a hablarle a Sevilla de lo más importante que tiene la ciudad, y hacerlo además desde tus profundas convicciones cristianas, te empiezan a temblar las piernas, porque qué le dices tú a esta ciudad que no le hayan dicho ya antes… Eso primero. Y, en segundo lugar, cómo se lo dices para que no haya lugar al equívoco. He dicho ya en varias entrevistas que aquí estamos para recordar y celebrar la pasión, muerte y resurrección del Hijo de Dios y el dolor de su Madre, para que nunca olvidemos, que siempre tengamos presente que nosotros somos los culpables de su cruz. Y eso está antes que nada. Pero a veces la ciudad tiene otros planteam,ientos, y se nota mucho cuando estás en la calle. Yo como periodista lo percibo.

Hablas de contarle esto a Sevilla, pero, ¿cómo explicamos a un sevillano ajeno al mundo de las cofradías lo que se va a vivir en Semana Santa?

Yo diría que esa gente es la que más me importa. Porque creo que es la que más lo necesita. Hay que ir llamando por las puertas a la gente que se mantiene un poco alejada de todo esto. Y en este sentido creo que hay que hacer este llamamiento en el pregón y decirles a esos sevillanos fíjate qué fácil se lo están poniendo, que no son ellos los que se tienen que acercar en este caso a la Iglesia sino que es la Iglesia la que se va a acercar a ellos. Les pediría que por lo menos la reciban, que después ejerzan su libertad, pero que por lo menos abran los ojos por un momento.

Habrán sido meses de consejos, de recomendaciones. Unas desde la experiencia de ese atril, otras desde el cariño y una cercanía que seguramente habrá sentido durante este tiempo ¿Qué consejos, qué palabras se ha guardado para cuando tenga que acercarse al siguiente pregonero?

Me dieron dos consejos que me han servido mucho para escribir e intentar encontrar serenidad en estos días previos. Uno es de Joaquín caro Romero. Estaba con lo del tiempo, con no pasarme tanto, y Joaquín me dijo: mira, olvídate del reloj y de las presiones del tiempo, haz una obra, empieza y termina de escribir cuando tú consideres, pero cuéntanos algo. Eso me generó mucha serenidad. A veces estamos más pendiente de lo externo que de lo interno, así que me puse a escribir siguiendo ese consejo, a lo que me dé… Y afortunadamente me ha dado una cosa dentro del canon.

¿Y el otro?

El otro consejo es de Vicente García Caviedes: cada folio que pases léelo con mucha tranquilidad, cada palabra, porque una vez que el folio pase al otro lado, ese ya no lo vuelves a decir, solo tienes una oportunidad.

¿Serían Caro Romero y García Caviedes dos de tus pregoneros referentes?

Yo tengo muchos referentes, porque me ha gustado mucho seguir el pregón desde siempre. Tengo muchos referentes por muchas razones. En los últimos años, por ejemplo, me gustó muchísimo el pregón de Francisco Berjano porque nos removió la conciencia, y de alguna manera ese también es el objetivo del pregón: hacer pensar. Después, desde el punto de vista literario, el de Joaquín Caro Romero o el de Antonio Burgos. Carlos Herrera me gustó mucho también, Lutgardo… El año pasado me parece que Rafa Serna metió el dedo en la llaga de Sevilla, en la forma y en el fondo, en la manera de expresarse, con una carga emocional grande. Y en ese sentido trato de mirarme en muchos espejos, porque tengo un pequeño defecto, que todo lo que sea bueno me gusta.

Dejemos el pregón de momento a un lado y pasemos revista al cofrade. ¿Cómo se presenta este cofrade de Dos Hermanas? ¿Con qué faceta de este cristiano nos tenemos que quedar?

Mi manera de abrirme en canal es desnudarme en las costuras de mi fe. Voy a abrirme de capa y decirle a Sevilla que soy un cristiano, católico, practicante, convencido y sin complejos. Que no pienso pedir perdón por serlo. Creo que en estos tiempos estamos empezando algunos a escondernos… No, no, yo lo soy. Y tengo que pedir perdón por muchísimas cosas en esta vida, pero por ser católico no. Entonces yo vengo a eso, a proclamarme como católico.

¿Estos meses de elaboración del pregón han propiciado quizás una cierta catequesis, una revisión interior? ¿Esta vertiente espiritual del pregonero se ha visto tocada de alguna manera conforme ha ido profundizando en lo que quería transmitir a la ciudad a través del pregón?

Si. Yo he seguido un proceso previo a empezar a escribir, un proceso de pensar lo que quieres decir. Y esto te hace volver otra vez a repasar todas tus convicciones, y a repasarlas con un espíritu incluso crítico. Y cuando pasas ese proceso, y sales de él reafirmado, es una hermosura porque te da un montón de fuerza. En ese sentido sí he tenido una especie de reafirmación de mi propia catequesis que me ha hecho muy feliz, la verdad.

¿A qué personas debe sus vivencias cristianas en este ámbito cofrade?

A muchas personas, y todas van a estar en el pregón de una u otra manera, porque de bien nacidos es ser agradecidos. Primero a mis padres, muy creyentes, aunque digamos que los primeros pasos cofrades de mi familia los di yo. Mi madre sí es cofrade, de la Hermandad de la Soledad de Olivares, y veníamos a Sevilla a ver la Semana santa, pero después yo empecé a venir por mi cuenta, y tenía un maestro de guitarra que me enseñó las interioridades de las cofradías mientras me enseñaba a tocas la guitarra, una cosa extrañísima. A esa persona también le debo mucho. Después, cuando conocí a la que hoy es mi mujer, ella sí tenía una tradición cofrade grande en el Cautivo del Tiro de Línea, y su abuela me metió de lleno en la devoción al Cautivo. A partir de ahí las Siete Palabras, y a la Esperanza llegué yo por mi propio pie.

Alberto, dicen que la Semana Santa va a morir por sobredosis…

Puede ser, no digo que no. Creo que hay que tener cuidado y que la mesura en todo es clave.

¿Y no se ha perdido esa mesura?

De alguna manera, un poco sí. Es verdad que hay muchas hermandades que conservan el sentido de la medida, pero hay otras muchas cuestiones en este mundillo que se están desproporcionando. Eso que dice el Arzobispo de que estamos empezando a ocupar la calle más de la cuenta… Yo estoy completamente de acuerdo. No podemos pedir que nos respeten si nosotros no estamos dispuestos a respetar, y la calle no es nuestra. Tenemos que tener un poco de sentido común y dejar que las cosas sean un poco más naturales, porque si empezamos a sobredimensionar la Semana Santa la acabaremos desnaturalizando.

¿Y todo lo que rodea al propio pregón no está quizás algo sobredimensionado?

La verdad es que al calor de la organización en la que estoy no estoy siendo consciente de casi nada, porque no te da tiempo de poner los pies en el suelo. Quizás esta pregunta la podría responder con más certeza y rigor una vez que haya pasado todo. Hay una cosa del pregón que siempre me ha llamado mucho la atención, y de la que yo he participado, ojo. Me refiero a lo de los críticos del pregón, y no lo digo porque yo esté ahora en este lugar. Esto es como el que canta una saeta, no es necesario que sepam canrtar, la canta porque lo necesita y está ahñi para rezar cantando. Pues de alguna manera al pregionero se le presupone que va a darse entero, y estamos permanentemente pendiente de si dice o no dice, de si nombra a esta o a aquella… Como nos quedemos en eso, al final es verdad que corremos el riesgo de desnaturalizar el pregón.

En la vida cofrade sevillana hay tendencia a la añoranza, revisamos aquellas hermandades, aquellas escenas del pasado con mucha nostalgia ¿Cualquier tiempo pasado fue mejor?

La nostalgia es buena, el inmovilismo no. Vivimos en una ciudad que ha evolucionado, y siempre pongo el mismo ejemplo: el trtaje típico sevillano tiene una moda cada año. En las cofradías también pasa, cada tiempo va dejando su huella en las cofradías. No todo es como ha sido siempre, y si no fuera así la Semana Santa de Sevilla no sería lo importante que es. En el momento en que la Semana Santa se fosilice se convierte en una especie de celebración a proteger, rara, porque quedará lejos de la gente. Y la gente tiene que sentirse partícipe de lo que está pasando, y para ello lo que se está celebrando ante sus ojos tiene que estar en el tiempo que se está viviendo. Esto lo ha hecho bien la Semana Santa, y creo que hay que seguir defendiendo eso. Yo no creo en el inmovilismo, ahora bien, la nostalgia es muy necesaria. Y es que todos estamos aquí, de una u otra manera, por lo que nos han dejado nuestros antepasados, y nosotros haremos lo mismo con los que nos sucedan. Esta cadena de la vida tenemos que tenerla muy pendiente, sin que signifique que yo le tenga que dejar a mis hijos lo mismo que yo recibí.

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