Presidida por el obispo diocesano, Monseñor José Rico Pavés, la Santa Misa Crismal ha tenido lugar hoy, 31 de marzo, a las 11:00 horas en la Santa Iglesia Catedral.
Esta celebración, una de las más significativas del calendario litúrgico, ha reunido al presbiterio diocesano en torno a su Obispo para vivir momentos especialmente relevantes, como la consagración del Santo Crisma y la bendición del Óleo de los enfermos y el Óleo de los catecúmenos. Asimismo, durante la Eucaristía, los sacerdotes han renovado sus promesas sacerdotales, signo de comunión y fidelidad en el ejercicio de su ministerio.
En la homilía, el prelado se dirigió a la familia diocesana —seglares, personas consagradas, seminaristas, diáconos y sacerdotes—, teniendo un recuerdo especial para los presbíteros que atraviesan la enfermedad o el sufrimiento, y por quienes se elevó la oración.
Monseñor Rico Pavés subrayó que «no hay misión sin unción», recordando que Jesucristo, enviado por el Padre y ungido por el Espíritu Santo, inicia su misión para llevar a cabo la obra de la redención. En este sentido, explicó que todos los bautizados participan de esta unción, siendo constituidos en sacerdotes, llamados a ofrecer su vida como culto agradable a Dios; en reyes, viviendo el servicio a los demás; y en profetas, anunciando la Palabra que lleva esperanza al mundo.
Asimismo, señaló que cada vocación en la Iglesia nace del bautismo y se concreta en la misión que cada uno recibe, recordando que no es posible anunciar el Evangelio sin vivir desde esta identidad que el Señor ha regalado.
En el contexto de la celebración de la Semana Santa, invitó a contemplar el misterio de la redención desde la unción del Espíritu Santo, pasando del inicio de la misión de Cristo a su entrega en la cruz y su victoria en la resurrección, reconociendo en ello la presencia de todos los fieles.
A partir de la enseñanza de san Juan de Ávila, propuso meditar la «triple mirada» de Cristo en la cruz. En primer lugar, la mirada al Padre, que permanece incluso en medio del sufrimiento, manifestando su amor y obediencia. En este sentido, animó a vivir con la mirada puesta en Dios para encontrar sentido en las dificultades, recuperar el ánimo y confiar siempre en su amor.
En segundo lugar, destacó la mirada de Cristo sobre sí mismo, cargando con el sufrimiento y la debilidad humana. Invitó así a reconocer la propia fragilidad sin temor, recordando que el Señor cuenta con la debilidad del hombre para llevar adelante su misión y que el cansancio y las dificultades, vividos en fidelidad, forman parte del camino cristiano.
Finalmente, subrayó la mirada de Cristo hacia los demás, una mirada de misericordia que no da a nadie por perdido y que está siempre dispuesta a acoger y socorrer. En este sentido, recordó que el pastor ha de caminar con su pueblo, acompañando, guiando y sosteniendo a todos.
El Sr. Obispo animó especialmente a los sacerdotes a renovar sus promesas con esta misma mirada de Cristo, recordando que han sido llamados a ser instrumentos suyos para llevar el Evangelio al mundo, confiando plenamente en el Señor que se entrega sin reservas.
Concluyó señalando que esta triple mirada conduce a ser verdaderos testigos de la redención, poniendo como ejemplo a la Virgen María, en quien se encuentra la pureza de la mirada que reconoce la bondad en todos.
Tras esta celebración, la Iglesia diocesana se dispone a iniciar el Triduo Santo con la celebración del Jueves Santo, centro del año litúrgico.
La Santa Iglesia Catedral de la Merced ha acogido en la mañana de este 31 de marzo, Martes Santo, a las 11.00 horas, la solemne celebración de la Misa Crismal, presidida por el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra, y concelebrada por numerosos sacerdotes de toda la diócesis.
Se trata de una de las celebraciones más significativas del año litúrgico, en la que el obispo, junto a su presbiterio, bendice los óleos de los catecúmenos y de los enfermos, y consagra el Santo Crisma, que será utilizado a lo largo del año en la administración de los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y el Orden Sacerdotal, así como en la dedicación de iglesias y altares.
Durante la celebración, los sacerdotes renovaron también sus promesas sacerdotales, manifestando públicamente su compromiso de servicio al Pueblo de Dios y su fidelidad a la misión recibida. Este gesto expresa la comunión del presbiterio con su obispo y fortalece los vínculos de unidad en la Iglesia diocesana.
En su homilía, Mons. Santiago Gómez Sierra invitó a los presentes a volver al origen de la vocación sacerdotal, a ese “Nazaret” donde cada presbítero fue llamado por el Señor, subrayando la importancia de vivir el ministerio desde la cercanía al Pueblo de Dios, la fraternidad sacerdotal y la fidelidad a la unción recibida. Asimismo, recordó que todo el pueblo cristiano participa del sacerdocio de Cristo, y animó a los fieles a sostener a sus sacerdotes con la oración y el afecto.
La celebración contó con la participación de fieles laicos, miembros de la vida consagrada y representantes de distintas realidades eclesiales, que quisieron unirse a este momento central de la Semana Santa, signo de la vida sacramental y de la unidad de la diócesis.
Al término de la Eucaristía, los óleos bendecidos fueron distribuidos a las parroquias para su uso durante el año, prolongando así en cada comunidad parroquial la gracia de esta celebración.
Homilía íntegra de Mons. Santiago Gómez Sierra
Esta mañana, el Evangelio según san Lucas nos lleva a Nazaret, donde Jesús se había criado (cf. Lc 4,16). Allí lo vemos presentarse por primera vez ante los suyos, reunidos en la sinagoga. Lee el pasaje del profeta Isaías y, después, comienza a hablar mientras todos lo miran con atención.
Esta escena nos invita a mirar también nuestra propia historia. Es bueno volver con el corazón a aquel momento en que Dios nos llamó. Recordar esta Catedral o la iglesia donde fuimos ordenados, cuando el obispo nos impuso las manos, o aquella primera Misa Solemne celebrada con emoción en nuestra parroquia. Ese fue nuestro “Nazaret”: el lugar donde comenzamos a presentarnos ante los demás como sacerdotes, llamados de entre los hombres y enviados a ellos. Hoy, al renovar nuestras promesas sacerdotales en esta Misa Crismal, todos esos recuerdos se hacen presentes y damos gracias por nuestro nacimiento sacerdotal. Y con el salmista podemos decir: Cantaré eternamente las misericordias del Señor (Sal 88, 2ª).
En esta Misa Crismal, resuena con una fuerza especial la Palabra que hemos escuchado: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido» (cf. Is 61,1; Lc 4,18). Jesús se presenta como el Ungido de Dios, el Cristo, que actúa como enviado del Padre y en la unidad del Espíritu Santo y, de esta manera, dona al mundo una nueva realeza, un nuevo sacerdocio, un nuevo modo de ser profeta.
Recordemos, también, que fue en el bautismo cuando todos fuimos ungidos por primera vez con el Santo Crisma, para que entres a formar parte de su pueblo y seas para siempre miembro de Cristo, sacerdote, profeta y rey (Ritual del Bautismo). El libro del Apocalipsis nos lo ha recordado: «Nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios, su Padre» (Ap 1,6).
La liturgia de hoy nos sitúa en el corazón del misterio: Cristo es el Ungido, el único Sacerdote, y nosotros participamos de su sacerdocio de dos modos inseparables: el sacerdocio común de todos los fieles y el sacerdocio ministerial. Todo el pueblo es sacerdotal. Y, sin embargo, en medio de ese pueblo, algunos hemos sido ungidos de un modo particular, para servir, para edificar, para hacer presente sacramentalmente a Cristo Cabeza y Pastor. No son dos realidades contrapuestas, sino profundamente unidas, como dos modos de participación en la única vida de Cristo.
En nuestra ordenación sacerdotal las palmas de nuestras manos fueron ungidas con el sagrado crisma para santificar al pueblo cristiano y para ofrecer el sacrificio (Ritual de Ordenación de los presbíteros). El Señor quiere nuestras manos para que, en el mundo, se transformen en las suyas. Quiere que transmitan su toque divino, poniéndose al servicio de su amor. Quiere que sean instrumentos para servir a los hermanos.
Pongamos hoy de nuevo nuestras manos a su disposición y pidámosle que vuelva a tomarlas siempre y nos guíe en nuestra vida ministerial. Para que la rutina diaria no estropee algo tan grande y misterioso, necesitamos volver al momento en que Él nos hizo partícipes de su unción. La unción, queridos hermanos, se reconoce cuando la gente reconoce que el evangelio es predicado por un sacerdote con unción, cuando hemos rezado con las cosas de su vida cotidiana, con sus penas y alegrías, con sus angustias y sus esperanzas. Cuando estamos en esta relación con Dios y con su Pueblo, y la gracia pasa a través de nosotros, somos sacerdotes, mediadores entre Dios y los hombres.
Como recordaba el papa León en la ordenación de presbíteros el pasado 31 de mayo de 2025, nuestra identidad, por tanto, no se entiende fuera de esta relación: somos sacerdotes dentro del pueblo, procedentes del pueblo y enviados al pueblo, y la alegría del ministerio es proporcional a los vínculos que vivimos con el Pueblo de Dios. No hay sacerdocio sin pueblo, ni pueblo plenamente vivo sin el servicio humilde del ministerio sacerdotal.
De esta verdad brota hoy un sentimiento profundo: la gratitud y la humildad.
Gratitud, porque hemos sido llamados a servir a un pueblo totalmente sacerdotal, en el que el Espíritu actúa mucho más allá de lo que vemos o controlamos. ¡Cuántas veces el Señor nos precede en la fe sencilla de los fieles, en los pobres, en los pequeños, en los que sufren!
Y humildad, porque permanecemos dentro de ese pueblo. No estamos por encima, sino en medio. Solo así nuestro testimonio será creíble. No somos perfectos, pero estamos llamados a ser creíbles: cercanos, compasivos, sencillos, como Cristo, decía también el Santo Padre.
Vivir vinculados es también el camino de nuestra fraternidad sacerdotal: sabernos hermanos, no aislados; unidos al obispo, sostenidos por la comunión del presbiterio. Solo unidos a Cristo y entre nosotros podremos dar fruto.
Entre los hermanos sacerdotes, cultivando la fraternidad real, cuidando los vínculos y venciendo el aislamiento. Y con la porción del Pueblo de Dios que se nos ha confiado: escuchar, acoger, discernir juntos, reconocer los carismas, dando espacio a todos los fieles, promoviendo la implicación de todos en la tarea misionera de la Iglesia.
El crisma que hoy consagraremos nos lo recuerda. Con él fueron ungidos los fieles en el Bautismo: todos participan de la dignidad sacerdotal de Cristo. Con él son ungidas nuestras manos: no para apropiarnos de la gracia, sino para servirla, para derramarla, para bendecir. Ungidos para construir la unidad en la caridad.
Queridos fieles, acompañad a vuestros sacerdotes con el afecto y la oración, para que sean siempre Pastores según el corazón de Dios.
Queridos sacerdotes, que Dios Padre renueve en nosotros el Espíritu de Santidad con que hemos sido ungidos, que lo renueve en nuestro corazón de tal manera que la unción llegue a todos y puedan recibir a través de nuestras palabras y obras ese óleo de alegría que les vino a traer Jesús, el Ungido.
Y por esto hoy queremos también renovar las promesas con que nos vinculamos a Cristo el día de nuestra ordenación mediante este sacramento.
Pidamos a la Virgen María, Madre de la Iglesia, que nos enseñe a vivir así nuestro ministerio: dentro del pueblo, al servicio del pueblo, con un corazón configurado con el de Cristo.
Amén.
La diócesis invita a todos los fieles a vivir con intensidad estos días santos, participando en las celebraciones litúrgicas y acompañando al Señor en su Pasión, Muerte y Resurrección.
En la mañana del Martes Santo, a las 12:00 horas, la diócesis de Almería celebró la Misa Crismal, adelantada respecto a su ubicación litúrgica habitual en la mañana del Jueves Santo. En torno a nuestro obispo, D. Antonio, se congregó una amplia representación del Pueblo de Dios: sacerdotes, religiosos, laicos y también varios sacerdotes estudiantes que, durante estos días, colaboran en las parroquias ante el aumento de celebraciones propias de la Semana Santa.
Durante la celebración se bendijeron los óleos sagrados —de los enfermos, de los catecúmenos y el santo crisma— que serán distribuidos posteriormente a todas las parroquias de la diócesis para su uso en los sacramentos. La Eucaristía estuvo acompañada musicalmente por el cuarteto Anacrosa, que contribuyó a realzar la solemnidad del momento.
En su homilía, nuestro obispo se dirigió de manera especial a los sacerdotes, recordando la reciente beatificación del Cura Valera como modelo también para los presbíteros del siglo XXI. En sus palabras, destacó: “A nosotros nos han ungido las manos. Manos de bautismo, de perdón, de gestos de ternura… estos caminos de misericordia son los únicos que pueden llevar a Cristo y llevar a Cristo a los demás”.
El obispo subrayó que del Cura Valera no recordamos tanto sus palabras como su entrega generosa al pueblo, invitando a los sacerdotes a vivir desde la humildad: “No somos los puros, sino los humildes amigos del Señor, con nuestras carencias y pecados, llamados a vivir el mandamiento del amor y la unidad”. Asimismo, recordó que “una buena conducta vale más que un buen sermón”.
En otro momento, evocó también unas palabras del papa León dirigidas a seminaristas de Murcia y Almería, en las que advertía sobre el peligro de una vida espiritual vacía: “Podemos realizar prácticas intrínsecamente buenas, como la oración o el estudio, pero interiormente pueden estar vacías. La vida espiritual no da fruto por lo que se ve, sino por lo que está arraigado en Dios. Si se descuida, silenciosamente morirá de pie”.
Tras la homilía, los sacerdotes renovaron sus promesas sacerdotales ante el obispo y la comunidad reunida. Antes del rezo del Padrenuestro se bendijo el óleo de los enfermos; después de la comunión, el de los catecúmenos; y finalmente el santo crisma, al que se añadió perfume antes de su consagración, signo de la plenitud del Espíritu.
Al concluir la celebración, el deán de la catedral, Juan José Martín Campa, dio gracias a Dios por los óleos bendecidos y por el cariño que el Pueblo de Dios muestra a sus pastores. En este contexto, se destacó también un gesto significativo: el compositor Don Luis Craviotto hizo entrega al archivo de la catedral de la partitura de la misa titulada “Vosotros que habéis creído”, interpretada durante la celebración. En nombre del presbiterio se le agradeció este generoso regalo, a lo que el autor respondió con sencillez: “Gracias por vuestra vida de sacerdotes”.
Posteriormente, los óleos fueron llevados para su adecuada conservación, desde donde serán distribuidos a todas las parroquias de la diócesis. La jornada concluyó con una comida fraterna en la casa sacerdotal.
La Catedral de Canarias ha presentado el programa de la Semana Santa 2026, que se celebrará entre finales de marzo y comienzos de abril.ca
El calendario incluye los actos principales del Domingo de Ramos, el Triduo Pascual —con Jueves, Viernes y Sábado Santo— y el Domingo de Resurrección, con celebraciones como la Cena del Señor, la Pasión, la Vigilia Pascual y procesiones destacadas como el Santo Entierro y la del Encuentro.
La Escuela de Formación Sociopolítica y Fe Cristiana ha anunciado la nueva fecha para la celebración de la sexta sesión, que tuvo que ser aplazada debido a las condiciones meteorológicas adversas. El encuentro se llevará a cabo finalmente el próximo martes 7 de abril a las 19:00 horas en la Casa de la Iglesia.
La sesión contará con la participación de Eugenio Reyes Naranjo, quien ofrecerá una ponencia titulada “La ciudadanía, la cuidarquía y la cuidocracia”, en la que se propone una reflexión sobre la importancia de situar el cuidado en el centro de la vida pública y de la participación ciudadana.
El acto estará moderado por Carlos Cabrera Sánchez y cuenta con la colaboración del Aula Manuel Alemán.
Como en ediciones anteriores, también se podrá seguir de forma online. La organización ha informado de que el enlace de acceso será facilitado próximamente.
Desde la organización han trasladado un cordial saludo e invitan a la ciudadanía a participar en esta nueva convocatoria.
Con motivo del Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, Cáritas Diocesana de Canarias ha visibilizado y denunciado la situación de desigualdad y ausencia de derechos que afecta a este sector esencial en la sociedad. A pesar de ser estas trabajadoras quienes sostienen la vida y los cuidados de muchas familias, esta profesión permanece invisibilizada, poco valorada y marcada por condiciones irregulares o de abuso. Una vulnerabilidad que se agrava en las personas migrantes.
Cáritas Diocesana de Canarias, que cuenta con un servicio de Orientación e Intermediación Laboral específico, denunció esta realidad con un acto en apoyo de este colectivo y la lectura de un manifiesto este lunes en su sede en Las Palmas de Gran Canaria el 30 de marzo. Una iniciativa por la conmemoración del 30M, Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar.
Un sector marcado por la precariedad y la falta de apoyos
Casi tres décadas después de que se empezara a conmemorar esta fecha en 1988, la realidad del empleo doméstico sigue ligada a la discriminación racial y la invisibilidad, vinculada en muchos casos a personas migrantes sin protección legal ni redes de apoyo. Según los datos de 2025, las personas extranjeras representaron el 42% del total de inscritas en el Sistema Especial de Empleadas de Hogar de la Seguridad Social.
Cáritas Diocesana de Canarias constata que, aunque existe interés por parte de muchas familias en contratar legalmente, los costes y la complejidad de los trámites, sin apoyo suficiente por parte de las Administraciones Públicas, continúa provocando una disminución en las contrataciones formalizadas. Esta situación aboca a muchas trabajadoras a sufrir las siguientes condiciones:
Indefensión laboral: Jornadas que exceden los límites legales, salarios por debajo del mínimo y despidos sin garantías al trabajar en el ámbito privado sin protección.
Vulnerabilidad extrema de las trabajadoras internas: Muchas soportan abusos por miedo a perder su única red de apoyo y quedarse en situación de sin hogar.
Economía sumergida: Los constantes cambios en los procesos de regularización dificultan la integración legal y multiplican la vulnerabilidad de las mujeres migrantes.
Ante este escenario, Cáritas Diocesana de Canarias, a través de su Área de Empleo, exige medidas urgentes para dignificar el sector y proteger a las trabajadoras del hogar:
Garantizar el cumplimiento de la normativa: Asegurar las condiciones básicas recogidas en el Real Decreto-ley 16/2022 para la mejora de la Seguridad Social de los trabajadores del hogar.
Lucha contra la discriminación: Velar por el respeto hacia las empleadas del hogar y evitar situaciones de abuso y poder que derivan en exclusión social.
Regularización administrativa: Reconocer los derechos fundamentales de las personas migrantes mediante la nueva propuesta de regularización en España.
En su manifiesto por el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, Cáritas Diocesana de Canarias recuerda a la sociedad y a las instituciones públicas que el cuidado y la protección de estas trabajadoras es un imperativo de justicia y redunda en el cuidado de toda la sociedad: “Porque su trabajo es un derecho, no un favor”.
El pregón de la Semana Santa 2026, organizado por el Consejo de Hermandades, Cofradías y Patronazgo de Las Palmas de Gran Canaria, se llevó a cabo en el Salón Dorado del Gabinete Literario y estuvo a cargo del periodista y director de La Provincia Fernando Canellada. Al acto asistieron Mons. José Mazuelos y Mons. Cristóbal Déniz.
“Cristo te sigue llamando. No sé ha arrepentido porque Él es fiel y su llamada es irrevocable”. Este fue el mensaje central que quiso trasladar el obispo Eloy Santiago, en la Misa Crismal celebrada este 31 de marzo, en la Catedral de La Laguna.
Monseñor Santiago, por primera vez en su episcopado, consagró el Crisma y bendijo los santos óleos. Asimismo, los sacerdotes pudieron renovar las promesas del día de su ordenación.
La Misa Crismal es una de las principales manifestaciones de la Iglesia local en la que se expresa tanto la unidad de la misma como la diversidad de ministerios que la enriquecen, fruto de la acción del Espíritu.
El obispo Nivariense, en su homilía, quiso resaltar, precisamente, la importancia del Espíritu Santo en un día como hoy. “Por su acción se consagra el santo Crisma con el que se ungen los recién bautizados, los confirmados son sellados y se ungen las manos de los presbíteros, la cabeza de los obispos y la iglesia y los altares en su dedicación. Además, por medio del Espíritu se bendice el óleo de los catecúmenos, con el que éstos se preparan y disponen al Bautismo y el óleo de los enfermos, con el que reciben alivio en su debilidad”.
Santiago también recordó que por medio del Espíritu todos somos ungidos como sacerdotes, profetas y reyes. “De ahí que todo bautizado participa activamente de la liturgia de la Iglesia, tiene la misión de testimoniar la fe, también en la vida pública, y de ser servidores en la caridad unos de otros, siguiendo el ejemplo del Maestro, que no vino a ser servido, sino a servir”.
En otro momento de su homilía, el obispo dio gracias a Dios por los sacerdotes. “Gracias por la respuesta generosa que cada día dan al Señor y renuevan en la oración, en la celebración de los sacramentos y en el servicio al Pueblo de Dios que se les ha encomendado, especialmente a los pobres”.
Por último, invitó a los presbíteros a recuperar el amor primero. “Renovemos el sí a Dios, ahora, desde la experiencia de los años de ministerio. Cristo sigue contando contigo y te envía a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. A poner en libertad a los oprimidos y a proclamar el año de gracia del Señor”.
Al término de la celebración, los sacerdotes pudieron recoger el Crisma y los óleos para sus distintas parroquias, a fin de celebrar los sacramentos de iniciación cristiana.
La Conferencia Episcopal Española y la Conferencia Española de Religiosos continúan dando pasos en comunión, y como Iglesia que peregrina en España, en su compromiso con las víctimas de abusos cometidos en el seno de la Iglesia. Este 30 de marzo han firmado con el Defensor del Pueblo y el Ministerio de Presidencia, un protocolo que desarrolla el acuerdo suscrito el pasado 8 de enero.
TEXTO DE PROTOCOLO FIRMADO
Este protocolo establece la organización y funcionamiento del sistema de reconocimiento y reparación de las víctimas de abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia Católica. De esta manera la Iglesia pone en valor el Plan de Reparación Integral a Víctimas de Abusos (PRIVA) y la Comisión Asesora que trabaja desde febrero de 2025, cuando fue constituida. atendiendo a las 131 solicitudes que han recibido.
A partir de ahora existe una nueva vía de acceso al plan establecido por la Iglesia y que demuestra nuestro compromiso moral y nuestra responsabilidad. En este sistema la colaboración de las instituciones será muy importante y el Defensor del Pueblo tendrá en cuenta aquellos casos ya reparados a través del PRIVA.
Modalidades de reparación
El protocolo detalla que la reparación podrá ser simbólica o restaurativa, orientada al reconocimiento institucional y al ofrecimiento de herramientas para el acompañamiento o la petición de disculpas, y también económica por el daño causado y por los gastos registrados en el tratamiento de las posibles secuelas físicas y psicológicas.
Las compensaciones económicas tendrán en cuenta la gravedad de los abusos sufridos, el daño provocado y así como otras compensaciones eventualmente percibidas en el marco de otros modelos de reparación impulsados por la Iglesia.
Compromisos de las instituciones firmantes
El protocolo señala que el Ministerio de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes creará una Unidad de Tramitación que recibirá las solicitudes, ofrecerá orientación para la presentación de las mismas y se ocupará de la comunicación con las partes, la notificación de las propuestas y el recabado de los informes necesarios.
El Defensor del Pueblo, por su parte, constituirá la Unidad de Víctimas que se encargará de llevar a cabo -con un equipo de expertos profesionales independiente- la evaluación individualizada de las solicitudes. También elaborará la propuesta de valoración de reconocimiento de la condición de víctima y de su reparación, teniendo en cuenta si esa víctima ya fue reparada anteriormente por el PRIVA o por la congregación religiosa.
La CEE y la CONFER se encargarán, a través de la Comisión Asesora del PRIVA, de emitir un informe preceptivo motivado sobre cada una de las valoraciones de reconocimiento de la condición de víctima y de reparación que formule la Unidad de Víctimas del Defensor del Pueblo.
En caso de discrepancia una Comisión Mixta estudiará el caso que, en última instancia será establecido por el Defensor del Pueblo tras escuchar al presidente de la CEE o de la CONFER, según el caso.
Exentas de tributación
Además, el Gobierno ha aceptado que las reparaciones económicas estén exentas de tributación, especialmente del impuesto sobre la Renta.
El sistema establecido no está basado en la imposición de una obligación jurídica, sino en el compromiso moral de la Iglesia y el mutuo acuerdo de las partes.
Es una vía temporal con una duración de un año (prorrogable un año), para aquellas causas que no hayan tenido y no puedan tener recorrido judicial bien por la prescripción del delito o bien por la muerte del victimario. El 15 de abril, tras los diálogos de la Comisión del PRIVA y del Equipo del Defensor del Pueblo para fijar las reparaciones, entrará en vigor este sistema.
Como cada año, las parroquias de la diócesis se preparan para celebrar los días más importantes del año para el cristiano: el Santo Triduo Pascual. La Catedral de La Laguna acoge unos días que destacan por sus celebraciones, signos y expresiones de piedad, ayudando al pueblo de Dios a vivir con más intensidad la fe en Cristo Resucitado. Este año, estos días caen en la primera semana de abril, del 2 al 5, bajo la primera luna llena de primavera.
El Santo Triduo Pascual estará presidido por el obispo Eloy Santiago, comenzando el Jueves Santo a las 17:30h., conmemorando la Santa Cena y el mayor gesto de servicio del Señor: el lavatorio de los pies. En la Última Cena, Jesús se entrega como pan y vino, anticipando su sacrificio en la cruz. Esto expresa el amor que se da totalmente y permanece como presencia viva entre los creyentes. En este día, se instituye el sacerdocio: al decir “haced esto en memoria mía”, Jesús confía a los apóstoles la misión de continuar su obra, dando origen al ministerio sacerdotal en la Iglesia. Asimismo, se recuerda el mandamiento del amor y el servicio: simbolizado en el lavatorio de los pies, Jesús enseña que la verdadera grandeza está en servir humildemente a los demás.
A continuación, se hará la procesión como de costumbre con el Santísimo Sacramento hasta el Monumento, donde se guardará en oración durante la noche para así, el Viernes Santo a las 12:00 celebrar la Pasión y Muerte del Señor Jesús, también presidida por el obispo. El Viernes Santo tiene un profundo sentido teológico centrado en el misterio de la cruz como lugar de la salvación, donde Cristo no es simplemente víctima de una injusticia humana, sino que libremente se entrega por amor a la humanidad, asumiendo el pecado y el sufrimiento del mundo para redimirlos desde dentro, por eso el Viernes Santo no es solo duelo, sino también esperanza contenida, una espera confiada en la acción salvadora de Dios.
Tras un día en que se invita a la oración, al ayuno y a la abstinencia, la Iglesia celebrará el paso de la muerte a la vida en la Vigilia Pascual que tendrá lugar a las 22:00h. Así, estos días se extenderán en alegría y gozo por el Señor Resucitado, comenzando desde esa noche y marcando un nuevo tiempo litúrgico con la solemne Misa del Domingo de Resurrección a las 12:00 del mediodía. A continuación, el obispo impartirá la Bendición Papal a todo el pueblo que peregrina en esta diócesis y se continuará con la procesión hasta la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción de la Laguna, realizando un acto de adoración a Jesús Sacramentado por las calles, signo de expresión visible de la fe cristiana y el compromiso de transmitirla en todo ambiente y lugar.
La resurrección de Cristo es el centro de la fe cristiana, porque en ella Dios confirma definitivamente que la vida vence a la muerte y que el amor es más fuerte que el pecado y la misma muerte. La resurrección no solo es un acontecimiento del pasado, sino una realidad viva que transforma la existencia presente del creyente y lo impulsa a vivir en esperanza, fe y caridad, participando ya desde ahora en la vida nueva que Cristo ha inaugurado. La plenitud del Triduo Pascual significado en la noche de la Vigilia y en los días siguientes recuerdan el compromiso bautismal de seguir a Cristo en cada paso y hacer diario, transmitir su mensaje en todo ambiente y lugar, y hacer presente su Evangelio con nuestra propia vida, siendo testimonio del amor de Jesús a toda la humanidad.
El obispo ha invitado en su carta a vivir estos días santos con fe y pasión, cada uno en nuestro lugar, para así introducirse en la Semana Santa con profundidad y gozo por la alegría de saberse, un año más, alegres con Cristo.