El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha impartido esta tarde la conferencia en el acto de apertura del curso cofrade de Sevilla, el primero con José Rodas como presidente de la institución que agrupa a los hermanos mayores de las corporaciones de la capital hispalense. Ha comenzado su intervención, bajo el título ‘Alzad la mirada’ -que fue el elegido en el reciente viaje del papa León XIV a España-, destacando que ser hermano mayor “no es simplemente asumir una responsabilidad administrativa durante unos años. Para un cristiano -ha añadido- es aceptar un servicio eclesial, una tarea que se recibe con humildad y que se desempeña ante Dios y para los hermanos”.
Conferencia de inicio del Curso Cofrade 2026-2027.
Consejo General de HH. y CC. de la ciudad de Sevilla.
Sevilla, jueves 1 de octubre de 2026. José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla
Queridos: Presidente del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad de Sevilla; miembros de la Junta Superior; queridos delegados episcopales; directores espirituales; queridos Hermanos Mayores de nuestras hermandades sacramentales, de penitencia y de gloria; Presidentes de los Consejos Generales de Hermandades y Cofradías de diferentes ciudades y pueblos de nuestra Archidiócesis. Al comenzar un nuevo curso cofrade quiero agradecer, en primer lugar, vuestra presencia, vuestro servicio y vuestra disponibilidad. Ser Hermano Mayor de una hermandad no es simplemente asumir una responsabilidad administrativa durante unos años. Para un cristiano es aceptar un servicio eclesial, una tarea que se recibe con humildad y que se desempeña ante Dios y para los hermanos. Por eso, al comienzo de este curso 2026-2027, quisiera compartir con vosotros algunas reflexiones que nos ayuden a mirar hacia adelante con esperanza, responsabilidad y confianza en el Señor.
He elegido como título unas palabras de Jesús en el evangelio según san Juan: «Alzad la mirada» (Jn 4,35). El Señor dice a sus discípulos: «Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega» (Jn 4,35). Estas palabras han adquirido para nosotros una resonancia muy especial porque fueron precisamente el lema del reciente viaje apostólico del papa León XIV a España, celebrado del 6 al 12 de junio de este año. Después de aquel viaje, el Santo Padre explicó que Jesús nos invita a descubrir en las personas y en las multitudes «el deseo de vida, de verdad, de plenitud» y a aprender a mirar al prójimo y al mundo «con los ojos de Dios», es decir, con amor, respeto y compasión (LEÓN XIV, Audiencia general, 17 de junio de 2026).
Estas palabras me parecen especialmente apropiadas para comenzar el curso de nuestras hermandades. Hay momentos en la vida en los que necesitamos levantar la mirada. Cuando caminamos mirando solamente al suelo, acabamos viendo únicamente nuestros pasos, nuestros problemas, nuestras dificultades, nuestras pequeñas preocupaciones. El Señor, en cambio, nos dice: levantad los ojos. Mirad más lejos. Mirad más alto. Descubrid lo que Dios está haciendo. Contemplad los campos que esperan la siega. A nosotros, cofrades de Sevilla, el Señor nos dice hoy también: alzad la mirada. Alzad la mirada por encima de las dificultades cotidianas, por encima de las cuestiones internas, más allá de nuestros calendarios de cultos, nuestras reuniones, nuestros proyectos patrimoniales, nuestras elecciones y nuestros problemas administrativos. Todo eso tiene su importancia y debe realizarse bien. Pero una hermandad existe para algo infinitamente mayor: para ayudar a sus hermanos a encontrarse con Jesucristo, crecer en la fe, vivir la comunión de la Iglesia y anunciar el Evangelio en medio del mundo.
De «Caminando en esperanza» a «Alzad la mirada»
Hace casi dos años, en diciembre de 2024, Sevilla vivió una experiencia que permanece todavía muy viva en nuestra memoria: el II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular. Durante aquellos días nuestra ciudad se convirtió en lugar de encuentro para hermanos procedentes de numerosos lugares de España y de otros países. Celebramos juntos la fe, reflexionamos, rezamos, compartimos experiencias y contemplamos públicamente la belleza de una piedad popular que forma parte de las raíces cristianas de nuestros pueblos.
El lema del Congreso fue «Caminando en esperanza». Al concluirlo señalé que, a lo largo de aquellas jornadas, había aparecido una llamada fundamental: una audaz renovación de la mirada. Las hermandades están llamadas a mirar de un modo nuevo a Dios, a la Iglesia, al mundo y a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Esa renovación de la mirada es condición indispensable para poder ser fermento evangélico en la sociedad contemporánea (JOSÉ ÁNGEL SAIZ MENESES, «Una audaz renovación de la mirada», en II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular, Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, 2025, pp. 19-32). Resulta providencial que ahora el papa León XIV nos haya invitado precisamente a alzar la mirada. «Caminando en esperanza», «una audaz renovación de la mirada», «alzad la mirada». Hay una continuidad evidente.
La esperanza cristiana no consiste en cerrar los ojos a las dificultades. Tampoco consiste en refugiarse en el pasado. La esperanza cristiana consiste en mirar el presente con los ojos de Dios. Y esto es lo primero que quisiera pediros para este nuevo curso: que aprendamos a mirar nuestras hermandades con una mirada sobrenatural. Porque podemos contemplar una hermandad únicamente desde fuera y ver una institución histórica, un patrimonio extraordinario, unas imágenes veneradas, una importante presencia social, una gran capacidad de convocatoria. Todo eso es verdad. Pero la mirada cristiana debe llegar más lejos. Una hermandad es, ante todo, una realidad eclesial. Una comunidad de bautizados que se reúne en torno a Cristo, que venera a la Virgen María y a los santos, que celebra la fe, que practica la caridad y que trata de transmitir el Evangelio. Si perdemos esto, podremos conservar muchas cosas, pero habremos perdido lo esencial.
2. Levantar la mirada hacia Cristo
La primera dirección de nuestra mirada debe ser siempre Cristo. Las hermandades sevillanas custodian imágenes extraordinarias. A lo largo de los siglos, generaciones enteras han rezado ante ellas. Cuántas lágrimas, cuántas súplicas, cuántas acciones de gracias se han depositado a los pies de nuestras imágenes de Cristo y de María Santísima. Pero las imágenes no terminan en sí mismas. El II Concilio de Nicea enseñó que la veneración de la imagen se dirige al prototipo. La imagen sagrada nos conduce más allá de lo visible. Precisamente esto recordamos durante el Congreso: nuestras imágenes son mediación para la contemplación del misterio. No buscamos quedarnos únicamente en la belleza de una talla. A través de ella buscamos el rostro de Cristo y el rostro maternal de María. De ahí la importancia de recuperar una verdadera dimensión contemplativa de la vida cofrade. El Congreso subrayó que los besamanos, besapiés, viacrucis, procesiones y demás actos de piedad deben convertirse realmente en ocasiones de encuentro con Dios. La imagen permite un «cruce de miradas»: nosotros miramos, pero descubrimos que antes hemos sido mirados por Dios.
Aquí encontramos una cuestión decisiva. No basta mirar una imagen de Cristo. Hay que dejarnos mirar por Cristo. Esa mirada cambia la vida. La mirada de Jesús transformó a Pedro después de la negación; transformó a Zaqueo; transformó a la mujer samaritana. Jesús continúa mirando. Nos mira desde la Eucaristía; nos mira desde su Palabra; nos mira desde la imagen que veneramos; nos mira también desde el rostro del pobre.
Por eso, queridos Hermanos Mayores, antes de preguntarnos qué vamos a hacer durante este curso, quizá deberíamos preguntarnos: ¿qué quiere hacer el Señor con nosotros? Antes de preparar los grandes proyectos de la hermandad, hemos de ponernos delante del Sagrario. Antes de convocar un cabildo, hemos de rezar. Antes de tomar decisiones difíciles, hemos de pedir luz al Espíritu Santo. Antes de preocuparnos por el reconocimiento exterior, hemos de preguntarnos si Jesucristo ocupa realmente el centro. El Concilio Vaticano II nos recuerda que «el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado» (Gaudium et spes, 22). Esta afirmación fue uno de los textos que recordamos al concluir el Congreso. Jesucristo es el horizonte definitivo de nuestra mirada.
3. Culto: de la belleza a la santidad
Una de las grandes riquezas de nuestras hermandades es el cuidado del culto. Los cultos deben estar bien preparados. La liturgia ha de celebrarse con dignidad. La música, el ornato, la proclamación de la Palabra de Dios, el silencio, la participación de los fieles, todo debe ayudar a entrar en el misterio que celebramos. Pero debemos recordar siempre que la belleza del culto no es un fin en sí misma. La belleza litúrgica conduce a Dios. El Concilio Vaticano II enseña que la liturgia es «la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza» (Sacrosanctum Concilium, 10). Por eso la vida de una hermandad no puede reducirse al culto externo, aunque éste sea importante. Toda procesión debe nacer del altar y conducir de nuevo al altar. Toda devoción mariana auténtica conduce a Cristo. Toda veneración de nuestros titulares debe ayudarnos a convertir el corazón.
Durante el Congreso insistimos en los tres pilares tradicionales que aparecen en las Reglas de nuestras corporaciones: culto, formación y caridad. No se pueden separar. Una hermandad verdaderamente viva necesita los tres. Un culto que no conduce a la formación puede quedarse en emoción. Una formación que no conduce a la caridad puede convertirse en conocimiento estéril. Una caridad que pierde su raíz en Cristo puede terminar convirtiéndose simplemente en asistencia social. Los tres pilares se necesitan mutuamente. Y los tres conducen a la santidad. Permitidme insistir en esto: la finalidad última de una hermandad es la santidad de sus miembros. Podemos organizar magníficos cultos, realizar grandes obras de caridad, restaurar nuestro patrimonio, preparar exposiciones, celebrar aniversarios y sacar procesiones admirables. Pero todo ello debe estar orientado a una finalidad mucho más profunda: que nuestros hermanos conozcan más a Cristo, lo amen más y vivan más unidos a Él.
4. Formación: hermanos capaces de dar razón de su esperanza
El segundo gran desafío es la formación. Vivimos un profundo cambio cultural. Muchos de nuestros hermanos han recibido menos formación cristiana que las generaciones anteriores. Otros han crecido en ambientes donde la fe apenas estaba presente. Hay jóvenes que llegan a nuestras hermandades movidos por la devoción a una imagen o por una tradición familiar, pero sin haber recorrido todavía un verdadero proceso de iniciación cristiana. No debemos lamentarnos. Debemos verlo como una oportunidad pastoral.
Una hermandad puede convertirse en un lugar extraordinario de evangelización. El Congreso nos recordó que cada hermandad debería contar con un verdadero proyecto formativo y cultural capaz de ofrecer una visión cristiana de la persona y del mundo. La formación debe ayudarnos a superar el individualismo y a ensanchar el «nosotros» de la fraternidad. Formación no significa simplemente organizar alguna conferencia durante el año. Formar significa acompañar; significa enseñar a rezar; significa enseñar a conocer la Sagrada Escritura; significa ayudar a comprender la liturgia; significa conocer el Catecismo y la doctrina social de la Iglesia; significa también enseñar qué es una hermandad y qué significa pertenecer a ella.
Sería deseable que los jóvenes que llegan a nuestras hermandades encontrasen hermanos mayores en la fe que los acompañaran. Tenemos que cuidar especialmente las diputaciones de juventud. Los jóvenes necesitan responsabilidades reales, pero necesitan también acompañamiento. No basta pedirles que organicen actividades. Hay que ayudarlos a descubrir una vocación cristiana. Una hermandad que transmite únicamente costumbres, pero no transmite la fe que dio origen a esas costumbres, terminará perdiendo su alma. Por eso necesitamos hermanos formados, capaces de dar razón de su esperanza, como pide san Pedro: «dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza» (1 Pe 3,15).
5. Fraternidad: ser verdaderamente hermanos
Hay otra palabra que merece toda nuestra atención: fraternidad. No olvidemos nuestro nombre: hermandades. No somos clubes, ni asociaciones culturales, ni grupos de presión, ni comunidades organizadas para defender intereses particulares. Somos hermanos. En la conferencia conclusiva del Congreso insistí en que la pertenencia a una hermandad no puede entenderse como algo meramente sociológico. Las hermandades son comunidades de cristianos que desean vivir el Evangelio como parte viva de la Iglesia, abriendo el corazón especialmente a quienes atraviesan dificultades y carencias.
Por eso debemos preguntarnos seriamente cómo vivimos la fraternidad dentro de nuestras corporaciones. ¿Sabemos escucharnos? ¿Sabemos perdonarnos? ¿Sabemos aceptar legítimas diferencias de criterio? ¿Sabemos anteponer el bien de la hermandad a nuestras preferencias personales? En ocasiones también en la vida cofrade pueden aparecer rivalidades, personalismos, divisiones, discusiones que terminan haciendo daño a las personas. Esto no puede considerarse normal. Un hermano puede discrepar de otro. Puede defender legítimamente otra opinión. Pero nunca debe dejar de tratarlo como hermano. San Agustín enseñaba: «En lo necesario, unidad; en lo dudoso, libertad; en todo, caridad», expresión tradicional que resume bien una actitud profundamente cristiana.
La comunión no significa uniformidad. Significa caminar juntos porque Cristo nos ha reunido. Y aquí corresponde a los Hermanos Mayores una responsabilidad particular. El Hermano Mayor debe ser hombre de comunión, debe escuchar, debe unir, debe evitar bandos, debe cuidar especialmente a quien piensa de manera distinta, debe procurar que nadie se sienta desplazado, debe recordar que una vara no concede privilegio, sino responsabilidad. La verdadera autoridad cristiana siempre tiene forma de servicio. Jesús lo dejó claro: «El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor» (Mt 20,26).
6. Hermandades profundamente eclesiales
Esta fraternidad debe abrirse necesariamente a la comunión con toda la Iglesia. Las hermandades no viven aisladas. Forman parte de una parroquia, de una diócesis, de la Iglesia universal. Durante el Congreso recordamos que las hermandades son parte viva del Pueblo de Dios. Su principio vital es precisamente la comunión eclesial. Una hermandad verdaderamente fuerte no es la que vive encerrada en sí misma, sino la que está profundamente integrada en la vida de la Iglesia. Por eso os animo a cuidar la relación con vuestros párrocos, rectores y directores espirituales.
Cuidemos también la relación entre las distintas hermandades. En Sevilla tenemos la gracia de contar con un Consejo General que realiza una labor de coordinación, encuentro y servicio extraordinariamente importante. Las hermandades de penitencia necesitan a las de gloria. Las hermandades de gloria necesitan a las sacramentales. Las sacramentales necesitan a las penitenciales. Cada una tiene su historia, su espiritualidad, sus devociones y su peculiaridad. Pero todas pertenecemos a la misma Iglesia. La diversidad no debilita la comunión; la enriquece. Por eso, cuando una hermandad celebra algo importante, debemos alegrarnos todos. Cuando otra atraviesa una dificultad, debemos sentirla cercana. Cuando alguna necesita ayuda, debemos estar disponibles. Ésta es también una forma concreta de vivir la sinodalidad: caminar juntos, escuchar juntos, discernir juntos y servir juntos.
7. Caridad: una hermandad que mira a los que sufren
Llegamos a uno de los aspectos más importantes. Cuando Jesús dice «alzad la mirada», nos invita a mirar los campos, es decir, a mirar a las personas. El papa León XIV lo expresó con gran claridad durante su visita a España: «la caridad no admite demoras». Cada encuentro con una persona necesitada es un momento de gracia que no podemos aplazar (Visita al proyecto social CEDIA 24 Horas, Madrid, 6 de junio de 2026). En nuestras ciudades hay sufrimiento, familias con dificultades económicas, ancianos que viven solos, jóvenes sin horizonte, personas enfermas, inmigrantes que buscan integración, familias heridas, desempleo, problemas de vivienda, adicciones, soledad. Hay también una pobreza menos visible pero igualmente profunda: la pobreza espiritual. Personas que tienen muchas cosas y, sin embargo, viven sin esperanza. Personas que han perdido el sentido de la vida o que no han conocido el amor de Dios.
En el Congreso insistimos en que la pobreza espiritual es quizá menos visible, pero puede ser más profunda. El olvido de Dios, la indiferencia religiosa y la pérdida de las preguntas últimas sobre la vida humana son también pobrezas ante las que las hermandades no pueden permanecer indiferentes. Por eso la caridad cristiana ha de atender a la persona entera. Dar alimentos es necesario. Ayudar económicamente es necesario. Sostener proyectos sociales es necesario. Pero también necesitamos escuchar. Acompañar. Visitar. Consolar. Ayudar a reconciliar. Y anunciar a Jesucristo. San Juan Pablo II pidió a la Iglesia una «nueva imaginación de la caridad», capaz no solamente de ofrecer una ayuda eficaz, sino de acercarse al que sufre de tal manera que pueda sentirse verdaderamente hermano y «como en su casa» (Novo millennio ineunte, 50).
Éste es un reto precioso para nuestras hermandades. Que la casa de hermandad sea realmente casa. Casa para el hermano que trabaja mucho y para el que aparece poco; para el mayor y para el joven; para quien tiene prestigio y para quien no lo tiene; para quien atraviesa un buen momento y para quien llega roto por el sufrimiento. Una hermandad que hace esto se convierte verdaderamente en lo que señalamos al concluir el Congreso: una casa de caridad.
8. Evangelización: los campos están preparados
Volvamos al Evangelio. «Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega» (Jn 4,35). Jesús no invita a sus discípulos a contemplar el mundo con pesimismo. Los invita a descubrir que el campo está preparado. Quizá nosotros tengamos a veces la tentación de mirar la sociedad actual sólo desde sus dificultades. Es verdad que vivimos procesos de secularización. Es verdad que se ha debilitado la transmisión de la fe en muchas familias. Es verdad que muchos bautizados se han alejado de la práctica religiosa. Pero el Señor no nos dice: mirad qué mal está todo. Nos dice: mirad los campos. Hay una búsqueda de sentido, hay deseos profundos de fraternidad; hay sed de autenticidad; hay personas que buscan respuestas; hay jóvenes que desean un gran ideal.
Y las hermandades tienen una capacidad extraordinaria para encontrarse con muchas de esas personas. Una procesión llega donde quizá no llegue una catequesis. Una imagen sagrada toca un corazón que quizá no entraría espontáneamente en una iglesia. Una marcha procesional, un silencio ante un Cristo, la mirada de una Virgen, un gesto de caridad, pueden abrir una grieta por la que entre la gracia de Dios. Pero debemos procurar que ese primer impacto pueda continuar después en un camino de fe. Por eso una hermandad debe estar preparada para acoger. No solamente para inscribir hermanos. Para evangelizar. Acoger a quien se acerca, escuchar sus preguntas, invitarlo a participar, ofrecerle formación, acompañarlo en la oración, integrarlo en la vida comunitaria.
El Congreso señalaba precisamente que el cofrade del presente y del futuro debe ser discípulo misionero, hombre o mujer de profunda espiritualidad y sólida formación. Las hermandades están llamadas a ser casas y escuelas de vida cristiana, lugares de primer encuentro con el Señor y espacios en los que las tradiciones dialoguen con la vida contemporánea.
9. Custodiar la tradición mirando al futuro
Las hermandades tienen una historia admirable. Algunas llevan siglos anunciando el Evangelio. Han atravesado épocas muy distintas, momentos de esplendor y períodos de dificultad. Esa historia merece respeto. Las tradiciones no son un peso que debamos abandonar. Son una herencia que debemos recibir con gratitud. Pero una tradición cristiana sólo permanece viva cuando continúa transmitiendo la fe que le dio origen. No se trata, por tanto, ni de destruir lo recibido ni de congelarlo. Se trata de custodiarlo con fidelidad creadora.
En la conferencia de clausura del Congreso recordábamos que la evangelización no puede aferrarse a nostalgias de restauración, pero tampoco puede ignorar el valor de una tradición capaz de enseñar al presente. Las hermandades han de custodiar esos signos de fe y ofrecerlos a las nuevas generaciones en medio de un profundo cambio cultural. Nuestros antepasados nos entregaron unas hermandades vivas. Nosotros debemos entregar a quienes vienen después hermandades todavía más vivas. No basta conservar en perfecto estado el patrimonio material. Debemos transmitir también el patrimonio espiritual. ¿Qué fe recibirán de nosotros los jóvenes? ¿Qué experiencia de fraternidad? ¿Qué amor a la Eucaristía ¿Qué devoción a la Virgen? ¿Qué compromiso con los pobres? Ésas son las preguntas importantes.
10. Hermanos Mayores: servidores de una misión
Permitidme ahora una palabra especialmente dirigida a vosotros, queridos Hermanos Mayores. Habéis recibido una responsabilidad importante. Tendréis que tomar decisiones. Gestionaréis recursos. Presidiréis cabildos. Resolveréis problemas. Representaréis a vuestra hermandad. Pero no olvidéis nunca que vuestra primera tarea es espiritual. Vosotros debéis recordar continuamente a vuestra Junta de Gobierno para qué existe la hermandad. Cuando aparezcan dificultades, volved a lo esencial. Cuando surjan tensiones, volved a Cristo. Cuando haya cansancio, id al Sagrario. Cuando llegue un éxito, dad gracias a Dios. Cuando aparezca una crítica, escuchad con humildad. Cuando tengáis que decidir, buscad el bien de todos.
Y cuidad vuestra propia vida espiritual. Nadie puede dar lo que no tiene. Un Hermano Mayor necesita rezar. Necesita confesarse. Necesita participar en la Eucaristía. Necesita escuchar la Palabra de Dios. Necesita dejarse aconsejar. Necesita tiempo para estar delante del Señor. Porque las hermandades no necesitan solamente buenos gestores. Necesitan testigos, personas cuya vida pueda decir a los demás que merece la pena seguir a Jesucristo.
11. Contemplación y compromiso
Al concluir el Congreso de 2024 resumíamos todo lo vivido en cinco palabras: encuentro, celebración, reflexión, contemplación y compromiso. Y afirmábamos que el futuro de la piedad popular pasa por ser más fraterna, consciente, contemplativa, comprometida, eclesial y solidaria. Creo que estas palabras pueden convertirse en un magnífico programa para este curso. Encuentro: Que nuestras casas de hermandad sean lugares donde las personas puedan encontrarse con Dios y encontrarse verdaderamente como hermanos. Celebración: Que cuidemos la Eucaristía, la liturgia, los sacramentos y nuestros cultos como lugares privilegiados de encuentro con el misterio de Dios. Reflexión: Que no tengamos miedo de pensar, estudiar, formarnos y afrontar con inteligencia cristiana los desafíos del presente. Contemplación: Que sepamos detenernos ante nuestras imágenes, pero no únicamente para admirarlas, sino para rezar ante ellas y dejarnos conducir hacia Cristo. Compromiso: Que la fe celebrada se convierta en vida entregada, especialmente al servicio de quienes más sufren.
Esto es «alzar la mirada»: Mirar a Dios. Mirar al hermano. Mirar al pobre. Mirar al joven. Mirar al que se ha alejado. Mirar la ciudad. Mirar el futuro con esperanza.
12. Con María, alzar la mirada
Y quiero terminar mirando a María Santísima. Sevilla no puede comprender su piedad popular sin María. Bajo tantas advocaciones, Ella acompaña nuestra historia. Dolores, Esperanza, Amargura, Angustias, Rosario, Carmen, Rocío, Reyes, Valme, Consolación, Alegría, Estrella, Paz… Tantos nombres, una sola Madre. María supo alzar la mirada porque antes había puesto su confianza en Dios. En la Anunciación abrió su vida al proyecto del Señor. En Caná vio la necesidad de aquella familia antes que nadie. En el Calvario permaneció junto a la cruz. En Pentecostés estaba con la Iglesia naciente esperando el Espíritu Santo. María nos enseña a mirar. Nos enseña a mirar a Cristo. Nos enseña a mirar las necesidades de los hermanos. Nos enseña a mirar el futuro con esperanza.
Al concluir su viaje a España, León XIV nos invitó precisamente a levantar la mirada como María y, guiados por Ella, retomar el camino con esperanza (Homilía en la Santa Misa, Tenerife, 12 de junio de 2026). Queridos Hermanos Mayores: Comienza un nuevo curso. Vendrán proyectos, celebraciones, aniversarios, dificultades, decisiones y alegrías. Vivámoslo todo desde Cristo. No tengamos miedo. Sevilla posee un tesoro inmenso en sus hermandades y en su piedad popular. Pero ese tesoro no nos ha sido entregado para conservarlo escondido. Nos ha sido confiado para que dé fruto. Los campos están preparados. Muchas personas esperan una palabra, necesitan compañía, buscan sentido. Muchos jóvenes esperan que alguien les muestre una vida que merezca la pena, muchas familias necesitan esperanza, muchos pobres esperan que alguien se acerque. Cristo nos envía.
Por eso, al comenzar este curso cofrade 2026-2027, quisiera dejaros únicamente esta palabra del Señor: «Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega» (Jn 4,35). Alzad la mirada. Mirad a Cristo. Mirad a María. Mirad a vuestros hermanos. Mirad a Sevilla. Mirad el mundo con los ojos de Dios. Y después, con humildad y esperanza, pongámonos a trabajar. Que María Santísima, Madre de la Iglesia, acompañe a todas las hermandades sacramentales, de penitencia y de gloria de nuestra ciudad en este nuevo curso. Y que Ella nos enseñe siempre a alzar la mirada. Muchas gracias.
Nota del Arzobispado de Granada, el 1 de octubre de 2026.
LA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA AYUDA A LA ARCHIDIÓCESIS DE GRANADA CON UN MILLÓN DE EUROS PARA REPARAR LOS DAÑOS DE LOS TERREMOTOS
La Comisión Permanente de la CEE ha aprobado en su última reunión, celebrada los pasados días 29 y 30 de septiembre, una ayuda de un millón de euros para contribuir a la reparación de los daños sufridos por los templos de la Archidiócesis de Granada en los terremotos del pasado mes de agosto.
La Archidiócesis de Granada agradece a los obispos españoles esta ayuda generosa, verdadero signo de comunión eclesial.
La Escuela Internacional de Hostelería y Turismo de Málaga ha celebrado este jueves, 1 de octubre, la jornada de bienvenida y presentación para el nuevo alumnado de primer curso de los ciclos de Dirección de Cocina y Dirección en Servicios de Restauración.
Alumnos y profesores de EIHT
Una jornada especialmente significativa para EIHT, que inicia así su primer curso académico con la escuela al completo, con alumnado de primero y segundo en ambos ciclos formativos. Un nuevo paso en el crecimiento y consolidación de un proyecto educativo que continúa avanzando con la mirada puesta en la formación de los futuros profesionales del sector gastronómico y hostelero.
Durante esta primera toma de contacto, los nuevos estudiantes han conocido al equipo directivo y al profesorado que los acompañará durante su formación, además de encontrarse con sus nuevos compañeros y con el alumnado de segundo curso, que afronta ya su segundo año en la escuela.
La jornada ha servido también para descubrir de primera mano los diferentes espacios en los que se desarrollará su día a día. Los alumnos han recorrido las aulas, las cocinas profesionales, el Restaurante Escuela y el resto de instalaciones de EIHT, integradas en el entorno de Casa Diocesana y el Seminario de Málaga.
Comienza así una nueva etapa para unos estudiantes que, durante los próximos dos años, recibirán una formación especializada y eminentemente práctica, con un modelo dual que conecta desde el inicio el aprendizaje en la escuela con la realidad de las empresas y profesionales del sector.
Con la incorporación de esta nueva promoción, EIHT afronta con ilusión un curso especialmente importante en su trayectoria. Por primera vez, primero y segundo compartirán aulas, experiencias y vida académica, consolidando una comunidad educativa que sigue creciendo y dando forma a una escuela viva, conectada con la gastronomía, la empresa y el futuro profesional de su alumnado.
El documental, impulsado por la Fundación Centro Tierra de Todos y realizado por el Servicio de Vídeo de la Diputación de Cádiz, reúne durante 46 minutos una docena de testimonios sobre las experiencias, pérdidas, esperanzas y dificultades vinculadas a la migración
El administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Ramón Valdivia, presidió en la tarde de ayer, 30 de septiembre, en la Diputación de Cádiz, la presentación del documental El mar de los sueños, una producción que aborda la realidad migratoria desde una perspectiva fundamentalmente humana y a través de los testimonios de quienes han vivido sus consecuencias a ambos lados del Estrecho de Gibraltar.
Con una duración de 46 minutos, el documental pretende acercarse a las historias que quedan habitualmente fuera del foco cuando se informa sobre los movimientos migratorios. El proyecto pone el acento en el coste personal y familiar que supone abandonar el lugar de origen para emprender un viaje por mar marcado por los riesgos, la incertidumbre y la ausencia de garantías de alcanzar la otra orilla.
El mar de los sueños ha sido grabado entre Cádiz y Senegal y cuenta con guion de Carmen Morillo. A través de una docena de testimonios, construye un retrato coral en el que participan personas que consiguieron llegar a Europa, familiares de quienes emprendieron el viaje y personas que permanecieron en Senegal, además de representantes de entidades vinculadas al ámbito de las migraciones y los Derechos Humanos, como la Fundación Centro Tierra de Todos y la Asociación Cardijn.
Las entrevistas permiten conocer experiencias relacionadas con la ausencia y la incertidumbre, el fracaso de quienes no pudieron culminar el trayecto y, en los casos más dolorosos, la pérdida de personas que quedaron en el mar. Junto a estas realidades aparecen también la valentía de quienes emprenden el viaje, el desarraigo, las dificultades de integración, la nostalgia por la tierra de origen y la esperanza de construir una vida mejor.
Durante la presentación, Mons. Valdivia, que estuvo acompañado por el vicepresidente primero de Diputación, Juancho Ortiz, y la guionista del documental, Carmen Morillo, reflejó el drama de la llegada de los migrantes, a lo que se soñaba como tierra de promisión: “Y sin embargo qué dura es la llegada, a una tierra donde se suponía que iban a cumplir sus sueños inmediatamente, pero donde no te reciben. Ya el mismo Jesús vino a los suyos y los suyos no le recibieron”.
El documental recoge asimismo el deseo de algunos de quienes alcanzaron la orilla europea de poder regresar algún día a su país. De esta forma, la producción aborda la migración no solo como un fenómeno social, sino también como una experiencia que transforma la vida de quienes la protagonizan y de sus familias.
Senegal ha sido uno de los escenarios principales escogidos para la grabación, con el propósito de acercarse a los motivos que llevan a algunas personas a tomar la decisión de dejar atrás su vida y afrontar una travesía de enorme riesgo. El documental incluye imágenes y testimonios obtenidos en Dakar, Thiaroye Sur Mer, Touba y Ndiakhitare.
En España, las grabaciones se han realizado en distintos puntos de la provincia de Cádiz, concretamente en Cádiz capital y Puerto Real. La combinación de ambos escenarios permite mostrar las distintas dimensiones de una misma realidad: quienes parten, quienes esperan, quienes consiguen llegar y quienes afrontan las consecuencias de no saber qué ha ocurrido con sus familiares.
Los testimonios también reflejan las consecuencias físicas y emocionales de estos procesos migratorios tanto en sus protagonistas como en las personas de su entorno. El resultado es una mirada que busca ampliar la percepción pública de un fenómeno que con frecuencia aparece reducido a cifras, llegadas o imágenes de rescates.
La iniciativa parte de la Fundación Centro Tierra de Todos, entidad que gestiona el Secretariado Diocesano de Migraciones, y ha sido llevada a cabo por el Servicio de Vídeo de la Diputación de Cádiz.
El proyecto pretende contribuir a una mayor comprensión de las distintas circunstancias que rodean la migración y poner de relieve la dimensión humana de las personas que afrontan estos procesos. En este sentido, el documental plantea también la necesidad de abordar las causas y buscar soluciones políticas que permitan evitar situaciones que empujan a las personas a emprender rutas migratorias peligrosas.
La producción incide, además, en las aportaciones que realizan las personas migrantes a las sociedades de acogida y en los procesos de integración que afrontan tras su llegada. La nostalgia, la esperanza y el deseo de regresar se entrelazan así con las dificultades de comenzar una nueva vida lejos del lugar de origen.
La película se presenta en un contexto en el que la inmigración ocupa un lugar destacado en el debate público y político y en el que las distintas interpretaciones del fenómeno han contribuido a aumentar la polarización social. Frente a una aproximación centrada exclusivamente en cifras o controversias, El mar de los sueños sitúa en primer plano las experiencias personales de quienes viven sus consecuencias.
La producción ejecutiva corre a cargo de Fernando Santiago, mientras que el Servicio de Vídeo de la Diputación de Cádiz se ha encargado de la producción, edición y grabación.
La ambientación musical y la sonorización han sido realizadas por José Manuel García Pelayo y Lucas Camacho, del Estudio La Bodega.
Con testimonios recogidos a ambos lados del Estrecho, El mar de los sueños plantea así un recorrido por las razones que llevan a emigrar, los riesgos del trayecto y las consecuencias que la decisión de partir tiene sobre quienes viajan y sobre las familias y comunidades que permanecen en el país de origen.
La Librería Diocesana de Asidonia-Jerez está presente en la Feria del Libro de Jerez de la Frontera, que quedó inaugurada en la tarde de ayer en los Claustros de Santo Domingo.
Desde su espacio en la Feria, la Librería Diocesana acerca a los visitantes una selección de publicaciones y ofrece la posibilidad de conocer parte de su catálogo durante los días en los que se desarrolla esta cita cultural en la ciudad sede de la Diócesis.
La presencia de la Librería Diocesana se prolongará desde hoy y hasta el domingo 4 de octubre. Hasta el sábado, el horario de apertura será de 10:00 a 14:00 horas y de 17:00 a 22:30 horas.
El domingo 4 de octubre, último día de la Feria, el espacio permanecerá abierto únicamente en horario de mañana, de 10:00 a 14:00 horas.
De este modo, la Librería Diocesana se suma a esta edición de la Feria del Libro de Jerez, participando en este encuentro en torno a la lectura y la cultura que durante estos días tiene como escenario los Claustros de Santo Domingo.
Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, ha participado los días 29 y 30 de septiembre en la 274ª reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), celebrada en Madrid. El pastor diocesano forma parte de este órgano como presidente de la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado.
Precisamente, uno de los asuntos abordados durante estas jornadas está directamente relacionado con la Comisión que preside Monseñor José Rico Pavés. Se trata de la propuesta para la creación de un ministerio laical instituido al servicio de la caridad, iniciativa presentada en la Asamblea Plenaria del pasado mes de abril.
Tras aquella presentación, los obispos encargaron a las Comisiones Episcopales para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado; Liturgia; y Pastoral Social y Promoción Humana la realización de un estudio conjunto sobre esta propuesta. Las conclusiones se han recogido ahora en un documento que ha recibido el visto bueno de la Comisión Permanente y que será presentado en la próxima Asamblea Plenaria de noviembre.
Otro de los grandes asuntos de la reunión ha sido el legado de la visita apostólica del Papa León XIV a España, celebrada del 6 al 12 de junio. La Permanente ha trabajado en la actualización de las Líneas de acción de las distintas Comisiones, Subcomisiones y oficinas de la CEE para incorporar las implicaciones de los discursos y homilías pronunciados por el Santo Padre durante su estancia en nuestro país.
Estas aportaciones se integrarán en las líneas pastorales de la Conferencia Episcopal para el periodo 2026-2030, «¡Poneos en camino!», y serán presentadas en la Asamblea Plenaria de noviembre. La CEE trabaja también en nuevos materiales que permitan leer, conversar y caminar juntos tras la visita del Santo Padre.
La sinodalidad ha ocupado igualmente parte de los trabajos. Monseñor Francisco Conesa, obispo referente de la CEE para el Sínodo, ha presentado propuestas para revisar el modo de proceder sinodal de la Conferencia Episcopal e informado sobre las Asambleas diocesanas de evaluación de la fase de puesta en marcha del Sínodo. Este proceso tendrá como horizonte la Asamblea sinodal de la Conferencia Episcopal, prevista para el segundo semestre de 2027.
Durante las dos jornadas se han estudiado además diferentes proyectos de las Comisiones Episcopales, entre ellos las ayudas a los colegios diocesanos, la Semana del Matrimonio y la revisión de la traducción del Misal Romano. También se han aprobado ayudas para la rehabilitación de los templos dañados por los terremotos en Granada, la reconstrucción del seminario diocesano de Pereira, en Colombia, y el proyecto Kairós.
La Comisión Permanente ha dado asimismo el visto bueno al temario de la 130ª Asamblea Plenaria, que se celebrará del 16 al 20 de noviembre, además de abordar distintos asuntos económicos, de seguimiento y nombramientos.
La participación de Monseñor José Rico Pavés en este encuentro se enmarca en la responsabilidad que desempeña al frente de la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado y en los trabajos que la Conferencia Episcopal desarrolla para orientar la acción evangelizadora de la Iglesia en España durante los próximos años.
Valga este versículo del Eclesiastés para presentar este objeto, que reúne un gran valor testimonial sobre las normas que antaño se guardaban en la catedral malagueña y, por extensión, en todos los demás templos.
Se trata de un letrero pintado sobre madera, uno de tantos que en un momento indeterminado del lejano siglo XVI colgaban en el interior catedralicio. Lo podemos datar por la gramática y el tipo de letra bastardilla, muy propia de los libros corales. El texto, casi borrado, contiene la siguiente advertencia que transcribimos actualizada: «Ninguna persona de / cualquier estado o cali / dad que sea, pasee ni estén / en corrillo en esta santa igle / sia mientras se celebran los o / ficios y sermón. Pena de excomunión mayor latae sente / ntiae reservada a su seño / ría ilustrísima». En realidad, hasta no hace tanto, el silencio y la compostura eran patentes en nuestras iglesias y, no observándolo, se imponía, aunque no con el rigor de siglos pasados…
La existencia de inscripciones parecidas ya era usual en el templo de Jerusalén. Del segundo, se conservan unas piezas epigráficas escritas en griego que recordaban a los visitantes extranjeros, bajo pena de muerte, que solo los judíos podían acceder al santuario. Posteriormente, en las iglesias bizantinas de Licia, en la región de Antalya, fueron frecuentes los mosaicos que expresaban: «Solo los que siguen el camino recto pueden entrar aquí».
En la tarde del 3 de octubre de 1226 tuvo lugar «el feliz tránsito de san Francisco de Asís de la vida terrenal a la patria celestial». Se cumple, por tanto, este 3 de octubre, el octavo centenario de un hecho que la familia franciscana viene celebrando con un año jubilar desde el pasado 10 de enero y que tiene previsto clausurar el 10 de enero de 2027.
Tránsito de san Francisco de Asís de José Benlliure Gil
Unas semanas antes de morir, intuyendo que el momento final se acercaba, pidió ser trasladado a La Porciúncula, lugar donde fundó su orden bendiciendo, de camino, Asís, la ciudad que lo vio nacer. Confirmada por el médico la proximidad de su muerte cuentan que el santo exclamó: «¡Bienvenida, mi hermana muerte!», componiendo así una nueva estrofa que pidió añadir a su Cántico de las Criaturas.
En Málaga, la iglesia del Santo Cristo de la Salud, en la capital, será el lugar en el que se celebren diversos actos y cultos para conmemorar el centenario, organizados por la Orden Franciscana Seglar. Comenzaron el 28 de septiembre, culminando el sábado 3, a las 19.00 horas, con una vigilia para conmemorar el Tránsito y el domingo 4 de octubre, a las 13.00 horas, con la Eucaristía solemne que estará presidida por el arzobispo emérito de Pamplona, D. Francisco Pérez.
Estrofa a la hermana muerte del cántico de las criaturas
«Alabado seas, mi Señor, por la hermana Muerte corporal,
de la que ningún hombre viviente puede escapar:
¡Ay de aquellos que morirán en los pecados mortales!
¡Dichosos los que encontrará en tu santísima voluntad,
En el Día Internacional de las Personas de Edad, este año los impulsores señalan que estamos en “la era de la longevidad” y nos invitan a “repensar los sistemas para una vida más larga”.
Desde la Pastoral del Adulto Mayor queremos dirigir nuestra reflexión hacia el mayor desafío: los valores y la arquitectura mental, ética y espiritual de las sociedades que estamos construyendo, el horizonte hacia el que nos encaminamos.
En este día, invitamos a ser conscientes del vuelco dado en la percepción y vivencia de la vejez, del rechazo e incluso el terror que existe hoy a envejecer. Es peligrosa la negación de la fragilidad y triste la manera en que se olvida al anciano. Esto es lo nuclear a repensar: la deshumanización galopante de la vejez, el empobrecimiento de las relaciones, el hambre y la sed de encuentro.
En este terreno hay un vacío clamoroso y una responsabilidad pendiente. Necesitamos una visión unitaria de la persona y de todas las edades de la vida, un cambio profundo en las relaciones y atender la dimensión espiritual y religiosa, clave de bóveda para todos, tanto para los que han construido su vida sobre ella, como para los que, entre la opción de la desesperación y la esperanza en Dios, quizás finalmente eligen esta última.
La longevidad no es mera acumulación de años y necesidades materiales, es una nueva conversación del alma. Afrontar la mayor esperanza de vida de nuestras sociedades requiere Esperanza. El Papa León en su visita a Francia ha advertido el peligro de su ausencia y la sequedad espiritual en la que muchos viven hoy. Todo está relacionado.
Queridos hermanos ancianos, hermanas ancianas, desde el Secretariado Diocesano de Personas Mayores, en este día en que la Iglesia celebra la santidad de Teresa de Lisieux, Doctora de la Iglesia, os animamos a perseverar en el caminito de la confianza en Dios, al alcance de todos y donde todo se recibe como gracia suya. Perseverar o descubrirlo.
Os trasladamos toda la gratitud, el reconocimiento y el cariño que merecéis. Como nos recuerda el Papa León XIV, Dios no se olvida nunca de ninguno. ¡Feliz día!