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La imagen de Jesús Despojado presidirá el Via-Crucis del miércoles de ceniza en Jaén

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Como se viene celebrando tradicionalmente, la Agrupación de Cofradías y Hermandades de la ciudad de Jaén ha designado a una imagen de pasión para que presida el Via-Crucis del miércoles de ceniza el próximo 13 de febrero de 2013. En esta ocasión será la imagen de Jesús Despojado de la Cofradía de la Amargura.

Ante el Vía Crucis Magno

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Carta del Arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo Pelegrina.

Cáritas Diocesana inicia sus acciones formativas en materia de integración sociolaboral

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Las acciones formativas tendrán lugar en Cádiz, San Fernando, Chiclana y Los Barrios y participarán 36 mujeres desempleadas.

El Aula Torres Padilla peregrina a Sevilla para profundizar en la figura del Siervo de Dios

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El Aula Torres Padilla continúa en su empeño en profundizar en la figura de D. José Torres Padilla y en su proceso de canonización. Por este motivo, veintiún alumnos pertenecientes a este espacio de formación religiosa, visitaron recientemente la casa donde el siervo de Dios vivió sus últimos días, en la sevillana plaza de Santa Marta, así como el lugar donde reposan sus restos mortales, la Casa Madre de las Hermanas de la Cruz. Asimismo, se reunieron con el postulador de la causa, Teodoro, en la Santa Iglesia Catedral de Sevilla.

Reabierto al culto la iglesia de San Miguel Bajo en el Albaicín

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Con una Eucaristía de acción de gracias presidida por el Arzobispo Mons. Javier Martínez en la que los cofrades de Granada y el pueblo cristiano arroparon a la Cofradía de la Aurora, que se ha implicado en su recuperación.

Visita pastoral a la parroquia de Santo Domingo de Guzmán (Benalauría)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Visita pastoral a la parroquia de Santo Domingo de Guzmán, en Benalauría, el 10 de febrero de 2013.

VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA

SANTO DOMINGO DE GUZMÁN

(Benalauría, 10 febrero 2013)

Lecturas: Is 6, 1-8; Sal 137; 1 Co 15, 1-11; Lc 5, 1-11.

(Domingo Ordinario V- Ciclo C)

1.- San Pablo nos recuerda el “Evangelio” o “Buena Nueva”

Hemos leído un texto de una carta de San Pablo que él escribió a los cristianos que vivían en Corinto, una ciudad de Grecia: «Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié» (1 Co 15, 1ª). Y unos versículos más adelante nos dice en qué consiste ese Evangelio: la Buena Nueva que Pablo explica a los Corintios es la presencia de Jesucristo entre los hombres, es decir, que el Hijo de Dios hecho hombre por amor; por amor muere en la cruz y resucita (cf. 1 Co 15, 3-8).

Ese es el núcleo del Evangelio. Lo más importante de nuestra fe es este anuncio: que Jesucristo se ha hecho hombre por nosotros, que ha muerto en la cruz y ha resucitado, y nosotros podemos resucitar con Él.

Esta fe es la que hemos profesado también antes en la visita al Cementerio pidiendo por nuestros antepasados. Este enunciado tan breve es el núcleo de la fe cristiana; después, lógicamente, tiene sus consecuencias.

La Visita Pastoral tiene también como objetivo recordar este contenido de la Buena Noticia, que es el Evangelio: que Jesús nos ama, ha muerto por nosotros, nos ha salvado y nos resucita con Él.

2.- Tres personajes que coinciden en la misma reacción

En las lecturas de hoy hay tres personajes y cada uno tiene una actitud respecto a lo que significa la realidad de Dios en su vida.

La primera lectura nos ha hablado del profeta Isaías. Es el primer personaje. Este profeta ante la realidad de Dios, ante la magnificencia de lo que significa Dios, queda sobrecogido y dice: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito: que al rey Señor Dios han visto mis ojos!» (Is 6, 5). Isaías, por tanto, se reconoce pecador.

El segundo personaje, san Pablo, también se reconoce pecador y dice: «Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios» (1 Co 15, 9).

Y el tercer personaje, Simón Pedro, igualmente se reconoce pecador: «Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5, 8).

¿Quién de vosotros no se reconoce pecador? ¿Quién de nosotros se ve a sí mismo como una persona que lo hace todo bien, que no tiene ningún defecto, que no tiene ningún pecado? ¿Hay alguien? ¿O todos tenemos que pedir perdón al Señor porque nuestra conducta no está de acuerdo siempre con lo que él nos pide?

3.- En los tres casos, el poder del Señor supera la debilidad humana.

En los tres casos que hemos visto en las lecturas de hoy también aparece la fuerza de Dios que es capaz de vencer el pecado y la debilidad del hombre.

Al profeta Isaías, que decía que temía por haber visto a Dios siendo un hombre de labios impuros, se acerca un ángel, coge unas brasas encendidas del altar y le toca los labios purificándoselos (cf. Is 6, 7). Purificar quiere decir pasar por fuego. Por tanto, le pasa a fuego su palabra, su boca.

Tal vez el Señor podría también pasar nuestra boca por fuego para purificarla, y menos cosas dañinas saldrían de nuestros labios. Si tuviéramos los labios purificados, más cosas positivas y buenas pronunciaríamos, más comentarios buenos haríamos de las demás personas.

Aquí hay gente que ha tratado caballos, ¿verdad? A ver, ¿cómo se domina un caballo? ¿Con qué miembro de su cuerpo se domina al caballo? (Respuesta de un fiel: por la boca). Se le domina por la boca, se le ponen unas cuerdas al hocico y desde el hocico se domina todo el caballo.

Lo mismo que un barco. ¿Cómo se dirige el barco? (Respuesta de un fiel: por un timón). Un timón, que es una cosa pequeñita.

¿Cómo se domina a la persona humana? ¿Quién es capaz de dominarse a sí mismo? Es capaz el que es capaz de dominar su lengua. Es un órgano muy pequeño, pero se mueve mucho y puede hacer mucho daño.

Esto es lo que le pasó a Isaías. El Señor purificó sus labios, su boca, para que, en vez de molestar con ella, hablar mal, hacer daño, hablara cosas buenas y positivas, pronunciara alabanzas a Dios y hablase bien de los hermanos. Pues eso es lo que podemos pedirle también al Señor para nosotros, que nos dé una lengua positiva, para hablar bien, para alabar a Dios.

Es también el caso de los otros dos personajes. San Pablo también confesó que a pesar de su pecado Dios le había perdonado y la gracia de Dios era más fuerte que el pecado: «Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy» (1 Co 15, 10).

Y también, Simón Pedro ante Jesús cuando reconoce que es pecador, Jesús le contesta: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres» (Lc 5, 10).

4.- La Visita pastoral

Esta Visita es un alto en el camino en el que nos debemos plantear cómo vive la fe esta comunidad cristiana que está en Benalauría. ¿Cómo vivís la fe? ¿Está aletargada?, ¿es como ese fuego de la chimenea del hogar que se está apagando y hay que coger el instrumento para remover las cenizas, quitar las cenizas que no permiten ver el fuego del rescoldo, aventar, avivar el fuego, echar nuevos tronquitos para que ese fuego reavive?

Desearía que esta Visita Pastoral os ayudara a reavivar el fuego de la fe y el fuego del amor que vive en vuestro corazón. No dejéis apagar la fe, no dejéis apagar el amor a Dios y el amor a los demás.

Os animo a que quitéis las cenizas, aventéis un poco y renovéis la leña del fuego de la fe y del amor para que otra vez caliente de nuevo el hogar. Que este fuego caliente nuestra alma, y anime también al pueblo, a los hijos de Benalauría.

5.- Sólo queda reaccionar como lo hicieron ellos

Los personajes que hemos escuchado hoy dieron una respuesta positiva.

Cuando el Señor preguntó en tiempos de Isaías: «¿A quién enviaré?». Isaías respondió: «Aquí estoy, mándame» (Is 6, 8). ¿Estáis dispuestos a anunciar a los demás la fe que vivís? ¿Seréis capaces de decir hoy al Señor: “Aquí estoy, envíame, quiero ser tu testigo, quiero decir a los demás que creo en Ti, que me siento amado por Ti y que vale la pena ser cristiano”? ¿Estáis dispuestos a decir eso al Señor?

San Pablo también reconoció que su gracia no se había frustrado en él (cf. 1 Co 15, 10). Y fue predicando por medio mundo conocido por aquel entonces, desde Grecia hasta Roma (Italia). Predicó el Evangelio, la Buena Nueva de Cristo encarnado, muerto en la cruz y resucitado, que es la síntesis de la fe.

Simón Pedro y los demás discípulos a orillas del Lago de Genesaret también fueron capaces de dejar la barca y las redes, pues eran pescadores, y seguir a Jesús (cf. Lc 5, 11). Y Jesús los convirtió de pescadores de peces en pescadores de hombres.

Tal vez, el Señor quiere hoy también convertirnos en anunciadores de su Evangelio, en pescadores de hombres, en testigos de la Buena Noticia. Y nosotros tenemos que estar disponibles para eso.

6.- Tarea de la comunidad cristiana parroquial.

Os quiero invitar a que asumáis las diversas tareas que tiene la comunidad cristiana.

D. Mariano, el párroco, celebra la Eucaristía y confiesa, que son las dos acciones más importantes que hace el sacerdote. También enseña catequesis, visita enfermos, cuida de la comunidad. Pero la comunidad no puede funcionar si los fieles de la misma no asumen tantas otras tareas que podéis asumir.

Tenéis también vosotros que anunciar el Evangelio a vuestros hijos y a vuestros nietos. Tenéis que trasformar el mundo, la sociedad. Tenéis que iluminar con la luz de la fe todas las realidades humanas, la familia, la cultura, el municipio, las relaciones sociales.

Estáis llamados a realizar algo muy importante que no podéis dejar de hacer, porque si no lo hacéis vosotros no lo hará nadie.

Quiero animaros en esta Visita Pastoral a que cada uno, aunque sea anciano y abuelito, asuma las tareas y la misión que el Señor le pide. Os animo a eso. Y que juntos, con el párroco y las personas más comprometidas, entre todos mantengáis la fe.

La fe cristiana no puede apagarse en Benalauría y los responsables sois vosotros, queridos fieles cristianos. El fuego del hogar no debe apagarse y los cuidadores de ese fuego sois vosotros. Entre todos hay que atizar el fuego.

Vamos a pedirle a la Virgen María, Nuestra Señora del Rosario, que nos ayude a asumir estas tareas y a vivir con alegría la fe. Ser cristianos es ser personas felices, alegres. No puede haber un cristiano que sea triste, aunque le pase lo que le pase, porque tenemos la fuerza y el gozo de Dios.

Le pedimos a la Virgen que nos ayude a seguir viviendo la fe y a mantenerla viva en esta comunidad cristiana. Que así sea.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Visita Pastoral a la parroquia de Nuestra Señora del Rosario (Algatocín)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Visita Pastoral a la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en Algatocín, el 10 de febrero de 2013.

VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

(Algatocín, 10 febrero 2013)

Lecturas: Is 6, 1-8; Sal 137; 1 Co 15, 1-11; Lc 5, 1-11.

1.- San Pablo nos recuerda el “Evangelio” o “Buena Nueva”
Hemos escuchado en la Carta de san Pablo a los Corintios que él quiere recordarles lo más importante: «Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié» (1 Co 15, 1ª). Es decir, San Pablo les dice: acordaos de la Buena Noticia que recibisteis.

Del mismo modo, esta tarde en esta Visita Pastoral a la comunidad cristiana de Algatocín quiero recordaros el Evangelio, la Buena Noticia que recibió esta comunidad hace tiempo. Y la Buena Noticia es el anuncio de Cristo que se hizo hombre, se anonadó, murió por nosotros en la cruz, resucitó y ahora está sentado a la derecha del Padre. Este anuncio tan sintético, que después profesaremos al recitar el Credo, es lo más importante del anuncio cristiano, el kerigma, la síntesis de la fe cristiana.

Pues bien, esta Buena Noticia es la que quiero recordaros. Como san Pablo lo hizo a los cristianos de Corinto, lo recuerdo ahora a los cristianos que residís en Algatocín. Y, al mismo tiempo, os pido que esa Buena Noticia sigáis transmitiéndola a vuestros hijos, a vuestros nietos y a los vecinos de este querido pueblo.

Además, esto lo hacemos ahora en el contexto de la Eucaristía. Esta celebración es lo más importante de la Visita Pastoral porque la Eucaristía es el centro y el culmen de la vida cristiana.
2.- Las tres lecturas de este domingo coinciden en la misma reacción
Las lecturas de hoy, del V domingo del Tiempo Ordinario, en su ciclo C, nos presentan tres personajes con un denominador común: Isaías, Pablo de Tarso y Simón Pedro.
Los tres tienen conciencia de ser pecadores. Puesta ante el Señor, ante Dios, la criatura humana se siente infinitamente pequeña y pecadora.

Isaías reconoce que tiene labios impuros, una boca que no solamente sirve para bendecir, sino que a veces puede incluso maldecir o hablar mal: «¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y entre un pueblo de labios impuros habito: que al rey Señor Dios han visto mis ojos!» (Is 6, 5).

San Pablo reconoce que ha sido un perseguidor de los cristianos. Por tanto, se sabe pecador: «Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios» (1 Co 15, 9).

Y Simón Pedro, también le dice al Señor: «Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador» (Lc 5, 8).

Esta condición de pecadores la tenemos todos nosotros. Hemos de reconocer ante la bondad y magnificencia de Dios que Él es lo más grande y santo, y que nosotros somos pecadores.
3.- En los tres casos, el poder del Señor supera la debilidad humana.
Hay otra coincidencia en los tres, que la gracia de Dios es más importante y más fuerte que el mismo pecado de los hombres. La gracia de Dios puede con todo.

En Isaías se acerca un ángel y le toca los labios con unas brasas ardiendo y los purifica. Se podría decir, por tanto, que la acción de Dios quema el pecado del hombre: «Mira, esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado» (Is 6, 7).

Por su parte, san Pablo dice que en él no se ha perdido la gracia y que la gracia lo puede todo: «Mas, por la gracia de Dios, soy lo que soy» (1 Co 15, 10).

Y en el caso de Simón Pedro, Jesús le dice que su pecado no es solamente perdonado, sino que le confía una misión, ser pescador de hombres: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres» (Lc 5, 10).
4.- Sólo queda reaccionar como lo hicieron ellos
Estos tres personajes, tanto Isaías, como Pablo, y Simón, trasformados por la presencia de Dios y por su gracia, fueron capaces de dar testimonio de la fe que vivían.

Isaías fue un gran profeta; Pablo fue un gran predicador del Evangelio; y Simón Pedro, con los discípulos, pasó de ser un pescador de peces a ser un pescador de hombres.

En esta tarde vamos a pedirle al Señor que nos trasforme, que nos cambie, que perdone nuestros pecados porque todos somos pecadores. También me confieso, me confesé hace unos días y volveré a hacerlo dentro de la Cuaresma. Necesitamos pedir perdón al Señor y esperar que su gracia nos cambie por dentro.

Hoy este grupo que se ha levantado, que ha dicho sus nombres, va a recibir el sacramento de la confirmación, va a recibir el don del Espíritu. El don del Espíritu os va a trasformar por dentro y vais a salir renovados del templo parroquial, porque es el Espíritu el que nos trasforma, porque es como el fuego que quema lo que no vale, quema la ganga, quema la paja, quema lo que no sirve, y al oro, al purificarlo, lo aquilata más.

Así que, si entrasteis por la puerta siendo oro de unos quilates determinados, cuando salgáis del templo, después de haber recibido el Espíritu, habréis sido aquilatados por él, habréis sido purificados por su don, y saldréis siendo oro de más quilates, con lo cual, esto tiene que traslucirse después en vuestras acciones.

Vais a ser capaces, porque el Señor os envía a predicar el Evangelio, a ser testigos suyos de esta Buena Noticia, no sólo en el pueblo y la comunidad cristiana de Algatocín, sino allá donde estéis, en el trabajo, en los estudios, en la familia, en la sociedad… El Señor espera que vayáis transformando todos esos lugares y contextos en los que estáis.

El Señor os envía hoy como a Isaías, como a san Pablo y como a san Pedro, a anunciar la Buena Nueva, a anunciar el Evangelio. Pero no sólo lo hace a los confirmandos, lo hace a cada uno de nosotros. A todos nosotros el Señor nos envía a ser pregoneros y testigos de su Evangelio.
5.- Tarea de la comunidad cristiana parroquial.
Quiero felicitaros por la comunidad cristiana que formáis y quiero seguir animándoos a que asumáis las tareas propias de la comunidad. El párroco, D. Mariano, lleva cuatro comunidades y necesita una mayor ayuda. Hay cosas que podéis asumir vosotros: evangelizar, catequizar, etc. Se trata de asumir tareas para que la comunidad funcione. Os animo a que forméis con él una piña, un equipo de trabajo, de colaboradores, que entre todos llevéis la comunidad adelante.

Quiero agradecer a los que ya lo hacéis, a los que ya compartís la tarea de anunciar el evangelio, de educar en la fe a los demás y animar a los padres a que tomen en serio la educación de la fe de sus hijos. Padres, catequistas, párroco, entre todos tenéis que llevar adelante la comunidad y mantener esta fe.

Como san Pablo, os recuerdo el Evangelio que recibisteis. No lo perdáis, que no se apague el fuego de la fe y del amor en esta comunidad cristiana. Hay que mantener ese fuego que trasforma la sociedad. La presencia de los cristianos en la sociedad es necesaria porque el cristiano pone un poco de luz, un poco de alegría, una pizca de sal como ponéis en las comidas. Sabe mejor la comida con una pizca de sal. Sin esa pizca de sal, que somos los cristianos, este mundo estaría más corrompido de lo que está, y ya lo está bastante. Nosotros hemos de transformarlo.

Vamos a pedirle al Señor que nos ayude a vivir con alegría la fe cristiana y a trasformar este mundo desde la fe, a anunciar la Buena Nueva de que Cristo nos ha salvado, de que ha muerto por nosotros y que ha resucitado; y unidos a Él podemos también nosotros resucitar.

Le pedimos a la Virgen María que nos acompañe en esta tarea, y que no la abandonemos nunca nosotros. Cuando van una madre y una hija de la mano, puede que la hija se suelte de la mano de la madre, y puede que la madre suelte la mano de su hija; pero en el caso de la Virgen tenemos la seguridad de que Ella nunca, nunca, nos deja de su mano. Si alguna vez nos hemos separado es porque nosotros nos hemos apartado y hemos dejado su mano. La Virgen nunca deja de tender su mano y nunca deja de acompañarnos. No abandonemos su mano. No nos soltemos de Ella. Que así sea.

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X Encuentro Diocesano de Educadoras

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