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Lo Santos, nuestros hermanos

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Carta Pastoral del Arzobispo de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo Pelegrina.

Joaquín Perea desempolva sus recuerdos personales de la historia de la Hermandad del Perdón

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’50 años desde fuera’ permitió al delegado diocesano de Hermandades y Cofradías subrayar los valores que, desde su fundación, los cofrades que conmemoran su cincuentenario han propuesto como su seña de identidad clásica.

Convivencia de las comunidades neo-catecumenales (Hotel Los Abades, Loja-Granada)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada en la convivencia de las comunidades neo-catecumenales celebrada en el Hotel Los Abades, en Loja, Granada, el 27 de octubre de 2013.

CONVIVENCIA DE LAS COMUNIDADES NEO-CATECUMENALES

(Hotel los Abades. Loja – Granada, 27 octubre 2013)

Lecturas: Eclo 35, 12-14.16-18; Sal 33; 2 Tm 4, 6-8.16-18; Lc 9-14.

(Domingo Ordinario XXX – C)

1.- Agradecemos los ecos que son siempre experiencia de la acción del Espíritu en cada uno de nosotros. Y seguiremos experimentando la buena acción del Señor en nuestras vidas, gracias a Dios, porque si nos parásemos aquí no tendría sentido nada. Ahora comentaremos el tema de la meta o la carrera.

Pablo, a su amigo y discípulo Timoteo, le escribe una carta cuando ya está a punto de morir, cuando ya ha pasado de todo por predicar el Evangelio.

2.- Conocéis bien la historia de Pablo: azotes, cárceles, naufragios… de todo. Y al final, cuando ya se encuentra cercano al encuentro definitivo con el Señor, escribe a Timoteo, diciéndole varias cosas, de las cuales voy a destacar cuatro de ellas.

Pablo dice a Timoteo: «He combatido bien mi combate» (2 Tm 4, 7). La vida cristiana es un combate con alguien, no con cosas, y lo sabemos bien. Es un combate con el maligno que se disfraza de muchas maneras; el combate es contra las fuerzas del mal, contra lo que no quiere a Dios. Pueden ser personas, puede disfrazarse de cosas, en las tentaciones de Jesús en el desierto (cf. Mt 4, 1-11), ahí estaba el diablo.

Pero Pablo dice: “he combatido bien mi combate”; ha sido un púgil que ha aguantado todo, con tortas, con caídas, con todo lo que queráis, pero ha combatido bien, se ha mantenido firme.

«He corrido hasta la meta» (2 Tm 4, 7b). La carrera que Dios ha propuesto a Pablo, éste la ha terminado, no se ha quedado a mitad, no se ha quedado en la cuneta, no se ha deshinchado, no le ha traicionado ni abandonado. Le ha puesto una vida por delante y Pablo ha corrido hasta donde Dios ha querido; ya ha tocado la meta.

«He mantenido la fe» (2 Tm 4, 7c). Estos son los tres objetivos en la vida de cada cristiano a los que Pablo nos estimula. Porque la pregunta que nos toca ahora es: ¿estoy combatiendo bien mi combate o abandono porque no tengo fuerzas para enfrentarme con las tentaciones, con el maligno? Por supuesto que con las propias fuerzas de uno mismo no podemos hacerlo, pero puedo hacerlo con Jesucristo, con su fuerza, con su Espíritu, con su palabra, con sus sacramentos.

3.- El “llegar hasta la meta” de los que estamos aquí, no hemos llegado nadie, estamos todos en camino. Vosotros os llamáis precisamente con esa imagen de “el camino”. Aquí no termina nadie, aunque haga todos los pasos; no se os ocurra a nadie decir que ha terminado el camino, ni que habéis terminado las etapas, porque estamos en camino todos hasta el final de nuestras vidas, hasta que el Señor nos pasa a la vida eterna.

Y los mismos pasos son momentos, procesos y etapas que nunca terminan. Decía el papa emérito Benedicto XVI en la Porta Fidei, cuando nos invitó a vivir el Año de la Fe, que el bautismo es la puerta de la fe en el que entras en un camino que no acaba nunca, hasta la eternidad (cf. Porta Fidei, 1). Eso es lo que está diciendo Pablo y nos está invitando a seguir adelante, pase lo que pase; aunque haya tentaciones, sean del color que sea. Ese es el maligno al que hay que combatir con la fuerza del Espíritu.

4.- Esta última actitud que nos presenta Pablo de “he mantenido la fe” hace referencia a la idea de mantener lo que Dios nos ha dado, de mantener la esperanza y la caridad. La fe, entendida en sentido global, implica esperanza y caridad. Es la unión de las tres virtudes teologales, que son las que nos ponen en sintonía con el Señor.

Mantener la fe es responder a la invitación y a la llamada que Cristo me ha hecho de vivir con Él. Pero esa respuesta, bien sabemos, se da cada día y nunca la damos definitivamente.

Pablo proclama que ha podido predicar la fe de modo íntegro. A veces tenemos la tentación de predicar aquellos aspectos de la fe que más nos gustan, o que más nos convienen, o que más nos refuerzan. La fe se vive (y las comunidades Neocatecumenales fundamentalmente sois misioneras) para anunciarla, ha de ser un anuncio completo, íntegro, global. No caben medias verdades, medias verdades no es el Evangelio.

5.- El anuncio del Evangelio es global, total; es el anuncio de Jesucristo y toca todas las dimensiones de la vida, de la sociedad: el hombre, la familia, el trabajo, la economía, la política… lo toca todo. El anuncio debe ser integral, total, porque se anuncia una Persona. No se anuncian cosas o verdades sueltas. Se anuncia la Verdad, se anuncia la Luz, el Bien, la Libertad. Estos bienes transcendentales podemos atribuirlos perfectamente a Jesucristo. Esa es nuestra vivencia y ese ha de ser nuestro anuncio.

El Espíritu nos transforma para toda esa preparación de los proyectos que Kiko tiene, inspiración del mismo Espíritu, y que antes nos comentaba Rafael, de predicar el Evangelio en otras zonas en las que no está aún muy arraigado y donde va a ser muy complicado.

En el siglo XVI Europa evangelizó todo el mundo conocido entonces. Han pasado 400 años ya y, aún, hay que seguir anunciándolo porque muchas gentes, incluso entre los nuestros, no conocen al Señor.

6.- En el Evangelio, el mismo Jesús, propone una parábola con dos actitudes o formas de orar: la oración “a la farisaica” y la oración “a la publicana”.

No voy a preguntaros qué tipo de oración hacéis porque me vais a decir que “la publicana”; pero soy consciente, y me lo digo a mí mismo también, de que nosotros rezamos a veces “a la farisaica” y a veces “a la publicana”. No somos en nuestra oración puramente publicanos, y tampoco fariseos, porque según nuestro estado de ánimo, según nuestro momento, según nuestra debilidad o fortaleza, a veces somos fariseos, nos creemos los mejores.

7.- Algunas personas, que no están en comunidades, dicen que vosotros os presentáis como los mejores, como los puros, como “la crem de la crem”, y que consideráis al resto de cristianos como de segunda ciudadanía.

Imagino que ya conocíais esto, pero si no lo supierais os lo digo (risas). También tengo que decir que hace unas décadas, quizás esa idea estaba más extendida. Recuerdo que, siendo un joven sacerdote, el párroco vecino tenía varias comunidades y fui a sustituirle. A terminar la celebración, unos hermanos de esa comunidad me preguntaron por qué no pertenecía a las comunidades. Les expliqué que el Señor nos lleva a cada uno por un camino. Y ellos me dijeron muy solemnemente: “¡Pues hasta que no entres en una comunidad neo-catecumenal no te convertirás”! ¡Pobre de mí! (risas). Eso, gracias a Dios, no lo he oído más.

8.- El fariseo se cree lo que no es. Cree saber mucho y en realidad sabe poco. Se mira a sí mismo y se mira al ombligo, y aunque levanta los ojos hacia el cielo, no ve nada. Están tan llenos de sí que, aunque los ojos los tenga hacia arriba, se está mirando hacia dentro (cf. Lc 18, 11). Y ese, el fariseo, no bajó justificado.

El publicano, que no se atrevía a levantar los ojos y que se miraba hacia dentro, veía su realidad: pobre, frágil, pecadora, necesitada de conversión, necesitada de perdón y misericordia del Señor, sin juzgar a los demás como el fariseo que sí juzgaba. El publicano se mira a sí mismo y pide perdón al Señor (cf. Lc 18, 13). Y éste sale justificado del templo.

Vuelvo a repetir que nuestra oración, a veces, puede ser “a la farisaica” y otras veces “a la publicana”.

9.- El Señor nos ayuda a que nuestra oración sea cada día más sencilla ante Dios. Y la actitud ante Él ha de ser, En primer lugar, reconocimiento de mi miseria, mi fragilidad, mi pecado. Necesito confesarme, pedirle perdón al Señor. Si no se parte de ahí, no hace falta que prosigamos; nuestra oración con el Señor queda rota, si no empezamos a aceptar esta verdad teológica y real de nuestra vida.

La segunda actitud es: ya que no tengo fuerzas porque soy limitado, soy una criatura, lo necesito todo de Dios, lo espero todo de Dios: su perdón, su amor, su cercanía, sus bienes, su gracia, sus dones, todo. No tengo nada mío, todo lo he recibido del Señor. Por tanto, una acción de gracias a Dios debe salir del corazón.

Y estas dos actitudes llevan a la tercera, que es alabanza y honor al Señor, dar gracias al Señor y vivir como Él, teniendo en cuenta al hermano. Éste es el doble precepto de la caridad, la moneda que tiene las dos caras: de Dios y del prójimo.

10.- El Evangelio de hoy es una síntesis perfecta de lo que es la vida de fe. Reconócete lo que eres, criatura, no eres el creador. La sociedad quiere decirnos que el hombre vive mejor sin Dios y eso es una mentira como esta sala de grande. El hombre no vive mejor sin Dios; el hombre no es Dios, aunque quiera erigirse y quitar el puesto que corresponde a Dios.

Esa es la síntesis: somos criaturas que dependemos de Dios, al que hemos de tributar amor, honor, alabanza y correspondencia; y al hermano, por el mismo amor, la misma correspondencia.

Vamos ahora a proseguir esta Buena Nueva, a disfrutarla, a asimilarla por dentro y darle gracias a Dios, que eso es la Eucaristía: Acción de gracias porque nos haya iluminado con la fe nuestros ojos, nuestra inteligencia y nuestro corazón, sobre todo, para vivir esta Buena Nueva que hemos escuchado hoy en el Evangelio. Amén.

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Semana de formación en la parroquia de Santa Ana de Guadix

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La parroquia de Santa Ana de Guadix ha celebrado una semana de formación, del 15 al 19 de octubre. El párroco, Juan Saéz, ha sido el encargado de dirigir este ciclo formativo, que ha abordado temas de interés y actualidad para la comunidad parroquial de este barrio accitano.

Confirmaciones en la parroquia de la Inmaculada Concepción (Sierra de Yeguas)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la celebración de Confirmaciones en la parroquia de la Inmaculada Concepción (Sierra de Yeguas) el 26 de octubre de 2013.

CONFIRMACIONES

EN LA PARROQUIA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

(Sierra de Yeguas, 26 octubre 2013)

Lecturas: Sab 35,12-14.16-18; Sal 33; 2Tim 4, 6-8.16-18; Lc 18,9-14.

1.- Hemos escuchado una carta del Apóstol Pablo a un amigo y discípulo suyo llamado Timoteo. Cuando ya Pablo se encuentra al final de su vida, después de que ha vivido muchos avatares, ha pasado muchas dificultades, ha predicado el Evangelio, ha sido perseguido, se ha salvado de muchos zafarranchos a punto de matarle, ha sufrido azotes, cárceles, naufragios, ya viendo la muerte cercana, porque está preso y van a decapitarlo, en esa carta le dice a este amigo una frase que tiene tres aspectos que son lapidarios.

Dice a Timoteo: «1) He combatido el noble combate, 2) he acabado la carrera, 3) he conservado la fe» (2Tim 4, 7). Esas tres cosas las dice Pablo después de todo ese largo proceso de su fe y de su amor a Jesucristo, habiendo demostrado en cada momento que era fiel. ¿Podríais decir lo mismo vosotros que no estáis condenados a muerte?

2.- En el momento actual de vuestra carrera, y no me refiero profesional, es decir, en este momento de vuestra vida, ¿podríais decir como Pablo: “el combate lo he llevado adelante como un buen gladiador”? ¿Contra qué o contra quién habéis combatido? ¿Cuáles son vuestros enemigos? Si Pablo habla de combate debe haber un contrincante enfrente, ¿no?

¿Contra quién había luchado Pablo? Pablo luchó no en la arena, había luchado contra el maligno, contra un ser que existe, que se llama diablo, que tiene muchas formas de manifestarse y de expresarse: en forma de tentación, en forma de pinchar, en forma de… de mil maneras.

¿Habéis vivido algún combate o, tal vez, os resulta facilísimo vivir la fe y ser cristianos? No habéis tenido aún ningún disgusto, nadie os ha insultado por ser cristianos, sois bien comprendidos, sois bien amados, todo funciona sobre ruedas, todo es una maravilla, una felicidad, y ser cristiano no es difícil. ¿Qué decís? ¿Es fácil o difícil?

3.- El diablo tienta de muchas maneras. Hay gente que no cree y, encima, no nos quiere dejar creer. Se habla mucho de democracia y de libertad, pero después los que no están de acuerdo combaten a los que piensan de forma distinta; y los no creyentes ponen trabas a los creyentes; ¡pues dejadles! Si uno quiere expresar su fe y su amor, si va a misa, ¡déjalo vivir la fe!

Hay un combate que todo cristiano libra contra las fuerzas del mal. Se puede manifestar de muchas maneras. Hay un proceso de camino que recorrer, hay una carrera que recorrer, como Pablo, y hay gente que se queda en la cuneta y renuncia a correr, renuncia a seguir siendo cristiano.

Esta tarde vais a recibir el don del Espíritu Santo para, precisamente, seguir combatiendo bien el combate contra el mal, contra el pecado, contra el egoísmo. Poned aquí los siete pecados capitales: la pereza, el alejamiento de Dios, todo.

Hay que seguir caminando en esta vida, hay que seguir llegando hasta el final, sin quedarme atrás, sin renunciar al camino o sin quedarme sentado en la cuneta.

4.- Y la tercera idea que decía Pablo: «He mantenido la fe» (2Tim 4, 7c). Hay gente, ahora hablo más de estudiantes, aunque también en el mundo del trabajo, que durante su niñez han creído, han practicado la fe con sus familias cristianas, han tomado la llamada “primera” comunión, para algunos la última también, se han confirmado, han ido al Instituto, han ido a la Universidad y, allí, han perdido la fe. No han sabido contrarrestar el envite, el golpe.

El don del Espíritu Santo os va a fortalecer precisamente para esto. Sois los confirmandos, los confirmados del Año de la Fe, que va a terminar dentro de un mes. Es significativo que os confirméis en el Año de la Fe, para que seáis buenos testigos de la fe.

5.- Hace dos domingos, en Tarragona, como bien sabéis, se beatificaron quinientos veintidós mártires que murieron por la fe en Jesucristo, entre los años 35 y 37. La persecución religiosa no se identifica con la Guerra Civil, eso es otra cosa. La persecución religiosa comienza en España en el año 1931; por tanto, al inicio de la Segunda República, y era por odio a la fe. La ciudad de Málaga, en mayo de 1931, sufrió la quema de más de cincuenta iglesias, monasterios y conventos, por odio a la fe.

El maligno estuvo encarnado en unos pobres ignorantes a quienes se les había comido el coco, diciendo que la Iglesia era la responsable de todos los males que tenía España, es decir, la culpa era de los curas, los frailes y los cristianos católicos.

Espero que eso no vuelva a repetirse. Pero tened en cuenta que el siglo XX, dos mil años después de Jesucristo, dicho por el Papa, ha sido el siglo de mayor persecución contra los cristianos. El sesenta y tanto por ciento, dos terceras partes de todos los mártires de los veinte siglos, dos terceras partes, murieron en el siglo XX. Esto es escalofriante.

6.- Y voy a daros otro dato, y no para asustaros, sino para que estéis firmes en la fe: Cada año, con estadísticas de una institución objetiva, muere por la fe en torno a cien mil cristianos en el mundo. En este año 2013, que ya está terminando, habrá ya unos noventa mil muertos; pues aún faltan diez mil. Esto ocurre en muchos países donde el cristianismo es perseguido. Parece que os estoy poniendo las cosas un poco negras, ¿verdad? Pues no las pongo negras, son así.

Y esto ocurre desde los tiempos de Pablo, que murió decapitado poco después de escribir esta carta, que nos anima a los cristianos del siglo XXI a mantenernos firmes, a dar testimonio, a combatir el combate, a seguir la carrera que nos toca y a mantener la fe.

Para eso no son suficientes nuestras fuerzas. Que nadie piense que esta tarde va a profesar la fe de manera subjetiva y que eso es lo que vale. Eso es lo que se ha dicho en las catequesis de estas últimas décadas: que la confirmación es la reafirmación subjetiva de la fe. También lo es el bautismo, y también lo es todos los domingos cuando rezamos el credo.

7.- La confirmación, igual que el bautismo, es el sacramento del don de Dios, de la gracia de Dios que se nos regala. En la monición de entrada, se nos ha hecho referencia a la fe recibida en el bautismo. Pues ahora vais a recibir el don del Espíritu en mayor plenitud que el bautismo. Pero, fundamentalmente, la confirmación es el regalo del Espíritu que Dios quiere darnos, que Jesucristo nos envía para ser buenos testigos, y que sin esa fuerza no podemos ser cristianos.

Por tanto, os felicito por el regalo que vais a recibir. Ahora bien, es un regalo que implica un compromiso. No es un regalo para tenerlo guardado, sino para cuidarlo, conservarlo y promoverlo. Pero, sobre todo, es un don que se os va a regalar. Ese don lo significaréis, después, cuando encendáis las velas que lleváis ahora apagadas en las manos; las encenderéis del Cirio Pascual, que es la luz de la fe que recibisteis en el bautismo y que ahora os toca mantener en las manos siendo testigos donde estéis: en casa, entre los amigos, en la calle, en el instituto, en la Universidad, en el trabajo, en la familia, donde estéis.

No se puede ser cristiano de puertas adentro de las iglesias. Aquí venimos a celebrar la fe, a pedir fuerzas a Dios, a pedirle perdón y ayuda, pero hemos de vivir la fe de puertas afuera y, para eso, se os va a regalar el don del Espíritu.

8.- En el Evangelio de hoy, Jesús ha explicado mediante una parábola dos actitudes de cómo situarse ante Dios: una, la del fariseo. El fariseo es el que conoce la ley, el leguleyo; piensa que cumpliéndola está todo hecho, que se justifica por cumplirla sencillamente, por hacer las cosas que dice la ley, y que con eso se gana, se canjea el favor de Dios. Su mentalidad es: “yo compro a Dios cumpliendo la ley”.

Pero su razonamiento falla por dos razones: primero, porque nadie cumple la ley perfectamente. A ver, ¿cuántos mandamientos hay de la Ley de Dios? (Respuesta de un confirmando: “Diez”). ¿Los cumplís todos? ¿Todos a pies juntillas? A mí me toca confesarme de vez en cuando, porque no los cumplo. El que los cumpla todos que levante la mano. ¡Uy, pues no veo muchas manos levantadas!

Primera razón. El fariseo es un orgulloso que cree que cumple la ley, pero es que tampoco la cumple.

Y segunda razón: “tú no negocias con Dios, con Dios no se negocia”. Dios te regala el perdón, Dios te regala su Espíritu, Dios te regala la fe, el amor y la esperanza. No te la ganas tú.

9.- Igual habréis oído a nuestros padres con buena fe, o a los catequistas, o a un sacerdote incluso, decir que “hay que ganarse el cielo”. ¿Lo habéis oído alguna vez? El cielo no se lo gana nadie. El cielo nos lo ha ganado Jesucristo ofreciéndose en la cruz. El cielo está ya ganado por Cristo. Falta que nosotros lo recibamos.

Veo que habéis puesto sobre el Espíritu Santo los siete dones y en la primera de mi izquierda pone “Santificador”. El Espíritu nos hace santos, el Espíritu de Jesús nos hace santos, Él nos hace santos. No nos hacemos santos nosotros cumpliendo, porque no cumplimos. Por tanto, no podemos hacernos santos por nuestras propias fuerzas.

Al final, ese fariseo, como no cumple la ley plenamente, es un orgulloso y quiere comprar a Dios, sale del templo sin ser perdonado.

El publicado, considerado un pecador público, un colaboracionista con los romanos, que cobraba los impuestos a los de su raza para pagar a los romanos y de paso quedarse con una parte para vivir. Pero el publicano no se atreve a mirar hacia arriba siquiera. Se agacha, se mira a sí mismo, reconoce de qué pasta está hecho y se reconoce siendo un desastre, un pecador. Reconoce que él no se gana nada y pide el perdón de Dios.

Pues bien, éste salió justificado, éste salió del templo perdonado. Hay dos maneras de rezar, ¿cuál de ellas usáis vosotros: la del fariseo o la del publicano?

Esta es una parábola que el Señor cuenta para explicarnos mejor lo que Él quiere.

10.- En resumen, ante Dios que es la gratuidad absoluta, el amor infinito, la misericordia y el perdón, hemos de situarnos con el reconocimiento humilde de lo que somos. Somos criaturas, no somos dioses. Reconozcamos nuestra pequeñez, nuestra humildad, nuestra realidad frágil y el Señor nos perdonará.

El modelo que tenemos todos y que, además, es la titular de vuestra parroquia, es la Virgen María, la Inmaculada, que supo situarse ante Dios realmente como hay que situarse: “Yo soy la esclava del Señor, hágase en mí como Tú quieras. Yo no mando en mí, manda Tú en mi persona. Dime qué tengo que hacer y lo haré” (cf. Lc 1,38).

11.- Y termino, tenéis que preguntarle al Señor qué quiere de vosotros. Normalmente se hace al revés. La gente os pregunta: ¿qué quieres ser? Y vosotros respondéis: “A mí me gustaría ser…” “Yo quiero ser…”.

Con Dios no se funciona así. No debemos ir a Él diciéndole: “yo quiero ser… A ver si me ayudas, a ver si me consigues la plaza”. A Dios hay que ir como el publicano, como María: “Señor, ¿Tú, qué quieres de mí? ¿Tú, qué quieres que yo sea? La Virgen tenía sus planes y el Señor se los cambió todos.

Vosotros tenéis vuestros planes; os veo jóvenes. Todos tenéis vuestros proyectos. ¿Y si esta tarde el Señor os cambia el proyecto que tenéis pensado? ¿Estaríais dispuestos a cambiarlos u os resistiríais?

Ser confirmados esta tarde implica que os tenéis que poner en manos del Señor y preguntarle: ¿Qué quieres de mí? ¿Cómo quieres que yo sea cristiano? ¿Dónde quieres que dé testimonio? Porque a lo mejor estás pensando en formar una familia y el Señor te pide que te vayas a África o a Málaga, me da igual. O al revés, quizás estés pensando en hacer no sé qué y el Señor quiere que formes una familia y que tengas muchos hijos y los eduques cristianamente.

¿Esto lo habéis captado? ¿Le vais a hacer la pregunta al Señor? ¿Qué quieres de mí? Si no lo habéis hecho aún, id acostumbrándoos a preguntarle cada día: Señor, ¿qué esperas de mí?, ¿qué quieres de mí?

Le pedimos a la Virgen que nos ayude, porque Ella sí que lo hace. Amén.

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Ciclo de cine en el Año de la fe

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Un homenaje cinematográfico al papado.

Yadey, un niño de cinco años, protagoniza una campaña de San Juan de Dios con motivo del Día Mundial del Daño Cerebral

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El grupo grancanario Efecto Pasillo y Cajasiete han colaborado en la realización de un vídeo que tiene un reto: conseguir 10.000 visitas para que la entidad bancaria entregue 2.000 euros a la investigación de esta lesión neurológica.

Una cita inminente con Osio de Córdoba

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Fachada del Palacio Episcopal.

Congreso Internacional en el Palacio Episcopal.

El Arzobispo de Orissa habla con los seminaristas de Murcia sobre la situación de los cristianos en la India

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Los seminaristas y el equipo de formadores del Seminario Mayor de San Fulgencio recibieron ayer la visita del Arzobispo de Cuttack- Bhudaneswar de Orissa (India), Mons. John Barwa, que les habló sobre la situación de persecución y discriminación que sufren los cristianos en su país.

La parroquia de San Leandro de Cartagena ya tiene sede de Cáritas

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En la tarde de ayer, jueves, el Obispo de la Diócesis de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, bendijo la nueva sede de Cáritas de la parroquia de San Leandro, de la barriada de la Virgen de la Caridad de Cartagena. Al acto acudieron además, el Vicario Episcopal de Cartagena, D. José Abellán; el párroco de San Leandro, D. Francisco Moya; el Secretario General de Cáritas Diocesana, D. Antonio Sánchez, así como el director de Cáritas Cartagena y el consiliario; y decenas de fieles y vecinos.

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