
Tuvo lugar la tarde del domingo, 30 de agosto, junto a la presentación del nuevo vicario parroquial, Jesús Romera
La entrada El Obispo preside la toma de posesión de Ángel Cristo Arroyo en Lucena apareció primero en Diócesis de Córdoba.

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El padre Francisco Fernández Alcedo reivindica el papel de la Iglesia como espacio de acompañamiento y consuelo y pide evitar cualquier escalada de tensión entre las comunidades religiosas
El vicario de Ceuta y párroco del Santuario de Santa María de África, el padre Francisco Fernández Alcedo, ha intervenido esta mañana en la Cadena COPE para analizar la respuesta de la comunidad ceutí ante la crisis humanitaria desencadenada el pasado 30 de julio. Durante su intervención, el sacerdote ha defendido el papel de la Iglesia como acompañante de quienes atraviesan situaciones de sufrimiento y ha llamado a preservar la convivencia que caracteriza a la ciudad autónoma.
Fernández Alcedo ha asegurado que la Iglesia no puede permanecer al margen del dolor que atraviesa parte de la ciudadanía. «Ahora mismo, Ceuta está con el alma en vilo y con el corazón roto, y ante ese hecho, la Iglesia, pues no puede permanecer indiferente», ha señalado.
En este contexto, el vicario ha destacado la importancia del Santuario de Santa María de África como uno de los principales espacios de encuentro, consuelo y vida comunitaria de la ciudad. Aunque ha reconocido que los recursos materiales de los que dispone la Iglesia son limitados, ha puesto el acento en la labor de acompañamiento pastoral y en la necesidad de mantener una presencia cercana junto a las personas que están sufriendo las consecuencias de la situación.
«El deber de la Iglesia es acompañar y ver dónde está el prójimo al que, como ese buen samaritano, pues tenemos que atender una situación que nos desborda», ha explicado Fernández Alcedo, apelando a la dimensión asistencial y humana de la comunidad religiosa.
Una llamada a preservar la convivencia
Durante su intervención, el sacerdote también ha incidido en la necesidad de evitar que la crisis derive en una fractura social. Fernández Alcedo ha reivindicado el carácter plural y convivencial de Ceuta y ha rechazado cualquier escenario de crispación. «Ceuta no quiere la crispación, Ceuta sabe convivir, Ceuta es una ciudad acogedora y amante de esa convivencia», ha afirmado.
El vicario ha trasladado así un mensaje de serenidad ante la situación y ha defendido la responsabilidad compartida de las distintas comunidades religiosas para impedir que las tensiones puedan desembocar en enfrentamientos. En este sentido, ha apelado a la vigilancia y a la responsabilidad de todas las confesiones presentes en la ciudad para evitar que la situación pueda agravarse. «La Iglesia es garante de esa convivencia y es garante de que esto no vaya a extrapolarse a otro enfrentamiento», ha subrayado.
Fernández Alcedo ha puesto además en valor el diálogo interreligioso que forma parte de la vida cotidiana de Ceuta. A su juicio, la relación entre las distintas comunidades no debe entenderse como un gesto puntual o meramente institucional, sino como una realidad asentada en el día a día de la ciudad.
Con su intervención, el vicario ha querido reforzar la idea de que, ante una situación de especial dificultad, el acompañamiento, la solidaridad y el mantenimiento de los canales de diálogo resultan fundamentales para proteger la convivencia y evitar que la crisis humanitaria termine generando una crisis social de mayor alcance.

La Institución Teresiana conmemora el aniversario de la muerte de la beata cordobesa con una Eucaristía en la capilla donde reposan sus restos
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La Pastoral Juvenil del arciprestazgo de Antequera ha vivido la experiencia «Buscando el norte», peregrinación por las ciudades de Ávila, Palencia y Fátima que venían organizando desde comienzos de año. Un recorrido que les ha llevado a las raíces de la fe.
«La experiencia ha consistido en unos días visitando lugares especiales para nuestra fe, y siguiendo el ejemplo de distintos santos», explica Daniel Gutiérrez, sacerdote responsable de dicha pastoral estos últimos años.
Han visitado Ávila, «para empaparnos del espíritu de santa Teresa de Jesús, y profundizar en la oración»; Palencia «para visitar a nuestro gran san Manuel González. Tuvimos la suerte de celebrar la Eucaristía junto a su tumba, a los pies del Sagrario. Ese día profundizamos en el valor de la Eucaristía»; aprovecharon también para hacer una visita cultural a Zamora, «y allí nos preparamos para acercarnos a la figura de la Virgen María con una catequesis especial, además, profundizamos en el tema de la vocación; y, por último, concluyeron su peregrinación en Fátima, «donde tratamos la llamada a la Santidad. Han sido unos días de desconexión para encontrar el sentido de nuestras vidas, y disfrutar en muy buena compañía», añade Daniel.
Antonio Curiel, coordinador de la Pastoral de Infancia y Juventud del Arciprestazgo de Antequera, explicaba a comienzos de año cómo surgió esta iniciativa: «siguiendo la estela de años anteriores, en los que hemos participado en la Peregrinación Europea de Jóvenes (PEJ) a Santiago de Compostela; la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) a Lisboa, con el papa Francisco; y el Jubileo de los Jóvenes en Roma, con el papa León, los jóvenes de Antequera hemos decidido que otro verano más, dejamos el bullicio y el alboroto que conlleva un verano de mil planes para dar un frenazo a nuestra vida, subirnos al autobús y dedicar una semana a intentar acercarnos más al Señor e intentar responder a esa pregunta que nos llevamos haciendo tiempo: «Señor, ¿qué quieres de mí?»».
El lema que trabajaron el año pasado fue «Señor, te dejo que le des un giro a mi vida» y el de este año ha sido «Donde Él me quiera», terminando el proceso de estos años «Buscando el norte».
Querida comunidad. Damos gracias a Dios porque, un año más, estamos celebrando a nuestra Madre y Patrona: la Virgen del Mar. Recordamos con amor a los devotos que durante este año han fallecido y a las personas impedidas que, por diversos motivos, no pueden participar de esta celebración.
SALUDOS
Querida Hermandad de la Virgen del Mar, Hermano Mayor, Camareras y Horquilleros, servidores de nuestra Señora. Presidente de la Junta de Hermandades, Hermanas y Hermanos Mayores, Superior y Comunidad de los Padres dominicos, personas Consagradas, Vicario General, Canónigos de nuestra Catedral, Sacerdotes y Diáconos, Seminaristas y jóvenes que lleváis a Santa María del Mar en vuestro corazón.
Ilustrísima Alcaldesa, Corporación municipal, autoridades civiles, (provinciales, regionales y nacionales), autoridades militares, judiciales, académicas y portuarias. Hermanas y hermanos todos.
Aquí estamos a tus pies, setenta y cinco años después de tu Coronación Canónica. Setenta y cinco años reconociéndote como Reina y Señora de nuestra tierra y de nuestro pueblo. …Pero una corona no es un adorno más. En el lenguaje de la fe significa que ponemos nuestra vida bajo tu amparo y que reconocemos en María el camino más seguro para llegar a Cristo. No coronamos a la Virgen para hacerla más grande, la coronamos porque nosotros necesitamos recordar quién ocupa un lugar de honor en nuestro corazón.
Las fiestas patronales son mucho más que un programa de actos o unas tradiciones que pasan de generación en generación. Son una oportunidad para preguntarnos qué lugar ocupa María en nuestra vida personal y también en la vida de nuestra comunidad cristiana. La devoción auténtica nunca termina en una emoción pasajera. Nos impulsa a vivir el Evangelio con más alegría, a mirar a los demás con más misericordia y a comprometernos con quienes más nos necesitan. Toda devoción, todo el cariño, solo es verdadero cuando se convierte en obras de amor.
María llegó del mar y la convertimos en nuestra patrona, de este barco que somos la Iglesia. Y este detalle tampoco deja de hablarnos. Del mar llegaron, en distintos momentos de la historia, hombres y mujeres que trajeron la fe y sembraron el Evangelio entre nosotros. Del mar llegó aquella imagen que ha acompañado la historia de Almería durante siglos. Del mar han llegado pueblos, culturas y personas que nos conforman. El mar nos configura, ha sido un puente, un camino por el que Dios ha seguido escribiendo nuestra propia historia. Estamos ligados al mar y en María estamos ligados a la fe.
A esa que, desde hace siglos, acompaña el caminar de nuestro pueblo y que, como una estrella en la noche, nos recuerda que nunca estamos solos. Porque hay muchos días en los que necesitamos mirar al cielo. Y hay momentos en los que necesitamos una Madre.

Ahora, Madre, la creación gime con dolores de parto. Este verano, hemos escuchado los gritos de la tierra desgarrada, sin aliento. Hemos vivido la tragedia de los incendios, el grito de la tierra agrietada por los terremotos, el sufrimiento de tantas personas cercenadas por un futuro incierto.
Hoy venimos a María con nuestras alegrías, pero también con nuestras heridas; con aquello que agradecemos y con aquello que todavía no sabemos cómo colocar delante de Dios. Venimos con nuestros fracasos en la convivencia y con nuestros logros y esfuerzos de corazones generosos. Y la Virgen del Mar nos recibe como somos.
Una madre no dice: «¿De dónde vienes?» Una madre se preocupa y nos pregunta: «¿Qué te pasa?» o «¿Qué os pasa?» ¡Hijo, no tienen vino! Y la Madre, con mayúsculas, nos enseña precisamente eso: a mirar al otro con misericordia. Almería necesita esa mirada. Necesita hombres y mujeres capaces de mirar más allá de las diferencias, capaces de tender puentes, de perdonar, de comenzar de nuevo. Necesita cristianos que no tengan miedo de vivir el Evangelio en medio de la sociedad. Porque nuestra fe no puede quedarse encerrada en las paredes del templo. El final de todas nuestras Misas siempre es un envío: «¡Podéis ir en paz!» Y la paz no se improvisa, está entretejida de virtudes, de Evangelio. Querida comunidad, la fe, portadora de la paz de Cristo, tiene que bajar a la calle. Tiene que entrar en nuestras casas. Tiene que llegar a nuestros trabajos. Tiene que hacerse servicio, cercanía, justicia y misericordia.
Por eso hoy María nos invita a la compasión y a la misericordia, del mismo modo que hace pocas semanas todos nos volcamos, cada uno en su medida, con las personas de las tierras arrasadas, casi sin futuro inmediato, si no ponemos entre todos una solución. Esta compasión por el sufrimiento de la creación, para los que creemos que todo viene de las manos de Dios, es esencial y urgente en estos tiempos; no sentirla significaría la destrucción de la humanidad, del bien común, significaría deshumanizarnos y vivir como depredadores. Nuestra riqueza está en la naturaleza, la casa que nos cobija, la tierra que nos alimenta, el espacio para convivir en busca del Edén.
La Virgen del Mar no es solamente una imagen que veneramos. Es una presencia que nos conduce a Jesús. María nunca se queda en ella misma. Su vida entera parece decirnos una sola cosa: “Haced lo que Él os diga”. Ese es el secreto de María que desgrana las páginas del Evangelio. Ella sabe escuchar. Sabe guardar la Palabra. Sabe confiar incluso cuando no entiende. Sabe acercarse a la persona que la necesita. Y sabe permanecer junto a quienes sufren. Y acompaña a la Iglesia desde el principio de nuestros días.
Alrededor de la Virgen desaparecen muchas diferencias. Personas de distintas edades, pueblos e historias que nos configuran y nos exigen caminar juntos porque descubrimos que tenemos una misma Madre. Y cuando un pueblo aprende a encontrarse en torno a aquello que le une, la convivencia deja de ser un deseo para convertirse en una realidad.
Ojalá que, al celebrar estos setenta y cinco años de la Coronación, no nos quedemos solo contemplando una serena imagen con una magnífica corona. Ojalá volvamos a casa con el deseo de parecernos un poco más a María: disponibles para Dios, cercanos a los demás y capaces de llevar esperanza allí donde haga falta. Porque esa será siempre la mejor manera que tengamos de honrar a la Virgen del Mar.
Hoy, ante nuestra Madre, no pidamos solamente que nos proteja. Pidámosle también que nos transforme. Que nos haga más humanos. Más compasivos. Más capaces de escuchar. Más generosos. Más valientes para defender la dignidad de cada persona. Y que nos enseñe a mirar a Almería con ojos nuevos. A amar esta tierra no solamente porque es nuestra, sino porque en ella Dios nos ha puesto para cuidarla y para servir.
Almería mira al mar. Y en el mar contempla a María. Que María mire hoy a Almería. Que mire nuestras casas. Que mire nuestras heridas. Que mire nuestros sueños. Y que, bajo su manto, aprendamos todos a caminar juntos. Santa María, Nuestra Señora del Mar, Patrona nuestra: quédate con nosotros. Sé faro en nuestras noches. Sé consuelo en nuestras heridas. Sé esperanza en nuestros caminos.
Y llévanos siempre hasta Jesús.
Amén.
+ Antonio Gómez Cantero, Obispo de Almería

Palma del Río celebra este domingo la romería con distintos cultos y la bajada de la patrona hasta la parroquia de la Asunción
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La Iglesia diocesana de Huelva se prepara para vivir con especial alegría la ordenación diaconal de los seminaristas Domingo Tejero Díaz y Yerso José Parra Altuve, quienes recibirán el sacramento del Orden en el grado del diaconado por la imposición de manos y la oración consecratoria de nuestro obispo, Mons. Santiago Gómez Sierra.
La celebración tendrá lugar el próximo sábado, 12 de septiembre, festividad del Dulce Nombre de María, a las 11.00 horas, en la Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Merced.
Con la ordenación diaconal, ambos seminaristas darán un paso decisivo en su camino vocacional y ministerial, poniéndose de manera especial al servicio de la Iglesia, del anuncio de la Palabra, de la liturgia y de la caridad.
Este acontecimiento constituye un motivo de acción de gracias para toda la Diócesis de Huelva y, de manera particular, para sus familias, las comunidades cristianas de las que proceden y el Seminario Diocesano, que acompaña y sostiene su proceso de formación y discernimiento.
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El rezo del rosario, los cantos a la Madre de Dios y los «vivas» (oraciones espontáneas) acompañaron a la imagen de la Patrona de la diócesis y la ciudad de Málaga en su bajada desde el Santuario a la Catedral. En el podcast «Victoria, Gloria a Ti» te lo contamos.