Un verano más, la Renovación Carismática Católica de la Diócesis de Cartagena organiza una serie de evangelizaciones en distintos lugares de veraneo.
A partir de este viernes, la Renovación Carismática Católica de la Diócesis de Cartagena organiza un verano más una serie de evangelizaciones que tendrán lugar en distintas zonas de playa de la Región de Murcia. Seguirán el formato Una luz en la noche, por el que los evangelizadores, de dos en dos, saldrán a la calle para dialogar con los veraneantes, anunciarles que Dios los ama e invitarles a pasar a una iglesia cercana, abierta durante esa noche, donde el Santísimo permanecerá expuesto.
La primera de estas evangelizaciones será este viernes en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Los Urrutias (Cartagena). La siguiente será en la Parroquia San Pedro Apóstol de San Pedro del Pinatar una semana después, el 24 de julio. El viernes 7 de agosto se realizará en la playa de Villananitos y en Lo Pagán (San Pedro del Pinatar), en la capilla de Nuestra Señora de la Asunción. El 21 de agosto será el turno de la Parroquia Santiago Apóstol de Santiago de la Ribera (San Javier), y las evangelizaciones concluirán el viernes 28 de agosto en la ermita de Nuestra Señora de la Asunción de Bahía de Puerto de Mazarrón. Todas las evangelizaciones comenzarán a las 20:00 horas, a excepción de esta última de Puerto de Mazarrón, que será a las 21:00 horas.
Además, está previsto que el sábado 1 de agosto se celebre una jornada de formación destinada a todos aquellos que participan en estas evangelizaciones, que no son solo quienes salen a la calle, sino también quienes permanecen en el interior del templo orando ante el Santísimo por los frutos de esta actividad. Los detalles de la jornada se anunciarán próximamente.
Con este ya son cinco los veranos consecutivos que la Renovación Carismática Católica organiza estas evangelizaciones en zonas de playa, abiertas a todos aquellos que deseen participar. Para colaborar en ellas, basta con presentarse en la parroquia donde vayan a realizarse en el día y la hora indicados, que pueden consultarse también en el cartel de la actividad.
Se acerca la consagración episcopal del sacerdote Patricio Larrosa, natural de Huéneja, como obispo de Danlí, en Honduras. Será el 25 de julio, lo que no nos permite acercarnos a la persona y la labor que ha realizado el padre Patricio, como todos lo conocen, durante 33 años en aquel país. Una tarea apoyada y acompañada desde España, a través de la Fundación ACOES y de tantas parroquias y personas de buena voluntad que han apoyado y apoyan su misión. En esta ocasión, reproducimos un artículo de la hondureña Patricia Ynestroza, publicado en Vatican News en abril de este año.
En 1992, el padre Patricio Larrosa llegó a Honduras con la intención de quedarse solo unos años, pero su vocación de servicio lo llevó a dedicar más de tres décadas a acompañar a las comunidades más pobres a través de la educación, la salud y la formación humana, impulsando un proyecto que hoy apoya a más de diez mil estudiantes y moviliza a cientos de voluntarios.
Patricia Ynestroza – Honduras
En 1992, el padre Patricio Larrosa llegó a Honduras con la intención de compartir la fe durante algunos años. Poco a poco su misión «temporal» se convirtió en una entrega total. Acompañando a las comunidades más pobres a través de la educación, la formación humana y el trabajo comunitario. Hoy, el proyecto que impulsa ha logrado apoyar a más de diez mil estudiantes y ha movilizado a cientos de voluntarios dentro y fuera del país.
Una vocación nacida en la infancia
El origen de esta misión no surgió de un plan calculado, sino de una convicción temprana, como lo afirma el padre a Vatican News. Patricio recuerda que desde los nueve o diez años descubrió en su pueblo natal, Huéneja, que ayudar a los demás “llena mucho el corazón”. Más tarde comprendió que esa experiencia estaba profundamente unida al mensaje de Jesús: vivir con amor, compartir y entregarse.
El Padre Larrosa con los chicos en Honduras a quienes ha ayudado
Esa idea se transformó en una llamada permanente. Según él, Dios invita a todos a colaborar con su vida para construir un mundo mejor, especialmente para quienes más sufren. En su búsqueda por concretar esta vocación, realizó un curso misionero y allí escuchó que Honduras era un país con poco clero y altos niveles de pobreza. Solicitó ser enviado y recibió la oportunidad de integrarse a esa Iglesia. “Ha sido un gran regalo de Dios”, afirma, recordando que al llegar descubrió que también había muchas personas hondureñas dispuestas a ayudar. Con el tiempo, esa voluntad se organizó y creció.
Con amigas colaboradoras en el centro infantil Virgen del Pino
La constancia como mayor desafío
A lo largo de los años, miles de niños y jóvenes han recibido apoyo desde la guardería hasta la universidad. Para el padre Patricio, el reto más grande no ha sido iniciar, sino mantenerse fiel al mismo objetivo durante más de 33 años. “Lo más interesante ha sido dedicarse a hacer lo mismo durante treinta y tres años”, dice. Para él, la clave ha sido no rendirse, “no quitar el dedo del renglón”, y concentrar casi todo el esfuerzo en una educación integral, con valores cristianos y compromiso humano.
Con algunos voluntarios muchos de ellos fueron ayudados por el padre
El religioso reconoce que el camino no habría sido posible sin la fe: “Dios ha sido la gran ayuda”, repite con sencillez.
Educar para la independencia
Uno de los principios fundamentales del proyecto es acompañar a las personas para que lleguen a ser independientes. Para el padre Patricio, esa independencia no significa únicamente tener recursos económicos, sino alcanzar la madurez personal y comunitaria.
Se trata de desarrollar las cualidades que Dios ha dado a cada ser humano: inteligencia, voluntad, conocimiento, capacidad de organización, solidaridad y servicio. La independencia, explica, es formar personas capaces de reflexionar, decidir y amar. Este proceso no ocurre de manera automática afirmó: se construye en comunidad y se aprende cada día en lo que él llama “la escuela de Jesús”, un aprendizaje constante que dura toda la vida.
Educando con amor y dedicación
«Esta chica es una de las jóvenes colaboradoras del proyecto, que vienen a la escuela santa Teresa a ayudar a niños con problemas de aprendizaje y que necesitan una atención especial. Viene a colaborar media jornada y otra media jornada va a estudiar a la universidad. También los muchachos que estudian bachillerato en la escuela colaboran de voluntarios durante algunas horas cada semana para que aprendan a ayudar ya que es una de las asignaturas más importantes que queremos enseñar en la escuela», afirma sobre esta foto el padre.
Más allá de la escuela: salud, vivienda y alimentación
Aunque la educación es el eje central, el proyecto también trabaja en áreas como alimentación, salud, vivienda y construcción de escuelas. Estas acciones no se realizan solo para cubrir necesidades inmediatas, sino también como parte de la formación comunitaria. Según el padre Patricio, cada proyecto busca enseñar a las personas cómo organizarse, capacitarse y ejecutar iniciativas que fortalezcan el desarrollo de sus comunidades. La meta es que los propios habitantes puedan transformar su entorno.
Ese impacto ya se refleja en historias concretas: jóvenes que salieron de sus aldeas, se formaron profesionalmente y regresaron como maestros, enfermeras, ingenieros o técnicos para servir a su gente y generar cambios duraderos.
Ayudando también a las familias de esos chicos
En esta foto, nos cuenta el padre, «la señora en el huerto de su casa es un proyecto de huertos familiares que lleva un muchacho que estudió con con la fundación, ingeniero agrícola en Intíbucá. El joven se llama Amadeo, estudió en la escuela agrícola de Catacamas y pudo hacer un máster en la universidad de Córdoba España».
Voluntariado: construir una comunidad humana
El trabajo no sería posible sin el apoyo de voluntarios. Actualmente participan alrededor de 800 personas y existe respaldo desde distintas ciudades, especialmente en España. Para el padre Patricio, el voluntariado no es solo un apoyo operativo: es parte del sentido profundo del proyecto.
Forjando grandes hombres del mañana
Él lo define como una expresión del mensaje cristiano: construir una comunidad donde se aprenda a vivir como hermanos, reconociendo a Dios como Padre común. Por eso, el proyecto se mantiene abierto a cualquier persona que quiera aportar su “granito de arena”.
“Todos tenemos algo para dar y todos tenemos necesidad de recibir algo”, señala. Para él, lo importante es generar espacios donde compartir sea posible. Cada año llegan personas de diferentes edades y realidades, unidas por el deseo de ayudar y convivir.
Un premio como impulso, no como meta
El proyecto recibió el Premio de Derechos Humanos Rey de España, un reconocimiento importante que el padre Patricio recuerda con alegría. Sin embargo, insiste en que el valor del premio está en el impulso que genera, no en el prestigio.
Los chicos le demuestran al Padre todo su cariño
Fue, dice, un motivo de ánimo para seguir adelante y continuar creando espacios de solidaridad en un mundo lleno de desafíos. Aunque reconoce que lo que pueden hacer es pequeño frente a la magnitud de los problemas, afirma que eso no justifica la inacción.
“Lo peor —decía Santa Teresa de Calcuta— es la indiferencia”, recuerda. Y concluye con un mensaje claro para quienes apoyan desde otros países: la unión de pequeñas acciones puede mejorar el mundo.
“Lo poco de muchos unidos hace mejorar algo el mundo. Merece la pena intentarlo.”
En Huéneja, España
«Hacemos un encuentro en el pueblo donde nací que se llama Huéneja (Granada) España de todos los colaboradores y amigos de la misión en Honduras. El lugar son unos castaños que tienen aproximadamente 2000 años. Los participantes llegan en la mañana y alrededor de las 12 o 1:00 de la tarde celebramos la Eucaristía. Y después el Alcalde del pueblo invita a todos a un arroz. Los participantes llevan también comidas de sus pueblos típicas y compartimos. Los jóvenes hondureños que están en España estudiando se hacen presentes, agradecen a todas las personas que ayudan y comparten también su testimonio de vida.»
Celebración eucarística en Huéneja
Una misión que sigue creciendo
Lo que empezó con un pequeño grupo de monaguillos se convirtió en una red que ha cambiado miles de vidas. El testimonio del padre Patricio habla de onstancia, comunidad y esperanza construida día a día.
Abastecen la dieta de los chicos y sus famiias
En la provincia de Granada, España. Desde un pueblo que se llama Durcal se mandan contenedores a Honduras. Actualmente se envían desde otro pueblo que se llama Purullena. También se envían camiones contenedores desde Fuengirola en Málaga, Sevilla Pamplona y Madrid.
La Diócesis de San Cristóbal de La Laguna está de enhorabuena porque desde este sábado 11 de julio, cuenta con un nuevo presbítero, Gustavo Pinto Rancel.
El obispo Eloy Santiago presidió la celebración en una Catedral llena de fieles que quisieron arropar con su cercanía y oración al joven neopresbítero, natural de Venezuela.
Santiago comenzó su homilía mostrando el sentimiento de gozo que supone la ordenación de un nuevo sacerdote. “Damos gracias al Señor que, escuchando nuestra súplica, sigue llamando a jóvenes a seguirlo en el ministerio sacerdotal al servicio de su pueblo santo. Una llamada que no todos escuchan o que no todos responden con disponibilidad porque les da miedo”.
El prelado nivariense añadió que es algo natural sentir vértigo e incertidumbre cuando se presenta la vocación sacerdotal. En este sentido, se refirió a la vivencia de Jeremías al ser elegido profeta. “Se siente pequeño, es un niño. No se ve capaz de anunciar la palabra de Dios, que le supera”.
Una experiencia, añadió el obispo, muy similar a la que viven muchos jóvenes que han sentido o sienten en su corazón esa llamada. “A todos ellos, como a ti, Gustavo, te digo las palabras del Señor a Jeremías: no tengas miedo. El temor, el miedo -a los demás o a uno mismo- no procede de Dios ni es propio de los que le pertenecemos, sus amigos”.
Monseñor Santiago hizo hincapié en que los miedos no desaparecen por nuestra propia valentía, sino por la confianza que surge de saber que no estamos solos. “Dios está con nosotros. Aunque caminemos por cañadas oscuras -como las que encontramos a veces en la vida ministerial- nada tememos, porque Él va con nosotros, su vara nos sosiega, no nos castiga”.
El prelado, en otro momento de su homilía, quiso transmitir a Gustavo varios consejos para su vida ministerial. “Cultiva la amistad de Dios en tu vida a través de la oración, de la lectura asidua y la meditación de la Palabra de Dios, de la celebración de los sacramentos, de la adoración eucarística… pero no una relación que te aleje de los hombres -como afirmaba el Papa en su carta para la Jornada por la santificación sacerdotal -, sino una relación que te acerque a todos, que forje en ti un corazón paciente, tierno, capaz de cercanía, de compasión y de escucha; como Cristo ha sido contigo”.
Santiago también recordó que el buen pastor es quien es un auténtico amigo de Dios, aquel que cuida del pueblo pero que también cuida de uno mismo y quien no antepone nada al amor de Cristo. “Que todos, especialmente los pobres y vulnerables, encuentren en ti, Gustavo, un hermano que acoge, que escucha, que acompaña, que se compadece y, sobre todo, que ama; viviendo así tu sacerdocio podrás conducirlos a Dios. Igual que otros han hecho contigo”.
Para finalizar, monseñor Santiago hizo un recorrido por las personas que han sido instrumento de Dios en la vocación sacerdotal de Gustavo. “Pienso en tu familia, en tu parroquia, en los sacerdotes que has conocido, en los compañeros y formadores del Seminario, en tantos hermanos en la fe que te han acompañado con su amistad y oración, y que hoy comparten tu alegría, que es nuestra alegría; y pienso también, cómo no, en Venezuela, a la que estás unido, en esta hora difícil que está viviendo”.
Por último, el obispo hizo referencia al lema escogido por Gustavo para su ministerio sacerdotal: “Soy todo Tuyo y todo lo mío es Tuyo». Que María, Madre de los sacerdotes, te acompañe en tu vida sacerdotal y te haga vivir como Ella en total y gozosa disponibilidad a la voluntad de Dios, la única que pueda dar plenitud a nuestra existencia creyente y sacerdotal”.
Tras su reciente nombramiento como delegado episcopal de Cáritas Diocesana de Málaga, Reinaldo Aguilera afronta esta nueva misión con sentido de envío y profunda vivencia eclesial. El pasado 16 de junio, en un acto celebrado en el Obispado junto a los responsables de los distintos cargos diocesanos, realizó la profesión de fe y el juramento de su cargo ante el obispo, Mons. José Antonio Satué
¿Cómo recibió la noticia y cómo fue su discernimiento personal para decir que sí?
Recibí esta noticia a través de una llamada del obispo de Málaga, D. José Antonio, quien me propuso asumir la responsabilidad. Ante ello, le trasladé las reservas que considero lógicas cuando a uno le proponen una tarea así: la sensación de no contar, a priori, con todas las capacidades necesarias para desempeñarla. Él comprendió mis dudas y me ofreció tiempo para pensarlo.
Sin embargo, le respondí que, si se trataba de una decisión discernida en oración y abierta a la acción del Espíritu Santo, ya no era solo una elección personal suya, sino una llamada que también yo debía acoger. Entendí que, como obispo, es quien envía, y yo me siento enviado por él. Esta vivencia me ha dado mucha paz para afrontar la nueva misión.
El Papa ha recalcado en su viaje a España que la caridad, en la Iglesia, no es la fijación de algunos, sino «el núcleo incandescente de la misión eclesial». ¿Qué opina de esa afirmación?
Creo que esa afirmación es clave para comprender qué es Cáritas. No es simplemente un grupo, aunque tenga una dimensión estructural necesaria para su funcionamiento. En el fondo, Cáritas no se define por su función, sino por su esencia. Y su esencia es el Evangelio: Dios es amor. Por eso no puede haber separación entre la fe y la caridad. Cáritas es una forma de canalizar ese amor, pero el amor siempre es más grande que cualquier institución. Por eso la Iglesia nos recuerda constantemente que no se puede separar a Cristo de la caridad.
Y esto, ¿cómo podemos llevarlo a cabo en nuestra vida parroquial?
A veces, en las parroquias, se tiende a ver Cáritas como un grupo más, o incluso como algo ajeno a la vida eclesial. Superar esa dicotomía es fundamental. Cáritas debe entenderse como una realidad transversal, presente en todos los ámbitos de la parroquia, del mismo modo que todo está llamado a ser liturgia.
Cuando fragmentamos en exceso la acción pastoral, corremos el riesgo de empobrecer nuestra comprensión de la caridad, porque organizarse es necesario, pero no puede hacernos perder de vista que la caridad forma parte del corazón mismo de la Iglesia.
«Cáritas debe entenderse como una realidad transversal, presente en todos los ámbitos de la parroquia, del mismo modo que todo está llamado a ser liturgia»
Cáritas acompaña cualquier realidad de vulnerabilidad. ¿Hay alguna situación que, de manera particular, interpele su sensibilidad y su compromiso?
Hoy, el acceso a la vivienda es uno de los problemas más acuciantes. Muchas personas se están quedando fuera del mercado y eso genera situaciones de gran vulnerabilidad. Ante esta realidad, la respuesta no solo debe ser asistencial, sino también testimonial.
Vivir a contracorriente
Los cristianos estamos llamados a vivir a contracorriente, evitando reproducir dinámicas centradas en el beneficio o el aprovechamiento de las circunstancias. El testimonio es fundamental, y debe comenzar en las propias comunidades, educando a niños, jóvenes y adultos en otra forma de vivir.
Junto a la vivienda, también considero muy relevante el reto que nos plantea la inmigración. Sin duda, es una cuestión compleja que debe abordarse desde una actitud responsable, evitando la polarización o la instrumentalización ideológica. La caridad no puede quedar atrapada en discursos teóricos o partidistas.
En este contexto, el Evangelio nos invita a implicarnos en la realidad, a no mirar de lejos el sufrimiento, sino a hacernos cargo de él con esperanza y responsabilidad. Estamos llamados a ser testigos de una transformación que nace en el corazón, no desde la imposición, sino desde la cercanía, el cuidado y el ejemplo de una vida sencilla y auténtica que pueda tocar la de los demás.
«Hoy, el acceso a la vivienda es uno de los problemas más acuciantes. Muchas personas se están quedando fuera del mercado y eso genera situaciones de gran vulnerabilidad»
En el inicio de esta nueva etapa como delegado episcopal, ¿cuáles identifica como los principales retos que deberá afrontar Cáritas Diocesana?
Como Iglesia, uno de los retos principales es la incorporación de nuevas personas, especialmente jóvenes. Es necesario implicarlos y acompañarlos en procesos de conversión auténtica. En la vida cristiana, el compromiso no es un punto de partida, sino una consecuencia del encuentro con el Señor.
Propiciar al encuentro
Cáritas no debe perder nunca esa perspectiva: el servicio nace de una experiencia de fe. Por eso, resulta clave trabajar este aspecto en la catequesis, en la formación y en la vida de las comunidades. Se trata de propiciar ese encuentro que lleva a la entrega por amor, siguiendo el ejemplo de Cristo.
Además, es importante reforzar la idea de que Cáritas no es una realidad separada dentro de la parroquia. Debe integrarse plenamente en la vida comunitaria y colaborar con otros ámbitos, como la pastoral de la salud, pues, en el fondo, todo responde a una misma expresión del amor cristiano.
Hay momentos en los que el ministerio sacerdotal se vuelve especialmente silencioso. No hacen falta grandes discursos ni respuestas fáciles. Basta con estar. Escuchar. Llorar con quien llora. Tender la mano. Rezar.
Los incendios que han golpeado Bédar y Los Gallardos, dejando un dolor inmenso y numerosas víctimas mortales, también pusieron a prueba esa presencia discreta de la Iglesia. Mientras los equipos de emergencia luchaban contra las llamas y cientos de vecinos eran desalojados, los sacerdotes permanecían junto a su gente: llamando uno a uno a sus feligreses, acompañando a las familias, coordinándose con Cáritas y ofreciendo esperanza allí donde parecía que solo quedaban cenizas.
En esta conversación, Víctor Manuel Fernández, párroco de Los Gallardos y Bédar, y José María Parra, párroco de Garrucha —municipio que acogió a muchos de los evacuados—, comparten cómo han vivido estos días desde la fe, el servicio y esa mirada de pastor que nunca abandona a su rebaño.
VICTOR MANUEL FERNÁNDEZ, PÁRROCO DE LOS GALLARDOS Y BÉDAR
«Lo primero que hice fue intentar saber dónde estaban mis feligreses»
¿Cómo recuerda las primeras horas del incendio?
Han sido unos días muy duros. Nunca pensamos que tendríamos que afrontar una tragedia así. Al principio confiábamos en que el incendio pudiera controlarse, pero las circunstancias hicieron que avanzara con una rapidez impresionante. Mi primera preocupación fue localizar a la gente de la parroquia, saber si estaban bien. También retirar del templo los libros sacramentales, la imagen de la Virgen de la Cabeza y el Santísimo. Gracias a Dios el casco urbano de Bédar se salvó, pero muchas barriadas y cortijadas sufrieron gravemente las consecuencias.
¿Cuál fue el momento más difícil?
Sin duda cuando comenzaron a confirmarse las noticias de los fallecidos. Al principio uno no quiere creerlo. Piensas que quizá sea un rumor, una confusión propia del caos de esos momentos. Pero poco a poco la realidad se impone. Ahí el corazón se rompe. También hubo momentos de enorme preocupación por personas mayores que vivían solas y de las que no sabíamos nada. Fueron horas de mucha angustia.
¿Qué significa ser párroco en medio de una tragedia así?
Significa ponerse al servicio para todo. Da igual si es acompañar espiritualmente, preparar un bocadillo, ayudar a evacuar a alguien o simplemente estar disponible. Desde el primer momento ofrecimos toda nuestra colaboración a los ayuntamientos, a Cruz Roja, a los bomberos y también a los sacerdotes de los pueblos vecinos. Lo importante era que nadie se sintiera solo.
Ha estado estos días en numerosos medios de comunicación. ¿Cómo ha vivido esa responsabilidad?
No estoy acostumbrado a esa exposición pública. Soy una persona bastante tímida. Pero entendí que era importante dar voz a lo que estaba viviendo nuestro pueblo y transmitir esperanza. Conforme avanzaban los días el cansancio también hacía mella y la emoción afloraba con más facilidad. Porque uno también es humano.
Desde la fe, ¿dónde estaba Dios en medio de tanto dolor?
Es la pregunta que muchos hacen: «¿Dónde estaba Dios?». Yo creo que Dios estaba en la cruz, sufriendo con quienes sufrían. Pero también estaba en las manos de los bomberos, de los militares, de los sanitarios, de los pilotos, de los policías… y en todas esas personas anónimas que dejaron sus cosas para ayudar a los demás. Ahí estaba Dios actuando.
¿Con qué imagen se queda de estos días?
Con la enorme solidaridad de nuestra gente. Restaurantes cerrando para cocinar para los evacuados, pequeños comercios preparando bocadillos hasta la madrugada, vecinos acogiendo a otros en sus casas. Eso demuestra la grandeza de este pueblo. Ahora llega otro trabajo: reconstruir, acompañar el duelo y seguir ofreciendo esperanza. Porque Bédar volverá a ser ese pueblo precioso que siempre ha sido, aunque nunca olvidaremos a quienes hemos perdido.
JOSÉ MARÍA PARRA, PÁRROCO DE GARRUCHA
«La Iglesia ha sido uno más entre un pueblo que se volcó con los evacuados»
Garrucha acogió a muchas de las personas desalojadas. ¿Cómo respondió la parroquia?
Desde el primer momento la gente de Cáritas y de la parroquia nos pusimos a disposición para ayudar en todo lo que hiciera falta. La Iglesia ha sido uno más entre tantos vecinos que se volcaron con una solidaridad extraordinaria.
¿Qué le impresionó más de la respuesta de la población?
La capacidad de entrega. Muchísimas familias abrieron las puertas de sus casas para acoger a personas desalojadas. También hoteles, comercios y muchísima gente colaboró con un amor y una solidaridad admirables. Fue una respuesta realmente ejemplar.
¿Qué mensaje deja esta tragedia vivido desde la fe?
Es una catástrofe que te deja sin palabras. Solo queda rezar por las víctimas, sostener a sus familias y seguir ayudando a quienes más lo necesitan. La parroquia, junto con Cáritas, seguirá estando disponible para acompañar todo el tiempo que haga falta.
En medio del humo, del miedo y del desconcierto, estos días han vuelto a recordar una imagen profundamente evangélica: la del pastor que no abandona a su pueblo cuando llegan las horas difíciles.
Mientras las llamas avanzaban, hubo sacerdotes llamando a sus feligreses para saber si estaban vivos, abriendo las puertas de las parroquias, coordinando la ayuda de Cáritas, acompañando a las familias y rezando con quienes habían perdido casi todo.
Porque cuando la tragedia golpea, la Iglesia no siempre tiene respuestas. Pero procura estar. Y, muchas veces, esa presencia silenciosa es ya una forma de esperanza.
La iglesia de Nuestra Señora de Consolación, vulgo de los Terceros, ha acogido este domingo la bendición de la restauración de su retablo mayor, en una celebración presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, quien destacó que esta intervención constituye «mucho más que la recuperación de una obra artística: es un signo de fe, una catequesis permanente y una herencia espiritual que sigue anunciando el Evangelio».
Durante la homilía, monseñor Saiz subrayó que el arte sacro nace de la fe y está llamado a conducir a ella. Citando la constitución Sacrosanctum Concilium del Concilio Vaticano II, recordó que «la belleza posee una profunda fuerza evangelizadora y que la misión de un retablo es elevar el alma, sostener la oración y conducir al encuentro con Dios».
A la celebración de la Palabra asistieron el delegado diocesano de Patrimonio Cultural, Antonio R. Babío, el rector del templo, Francisco Blanc, el director espiritual de la Hermandad de la Sagrada Cena, Juan Antonio Carrera y el sacerdote Allan Chávez.
Tomando como punto de partida la carta de san Pablo a los Efesios, el arzobispo afirmó que, junto a la restauración del patrimonio artístico, «la iglesia está llamada a promover una restauración mucho más importante: la del corazón de cada creyente». «De nada serviría devolver el esplendor a la madera y a las imágenes si no dejamos que Cristo restaure también nuestra vida interior», señaló, invitando a fortalecer el «hombre interior» mediante la acción del Espíritu Santo.
Don José Ángel dio gracias por todas las personas que, a lo largo de los siglos, han cuidado este templo y transmitido la fe en torno a la Virgen de Consolación. Expresó también su reconocimiento a cuantos han hecho posible la recuperación del retablo, así como a la Hermandad de la Sagrada Cena, responsable de custodiar este histórico templo sevillano.
Virgen de Consolación
Monseñor Saiz Meneses recordó que María, bajo la advocación de Consolación, conduce siempre a Cristo y continúa siendo para la Iglesia «signo de esperanza cierta y de consuelo para el pueblo de Dios peregrino». En un mundo marcado por la soledad y el sufrimiento, afirmó, los cristianos están llamados a anunciar que Dios nunca abandona a sus hijos.
La iconografía del retablo permitió también profundizar en la vocación universal a la santidad. «La representación de san Francisco de Asís y de la fundación de la Orden Tercera recuerda que todos los bautizados, también los fieles laicos en medio de sus responsabilidades familiares, profesionales y sociales, están llamados a vivir el Evangelio con radicalidad».
Comentando el Evangelio de las Bienaventuranzas, el arzobispo explicó que el retablo no está destinado únicamente a ser contemplado desde el punto de vista artístico, sino también a ser «leído espiritualmente», invitando a seguir el camino de Cristo y a dejarse transformar por la gracia. La homilía concluyó con una referencia al futuro regreso del misterio de la Sagrada Cena a la parte inferior del retablo, un elemento que, según explicó, recuerda que toda la belleza cristiana encuentra su centro en la Eucaristía, donde Cristo se entrega por amor y enseña a sus discípulos el camino del servicio.
Finalmente, el arzobispo hispalense animó a custodiar este patrimonio «no como quien conserva una pieza de museo, sino como quien protege una herencia viva de fe», deseando que el retablo restaurado ayude a muchos fieles a rezar con mayor profundidad, amar más a la Virgen de Consolación y seguir con renovado entusiasmo a Jesucristo.
Las parábolas son una manera muy común con la que Jesús enseña y ayuda a comprender los misterios del Reino de Dios a sus seguidores. La parábola del sembrador es una de las siete que aparecen en el Evangelio de Mateo.
El Padre no se cansa de sembrar cada día en los corazones de los humanos el Reino de Dios, pero no siempre la semilla da los resultados esperados porque depende del tipo de terreno en el que cae. Aquí está precisamente la clave de la parábola: en la “acogida” o “rechazo y resistencia” del Reino de Dios en tiempos de Jesús, en las primitivas comunidades cristianas y en nuestro mundo actual. Para Jesús lo importante no es la acogida de la semilla sino el fruto que da cada semilla, subrayando que la que cayó en tierra buena dio más fruto de lo normal. La parábola insiste en la paciencia de Dios frente a nuestra actitud de querer tener los resultados de inmediato. Aplicada a mi vida esta parábola, la pregunta que me tengo que hacer como creyente es ¿qué importancia y presencia tiene el Reino de Dios en mi vida? Podemos ser como los fariseos, que lo rechazan, pero también podemos ser como los discípulos, que lo acogen y por eso dan buenos frutos.
El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, presidió este sábado, 11 de julio, la Función Principal en honor a san Cristóbal Mártir, patrón de Burguillos, en la parroquia que lleva su nombre. Durante la celebración, invitó a los fieles a contemplar la festividad del santo no solo como una tradición arraigada, sino como «una llamada de Dios en el presente» que impulsa a vivir con autenticidad el Evangelio. La misa fue concelebrada por el párroco de San Cristóbal, José Manuel Pineda.
En el inicio de su homilía, el arzobispo recordó que la salida procesional de san Cristóbal por las calles de la localidad debe ser expresión de una fe viva. «San Cristóbal no sale esta tarde a las calles únicamente para ser contemplado, sino para recordarnos que Cristo quiere caminar por nuestras calles, entrar en nuestras casas, iluminar nuestras familias, sostener a nuestros mayores, acompañar a nuestros jóvenes y consolar a quienes sufren», afirmó. En este sentido, subrayó que «la procesión será verdadera si nace de la Eucaristía y conduce de nuevo a la vida cristiana».
La coherencia de vida, testimonio del cristiano
A la luz de la Palabra proclamada, monseñor Saiz destacó la figura de san Cristóbal como ejemplo de fidelidad a Cristo hasta el martirio. Recordó que «el mártir no es un derrotado», sino quien participa de la victoria de Cristo, y animó a los fieles a vivir una fe coherente en medio de la sociedad actual. «No basta tener una devoción exterior; es necesario vivir con coherencia. No basta acompañar al santo por las calles; hay que acompañar a Cristo en la vida diaria», señaló.
Refiriéndose al pasaje evangélico del grano de trigo que muere para dar fruto, el arzobispo señaló que «el fruto verdadero nace de la entrega» y exhortó a toda la comunidad de Burguillos a seguir construyendo el pueblo desde la comunión y el servicio. «Una comunidad no se construye con egoísmos, sino con sacrificios compartidos; no se levanta con divisiones, sino con comunión; no se fortalece con indiferencia, sino con responsabilidad», afirmó don José Ángel, invitando a parroquia, hermandad, familias, autoridades, jóvenes y mayores a trabajar unidos por el bien común.
Un camino de fidelidad cotidiana
Durante la homilía, el arzobispo evocó la tradicional devoción a san Cristóbal como protector de los caminos, invitando a interpretar esta advocación desde una perspectiva espiritual. «Hay caminos que conducen a Dios y caminos que alejan de Él. Hay caminos de verdad y caminos de mentira. Hay caminos de servicio y caminos de egoísmo», explicó, animando a los fieles a «cargar con Cristo y llevar a Cristo a los demás».
En este contexto, citó unas palabras del papa León XIV sobre el testimonio de los mártires, quienes enseñan a responder a la prepotencia «no con la venganza, sino permaneciendo fieles a la verdad en la caridad». Una invitación que el arzobispo aplicó a la vida diaria, exhortando a cuidar las palabras, evitar las críticas destructivas y superar las divisiones.
Una hermandad al servicio de la Iglesia
Dirigiéndose a la Hermandad de Nuestra Señora del Valle y San Cristóbal Mártir, el arzobispo hispalense pidió que siga siendo «hermandad de fe, de culto y de caridad», comprometida con la formación cristiana, el servicio a los necesitados y la comunión con la parroquia.
Finalmente, encomendó a todo el pueblo de Burguillos a la intercesión de san Cristóbal Mártir y de Nuestra Señora del Valle, deseando que esta celebración renueve la fe de los vecinos y fortalezca su compromiso cristiano.
«Que san Cristóbal no pase solo por fuera, sino también por dentro: por nuestras conciencias, por nuestras familias, por nuestras heridas, por nuestros cansancios y por nuestras esperanzas», concluyó.
La Diócesis de Cádiz y Ceuta desea expresar su más profundo agradecimiento a todos los fieles que han respondido con enorme generosidad a la campaña extraordinaria de ayuda puesta en marcha para atender a los damnificados por el terremoto de Venezuela.
Gracias a la solidaridad demostrada por toda la comunidad diocesana, la recaudación asciende ya a 87.107,72 euros, una cantidad que será destinada íntegramente a colaborar en la atención de las personas afectadas por esta tragedia, contribuyendo a aliviar las necesidades más urgentes de quienes han perdido familiares, hogares y medios de vida.
La Diócesis quiere agradecer de manera especial la implicación de las parroquias, que han promovido esta campaña entre sus comunidades, así como la de todas las personas que, con sus donativos, han hecho posible alcanzar esta importante cifra en tan poco tiempo.
No obstante, las necesidades continúan siendo muy grandes. Por este motivo, la cuenta bancaria habilitada para la campaña permanecerá abierta durante diez días más, con el fin de que quienes aún deseen colaborar puedan hacerlo.
Asimismo, se anima a todos aquellos que quieran seguir mostrando su solidaridad a realizar sus aportaciones a través de la cuenta bancaria de la campaña o entregando sus donativos específicos en cualquiera de las parroquias de la diócesis, indicando que están destinados a la ayuda para las víctimas del terremoto de Venezuela.
Diócesis de Cádiz y Ceuta BBVA ES37 0182 1600 2402 0196 6625
El arzobispo de Sevilla publica, una semana más, su carta dominical en la revista diocesana ‘Iglesia en Sevilla’. En estas entregas reflexiona sobre temas de actualidad eclesial y comparte meditaciones que ayudan al cristiano a profundizar en la fe y en el amor a Dios y a los hermanos.
En esta ocasión, para el domingo 12 de julio, el arzobispo ha escrito una carta sobre don Sebastián Gayá, sacerdote co-iniciador del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Precisamente, hace apenas unos días se concluía la fase diocesana del proceso de beatificación y canonización de este siervo de Dios. Pero, advierte monseñor Saiz, “esto no es un punto final, sino un nuevo paso”.
Don José Ángel continúa con un resumen de la vida de este sacerdote que describe como “fundamentada en Jesucristo” y en la que “el Espíritu Santo ocupó un lugar decisivo en su experiencia creyente”. De don Sebastián también destaca su humildad, inteligencia, sensibilidad pedagógica y gran capacidad de liderazgo, pese a lo cual, “nunca buscó protagonismo”.