
Ante el drama que viven las personas que han pasado por un aborto provocado nuestra respuesta siempre debe ser la misma: la sanación viene de la mano del perdón y de la misericordia divina. Este año Jubilar esperamos que sea una oportunidad para que tantas y tantas personas y familias destruidas por el aborto salgan de su silencio y se acerquen al sacramento de la Reconciliación.




