
En 1998, el Papa Juan Pablo II concedió a Caravaca de la Cruz el privilegio de ser una de las cinco ciudades santas donde se celebra un jubileo a perpetuidad, junto a Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela y Santo Toribio de Liébana. Desde ese momento el Pontífice quedó ligado de una manera especial al pueblo que custodia y venera el Lignum Crucis del madero en el que murió Cristo. Dieciocho años después, la ciudad de la Vera Cruz recibe una reliquia de sangre de San Juan Pablo II, concedida por la Diócesis de Cracovia a la parroquia de El Salvador.






