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La Renovación Carismática Católica de Huelva celebra un nuevo encuentro de oración

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La Renovación Carismática Católica de Huelva celebra un nuevo encuentro de oración

La Parroquia de Santa Teresa será el punto de encuentro para celebrar juntos la fe y compartir la alegría del Señor. El quinto encuentro de este curso se llevará a cabo este próximo viernes 13 de marzo, a las 18:15 horas.

Desde el equipo diocesano de la Renovación Carismática Católica de Huelva informan que estos encuentros seguirán realizándose los segundos viernes de cada mes, a las 18:15 horas.

Nos congregaremos para alabarlo, adorarlo y celebrar la Eucaristía, expresando nuestra fe con fervor y gratitud.

Equipo Diocesano de la Renovación Carismática Católica de Huelva

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Jornada “Una Catedral que cuenta”

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Café-tertulia en la Curia Metropolitana y posterior “paseo artístico matemático” en la Catedral, para celebrar el Día Internacional de las Matemáticas.

Con motivo del Día Internacional de las Matemáticas, que se celebra el sábado día 14, la Curia Metropolitana acoge una Jornada con el título “Una Catedral que cuenta”, en formato café-tertulia.

La Jornada está organizada por la Comisión del V Centenario de la Catedral Metropolitana de la Encarnación de Granada, dentro de los actos conmemorativos que viene celebrando, y patrocinada por la Fundación Descubre (Granada).

Con plazas limitadas y previa inscripción en el teléfono 958-21-63-23, tendrá lugar el viernes día 13, de 10:30 a 13 horas, en la Curia Metropolitana y posterior “paseo artístico matemático” a la Catedral, a cargo de Álvaro Martínez Sevilla, investigador, divulgador científico y director científico del proyecto “Paseos Matemáticos”, y Policarpo Cruz Cabrera, catedrático de Historia del Arte, de la Universidad de Granada.

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Gran acogida del Primer Encuentro Diocesano de niños y niñas que recibirán este año la Primera Comunión

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Gran acogida del Primer Encuentro Diocesano de niños y niñas que recibirán este año la Primera Comunión

El encuentro comenzó a las 11:00 horas y tuvo como principal objetivo ayudar a los niños a profundizar en su preparación para recibir por primera vez a Jesús en la Eucaristía, al mismo tiempo que se favorecía la convivencia, la fraternidad y el encuentro entre niños de diferentes comunidades parroquiales.

A lo largo de la mañana, los participantes disfrutaron de diversos talleres y actividades dinamizadas por las monjas Siervas del Hogar de la Madre, que animaron el encuentro con propuestas formativas y lúdicas centradas en la fe. Uno de los talleres estuvo dedicado a profundizar en el misterio de la Eucaristía a través de una gymkana en la que los niños debían encontrar un gran tesoro: el Sagrario, lugar donde Jesús permanece siempre presente y donde nos espera para encontrarnos con Él.

Otro de los talleres estuvo orientado a que los niños descubrieran el significado de pertenecer a una diócesis y a la Iglesia. En este espacio se explicó de manera cercana la misión de nuestros pastores, destacando la figura de nuestro obispo, don Santiago Gómez Sierra, así como el servicio que realizan vicarios, arciprestes y párrocos en el acompañamiento de las comunidades cristianas.

La llamada universal a la santidad también estuvo presente durante la jornada a través de distintas dinámicas que ayudaron a los participantes a comprender que todos los cristianos estamos llamados a vivir la santidad en nuestra vida cotidiana.

Una vez finalizados los talleres, los niños pudieron descubrir el significado del lugar donde se encontraban gracias a distintos voluntarios que guiaron a los grupos y ofrecieron explicaciones sobre su valor histórico, artístico y espiritual. 

Mientras los niños participaban en los distintos talleres, los padres tuvieron la oportunidad de descubrir y apreciar la riqueza cultural y religiosa que posee nuestra Diócesis.

Llegada la hora de la comida, todos compartieron un momento de convivencia fraterna, que sirvió también para preparar juntos los cantos de la Eucaristía.

La jornada concluyó con la celebración de la Santa Misa, presidida por el Delegado Diocesano de Catequesis de Iniciación Cristiana y Catecumenado de adultos, D. José Ángel Romero, que fue vivida con gran alegría y recogimiento por todos los presentes.

Este primer encuentro diocesano ha puesto de manifiesto la importancia de este tipo de iniciativas dentro del proceso catequético, ya que ayudan a fortalecer los lazos de amistad entre los niños, fomentan la unión entre parroquias y permiten vivir la fe de forma comunitaria, teniendo siempre a Jesús en el centro de cada actividad.

GALERIA DE IMÁGENES

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“Educar con amor, transformar con el Evangelio”

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Abierto el periodo de matriculación en los colegios diocesanos, hasta el 31 de marzo.

Hasta el 31 de marzo está abierto el periodo de matriculación en la educación de Primaria. Entre los centros educativos están los colegios diocesanos, con un total de 11 colegios tanto en la ciudad, en la provincia y en la costa, todos ellos integrados en la Fundación san Juan de Ávila, vinculada a su vez a la Delegación diocesana de Educación Católica y Enseñanza Religiosa. 

Los colegios que la integran son Virgen de Gracia, San Agustín, Virgen de las Angustias, Santa María Micaela, Cerillo de Maracena, San Juan de Ávila, Virgen del Espino, Virgen Madre, Virgen del Mar, Virgen del Pilar y Luisa de Marillac.

Entrevistamos a Marta García Ramírez, administradora de la Fundación San Juan de Ávila, sobre la educación que se ofrece en sus colegios diocesanos y la propia institución.

  •  ¿Qué es la Fundación San Juan de Ávila¿ ¿Cuál es vuestra tarea?

La Fundación San Juan de Ávila es una institución educativa que está vinculada a la Archidiócesis de Granada y que lleva más de 70 años al servicio de la educación. Nació en 1953 con una misión muy clara: hacer presente la misión de la iglesia en el ámbito educativo. Es decir, servir y amar especialmente a los niños y jóvenes como una expresión visible de ese amor de Dios. Y hablar ahora de la Fundación también es hablar de la historia educativa de Granada que, a lo largo de todas estas décadas, ha acompañado a miles de familias, dotándose de los cambios sociales, culturales y tecnológicos, pero sin renunciar a lo que es su esencia. Y sí, hoy gestionamos 11 colegios en la provincia de Granada, cada uno tiene su identidad y singularidad, pero todos tienen un mismo proyecto. Se trata de ofrecer una educación académica de calidad, un acompañamiento personal cercano y también esa clara inspiración cristiana. Nuestro propósito es educar con amor, también transformar con el Evangelio.

  • Aglutináis a 11 colegios. ¿Cómo fue surgiendo este proyecto educativo?

Los colegios diocesanos surgieron como una respuesta a una necesidad social y educativa muy concreta y, desde el principio, la Archidiócesis de Granada entendió que la educación era un instrumento fundamental para transformar personalmente, familiarmente y socialmente a tantas familias. Y surgió porque en muchos barrios de Granada y en localidades rurales ya existían en aquel momento importantes carencias educativas. Entonces, fue cuando la Iglesia impulsó lo que se conocía como escuelas parroquiales. Esas escuelas parroquiales garantizaban ese acceso a una educación integral y, especialmente, a niños y niñas más desfavorecidas de aquel tiempo. Y hasta el día de hoy, esas escuelas fueron creciendo, se fueron estructurando y, efectivamente, ahora mismo la red de colegios diocesanos somos en España casi más de 330 colegios y todos tienen ese mismo espíritu de servicio y cercanía.

Los colegios que la integran son Virgen de Gracia, San Agustín, Virgen de las Angustias, Santa María Micaela, Cerillo de Maracena, San Juan de Ávila, Virgen del Espino, Virgen Madre, Virgen del Mar, Virgen del Pilar y Luisa de Marillac.

  • También hay otras realidades educativas en los centros concertados, privados, la escuela pública. ¿Qué distingue a un colegio diocesano?

Un colegio diocesano es concertado, pero su identidad va más allá de lo que es el modelo jurídico. Lo que le diferencia es su carácter diocesano y su proyecto educativo, que, sobre todo, se basa en la virtud y el compromiso social. Nosotros tenemos muy claro que educar no solamente es transmitir conocimientos, sino que educamos desde esa virtud que tenemos como cristianos, que es la fe, la esperanza y la caridad, y que sabemos que ayudan a cada alumno a alcanzar su plenitud. Entonces, nosotros valoramos a cada estudiante como un don y lo acompañamos en su crecimiento humano, espiritual y social. Entonces, por eso la relación con la familia es también muy estrecha y digamos que la relación familia-escuela y parroquia también es un punto diferencial. Nosotros contamos también con algún sacerdote capellán que participa activamente en la vida del colegio y tenemos muy claro el compromiso social. Entonces, siempre ofrecemos en nuestros proyectos el voluntariado en Bachiller o iniciativas sociales, como en algunos de los colegios que tenemos en Zona Norte como Luisa de Marillac. Tenemos varios proyectos donde se garantiza el derecho educativo a adolescentes que, por diferentes causas, tuvieron que abandonar el sistema educativo y que pueden volver y retomarlo. Aparte de otros proyectos que se ofrece: apoyo formativo, acompañamiento por las tardes y todo eso forma parte de los proyectos de los colegios diocesanos.

  • ¿Hay alguna metodología?

Sí, nosotros apostamos por la metodología que combina tradición e innovación y, sobre todo, por supuesto lo que es la excelencia académica, el esfuerzo y la cultura del trabajo bien hecho. Incorporamos metodologías activas porque favorecen el aprendizaje significativo y vivencial, como, por ejemplo, con el uso de material manipulativo, trabajo cooperativo, aprendizaje basado en proyectos, lo que es la integración de nuevas tecnologías y, también muy importante, la atención personalizada para atender a la diversidad.

Sobre todo digamos que fomentamos la participación, el pensamiento crítico y la autonomía, y una de las cosas también que ahora estamos apostando es por los avances de la neurociencia, que damos especial importancia, pues ese desarrollo de las funciones ejecutivas, donde enseñamos cada cosa en el momento adecuado, respetamos cómo y cuándo, porque el cerebro está preparado para ello, pero, sobre todo, nuestro lema en este sentido es eso: el acompañamiento, la cercanía, también el que la metodología esté al servicio de la persona al final.

  • ¿Por qué habría de elegir un colegio diocesano?

Sabemos que estamos en un contexto social complejo y hoy elegir un colegio diocesano es apostar por una educación integral en valores. Sabemos que vivimos estos tiempos de incertidumbre, cambios rápidos, muchos desafíos para la familia y nuestros colegios ofrecen un entorno seguro, cercano y coherente, y aquí los niños y jóvenes pueden crecer como personas íntegras también a la luz un poco del Evangelio. También se asegura una educación cristiana en plena comunión con la Iglesia local de Granada, y la Fundación San Juan de Ávila invierte constantemente en encuentros entre los colegios diocesanos y con otros colegios de Granada a través de, por ejemplo, iniciativas científicas, deportivas, literarias, en temas de idiomas, tecnología y, así, garantizar esa calidad educativa y preparación para el futuro. Sobre todo, el verdadero valor diferencial es su identidad diocesana. Entonces, al final, somos una comunidad educativa con vocación de servicio, donde para nosotros aprender significa ante todo crecer como persona.

  • ¿Cómo habría de hacerse la matriculación en uno de estos colegios diocesanos?

Las familias pueden informarse directamente en el colegio que les interese, donde van a recibir orientación personalizada y conocer el proyecto educativo, también visitar las instalaciones. En este momento, también nuestra labor es acompañar a esas familias a resolver sus dudas y ayudarle a tomar una decisión tan importante como es la educación de su hijo. En nuestra web www.fundacionsanjuandeavila.org aparece toda la información de cada colegio.

Paqui Pallarés

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Manos Unidas celebra la III Carrera Popular solidaria ‘El torreón’ el 22 de marzo

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Manos Unidas celebra la III Carrera Popular solidaria ‘El torreón’ el 22 de marzo

El próximo domingo 22 de marzo a las once de la mañana, la urbanización El Torreón de Mairena del Alcor acogerá la III Carrera Popular “El torreón por Manos Unidas” organizado por la oenegé católica y la Asociación de Vecinos de la urbanización. La jornada contará con la participación especial de la atleta olímpica Carolina Robles, quien dará la salida a la prueba y estará presente en la entrega de premios, respaldando con su experiencia y trayectoria esta causa solidaria.

La recaudación obtenida de esta carrera se destinará al proyecto de mejora de las infraestructuras escolares de la escuela primaria de Chacha, en Etiopía, cuyos beneficiarios directos se estiman en casi 400 niños y niñas y más de 500 beneficiarios indirectos.

La Urbanización El Torreón colabora activamente en la organización del evento, facilitando sus instalaciones y recursos para el desarrollo de la prueba y reforzando su compromiso con las iniciativas solidarias y la participación vecinal en el municipio.

La distancia de la prueba para las personas que la realizan a pie es de 8.000 metros, en recorrido urbano en tres vueltas a un circuito con un desnivel acumulado de 44 metros. Habrá tres cajones de salida según sea participante de handbike, a pie o como participante de “carros de fuego”. Además, se habilitará una categoría especial para personas con discapacidad, reafirmando el carácter inclusivo del evento.

Participación de Carolina Robles

Carolina Robles es una destacada atleta española especializada en los 3.000 metros obstáculos. Olímpica y referente del atletismo nacional, ha representado a España en competiciones internacionales del más alto nivel, consolidándose como una de las grandes figuras del fondo y mediofondo español. Su compromiso con el deporte base y los valores de superación, esfuerzo y solidaridad la convierten en un ejemplo dentro y fuera de la pista.

La prueba contará también con el apoyo de diversas entidades patrocinadoras. Entre ellas se encuentran GM Technology, la Residencia de Mayores El Olivo II, Doña Papa, Dársena Deportiva Sevilla, el Instituto Kiros y el alojamiento rural Hacienda La Cansina, que contribuyen al desarrollo del evento con distintas aportaciones y servicios.

El Instituto Kiros ofrecerá masajes quiroprácticos gratuitos a los corredores al finalizar la prueba, mientras que la Residencia de Mayores El Olivo II entregará un premio consistente en paletilla de jamón y refrescos al equipo con mayor número de corredores inscritos.

Finalmente, desde la organización informan que habrá servicio de guardarropa vigilado, zona de aparcamiento habilitada para los participantes, ambientación musical durante la jornada y zona de bar con servicio de desayuno, en las inmediaciones de la salida y meta.

Inscripciones

Las inscripciones a esta carrera popular solidaria podrá realizarse hasta el próximo jueves 19 de marzo, a través de la plataforma Corredores Populares.

También existe la opción de adquirir el Dorsal 0, para realizar una donación sin participar en la carrera. Esta se puede realizar mediante ingreso en algunas de las cuentas puestas al efecto o a través de bizum al número 02990 (operativa de donativos).

 

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Mons. Ramón Valdivia se reúne con la delegada del Gobierno de la Junta de Andalucía

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La delegada del Gobierno de la Junta de Andalucía en Cádiz, Mercedes Colombo, ha mantenido esta mañana una reunión con el administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Ramón Valdivia Jiménez. Este encuentro ha tenido lugar en la sede de la Delegación del Gobierno y en el mismo se han intercambiado impresiones y se ha hablado de diversos temas de interés.

Se trata de la primera reunión institucional, entre Mercedes Colombo y Mons. Valdivia, desde su nombramiento el pasado 22 de noviembre de 2025.  La delegada del Gobierno ha mostrado su disposición a colaborar con Mons. Ramón Valdivia en esta nueva etapa en la vida de la Diócesis de Cádiz y Ceuta.

Fotografía cortesía de la Delegación del Gobierno de la Junta de Andalucía en Cádiz

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Inversión para la conservación y restauración del patrimonio cultural religioso

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Balance de la Delegación territorial de Cultura y Deportes, en la parroquia de San Justo y Pastor en Granada, con la asistencia del delegado diocesano de Patrimonio de la Archidiócesis y el párroco de dicho templo.

Un total de 22 entidades de la provincia de Granada por un importe de 462.125 euros han podido acometer durante el pasado año la conservación y restauración de bienes muebles del patrimonio cultural de carácter religioso. Así lo ha comunicado la Delegación territorial de Cultura y Deportes, cuyo responsable, David Rodríguez López, explicó que las ayudas “son claves para la preservación de un patrimonio que forma parte esencial de la identidad artística, religiosa e histórica de nuestros municipios”. Este anuncio fue realizado en la iglesia de San Justo y Pastor, con la asistencia del delegado diocesano de Patrimonio de la Archidiócesis, D. Antonio Fernández Siles, y el párroco de dicho templo, D. Miguel Ángel Con.

Entre los proyectos seleccionados se encuentran el tapiz ‘La Quema de los Ídolos’ de la Abadía del Sacromonte, el retablo Baldaquino del monasterio de La Cartuja y el púlpito de la iglesia del Sagrario en la Catedral. También la talla del Cristo de la Expiración en la Real Federación de Hermandades y los retablos de Jesús Nazareno y el Cristo en la Cruz en las parroquias de San Justo y San Matías, entre otras.

Foto: Junta de Andalucía.

Las ayudas tendrán una importante repercusión en la provincia, con restauraciones en catorce municipios como Alfacar, Pinos Genil, Santa Fe e Íllora. Destacan proyectos como el Retablo de Nuestro Padre Jesús Nazareno en Alfacar, el Retablo Mayor de la Iglesia de Santa María Magdalena en Pinos Genil y la escultura de Nuestra Señora de Belén en Santa Fe.

“Las entidades que cuidan del patrimonio religioso y los profesionales vinculados al arte sacro ocupan el lugar que merecen en la política cultural de la Junta”, señaló el delegado de Cultura.

Asimismo, informó que esta convocatoria de 2025, dotada en conjunto con 2,2 millones de euros, supondrá la creación de 182 empleos directos en sectores especializados, incluyendo 97 conservadores-restauradores y 59 historiadores y antropólogos.

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Familia y Vida celebrará la Jornada por la Vida en San Pelagio

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Familia y Vida celebrará la Jornada por la Vida en San Pelagio

“La vida, un don inviolable” será el lema de la jornada que tendrá lugar el 25 de marzo, a las 19:30 horas

La Delegación Diocesana de Familia y Vida está organizando la Jornada por la Vida “La vida, un don inviolable” que tendrá lugar en la solemnidad de la anunciación del Señor, momento en el que el Verbo se hizo carne en las entrañas de la Virgen María, revelando que toda vida humana es un don inviolable y una buena noticia. La jornada será en la parroquia San Pelagio Mártir el 25 de marzo, a las 19:30 horas, está previsto que se rece un Rosario por la vida y una eucaristía por los no nacidos.

Los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida en el mensaje que han emitido para la Jornada por la Vida han indicado que “la defensa de la vida no es solo una cuestión de fe, sino una exigencia de la recta razón y de la ciencia. La biología defiende unánimemente que, desde el momento de la fecundación, existe un organismo humano vivo e independiente, con un patrimonio genético propio, un desarrollo embrionario autónomo, ordenado y coordinado”, explican.

Por ello muestran su preocupación por “la tendencia a elevar el aborto a la categoría de “derecho”, incluso con rango constitucional o en cartas de derechos fundamentales”. “El aborto, subrayan los obispos, nunca puede constituir un derecho, ya que no existe el derecho a eliminar una vida humana”.

Puede leer el mensaje de los obispos completo a través del siguiente enlace.

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Hermandad de Jesús Preso y María Stma. de la Esperanza. Montilla

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En 1954 se realiza la Imagen del Titular Jesús Preso por Amadeo Ruiz Olmos imaginero valenciano afincado en Córdoba por encargo de una hermana

La Hermandad de Jesús Preso y María Stma. de la Esperanza es la heredera de la Hermandad de la Concepción Dolorosa que existió a comienzos del siglo XVII (1615) y que estaba adscrita al antiguo Hospital de San Juan de Dios hoy sede del Excmo. Ayuntamiento de la ciudad de Montilla. Esta antiquísima Hermandad procesionaba el Miércoles Santo con las Imágenes del actual Jesús de la Oración del Huerto (Pedro  Freila de Guevara 1525), el Cristo de la Humildad (de la actual Franciscana Hermandad de la Humildad y Paciencia) y La Virgen de la Concepción Dolorosa (Nuestra actual titular). Con la invasión francesa de Montilla (s. XIX), la desamortización de los bienes de la iglesia y la exclaustración de los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Dios, hizo que se dispersaran por las distintas iglesias de la ciudad todos los bienes de la Hermandad.

A comienzos del siglo XX, concretamente en 1914 el sacristán de la Ermita de la Rosa «Rafalico» y otro sacristán de la Iglesia de San Francisco (P.P. Jesuitas) que le apodaban «Lamparilla» decidieron sacar en procesión a un Cristo amarrado que provenía de la iglesia de la Veracruz, ubicada al lado del antiguo cementerio junto al Colegio Salesiano, al derruirse esta iglesia la imagen paso a la Parroquia de Santiago y una Virgen Dolorosa de la Iglesia de San Francisco. La sacaban a la Plaza de la Rosa cuando aún era un mercado. De este modo, los dos sacristanes acompañados de una nutrida chiquillería hacían una procesión por los alrededores de la Rosa.

En 1923 se decide organizar y formalizar la Hermandad con el Título de Nuestro Padre Jesús de las Prisiones y Nuestra Señora de los Dolores con sede en la Ermita de la Rosa, un año después se adquiere una túnica de terciopelo bordada en oro para el titular, también se aumenta el número de hermanos, implantando el actual habito, con túnica blanca y capirote morado, de aquí el sobrenombre de «panciblancos» por el color de la túnica para diferenciarlos de los hermanos del Nazareno con túnica morada y denominados «berengenos».

En 1928 se contrató la Banda de Música del Regimiento de Ingenieros de Madrid dirigida por el maestro don Pascual Marquina y como atención a Montilla, el maestro en la mañana del Sábado de Gloria de 1929 interpretó por primera vez el pasodoble «Solera fina». En 1930 se creó un Cuerpo de Romanos propio de la hermandad, compuesto por banda de cornetas, tambores y lanceros, los cuales fueron instruidos para realizar con mayor vistosidad «El Prendimiento» (acto propio de la Hermandad que representa el prendimiento de Jesús).

Tras la Guerra Civil de nuevo sale esta Hermandad a la calle después de algunos años, en 1943 se unió al cortejó Jesús de la Oración en el Huerto y un año después se hizo un paso de palio estilo sevillano para la nueva Virgen de la Esperanza (Nueva advocación, tras la restauración del montillano Juan Lara Leña), la corona, el bordado del manto y un San Juan para acompañamiento, cambiándose el Titulo de la Hermandad en su advocación mariana.

En 1954 se realiza la Imagen del Titular Jesús Preso por Amadeo Ruiz Olmos imaginero valenciano afincado en Córdoba por encargo de una hermana y donó la Imagen a esta Hermandad, dos años después se talla el nuevo paso para el misterio que se completa con Judas, un sayón y un soldado romano (Olot), es realizado en los talleres de los Hermanos Leiva de Montilla y hoy procesiona con Jesús de la Oración. A partir de aquí el Titulo de la Hermandad pasaría a ser de Nuestro Padre Jesús Preso y María Santísima de la Esperanza.

En los años 80 del pasado siglo, se consiguió de nuevo dar un giro a la Hermandad, en principio se eliminó el termino de «Damas Cooperadoras» para pasar a ser Hermanas de pleno derecho las mujeres que se integraban en la Hermandad y las cuotas se igualaron. Como proyectos más significativos, se realizo el dorado de la canastilla del Titular y se adaptó el paso para ser llevado por costaleros (por dentro), cosa que se criticó en 1985 mucho por los semanasanteros y que con el paso de los años varias hermandades de nueva creación siguen sus pasos; se incrementó el desfile con un paso más, el Santísimo Cristo de la Columna (Juan de Mesa «El Mozo», s. XVII), portado a hombros de montillanas, esta fue otra de las cosas muy criticadas en su día e incluso se llego a decir que el paso se quedaría en mitad del recorrido, más lejos de la realidad  dieron una lección de cómo había que llevar un paso. El Título actual se dió con el cambio al nuevo Estatuto Marco de la diócesis de Códoba quedando hasta nuestros día como Hermandad de Jesús Preso y María Santísima de la Esperanza.

Dentro de la Historia como datos curiosos, la Hermandad sólo ha abandonado su templo en dos ocasiones, en los años cincuenta cuando se arregló la puerta de la Rosa y en 1997, 1998 y 1999 por la realización de un aparcamiento subterráneo en la Plaza y la remodelación del Teatro Garnelo.

Hoy en día la Hermandad siguen procesionando los cuatro pasos, todos ellos ya nuevos o remodelados, cabe destacar el paso del tirular, un canasto barroco dorado con dimensiones considerables y que cada Jueves Santo cuando sale a la plaza de la Rosa desde la ermita con la imagen serena de Jesús Preso, el Cuerpo de Romanos de la Hermandad le hace “El Prendimiento” al Titular como se viene haciendo desde 1914, un acto único que se repite en la historia en el mismo sitio y de igual manera, por lo que podría ser reconocido como Patrimonio de la Humanidad, siendo este acto el más singular y colorido de toda la Semana Santa montillana.

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«La inmigración en Huelva: Acoger con corazón y preservar la identidad»

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Cuaresma: convertirse para mirar la realidad

Estamos en Cuaresma. Cuando comenzó el Miércoles de Ceniza escuchamos una frase muy directa, muy sencilla, pero profundamente seria: Conviértete y cree en el Evangelio. Es una invitación personal de Dios a cada uno de nosotros. Escuchar es dejar que el Evangelio de Jesucristo, incida, ilumine e interprete la realidad concreta de nuestra vida personal y de nuestras relaciones, como nos ha dicho el Papa en el mensaje que ha dirigido a la Iglesia para esta Cuaresma. De este modo, en cualquier campo de la vida personal, familiar, social y política, la conversión cuaresmal a la que somos llamados ofrecerá un servicio original e insustituible no solo para cada persona, sino también para la sociedad.

Deseo llamar vuestra atención sobre los desafíos que plantea vivir la dimensión universal del amor cristiano y de la solidaridad en el contexto de los actuales flujos migratorios de gran intensidad. Esta carta se dirige especialmente a los miembros de la comunidad cristiana de la diócesis, pero el tema que trata concierne a toda la sociedad. Es una invitación a seguir profundizando y dialogando con sinceridad, buscando una relación justa y equilibrada entre nosotros como sociedad de acogida y los inmigrantes, y a promover políticas migratorias que tengan en cuenta el bien y la dignidad de todas las personas implicadas.

La inmigración ya es parte de nuestra tierra

En la provincia de Huelva residen actualmente alrededor de 70.000 inmigrantes, lo que representa aproximadamente el 13 % de la población total. Su distribución, sin embargo, es desigual: en algunos municipios llegan a alcanzar cerca del 35 % de los habitantes. El principal país de origen es Marruecos. En la mayoría de los casos, su presencia responde a la demanda de trabajadores en sectores y territorios donde la mano de obra local resulta insuficiente o no está dispuesta a emplearse, contribuyendo así al desarrollo económico de la provincia.

Además, durante el presente año han llegado más de 17.000 trabajadores temporales de distintas nacionalidades —entre ellas Marruecos, Honduras, Colombia, Ecuador, Guatemala y Senegal— para trabajar durante los meses de la campaña de la fresa y de los frutos rojos. Estos trabajadores se incorporan a través del sistema de contratación en origen, mediante el cual son empleados por los empresarios desde sus países de procedencia. La provincia de Huelva concentra la gran mayoría de estas contrataciones en España, ya que acapara aproximadamente el 84,7 % del total de contratos en origen realizados en el país. Probablemente, este procedimiento introduce una práctica esperanzadora para una migración legal, ordenada y segura.

La Iglesia ante el reto de la inmigración

Para la Iglesia de Huelva la atención a los inmigrantes constituye un compromiso muy relevante en las circunstancias actuales. El Secretariado Diocesano de Migraciones, junto con las Cáritas diocesana y parroquiales en la ciudad y en los pueblos, otras iniciativas surgidas en el ámbito de la vida consagrada y en diferentes asociaciones eclesiales están trabajando, en la medida de sus posibilidades, con las personas inmigrantes que llegan a nosotros. La respuesta eclesial que deseamos ofrecer va más allá de la ayuda asistencial, queremos brindarles acogida en nuestras parroquias y grupos cristianos, porque únicamente esto hará posible que ‘los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como en su casa (cf. E.G. 199). En nombre de la Diócesis quiero agradecer a todos los voluntarios su entrega generosa. Así la Iglesia se suma al trabajo que realizan otras ONG, organizaciones humanitarias y colectivos sociales en favor de los inmigrantes, en colaboración con las administraciones públicas.

La Iglesia está llamada a dar un testimonio de justicia y caridad y, también, a inspirar respuestas responsables y virtuosas ante los actuales movimientos migratorios. Para ello cuenta con la Doctrina Social de la Iglesia que, fundada en la Sagrada Escritura y la Tradición, nace del encuentro entre las exigencias del mensaje evangélico y los problemas concretos de la vida social, teniendo en cuenta sus dimensiones técnicas y sociales. Esta reflexión sustenta las cuatro acciones que el papa Francisco repetía constantemente y que guían el compromiso de la Iglesia con las personas inmigrantes: acoger, proteger, promover e integrar.

Todos —instituciones, empresas y familias que emplean a trabajadores inmigrantes— tenemos el deber de actuar con justicia y garantizar que estas personas no sean objeto de explotación. Esto implica respetar plenamente los derechos laborales que la ley reconoce a los trabajadores nacionales, asegurando que se cumplan sin discriminación alguna. La protección y el respeto de estos derechos no es solo una obligación legal, sino un imperativo moral que compete tanto a quienes contratan mano de obra inmigrante como a las administraciones públicas responsables de supervisar y garantizar su cumplimiento (cf. Compendio DSI, 297 s).

La dignidad humana, fundamento de todo

El Magisterio de la Iglesia aporta una visión moral de los flujos migratorios de gran intensidad, considerando tanto la situación y la dignidad de las personas inmigrantes como la realidad de las sociedades que las reciben. Sin duda, merece la pena este esfuerzo de reflexión y compromiso, porque el futuro de España —y también el de Europa—, así como la dignidad de quienes buscan entre nosotros una vida mejor, exigen ser afrontados con caridad, verdad y justicia.

La dignidad de la persona humana, creada a imagen de Dios —con inteligencia, libertad y capacidad de amar—, es el cimiento de toda la moral social de la Iglesia. Es el fundamento último de la radical igualdad y fraternidad entre los hombres, independientemente de su raza, nación, sexo, origen, cultura y clase (cf. Compendio DSI, 144). Este reconocimiento de la persona humana nos lleva a afirmar que lejos de ser un objeto y un elemento puramente pasivo de la vida social, es su sujeto, su fundamento y su fin (cf. Compendio DSI, 106).

El principio enunciado parece obvio para todos, sin embargo, el papa Francisco advertía lo siguiente: “Los migrantes no son considerados suficientemente dignos para participar en la vida social como cualquier otro, y se olvida que tienen la misma dignidad intrínseca de cualquier persona. Nunca se dirá que no son humanos, pero, en la práctica, con las decisiones y el modo de tratarlos, se expresa que se los considera menos valiosos, menos importantes, menos humanos” (Fratelli Tutti, 39).

Acoger sin perder las raíces propias

Ahora bien, la dignidad de la persona no puede promoverse sin respetar su cultura, reconociendo el derecho de cada individuo y de cada pueblo a conservar su propia identidad cultural. La cultura configura la dimensión social de la vida humana, pues es el modo en que una comunidad comprende la realidad y hace del mundo un hogar habitable. Mediante la educación recibimos el patrimonio cultural de nuestro pueblo y nos convertimos, al mismo tiempo, en receptores, creadores y transmisores de esa herencia. En este proceso aprendemos la lengua, la religión, las tradiciones, los valores y las formas de convivencia en la familia, la escuela y la sociedad. Así, la cultura conforma la identidad de las personas y de su pueblo, y constituye su bien común más preciado.

Tanto para la sociedad que acoge como para las personas y grupos de inmigrantes que llegan resulta fundamental cuidar y preservar la propia identidad cultural. El papa Francisco, en la encíclica Fratelli Tutti, al mismo tiempo que impulsa la dimensión universal de la solidaridad y del amor fraterno, recuerda también la importancia de no perder las propias raíces culturales. En este sentido, hace suya la siguiente advertencia: No nos olvidemos que “los pueblos que enajenan su tradición, y por manía imitativa, violencia impositiva, imperdonable negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma, pierden, junto con su fisonomía espiritual, su consistencia moral y, finalmente, su independencia ideológica, económica y política (FT, 14). De este modo, la apertura solidaria hacia los demás no debe implicar la renuncia a la propia identidad, sino que debe ir acompañada del cuidado y la valoración del patrimonio cultural de cada pueblo.

Cuando la integración se vuelve más difícil

Sin embargo, existe un tema que a menudo se evita por su complejidad: los límites de la capacidad de acogida de las sociedades occidentales ante los actuales movimientos migratorios. No hace falta ser un experto en sociología para prever que un fenómeno de esta magnitud, sostenido en el tiempo, puede dificultar seriamente la integración de los que llegan. Esta problemática se acentúa cuando las culturas, creencias y costumbres de muchos inmigrantes difieren significativamente de las del país receptor, y cuando la mayoría tiende a concentrarse en las zonas más empobrecidas o conflictivas de pueblos y ciudades. Frente a estas circunstancias, resulta esencial implementar políticas migratorias responsables que anticipen y prevengan posibles tensiones sociales, garantizando así una convivencia estable y justa.

Un debate que necesita serenidad

Esta preocupación es cada vez más compartida por un sector creciente de la sociedad. Ignorarla o descalificarla como ilegítima empobrece el debate público y dificulta un discernimiento sereno sobre el tema. En España, como en otros países europeos, mientras algunos minimizan o niegan los desafíos que plantean los actuales flujos migratorios, presentándolos como fuentes de beneficios ilimitados, otros reaccionan con actitudes xenófobas o racistas, que resultan moralmente inaceptables. Incluso entre los propios católicos se difunde a veces la idea de que expresar reservas ante una inmigración ilimitada sería incompatible con la enseñanza evangélica. Sin embargo, los principios de la tradición moral cristiana ofrecen en realidad respuestas más complejas y matizadas.

Derechos y deberes de quienes llegan y de quienes acogen

El Catecismo de la Iglesia Católica enseña lo siguiente: Las naciones más prósperas tienen el deber de acoger, en cuanto sea posible, al extranjero que busca la seguridad y los medios de vida que no puede encontrar en su país de origen. Las autoridades deben velar para que se respete el derecho natural que coloca al huésped bajo la protección de quienes lo reciben.

Las autoridades civiles, atendiendo al bien común de aquellos que tienen a su cargo, pueden subordinar el ejercicio del derecho de inmigración a diversas condiciones jurídicas, especialmente en lo que concierne a los deberes de los emigrantes respecto al país de adopción. El inmigrante está obligado a respetar con gratitud el patrimonio material y espiritual del país que lo acoge, a obedecer sus leyes y contribuir a sus cargas (n 2241).

Así pues, el derecho de las naciones a regular sus fronteras y considerar la capacidad de integración de su sociedad es una preocupación legítima por el bien común. Tienen derecho a proteger su cohesión social, su estabilidad y su patrimonio cultural. El debate debería centrarse en cómo gestionar los flujos migratorios de manera que se promueva una integración real y sostenible, garantizando de forma equilibrada los derechos y deberes tanto de quienes acogen como de quienes son acogidos.

Volviendo, una vez más, a la encíclica Fratelli Tutti, encontramos expresada la necesidad de buscar este justo equilibrio, hablando de Europa dice: «inspirándose en su gran patrimonio cultural y religioso, tiene los instrumentos necesarios para defender la centralidad de la persona humana y encontrar un justo equilibrio entre el deber moral de tutelar los derechos de sus ciudadanos, por una parte, y, por otra, el de garantizar la asistencia y la acogida de los emigrantes (FT, 40).

Para hacer posible una integración auténtica y sostenible es necesario proteger dos bienes legítimos: por un lado, el derecho de toda persona a buscar una vida mejor, incluso si ello implica emigrar; por otro, el derecho de los Estados de salvaguardar el bien común de sus sociedades, integrando tanto a los ciudadanos como a los inmigrantes ya asentados.

También, la acogida implica responsabilidades por ambas partes: quienes reciben tienen el deber de reconocer la dignidad y los derechos de las personas inmigrantes, promoviendo su integración; y los inmigrantes tienen el deber de respetar las leyes del país al que llegan, valorar el patrimonio cultural, moral y espiritual de la sociedad que los recibe y contribuir al bien común mediante su trabajo y una actitud abierta al diálogo y a la convivencia.

También existe el derecho a no emigrar

No debemos olvidar que, junto al derecho a emigrar, toda persona posee también el derecho fundamental a no verse obligada a hacerlo. Como recordaba Benedicto XVI: En el actual contexto socio-político, antes incluso que el derecho a emigrar, es necesario reafirmar el derecho a no emigrar; es decir, el derecho a contar con las condiciones necesarias para permanecer en la propia tierra (Mensaje para la 99.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado).

En esta misma línea, Francisco advertía sobre los riesgos que muchos emigrantes afrontan durante su travesía y sobre las consecuencias que su partida puede tener tanto para sus familias como para sus comunidades de origen. Señalaba que: lamentablemente, otros son atraídos por la cultura occidental, a veces con expectativas poco realistas que los exponen a grandes desilusiones. Traficantes sin escrúpulos, vinculados a cárteles de drogas y armas, explotan la vulnerabilidad de los migrantes, que con frecuencia sufren violencia, trata de personas, abusos físicos y psicológicos y penurias indescriptibles. Los que emigran tienen que separarse de su propio contexto de origen y con frecuencia viven un desarraigo cultural y religioso. La fractura también concierne a las comunidades de origen, que pierden a los elementos más vigorosos y emprendedores, y a las familias, en particular cuando emigra uno de los padres o ambos, dejando a los hijos en el país de origen (FT, 38).

Asimismo, numerosos obispos africanos, de donde proceden muchos de los inmigrantes que llegan a nuestro país, tratan de animar a los jóvenes a permanecer en África y a no emigrar a Europa movidos por expectativas que a menudo no se corresponden con la realidad que encontrarán. En este sentido se pronunciaba Mons. Nicolas Djomo, antiguo presidente del Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM) y de la Conferencia Episcopal del Congo, durante un encuentro de la Juventud Católica Panafricana decía: Sois el tesoro de África. La Iglesia cuenta con vosotros, vuestro continente os necesita. No os dejéis engañar por la ilusión de abandonar vuestros países en busca de empleos inexistentes en Europa y América. Utilizad vuestros talentos y otros recursos a su disposición para renovar y transformar nuestro continente y promover la justicia, la paz y la reconciliación duraderas en África.

La verdadera solidaridad no se limita a acoger a quienes llegan, sino que también exige trabajar para que las personas no se vean obligadas a abandonar su familia y su país por necesidad. Promover el desarrollo en los países de origen constituye, en este sentido, una forma esencial de solidaridad, pues puede evitar desarraigos traumáticos y contribuir a moderar los intensos flujos migratorios. Las naciones más desarrolladas tienen aquí una responsabilidad decisiva, mediante políticas solidarias orientadas a afrontar las causas que empujan a tantos a emigrar. Asimismo, convendría reflexionar sobre cómo reforzar el apoyo eclesial a las comunidades cristianas de muchos de los que llegan, impulsando proyectos y redes de solidaridad, que ayuden a fortalecerlas y puedan reducir el efecto llamada, al mismo tiempo, contribuiríamos a salvar la vida de muchas personas.

Una conversión que también transforma la sociedad

Sin duda, todos somos conscientes de la complejidad de los desafíos que afronta nuestra sociedad con los actuales flujos migratorios y de la necesidad de buscar soluciones adecuadas, justas y solidarias. Como cristianos, estamos llamados a participar en este debate con el corazón y con la razón. En esta Cuaresma atendamos especialmente la llamada del Señor Jesús a la conversión personal: solo desde esa transformación interior podremos promover cambios sociales que realmente sirvan a la dignidad de todas las personas.

Que la Virgen María, Madre de la Misericordia y Consuelo de los Migrantes, nos acompañe en este camino cuaresmal hacia la Pascua.

+ Santiago Gómez Sierra
Obispo de Huelva

Huelva, 12 de marzo de 2026

La entrada «La inmigración en Huelva: Acoger con corazón y preservar la identidad» se publicó primero en Diócesis de Huelva.

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