Así lo anunció al término del concierto homenaje ofrecido en la Catedral, a cargo de la organista Concepción Fernández Vivas y el Orfeón de Granada, al mismo tiempo que expresó su deseo de arreglar el órgano catedralicio en homenaje al canónigo y compositor fallecido el pasado 17 de mayo.
Cartagena acoge el Encuentro Nacional de la Asociación de Centros Ecuménicos de las Misioneras de la Unidad

La Asociación de Centros Ecuménicos de las Misioneras de la Unidad organiza el próximo fin de semana en Cartagena su encuentro nacional. El encuentro comenzará el sábado en el salón de actos de la Facultad de Ciencias de la Empresa de la Universidad Politécnica de Cartagena (antiguo Cuartel de Instrucción de Marinería). Tras la oración de bienvenida (10:00 horas) tendrá lugar la primera ponencia a cargo de José Hernández, profesor de Ecumenismo de la Facultad de Teología de la Universidad de Granada: «El ecumenismo creador de fraternidad».
Ante el ataque al templo del Carmen (Capilla de Lo Cea), en Torre de Benagalbón
Comunicado del Obispado de Málaga.
Festividad de Todos los Santos en Lora del Río
El pasado 30 de octubre tuvo lugar una convivencia en la Parroquia de Santa Cruz de Lora del Río en torno a la Festividad de Todos los Santos. Una fiesta organizada por el grupo de Iniciación Cristiana de la parroquia que tiene como objetivo cambiar los contenidos de muerte y terror promovidos en estas fechas por otros como la vida, la alegría, la generosidad, la paz, el amor, el respeto y la entrega.
Festividad de Todos los Santos en San Isidro Labrador (El Priorato)
El pasado domingo 1 de Noviembre, Festividad de Todos los Santos, los niños de Catequesis de Iniciación Cristiana de la Parroquia de San Isidro Labrador (El Priorato) quisieron celebrar este día de una forma especial: vistiéndose de santos. Con esta actividad en la que participaron las familias de los niños confeccionándose los propios trajes, se quiso inculcar a los niños valores de paz, amor y entrega a Cristo en estas fechas tan señaladas.
Clausura del ciclo formativo de la Hermandad del Calvario con ponencia sobre los cristianos en Tierra Santa
El próximo viernes 6 de noviembre se celebrará en la casa de la Hermandad del Stmo. Cristo del Calvario (en el número 82 de la calle Gravina) la sesión de clausura del Seminario organizado por la Hermandad bajo el lema genérico ‘Tierra Santa, La Tierra de Jesús’.
Colación de ministerios laicales de Lector y Acólito (Parroquia de San Agustín-Melilla)

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la colación de ministerios laicales de Lector y Acólito (Parroquia de San Agustín-Melilla) celebrada el 3 de noviembre de 2015.
COLACIÓN DE MINISTERIOS LAICALES
DE LECTOR Y ACÓLITO
(Parroquia San Agustín-Melilla, 3 noviembre 2015)
Lecturas: Rm 12, 5-16; Sal 130, 1-3; Lc 14, 15-24.
1.- Querido hermano en el episcopado, D. Ramón; estimados sacerdotes; querido Antonio. Hermanos y hermanas, todos feligreses, que os unís a esta celebración.
Hoy es un día de acción de gracias a Dios y de petición. Toda bendición tiene esa doble faceta. Siempre que bendecimos a Dios lo hacemos para darle gracias y para pedirle que nos siga bendiciendo, que nos siga otorgando su Gracia. Por tanto, hoy es un día de bendición.
El Señor quiere regalarle a su Iglesia que un miembro de esta comunidad cristiana sea instituido como lector y acólito, como ministerios laicales a ejercer en favor de la comunidad cristiana. Los ministerios y las órdenes sagradas no son para uno mismo, son para ofrecerlas en servicio a la comunidad eclesial.
2.- El bautismo es el sacramento que nos hace hijos de Dios, miembros de la Iglesia, nos otorga el perdón de los pecados –de todos los pecados, sea el pecado original o los pecados cometidos como adultos– y nos llena de gracia mancándonos con el sello del Espíritu.
Eso es lo más importante para todos los fieles: el bautismo. A partir de ahí, el Señor llama a todo bautizado a ejercer o a vivir el cristianismo de una manera o de otra. Pero todos somos llamados a vivir, a ejercer nuestro ministerio bautismal cada uno en su estado y en su edad: como niños, como adolescentes y jóvenes, como adultos y personas maduras. Esto en el arco vital.
3.- En la multiplicidad de dones y carismas, que el Señor regala a la Iglesia, unos lo hacen desde el don o ministerio de la palabra, de la profecía, de la proclamación y del anuncio de la Buena Nueva en lugares donde no se ha escuchado nunca. Otros lo hacen en lugares donde ya se conoce a Jesucristo, mediante el anuncio catequético y la formación orgánica y sistemática que es la catequesis. Otros tienen otros ministerios porque el Señor les concede una buena voz y unas buenas manos para manejar las cuerdas con arpegios armónicos.
Cada uno tiene una función. Todos tenemos una función. Hasta el enfermo y el impedido. Ellos pueden ofrecer su vida, pueden rezar, ofrecer su dolor o su trabajo en pro de la Iglesia.
4.- Las personas de especial consagración, según su carisma fundacional, están llamadas a vivir su vocación. Los padres de familia, ¡qué gran tarea de educar cristianamente a vuestros hijos! ¡De mantener la unidad familiar en una sociedad que desprecia el matrimonio!
Todos tenemos una misión que cumplir. Cada uno tiene que cubrirla desde la vocación bautismal que es común a todos. Los mismos sacerdotes ordenados o el diaconado son maneras concretas de ejercer en la vida, por llamamiento del Señor, la vocación bautismal. Y todo en bien y en redundancia de la comunidad cristiana.
5.- Hoy vamos a instituir a nuestro hermano Antonio como lector y acólito. Dos ministerios que se conceden a los laicos. Dos ministerios, además, que hacen referencia a un banquete doble: el de la Palabra y el de la Eucaristía.
Siempre que venimos a la celebración eucarística primero escuchamos la Palabra de Dios que se proclama. No es una simple lectura privada como podríamos hacer en casa. No es una simple lectura personal. Es una auténtica proclamación de la Palabra. Un lector para todos la hace presente. Hace presente a Cristo como Palabra.
Como dice el Concilio Vaticano II (cf. Sacrosanctum Concilium, 7), Cristo está presente en su Iglesia de muchas maneras. Está presente en la Sagrada Palabra escrita de la Biblia. Está presente cuando se proclama esa Palabra. Pero también está presente en la Eucaristía, esa es la forma de presencia más importante que existe. Está igualmente presente en las personas, en los pobres, en los que nos encontramos cada día, en el otro, en el diferente. Está presente de muchas maneras. La forma más especial, en la forma eucarística.
6.- Primero escuchamos la Palabra de Dios que alimenta nuestro corazón a través del oído. Es importante la escucha de la Palabra, que es acogedora de lo que nos dice y obediente a lo que nos propone. Cristo es la Palabra definitiva, la última Palabra de Dios Trino. La Palabra de Dios nos enriquece y nos comunica la voluntad de Dios para ser obedecido. Nosotros escuchamos para entender y para obedecer lo que nos diga Cristo, la Palabra.
La palabra obediencia se puede desintegrar en dos: “ob-audiencia”, que es obedecer a la palabra que escucho de manera fiel, libre y de modo permanente. Los cristianos “ob-audiemos”, obedecemos, escuchamos e intentamos ser fieles a esa Palabra.
El ministerio del lector es precisamente para que nos proclame la Palabra que escucharemos, para que así sea obedecida y entre en nuestro corazón. Esa es una forma de alimentarnos, a través de la escucha atenta y fiel de la Palabra. Como hizo la Virgen María, que fue la gran oyente, obediente de la Palabra.
Querido Antonio, como lector nos proclamarás la Palabra para que sea escuchada, para que vaya penetrando en nuestro corazón como esa lluvia que empapa la tierra, que la traspasa, que la esponja, que la hace fecunda. Nuestro corazón necesita alimentarse de la Palabra de Dios para que nos transforme poco a poco el corazón. Un aspecto del banquete: la Palabra.
7.- El otro aspecto del banquete: la Eucaristía. El pan y el vino como signo de la presencia eucarística, transformados por el Espíritu Santo en la acción sacramental, que se convierten en el Cuerpo y Sangre reales de Cristo, alimento y prenda de vida eterna. «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día» (Jn 6, 54). Necesitamos el Pan para peregrinar en ese mundo.
Con la proclamación se te confiere el acolitado para servir el altar. Es un servicio a la mesa; por tanto, al otro aspecto del mismo banquete. En este banquete tenemos dos maneras de alimentarnos: uno en la Palabra, del cual tú vas a ser lector; otro en la Eucaristía, del cual tú vas a ser servidor en el altar o acólito.
Os animo, queridos fieles, a alimentarnos de ese doble banquete. Sin ello no podremos vivir, no podremos dar testimonio de Cristo, no podremos llevar nuestra vida espiritual adelante. Necesitamos este doble alimento que es un regalo del Señor.
8.- En el Evangelio de Lucas aparece un gran convite. Los que fueron invitados al principio se excusaron y no quisieron participar (cf. Lc 14, 18). No seamos nosotros como esa gente que se excusó y no fueron al banquete. El banquete se hará igual, pues a él serán invitados todos los que andan por los caminos, pobres, lisiados, cojos, los parias de la ciudad… todos ellos irán y se alimentarán (cf. Lc 14, 21).
Los que acepten el don del Señor irán al banquete y se alimentarán. Tendrán la prenda para la vida futura. Tendrán el alimento para el camino. Los que no quieran alimentarse quedarán fuera de ese banquete.
Es una invitación que hace el Señor a través de esa parábola, de ese ejemplo narrativo, para que no nos alejemos, para que no renunciemos a este hermoso banquete al que el Señor nos convida.
9.- Vamos, pues, a proseguir la celebración. Haremos lo que se llama la colación de los ministerios. Se le ofrecerá a nuestro hermano Antonio, en primer lugar, el libro de la Palabra que en otras eucaristías leerá. Y se le ofrecerá también una patena simbolizando su servicio en el altar. Cuando el Obispo le entregue tanto el libro de la Palabra Sagrada como la patena hará una exhortación y una oración para que el Señor te bendiga y te ayude en estos nuevos ministerios que hoy vas a recibir.
San Agustín, titular de la parroquia, ejerció primero el sacerdocio común de los fieles, el bautismal; después el sacerdocio presbiteral; y, por último, el ministerio episcopal. Le pedimos a este gran santo que nos ayude a vivir una relación personal con el Señor y a servir a la Iglesia como nos pide Dios a cada uno.
Y le pedimos a la Virgen Santísima que nos acompañe y que proteja hoy, de modo especial, a nuestro hermano Antonio que va a recibir estos dos ministerios. Que así sea.
Parroquia de San Francisco Javier (Melilla)

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Eucaristía celebrada en la parroquia de San Francisco Javier (Melilla) el 2 de noviembre de 2015.
PARROQUIA DE SAN FRANCISCO JAVIER
(Melilla, 2 noviembre 2015)
Lecturas: Lm 3, 17-26; Sal 129, 1-8; Rm 6, 3-9; Jn 14, 1-6.
1.- El Señor nos permite celebrar en este día la conmemoración de todos los fieles difuntos recordando el sentido que tiene nuestra vida y nuestra muerte.
Para muchos de nuestros contemporáneos no existe nada después de esta vida. Y, por tanto, se centran en obtener aquí la felicidad o buscan sacarle el máximo jugo a la vida temporal, haciendo de las cosas de aquí abajo los propios dioses. Esos dioses tienen muchos nombres, nosotros también le conocemos porque a veces también le hemos adorado.
Pero eso es quedarse con una mirada a ras de suelo, porque la persona está llamada a vivir la inmortalidad, la persona transciende el tiempo y la historia, trasciende el espacio. Estamos llamados por Dios a vivir con Él.
2.- La fiesta solemne de ayer, de Todos los Santos, nos recordaba a todas esas personas que han vivido en su vida terrena unidas a Cristo, muriendo con Cristo, injertados en la muerte de Cristo por el bautismo y que gozan ahora de esa felicidad, de esa presencia de Dios que llena de vida el corazón del hombre.
Hoy la liturgia nos pide que hagamos como un retroceso. Ayer era el final. ¿Hacia dónde se dirige el ser humano? Había una pregunta del Catecismo hace ya muchos años, cuando muchos de vosotros eráis niños, que decía: ¿cuál es la finalidad del ser cristiano o del hombre en la tierra? ¿Para qué vive el hombre en la tierra? ¿Recordáis la respuesta? Para amar y servir a Dios y obedecerle aquí, para después gozarle y contemplarle en el más allá. Ese es el objetivo de todo ser humano, de toda imagen de Dios. Unos no lo descubren, otros lo descubren tarde y mal, y otros tenemos la gran suerte de haberlo conocido ya en la tierra. Somos, pues, unos afortunados.
3.- Si Dios ha puesto en el corazón del hombre el anhelo de felicidad, ¿qué quiere decir? Si estamos llamados a la felicidad quiere decir que existe la felicidad. ¿Pensáis que Dios pueda llamarnos a algo que no exista? Imposible.
Vosotros los padres, a vuestros hijos, cuando le animáis a algo, cuando le ofrecéis una recompensa o la obtención de un deseo es porque se puede hacer. ¿Habéis prometido alguna vez a vuestros hijos algo que es imposible de hacer o que no existe la posibilidad? Sería cruel.
Si Dios nos invita es porque existe esa invitación. Y si nos llama es porque quiere que seamos felices con Él.
4.- El proceso que nos invita a recorrer es empezando por el bautismo. San Pablo en la carta a los Romanos nos lo ha recordado. El cristiano por el bautismo se incorpora a la muerte de Cristo, muerte entendida fundamentalmente como muerte al pecado. Pero también como muerte temporal.
Vamos muriendo a esta vida y vamos simultáneamente resucitando a la otra vida. Si uno se injerta en la vid ese sarmiento tomará de la savia y dará fruto abundante. Si uno está separado y cortado de la vid no podrá dar fruto. El bautismo nos injerta en la vid, que es Cristo. Somos incorporados a la muerte de Cristo para después poder gozar de su resurrección.
5.- Hay otro pasaje de San Pablo donde dice que algunos opinan que no hay resurrección, pues si no hubiera resurrección ni Cristo hubiera resucitado, ni resucitaríamos tampoco los demás. Y dice Pablo que si eso fuera así seríamos los más desgraciados del mundo. Si Cristo no ha resucitado nuestra fe no tiene sentido (cf. 1Cor 15, 12-14). Porque nuestra fe y nuestra vida en Cristo es precisamente para vivir con Él la resurrección. Ese es el objetivo final de nuestra vida.
Es un objetivo final que empieza aquí y concretamente en el bautismo. El bautismo nos incorpora a Cristo, a su muerte y a su resurrección, al perdón de nuestros pecados y al gozo de la eternidad. Quiere decir que todos los bautizados llevamos una semilla dentro de nuestro corazón. Una semilla que no se ha desarrollado del todo. Es la semilla de la felicidad, la semilla de la inmortalidad, la semilla de la vida eterna, la semilla del gozo pleno y verdadero. Pero está en semilla, es decir, está en prenda. Tenemos la prenda, no tenemos aún todo. Es un signo, una señal, es un anticipo. Y es curioso porque a veces vivimos como si no tuviéramos el anticipo.
6.- Estoy convencido de que si mucha gente entendiera esto se daría de codazos por entrar en la Iglesia y por incorporarse a este proceso de transformación interior que el Espíritu realiza en nosotros. Iniciamos en el bautismo este proceso de cambio, de limpieza, de transfiguración, de transformación, de identificación con Cristo.
Quizás en nuestra vida tendríamos que tener un poco más de luz. Aunque es difícil porque aquellos que no quieren ver no ven. No hay peor ciego que el que no quiere ver, dice la sabiduría popular. Se podría ver, porque un pagano, un no creyente podría ver cómo nos amamos los cristianos, cómo vivimos, cómo vamos cambiando y somos transformados por el Espíritu.
7.- Al menos nosotros sí que tenemos que tener conciencia de que Dios nos transforma. El bautismo ha sido un regalo que hemos recibido. Un regalo que tenemos que apreciar aún más, mucho más. Estamos salvados en Cristo, ya estamos salvados. Ya se nos ha dado la prenda de la gloria futura. Ya se nos ha regalado la inmortalidad. Ya somos inmortales y no hay que temer a la muerte temporal. Habrá que temer a la muerte separada de Cristo, del amor de Dios. Eso es la muerte eterna. A la condenación eterna sí que habrá que temerla. Pero a la muerte temporal no tanto, porque en realidad es la puerta que nos abre a la plenitud de la Vida, a lo que ya gozamos en prenda gozarlo plenamente.
Esto es lo que celebramos, hermanos, este día de la conmemoración de los fieles difuntos. La vida del hombre no termina aquí en este mundo, no termina con su muerte temporal. Esto lo vivimos por la fe. Pero también damos un testimonio de esa fe a los paisanos, a los contemporáneos nuestros que no creen en el más allá. Es un testimonio de fe y que es importante darlo porque no podemos vivir con la inmortalidad en la mano, con la prenda en la mano, viviendo exactamente igual que los paganos. Tampoco tendría sentido. Si ya vivimos la inmortalidad en nuestra vida en algo tendrá que notarse: en un estilo de vida, en unas actitudes, en unos comportamientos, en el tipo de relación que tenemos con el Señor y con los demás.
8.- Queridos hermanos, esta fiesta, que para muchos puede parecer más que una fiesta un día de dolor y de desgracia porque recuerdan a los seres queridos que se han ido y no tienen esperanza, nosotros queremos vivirla con alegría y con gozo, sabiendo que tenemos esperanza, tenemos fe, nos ilumina la luz de Cristo y esa luz hace más clara la vida y el sentido de la misma.
Hoy es para nosotros no un día de dolor, de luto o de llanto, es un día de esperanza en la presencia del Espíritu en nuestra vida. La esperanza del acompañamiento de Cristo en nuestra vida y con Él se vence la muerte, el pecado, el egoísmo y pasamos a gozar de la inmortalidad.
Vamos a pedirle a la Virgen María, que vivió como discípula de Cristo, Madre y Discípula que supo estar en todas las fases del ser Hijo en la tierra, del ser Hombre, desde la concepción hasta no la muerte, donde estuvo al pie de la cruz, sino hasta la resurrección. María, aunque no lo digan los evangelios, fue una gran testigo de la resurrección de Jesucristo. Ella que lo ha vivido en carne propia que nos ayude a caminar, que nos ayude de la mano, que nos acompañe hasta encontrarnos con esa Luz deslumbrante que será la que nos encontremos cuando estemos cara a cara con el Señor. Que así sea.
En marcha la Escuela Diocesana de Lideres de pastoral juvenil
El secretariado diocesano de Pastoral Juvenil, consciente de la importancia que los propios jóvenes tienen para «contagiar» la fe a sus compañeros, pone en marcha la Escuela Diocesana de Líderes de Pastoral Juvenil. El objetivo de esta escuela es formar a «Agentes de Pastoral para la Nueva Evangelización de nuestros jóvenes» según señala el director del secretariado, D. Felipe Alfonso de Mendoza. Para ello se impartirán una serie de temas de tipo Kerigmático y práctico en dos sesiones una vez al mes.
Últimos nombramientos determinados por el Obispo
Monseñor José Mazuelos Pérez, obispo de Asidonia-Jerez, ha determinado en los últimos días los siguientes nombramientos de nuevos párrocos, adscritos y vicarios parroquiales, así como directores espirituales, capellanes y otras designaciones:




