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Lunes, 4 de mayo de 2026

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Dossier de prensa diario elaborado por la Delegación diocesana de Medios de Comunicación Social de la diócesis de Córdoba.

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Cena–convivencia en el claustro de la Catedral con motivo de San Indalecio

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La Catedral de la Encarnación de Almería acogerá el próximo sábado 9 de mayo de 2026 una cena–convivencia en su claustro con motivo de la festividad de San Indalecio, patrón de la diócesis.

Este encuentro, de carácter fraterno y solidario, tiene como finalidad colaborar con la restauración del órgano del Evangelio de la Catedral. La propuesta invita a los asistentes a disfrutar de un menú típico almeriense —patatas a lo pobre con huevo— en un entorno singular como es el claustro catedralicio.

La cena tendrá un donativo de 30 euros y las reservas pueden realizarse en la sacristía de la Catedral.

Con esta iniciativa, la diócesis une la celebración festiva en honor a San Indalecio con un gesto concreto de colaboración para la conservación del patrimonio eclesial, fomentando al mismo tiempo la convivencia entre los fieles en un ambiente de fraternidad.

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Asamblea General de Vida Ascendente en Aguadulce

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El movimiento de Apostolado Seglar de Mayores y Jubilados de la Diócesis de Almería, “Vida Ascendente”, celebró el pasado 2 de mayo de 2026 su Asamblea General de final de curso 2025/2026 en la Casa Diocesana de Espiritualidad de Aguadulce.

La jornada comenzó con un café de bienvenida y la acogida de los asistentes, seguida de una oración inicial para invocar la ayuda del Espíritu Santo en el desarrollo de la reunión y en la toma de decisiones. A continuación, se procedió a la lectura y aprobación del acta anterior, así como a la presentación del informe económico por parte del tesorero.

Uno de los momentos centrales fue la presentación de candidaturas para la elección de la nueva presidencia del movimiento. Tras el proceso de votación, fue elegida como presidenta doña Luisa Margarita Rodríguez.

Durante la mañana también se desarrolló el tema formativo “Las Estaciones Solidarias. Vida Ascendente, grupos de vida ‘con mucho arte’”, impartido por doña Lola Gázquez Reyes, cuya exposición resultó cercana y enriquecedora. Posteriormente, los participantes trabajaron en grupos, poniendo en común diversas reflexiones y conclusiones.

La jornada continuó con la celebración de la Eucaristía, concelebrada por el consiliario don Roberto y don Antonio Marín, preparada con esmero por los asistentes. El encuentro concluyó con una comida fraterna que favoreció la convivencia y el diálogo entre los participantes. La Asamblea se desarrolló en un ambiente de cordialidad, participación y profundo sentido espiritual, culminando con una fotografía de grupo como recuerdo de la jornada.

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La Archidiócesis celebra la fiesta de San José Obrero junto al Secretariado de Pastoral Obrera

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Granada, 1 de mayo de 2026. La parroquia del Espíritu Santo acogió en la mañana del Día Internacional del Trabajo la eucaristía con la que el Secretariado Diocesano de Pastoral Obrera celebró la festividad de San José Obrero. La celebración, presidida por el Vicario de Pastoral, D. José Carlos Isla Tejera, congregó a sacerdotes, militantes obreros cristianos y amigos del Secretariado en una mañana marcada por la oración por el mundo del trabajo y por el compromiso de la Iglesia diocesana con quienes sufren la precariedad y la exclusión laboral.

La eucaristía se celebró conforme al guión litúrgico propuesto este año por la plataforma Iglesia por el Trabajo Decente —en la que participan Cáritas, HOAC, Justicia y Paz, JEC y JOC—, bajo el lema «Ante la exclusión, trabajo decente». Las moniciones, oraciones y peticiones de los fieles tuvieron presentes de manera especial a los trabajadores migrantes, a las víctimas de accidentes laborales, a las mujeres del mundo del trabajo y a quienes viven el paro de larga duración o la imposibilidad de vivir dignamente del propio salario.

En la homilía, el Vicario de Pastoral partió del evangelio del día (Mt 13, 54-58) y, tomando como hilo conductor la pregunta de los nazarenos —«¿No es éste el hijo del carpintero?»—, advirtió del riesgo del prejuicio para quienes, precisamente por su entrega al mundo obrero, conocen tanto los datos y los rostros de la precariedad que pueden acabar acostumbrándose a ellos. «Hay milagros que no se hacen porque nadie los espera», recordó D. José Carlos, glosando el remate evangélico sobre la incredulidad de Nazaret. El Vicario invitó a los presentes a redescubrir el ministerio propio de la pastoral obrera como un trabajo de mirada limpia: «Rasgar el velo del prejuicio para que el milagro se vea, sostener la mirada cuando el resto del mundo la aparta, pronunciar nombres cuando todos hablan de cifras». Y concluyó: «El primer milagro es el nuestro: el milagro de la mirada».

La homilía se hizo eco también del documento Es tiempo de un país que cuide, presentado recientemente por las pastorales del Trabajo y de la Salud de la Conferencia Episcopal Española, cuyo diagnóstico sobre la precariedad laboral, los trabajadores pobres, las mujeres migrantes en el sector de los cuidados y los accidentes mortales en el trabajo enmarcó la oración de la asamblea.

Concluida la celebración, el Secretariado Diocesano de Pastoral Obrera y del Trabajo ha querido dejar constancia del sentido del encuentro: «Hemos puesto sobre el Altar, junto a nuestro compromiso evangelizador, la situación de tantas hermanas y hermanos nuestros que en el trabajo sufren injusticia y explotación, precariedad o falta de trabajo para ganarse el pan. Hemos pedido que la fuerza del Espíritu afiance la obra de nuestras manos, nos haga sembradores de justicia y de paz, constructores de esperanza en medio del conflicto, y nos sostenga en las luchas compartidas por la dignidad de cada trabajador y trabajadora. Nos hemos comprometido a ser Iglesia atenta al mundo obrero, cercana a quienes sufren la precariedad y la exclusión, profética ante las injusticias laborales y comprometida en la construcción de un trabajo decente, libre, creativo, saludable, participativo y solidario».

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Monseñor Orozco predicó en montilla (Córdoba) en la novena en honor de san Juan de Ávila

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Monseñor Orozco predicó en montilla (Córdoba) en la novena en honor de san Juan de Ávila

El de Guadix es uno de los obispos que van a predicar en una novena especial, pues se celebra un año jubilar en Montilla con motivo del 500 aniversario de la ordenación sacerdotal de San Juan de Ávila

El obispo de la diócesis de Guadix, monseñor Francisco Jesús Orozco, presidió el sábado 2 de mayo, en Montilla (Córdoba), la celebración del segundo día de la novena en honor a San Juan de Ávila, en la basílica dedicada al santo. La novena se está celebrando en el marco del año jubilar concedido con motivo del 500 aniversario de su ordenación sacerdotal.

Durante la Eucaristía, el prelado centró su homilía en la figura del Maestro Ávila, recordando cómo tuvo lugar su ordenación sacerdotal, apoyándose en las crónicas de la época y en los testimonios recogidos en su proceso de canonización.

Asimismo, destacó la dimensión reformadora de San Juan de Ávila y su decisivo magisterio en favor de la renovación de la Iglesia, subrayando su compromiso con la restauración de la fe católica en un momento clave de la historia.

En esta segunda jornada de cultos han participado de manera especial la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Montilla, que se ha sumado a la celebración en este tiempo de gracia para la ciudad y para la Iglesia.

Durante estos días de novena, organizada de manera especial por el centenario, diferentes obispos van a predicar, así como los arzobispos de Sevilla y Granada.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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1º de mayo de 2026. El trabajo humano al servicio de la vida digna

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Con motivo del 1º de mayo, Festividad de San José Obrero y Día Internacional del trabajo, quiero dar gracias a Dios por todas las personas que, con su trabajo, construyen cada día un mundo más habitable. También por tantos trabajadores y trabajadoras anónimos, “santos de la puerta de al lado”, que viven con generosidad y sacrificio sus tareas de cada día. San José, carpintero de Nazaret, nos muestra que el trabajo escondido, hecho con amor, puede ser lugar de encuentro con Dios y de servicio a la humanidad.

Además, quiero también reconocer a tantos trabajadores y trabajadoras cristianos que dedican su vida a llevar el Evangelio al mundo del trabajo y que desarrollan, desde su fe y la Doctrina Social de la Iglesia, un compromiso cristiano codo con codo con otros trabajadores en las distintas organizaciones del movimiento obrero, que luchan por la dignidad del trabajo y por los derechos de las personas trabajadoras, especialmente aquellas que sufren mayor precariedad, como son las personas migrantes.

El trabajo humano, que es una dimensión fundamental para la vida personal, familiar y social, sigue en muchas ocasiones concibiéndose y organizándose desde criterios economicistas e individualistas que lo precarizan y lo deshumanizan.

Vivimos un cambio de época que está imponiendo un nuevo paradigma económico y tecnológico que rechaza cualquier traba legal, política, moral o ética que impida obtener la máxima rentabilidad. Un nuevo paradigma que identifica erróneamente vivir sin limitaciones con “la libertad”. Por otro lado, con los avances en la inteligencia artificial y la neurotecnología, el control sobre el trabajo y la vida de las personas se está ampliando. Las personas están siendo reducidas a meros productos de consumo que generan beneficios jamás vistos. Todo ello sucede en un momento en el que la destrucción del planeta es más evidente que nunca y donde el autoritarismo, la guerra y el armamentismo están debilitando la democracia y los derechos de las personas y de los pueblos.

En este contexto, el mundo obrero y del trabajo está viviendo un intenso proceso de precarización: precariedad laboral en el acceso al empleo, marcado por la inestabilidad; precariedad en las condiciones de trabajo, con pérdida de control y de derechos; y precariedad vital y social, derivada del impacto del empleo precario en la vida cotidiana y familiar. El IX Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social nos advierte de una cronificación de la desigualdad y de un proceso profundo de fragmentación social. En nuestra comunidad autónoma, por ejemplo, el 23% de la población andaluza —casi dos millones de personas— vive en exclusión social, y el 10% lo hace en exclusión severa. Dicho estudio señala como ejes principales de la exclusión la vivienda y el empleo.

Ante esta realidad, desde nuestra fe y la Doctrina Social de la Iglesia, tenemos que afirmar que el trabajo es un don de Dios. El ser humano está llamado mediante el trabajo a participar en su obra creadora. “El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín del Edén, para que lo guardara y lo cultivara” (Gn. 2, 15). Por ello, trabajar es una dimensión constitutiva del ser humano que lo acerca a Dios. Un trabajo que solo es digno si es decente. “Pero ¿qué significa la palabra «decente» aplicada al trabajo? Significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer” (CV 63).

Hoy día, como nos recordaba el Papa Francisco, “el gran tema es el trabajo”. Un trabajo que tiene que estar atravesado por el amor y la comunión. Y que tiene que incorporar la dimensión del cuidado de la persona que trabaja, de la naturaleza y de la sociedad. Solo así será un trabajo respetuoso con la dignidad de los trabajadores y podrá considerarse decente.

La Iglesia debe afrontar el reto de esta realidad del mundo obrero y del trabajo, del que forma parte la mayoría de la sociedad y de los miembros de la comunidad cristiana. Por ello, hemos de seguir impulsando la Pastoral del Trabajo como tarea de toda la Iglesia, que se haga presente en la vida parroquial, y al mismo tiempo, hemos de apoyar y alentar los Movimientos Apostólicos enviados por la Iglesia a este campo (Cfr., CEE: “La Pastoral Obrera de Toda la Iglesia”).

Para finalizar, quiero unirme a toda la comunidad cristiana para pedir a Jesucristo, el Divino Obrero de Nazaret, por intercesión de San José Obrero, que avancemos de manera real en el reconocimiento y la lucha por la plena dignidad de las personas del trabajo.

+ Jesús, Obispo de Córdoba

Día de las Familias en el Seminario Metropolitano de Sevilla

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Día de las Familias en el Seminario Metropolitano de Sevilla

El Seminario Metropolitano de Sevilla ha acogido este domingo 3 de mayo el Día de las Familias, una cita anual en la que el arzobispo de Sevilla comparte con los seminaristas y sus familiares, el equipo de formadores y la comunidad de teatinas presentes en el Seminario, una jornada de encuentro, compartir experiencias y vivencias.

La Jornada comenzó con la celebración de la Eucaristía en la Capilla Mayor del Seminario presidida por monseñor Saiz Meneses, y concelebrada por el rector del Seminario, Andrés Ybarra, el vicerrector, Manuel Jiménez, entre otros sacerdotes vinculados con los seminaristas.

Al término de la misa, las madres de los diáconos seminaristas, que recibirán el orden sacerdotal el próximo mes de junio, fueron obsequiadas con un recuerdo como agradecimiento por haber entregado la vida de un hijo a la Iglesia.

«Una jornada de acción de gracias y de alegría serena»

«Detrás de cada vocación hay mucha oración escondida, mucho sacrificio silencioso, mucha fe vivida en casa y, no pocas veces, lágrimas ofrecidas al Señor», afirmó el arzobispo de Sevilla en su homilía. 

El arzobispo ha continuado explicando que el sacerdote es un hombre tomado por Dios para vivir de Dios y para dar a Dios a los hombres y es precisamente en el Seminario donde ha de aprender que la raíz de toda fecundidad apostólica está en la oración y el ministerio de la palabra. El Seminario sólo es el lugar para preparar académicamente a los seminaristas o entrenarlos pastoralmente, «es una casa donde el Señor va modelando el corazón del futuro pastor», ha apuntado. 

Monseñor Saiz Meneses ha agradecido a los formadores de nuestro Seminario por la tarea que llevan a cabo «tan importante como delicada» y a las familias por sembrar la fe en el hogar. «Gracias por haber enseñado a rezar, por haber acompañado con respeto, discreción y amor el camino vocacional de vuestros hijos, hermanos o nietos», continuaba el arzobispo. «No siempre habrá sido, pero habéis sostenido una historia que no es sólo vuestra: es una historia de Dios».

Por último, se ha dirigido a los seminaristas a los que ha apelado a amar al Seminario, reconociéndolo como una gracia: «Vivid con seriedad la formación humana y sed hombres de verdad, de palabra limpia, de corazón casto, de afectividad ordenada, de trato noble, de caridad fraterna», viviendo con profundidad esta etapa de formación espiritual. 

Tras la Eucaristía, la Eucaristía, la jornada continuó con un ágape fraterno donde el prelado hispalense dialogó con los seminaristas y sus familiares.

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Diana Navarro peregrina al Santuario de la Virgen de la Cabeza en una jornada de fe y convivencia con la comunidad trinitaria

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La cantante malagueña, Diana Navarro ha peregrinado este primero de mayo al Santuario de la Virgen de la Cabeza, en Andújar, donde ha vivido una intensa jornada de oración, convivencia y encuentro con la comunidad de Padres Trinitarios.

Muy vinculada al Santuario, la artista quiso detenerse ante la imagen de la patrona de la Diócesis de Jaén para rezar y poner bajo su intercesión a sus seres queridos, en un gesto de profunda devoción.

Tras este momento de recogimiento, Diana Navarro compartió el resto del día con la comunidad trinitaria y con los voluntarios que colaboran en el Santuario, participando en la vida cotidiana del enclave y mostrando una actitud cercana y sencilla.

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Carta pastoral para el mes de mayo: “María, madre de la alegría pascual”

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Queridos fieles diocesanos:

Al adentrarnos en el florido mes de mayo, mes que la piedad cristiana ha consagrado de manera singular a la Santísima Virgen María, nuestro corazón se vuelve con especial cariño hacia Aquella que, llena de gracia (cf. Lc 1,28), fue elegida por Dios para ser Madre de su Hijo y Madre nuestra. María se nos presenta en este tiempo como estrella que guía a la Iglesia en su peregrinar terreno y como modelo acabado de toda vida cristiana, pues en Ella contemplamos la criatura plenamente abierta a la voluntad divina.

No deja de ser profundamente significativo que el mes consagrado a nuestra Madre del cielo se inaugure con el día de la Madre, donde recordamos yhonramos a aquellas mujeres a quienes, después de Dios, debemos el don inmenso de la vida. Una buena ocasión para elevar una oración por nuestras madres, por aquellas que con generosidad nos llevaron en su seno, nos dieron a luz para este mundo y, con sacrificio, muchas veces humilde y escondido, velaron por nuestros primeros pasos, nuestras necesidades y nuestra educación humana y cristiana.

Mayo llega a nuestras tierras con el esplendor de la primavera, con los campos engalanados, con el perfume de las flores y con el despertar jubiloso de tantos pueblos y aldeas que, movidos por una fe arraigada y heredada de sus mayores, salen al encuentro de la Virgen en romerías, procesiones y peregrinaciones. Toda nuestra geografía diocesana se convierte en estos días en un mapa de fervor mariano, donde caminos, veredas y santuarios se llenan de plegarias, cantos, promesas, lágrimas de gratitud y súplicas confiadas.

Estas manifestaciones de piedad popular constituyen un verdadero tesoro espiritual para la Iglesia. «En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menos preciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo» (Evangelii gaudium 126).No son meras expresiones folclóricas ni tradiciones o costumbres vacías. Cuando brotan de una fe sincera, son escuela de evangelización, catequesis transmitida de generación en generación y confesión pública de que María sigue caminando con su pueblo, como signo de consuelo y de firme esperanza.Así lo canta el Prefacio IV de la Virgen: «Ella, como humilde sierva, escuchó tu palabra y la conservó en su corazón; admirablemente unida al misterio de la redención, perseveró con los apóstoles en la plegaria, mientras esperaban al Espíritu Santo, y ahora brilla en nuestro camino como signo de consuelo y de firme esperanza».

Ya enseñaba san Ambrosio que «María es figura de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo». En ella contemplamos anticipadamente lo que la Iglesia está llamada a ser en su plenitud: mujer fiel en la integridad de la fe, madre fecunda por la acción del Espíritu, esposa sin mancha unida inseparablemente a su Señor. María no es solamente miembro eminente de la Iglesia, sino su imagen más pura y acabada, el espejo donde el pueblo cristiano aprende a reconocerse y a comprender su propia vocación.

Por eso, donde está la Madre, allí aprende el pueblo a vivir como discípulo. Allí donde María es verdaderamente amada, florecen la oración confiada, la fidelidad sacramental, el amor a la Iglesia y la perseverancia en la esperanza. La religiosidad popular, cuando está bien fundamentada y orientada, es una expresión viva de la fe del pueblo santo de Dios, lugar donde la gracia sigue fecundando la historia cotidiana de los sencillos. En esas manifestaciones, humildes y sinceras, late una fe auténtica que, aunque a veces necesite purificación y formación, constituye un terreno fecundo donde el Señor sigue obrando maravillas.

Las romerías, tan arraigadas en nuestra tierra, nos recuerdan que la vida cristiana es peregrinación. «No tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura» (Hb 13,14). Nuestra existencia entera es camino hacia la patria definitiva, hacia la Jerusalén celestial.Y en ese camino no peregrinamos solos. La Madre del Señor nos acompaña como acompañó a los discípulos en la espera de Pentecostés, perseverando con ellos en la oración (cf. Hch 1,14). Toda romería cristiana debe ser reflejo de esa peregrinación interior del alma hacia Dios, signo visible de un caminar invisible, pero más profundo: el del corazón que busca al Señor, que desea convertirse y que anhela llegar un día a la plenitud de la vida eterna.

Os invito, por ello, queridos romeros y peregrinos, a vivir nuestras romerías con sentido verdaderamente cristiano. Donde no falte la comunión, la gratitudy alegría que brota del Resucitado. Donde no se diluya lo verdaderamente esencial entre lo accesorio. Donde el fervor de la devoción no quede reducido a la emoción de un día ni a la tradición o costumbre social. Todo cuanto rodea externamente nuestras celebraciones ha de estar al servicio del encuentro con Dios, y no al contrario; pues cuando lo secundario ocupa el lugar de lo principal, la devoción pierde su alma y la tradición se vacía de su esencia.

No basta sólo con recorrer kilómetros tras una imagen bendita; es preciso que también el alma se mueva, que el corazón se ablande, que la conciencia se examine, en definitiva, que la vida se convierta.De poco sirve caminar con los pies si el corazón no avanza hacia Dios.

María siempre conduce a Cristo;ésta es la prueba de toda devoción mariana auténtica.Ella pronunció en Caná de Galilea las palabras que siguen siendo un programa para todo discípulo: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). La Virgen no se anuncia a sí misma, señala siempre al Hijo; no retiene para sí el amor de los fieles, sino que lo orienta hacia Jesucristo. Allí donde María es amada de verdad, Cristo es mejor conocido, más profundamente amado y más fielmente seguido.

Vivamos y anunciemos con renovado ardor la alegríapascual. Caminemos de la mano de María de Nazaret, mujer humilde, piadosa y trabajadora, olvidada de sí misma para entregarse a los demás, siempre disponible en el servicio y dócil a la voluntad divina, aun cuando los designios de Dios sobrepasaban su entendimiento. Que estas virtudes marianas sean las mejores flores que podamos ofrecer durante este mes consagrado a nuestra Madre del cielo. ¡Venid y vamos todos con flores a María!

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

Jaén, a 1 de mayo de 2026
Fiesta de San José Obrero

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