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El Obispo conoce a la Virgen de la Cabeza de Córdoba

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Es la primera Hermandad de Gloria en procesionar por las calles de Córdoba después de Semana Santa

Monseñor Jesús Fernández acudió el viernes, 1 de mayo, a la parroquia San Francisco y San Eulogio para conocer a la Cofradía de la Virgen de la Cabeza de Córdoba. El Obispo, acompañado del Delegado diocesano de Hermandades y Cofradías, José Juan Jiménez Güeto, fue recibido en la parroquia por el párroco, Joaquín Alberto Nieva, por el Vicario parroquial, Francisco López, por el Hermano mayor de la Cofradía, Juan González, y miembros de la junta de gobierno. Durante la visita el prelado tuvo la oportunidad de conocer las actividades de la Cofradía, rezó ante la Virgen y firmó en el libro.

La mañana del domingo, 3 de mayo, tuvo lugar la procesión de la “Morenita” a la Santa Iglesia Catedral. Como cada año, el primer domingo de mayo la Virgen de la Cabeza recorre las calles de Córdoba. Antes de la procesión, el párroco de San Francisco, Joaquín Alberto Nieva, presidió la misa en la parroquia y concelebraron con él el Vicario parroquial y el consiliario de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, Juan José Romero Coleto.











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Fallece a los 95 años D. José Casañas, decano del clero diocesano

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Este domingo, quinto de Pascua, fallecía D. José Casañas Llagostera, sacerdote diocesano, a los 95 años de edad. Con 68 años de ministerio sacerdotal, era el presbítero de mayor antigüedad de la diócesis.

Nacido en Jaén el 21 de febrero de 1931, fue ordenado presbítero el 15 de julio de 1958 en Granada por Mons. Félix Romero Mengíbar, quedando incardinado en la diócesis de Jaén, a la que ha servido fielmente durante toda su vida.

Su ministerio parroquial fue amplio y fecundo. Inició su labor como ecónomo en la parroquia de la Estación Linares-Baeza y posteriormente en Santa Elena. Más adelante regresó a la Estación Linares-Baeza, donde continuó su servicio pastoral. Fue, también, párroco de la parroquia de La Santa Cruz, en Linares, y durante casi dos décadas desarrolló una intensa labor como párroco de Nuestra Señora de Belén y San Roque, en Jaén capital, dejando una profunda huella pastoral en la comunidad.

Junto a su dedicación parroquial, desempeñó diversas responsabilidades diocesanas: fue director espiritual del Seminario Mayor, arcipreste de Linares, ecónomo de la Curia Diocesana durante más de una década, delegado diocesano de Cáritas y miembro de distintos organismos como el Consejo Presbiteral.

Elegido canónigo en el año 1985, pasó a emérito en el año 2006, formando parte del Cabildo Catedral de Jaén durante más de veinte años.

En sus últimos años continuó activo en el ministerio como capellán, confesor y colaborador en distintas realidades eclesiales, especialmente en comunidades religiosas y en el acompañamiento espiritual, manteniendo su disponibilidad hasta etapas muy avanzadas de su vida. En la residencia sacerdotal, Obispo Manuel Basulto, ubicada en la Casa de la Iglesia de Jaén ha pasado los últimos años de su vida. Acompañado por sacerdotes y con el cuidado y atención espiritual de esta residencia para el clero de la diócesis.

Sacerdote entregado, fiel y cercano, su vida ha sido testimonio de servicio constante a la Iglesia de Jaén.

La misa exequial tendrá lugar, este lunes 4 de mayo a las 17:30 horas en la Capilla Mayor de la Casa de la Iglesia (Seminario diocesano), calle Juan Montilla, 1, donde se velan sus restos mortales.

Descanse en la paz del Señor.

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Apuntes de Vida Espiritual | La paz del Resucitado que habita lo cerrado (Por monseñor León)

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Apuntes de Vida Espiritual | La paz del Resucitado que habita lo cerrado (Por monseñor León)

La Resurrección de Cristo no solo inaugura una vida nueva, también trae consigo una paz distinta. No es la paz que nace de que todo esté en orden, ni la que depende de que las circunstancias acompañen. Es una paz que entra incluso cuando todo sigue cerrado, cuando el miedo permanece, cuando el corazón aún no ha terminado de comprender.

El Evangelio nos muestra a los discípulos reunidos con las puertas cerradas. No han salido corriendo a anunciar nada, no están llenos de valentía, no han entendido todavía lo que ha sucedido. Siguen teniendo miedo. Y es ahí, precisamente ahí, donde el Resucitado se hace presente. No espera a que estén preparados. No les exige una fe perfecta. No les pide que abran primero para poder entrar. Él entra en medio de lo cerrado.

Y lo primero que dice no es un reproche, ni una explicación, ni una enseñanza. Dice: “Paz a vosotros” (Jn 20,19). La paz del Resucitado no viene después de que todo esté resuelto. Viene antes. Se ofrece en medio de la confusión, en medio del miedo, en medio de la fragilidad. La paz es la gracia de Dios que nos permite empezar de nuevo.

Por eso, esta paz no es superficial. No se queda en la superficie de las emociones. Desciende más hondo, hasta ese lugar donde muchas veces ni siquiera sabemos poner palabras. Es una paz que no siempre se siente, pero que sostiene. Que no siempre se percibe, pero que permanece. Porque no es algo que generamos nosotros. Es alguien que habita en lo más profundo de nuestro ser.

Cristo no elimina las puertas cerradas de golpe. No borra de un momento a otro todo aquello que nos cuesta abrir. Pero entra ahí. Se sitúa dentro. Y desde dentro, comienza a transformar.

Cuántas veces también nosotros vivimos así: con puertas cerradas. Cerramos por miedo, por heridas, por cansancio, por no saber cómo afrontar lo que llevamos dentro. Y a veces pensamos que Dios espera fuera, a que estemos mejor, a que lo tengamos todo claro, a que seamos capaces de abrir. Pero no, el Resucitado no se queda fuera de nuestras resistencias. Entra en ellas. Y dentro, pronuncia su paz.

No una paz que obliga, sino una paz que se ofrece. No una paz que anula lo que somos, sino una paz que lo abraza y lo recrea. Poco a poco, sin violencia, sin imponer, va ensanchando el corazón, va abriendo espacios que estaban cerrados desde hace tiempo.

Esta es la experiencia pascual que continúa: dejar que su presencia llegue también a esos lugares que no solemos mostrar, que no sabemos cómo entregar, que incluso nosotros mismos evitamos mirar. Porque ahí también quiere vivir.

Y cuando su paz encuentra un hueco, aunque sea pequeño, empieza a cambiar la forma de estar, de mirar, de responder. No porque todo esté solucionado, sino porque ya no estamos solos dentro de lo que nos pasa. La paz del Resucitado no consiste en que desaparezcan los conflictos, sino en que Él está en medio de ellos.

Quizá hoy no se trata de abrirlo todo de golpe. Quizá hoy basta con no impedirle entrar. Con dejar que su presencia alcance, aunque sea un poco, ese lugar cerrado que llevas dentro. Porque Él no tiene miedo de lo que encuentra y su paz no depende de lo que haya. Depende de que Él está. Y eso… lo cambia todo. Déjale entrar. Sin forzar. Y verás cómo, desde dentro, todo empieza a abrirse… y entonces, sin que nadie lo note, la casa vuelve a llenarse de su luz y se reconoce.

+ Teodoro León Muñoz

Obispo Auxiliar de Sevilla

La vida al ritmo del Espíritu del Resucitado 

Ha resucitado… y su vida comienza en nosotros

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Lunes, 4 de mayo de 2026

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Dossier de prensa diario elaborado por la Delegación diocesana de Medios de Comunicación Social de la diócesis de Córdoba.

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Cena–convivencia en el claustro de la Catedral con motivo de San Indalecio

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La Catedral de la Encarnación de Almería acogerá el próximo sábado 9 de mayo de 2026 una cena–convivencia en su claustro con motivo de la festividad de San Indalecio, patrón de la diócesis.

Este encuentro, de carácter fraterno y solidario, tiene como finalidad colaborar con la restauración del órgano del Evangelio de la Catedral. La propuesta invita a los asistentes a disfrutar de un menú típico almeriense —patatas a lo pobre con huevo— en un entorno singular como es el claustro catedralicio.

La cena tendrá un donativo de 30 euros y las reservas pueden realizarse en la sacristía de la Catedral.

Con esta iniciativa, la diócesis une la celebración festiva en honor a San Indalecio con un gesto concreto de colaboración para la conservación del patrimonio eclesial, fomentando al mismo tiempo la convivencia entre los fieles en un ambiente de fraternidad.

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Asamblea General de Vida Ascendente en Aguadulce

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El movimiento de Apostolado Seglar de Mayores y Jubilados de la Diócesis de Almería, “Vida Ascendente”, celebró el pasado 2 de mayo de 2026 su Asamblea General de final de curso 2025/2026 en la Casa Diocesana de Espiritualidad de Aguadulce.

La jornada comenzó con un café de bienvenida y la acogida de los asistentes, seguida de una oración inicial para invocar la ayuda del Espíritu Santo en el desarrollo de la reunión y en la toma de decisiones. A continuación, se procedió a la lectura y aprobación del acta anterior, así como a la presentación del informe económico por parte del tesorero.

Uno de los momentos centrales fue la presentación de candidaturas para la elección de la nueva presidencia del movimiento. Tras el proceso de votación, fue elegida como presidenta doña Luisa Margarita Rodríguez.

Durante la mañana también se desarrolló el tema formativo “Las Estaciones Solidarias. Vida Ascendente, grupos de vida ‘con mucho arte’”, impartido por doña Lola Gázquez Reyes, cuya exposición resultó cercana y enriquecedora. Posteriormente, los participantes trabajaron en grupos, poniendo en común diversas reflexiones y conclusiones.

La jornada continuó con la celebración de la Eucaristía, concelebrada por el consiliario don Roberto y don Antonio Marín, preparada con esmero por los asistentes. El encuentro concluyó con una comida fraterna que favoreció la convivencia y el diálogo entre los participantes. La Asamblea se desarrolló en un ambiente de cordialidad, participación y profundo sentido espiritual, culminando con una fotografía de grupo como recuerdo de la jornada.

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La Archidiócesis celebra la fiesta de San José Obrero junto al Secretariado de Pastoral Obrera

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Granada, 1 de mayo de 2026. La parroquia del Espíritu Santo acogió en la mañana del Día Internacional del Trabajo la eucaristía con la que el Secretariado Diocesano de Pastoral Obrera celebró la festividad de San José Obrero. La celebración, presidida por el Vicario de Pastoral, D. José Carlos Isla Tejera, congregó a sacerdotes, militantes obreros cristianos y amigos del Secretariado en una mañana marcada por la oración por el mundo del trabajo y por el compromiso de la Iglesia diocesana con quienes sufren la precariedad y la exclusión laboral.

La eucaristía se celebró conforme al guión litúrgico propuesto este año por la plataforma Iglesia por el Trabajo Decente —en la que participan Cáritas, HOAC, Justicia y Paz, JEC y JOC—, bajo el lema «Ante la exclusión, trabajo decente». Las moniciones, oraciones y peticiones de los fieles tuvieron presentes de manera especial a los trabajadores migrantes, a las víctimas de accidentes laborales, a las mujeres del mundo del trabajo y a quienes viven el paro de larga duración o la imposibilidad de vivir dignamente del propio salario.

En la homilía, el Vicario de Pastoral partió del evangelio del día (Mt 13, 54-58) y, tomando como hilo conductor la pregunta de los nazarenos —«¿No es éste el hijo del carpintero?»—, advirtió del riesgo del prejuicio para quienes, precisamente por su entrega al mundo obrero, conocen tanto los datos y los rostros de la precariedad que pueden acabar acostumbrándose a ellos. «Hay milagros que no se hacen porque nadie los espera», recordó D. José Carlos, glosando el remate evangélico sobre la incredulidad de Nazaret. El Vicario invitó a los presentes a redescubrir el ministerio propio de la pastoral obrera como un trabajo de mirada limpia: «Rasgar el velo del prejuicio para que el milagro se vea, sostener la mirada cuando el resto del mundo la aparta, pronunciar nombres cuando todos hablan de cifras». Y concluyó: «El primer milagro es el nuestro: el milagro de la mirada».

La homilía se hizo eco también del documento Es tiempo de un país que cuide, presentado recientemente por las pastorales del Trabajo y de la Salud de la Conferencia Episcopal Española, cuyo diagnóstico sobre la precariedad laboral, los trabajadores pobres, las mujeres migrantes en el sector de los cuidados y los accidentes mortales en el trabajo enmarcó la oración de la asamblea.

Concluida la celebración, el Secretariado Diocesano de Pastoral Obrera y del Trabajo ha querido dejar constancia del sentido del encuentro: «Hemos puesto sobre el Altar, junto a nuestro compromiso evangelizador, la situación de tantas hermanas y hermanos nuestros que en el trabajo sufren injusticia y explotación, precariedad o falta de trabajo para ganarse el pan. Hemos pedido que la fuerza del Espíritu afiance la obra de nuestras manos, nos haga sembradores de justicia y de paz, constructores de esperanza en medio del conflicto, y nos sostenga en las luchas compartidas por la dignidad de cada trabajador y trabajadora. Nos hemos comprometido a ser Iglesia atenta al mundo obrero, cercana a quienes sufren la precariedad y la exclusión, profética ante las injusticias laborales y comprometida en la construcción de un trabajo decente, libre, creativo, saludable, participativo y solidario».

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Monseñor Orozco predicó en montilla (Córdoba) en la novena en honor de san Juan de Ávila

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Monseñor Orozco predicó en montilla (Córdoba) en la novena en honor de san Juan de Ávila

El de Guadix es uno de los obispos que van a predicar en una novena especial, pues se celebra un año jubilar en Montilla con motivo del 500 aniversario de la ordenación sacerdotal de San Juan de Ávila

El obispo de la diócesis de Guadix, monseñor Francisco Jesús Orozco, presidió el sábado 2 de mayo, en Montilla (Córdoba), la celebración del segundo día de la novena en honor a San Juan de Ávila, en la basílica dedicada al santo. La novena se está celebrando en el marco del año jubilar concedido con motivo del 500 aniversario de su ordenación sacerdotal.

Durante la Eucaristía, el prelado centró su homilía en la figura del Maestro Ávila, recordando cómo tuvo lugar su ordenación sacerdotal, apoyándose en las crónicas de la época y en los testimonios recogidos en su proceso de canonización.

Asimismo, destacó la dimensión reformadora de San Juan de Ávila y su decisivo magisterio en favor de la renovación de la Iglesia, subrayando su compromiso con la restauración de la fe católica en un momento clave de la historia.

En esta segunda jornada de cultos han participado de manera especial la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Montilla, que se ha sumado a la celebración en este tiempo de gracia para la ciudad y para la Iglesia.

Durante estos días de novena, organizada de manera especial por el centenario, diferentes obispos van a predicar, así como los arzobispos de Sevilla y Granada.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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1º de mayo de 2026. El trabajo humano al servicio de la vida digna

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Con motivo del 1º de mayo, Festividad de San José Obrero y Día Internacional del trabajo, quiero dar gracias a Dios por todas las personas que, con su trabajo, construyen cada día un mundo más habitable. También por tantos trabajadores y trabajadoras anónimos, “santos de la puerta de al lado”, que viven con generosidad y sacrificio sus tareas de cada día. San José, carpintero de Nazaret, nos muestra que el trabajo escondido, hecho con amor, puede ser lugar de encuentro con Dios y de servicio a la humanidad.

Además, quiero también reconocer a tantos trabajadores y trabajadoras cristianos que dedican su vida a llevar el Evangelio al mundo del trabajo y que desarrollan, desde su fe y la Doctrina Social de la Iglesia, un compromiso cristiano codo con codo con otros trabajadores en las distintas organizaciones del movimiento obrero, que luchan por la dignidad del trabajo y por los derechos de las personas trabajadoras, especialmente aquellas que sufren mayor precariedad, como son las personas migrantes.

El trabajo humano, que es una dimensión fundamental para la vida personal, familiar y social, sigue en muchas ocasiones concibiéndose y organizándose desde criterios economicistas e individualistas que lo precarizan y lo deshumanizan.

Vivimos un cambio de época que está imponiendo un nuevo paradigma económico y tecnológico que rechaza cualquier traba legal, política, moral o ética que impida obtener la máxima rentabilidad. Un nuevo paradigma que identifica erróneamente vivir sin limitaciones con “la libertad”. Por otro lado, con los avances en la inteligencia artificial y la neurotecnología, el control sobre el trabajo y la vida de las personas se está ampliando. Las personas están siendo reducidas a meros productos de consumo que generan beneficios jamás vistos. Todo ello sucede en un momento en el que la destrucción del planeta es más evidente que nunca y donde el autoritarismo, la guerra y el armamentismo están debilitando la democracia y los derechos de las personas y de los pueblos.

En este contexto, el mundo obrero y del trabajo está viviendo un intenso proceso de precarización: precariedad laboral en el acceso al empleo, marcado por la inestabilidad; precariedad en las condiciones de trabajo, con pérdida de control y de derechos; y precariedad vital y social, derivada del impacto del empleo precario en la vida cotidiana y familiar. El IX Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social nos advierte de una cronificación de la desigualdad y de un proceso profundo de fragmentación social. En nuestra comunidad autónoma, por ejemplo, el 23% de la población andaluza —casi dos millones de personas— vive en exclusión social, y el 10% lo hace en exclusión severa. Dicho estudio señala como ejes principales de la exclusión la vivienda y el empleo.

Ante esta realidad, desde nuestra fe y la Doctrina Social de la Iglesia, tenemos que afirmar que el trabajo es un don de Dios. El ser humano está llamado mediante el trabajo a participar en su obra creadora. “El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín del Edén, para que lo guardara y lo cultivara” (Gn. 2, 15). Por ello, trabajar es una dimensión constitutiva del ser humano que lo acerca a Dios. Un trabajo que solo es digno si es decente. “Pero ¿qué significa la palabra «decente» aplicada al trabajo? Significa un trabajo que, en cualquier sociedad, sea expresión de la dignidad esencial de todo hombre o mujer” (CV 63).

Hoy día, como nos recordaba el Papa Francisco, “el gran tema es el trabajo”. Un trabajo que tiene que estar atravesado por el amor y la comunión. Y que tiene que incorporar la dimensión del cuidado de la persona que trabaja, de la naturaleza y de la sociedad. Solo así será un trabajo respetuoso con la dignidad de los trabajadores y podrá considerarse decente.

La Iglesia debe afrontar el reto de esta realidad del mundo obrero y del trabajo, del que forma parte la mayoría de la sociedad y de los miembros de la comunidad cristiana. Por ello, hemos de seguir impulsando la Pastoral del Trabajo como tarea de toda la Iglesia, que se haga presente en la vida parroquial, y al mismo tiempo, hemos de apoyar y alentar los Movimientos Apostólicos enviados por la Iglesia a este campo (Cfr., CEE: “La Pastoral Obrera de Toda la Iglesia”).

Para finalizar, quiero unirme a toda la comunidad cristiana para pedir a Jesucristo, el Divino Obrero de Nazaret, por intercesión de San José Obrero, que avancemos de manera real en el reconocimiento y la lucha por la plena dignidad de las personas del trabajo.

+ Jesús, Obispo de Córdoba

Día de las Familias en el Seminario Metropolitano de Sevilla

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Día de las Familias en el Seminario Metropolitano de Sevilla

El Seminario Metropolitano de Sevilla ha acogido este domingo 3 de mayo el Día de las Familias, una cita anual en la que el arzobispo de Sevilla comparte con los seminaristas y sus familiares, el equipo de formadores y la comunidad de teatinas presentes en el Seminario, una jornada de encuentro, compartir experiencias y vivencias.

La Jornada comenzó con la celebración de la Eucaristía en la Capilla Mayor del Seminario presidida por monseñor Saiz Meneses, y concelebrada por el rector del Seminario, Andrés Ybarra, el vicerrector, Manuel Jiménez, entre otros sacerdotes vinculados con los seminaristas.

Al término de la misa, las madres de los diáconos seminaristas, que recibirán el orden sacerdotal el próximo mes de junio, fueron obsequiadas con un recuerdo como agradecimiento por haber entregado la vida de un hijo a la Iglesia.

«Una jornada de acción de gracias y de alegría serena»

«Detrás de cada vocación hay mucha oración escondida, mucho sacrificio silencioso, mucha fe vivida en casa y, no pocas veces, lágrimas ofrecidas al Señor», afirmó el arzobispo de Sevilla en su homilía. 

El arzobispo ha continuado explicando que el sacerdote es un hombre tomado por Dios para vivir de Dios y para dar a Dios a los hombres y es precisamente en el Seminario donde ha de aprender que la raíz de toda fecundidad apostólica está en la oración y el ministerio de la palabra. El Seminario sólo es el lugar para preparar académicamente a los seminaristas o entrenarlos pastoralmente, «es una casa donde el Señor va modelando el corazón del futuro pastor», ha apuntado. 

Monseñor Saiz Meneses ha agradecido a los formadores de nuestro Seminario por la tarea que llevan a cabo «tan importante como delicada» y a las familias por sembrar la fe en el hogar. «Gracias por haber enseñado a rezar, por haber acompañado con respeto, discreción y amor el camino vocacional de vuestros hijos, hermanos o nietos», continuaba el arzobispo. «No siempre habrá sido, pero habéis sostenido una historia que no es sólo vuestra: es una historia de Dios».

Por último, se ha dirigido a los seminaristas a los que ha apelado a amar al Seminario, reconociéndolo como una gracia: «Vivid con seriedad la formación humana y sed hombres de verdad, de palabra limpia, de corazón casto, de afectividad ordenada, de trato noble, de caridad fraterna», viviendo con profundidad esta etapa de formación espiritual. 

Tras la Eucaristía, la Eucaristía, la jornada continuó con un ágape fraterno donde el prelado hispalense dialogó con los seminaristas y sus familiares.

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